RAPOPORT, Mario & SPIGUEL, Claudio. Relaciones tumultuosas: Estados Unidos y el primer peronismo. Buenos Aires: Emecé, 2009, 522 p. Resenha de: BUCHRUCKER, Cristian. Revista Brasileira de Política Internacional. v.53 no.1 Brasília Jan./July 2010.

Estamos en presencia de una muy importante contribución a la historiografía argentina, en una temática que siempre suscita renovadas preguntas y debates. A lo largo de una introducción, 16 capítulos y una conclusión se analiza una época decisiva, no sólo de la historia nacional, sino también del devenir de la historia internacional. Dos apéndices, uno estadístico y el otro documental cierran el libro, ofreciéndole al lector valiosos elementos adicionales para su propia evaluación crítica. Los ocho primeros capítulos están dedicados a los antecedentes inmediatos de la década del primer peronismo. Se establecen allí las grandes líneas de las relaciones argentino-norteamericanas a partir de 1933, conectándolas siempre con el más antiguo vínculo británico y el entonces tan polémico tema de la Alemania nazi. El legendario choque entre el embajador Spruille Braden y Juan Perón (1945-46) se ubica justamente en la sutura entre dos épocas, yuxtaponiendo buena parte de los mitos y realidades de la Segunda Guerra Mundial al inicio de las tensiones mundiales que se convertirán en la Guerra Fría.

Los ocho capítulos siguientes desarrollan los altibajos de la primera y segunda presidencia de Perón, conservando la dinámica expositiva de la parte anterior, en la que las figuras relevantes siempre se muestran interactuando con restricciones y oportunidades cambiantes que surgen del entorno regional e internacional. Desfilan así la normalización de las relaciones (1946-47), las conferencias interamericanas y el Plan Marshall, la proclamación de la “Tercera Posición”, la crisis de 1949, el inicio de un viraje (1950), el retorno de los conflictos (1951-52), la nueva política peronista (1952-53) y las renovadas tensiones de 1953-54, hasta culminar con la caída del gobierno en 1955. El aparato erudito que fundamenta todo esto es extenso y sólido: los autores han consultado las fuentes documentales relevantes de Argentina, Estados Unidos, Gran Bretaña y las Naciones Unidas en 38 archivos y colecciones, más de 300 libros y capítulos de libros, 46 artículos de publicaciones periódicas e internet, así como 25 diarios y periódicos argentinos, 10 norteamericanos, 6 británicos y 7 de otros países americanos y europeos.

A pesar de estar firmemente anclada en los documentos, cosa que siempre debe ser elogiada, esta no es simplemente una tradicional historiografía narrativa-lineal, sino un estudio consciente de la necesidad de hacer explícitos sus supuestos teóricos. En ese sentido resulta especialmente significativo el siguiente pasaje:

“Los enfoques teóricos que han descuidado el análisis profundo de la vinculación entre los procesos económicos, políticos y estratégicos niegan la existencia de la contradicción en tanto concepto central de las ciencias sociales y asumen esa ‘incoherencia’ como muestra de una posible irracionalidad institucional. En resumen, suplantan el análisis complejo de la realidad en el proceso de toma de decisiones en materia de las políticas exteriores […] por la interpretación psicológica de los individuos o de las instituciones y/o por la competencia burocrática resultante. Pierden así de vista la verdadera índole de los factores que pujan entre las bambalinas del poder, o de esos pocos que lo ostentan, como titula su libro de memorias uno de los más perspicaces diplomáticos británicos de la época, Sir David Kelly, quien desde la embajada en Buenos Aires seguía paso a paso la conducta de estos actores.” (p.62)

Rapoport y Spiguel logran desplegar una época no sólo relatando, sino tambien analizando y explicando toda su complejidad, mostrando los nexos entre política interior y exterior, el peso de la economía y el claroscuro de las ideas. Todo eso da origen a un oscilante campo de fuerzas condicionantes, que permite más de una opción, pero que también implica costos para cualquier camino que se tome y siempre reserva una gran cuota de incertidumbre a la hora de prever resultados. Este enfoque supera claramente las deficiencias de numerosos ensayos sobre el siglo XX argentino hasta fines de la década de 1990, difundieron el cómodo estereotipo del “actor racional” operando en “los mercados” según una única doctrina económica válida o conduciendo un país como estadista iluminado que tiene recetas preparadas de antemano para todas las contingencias. Ya el título de esta obra permite advertir que no vamos a encontrar tales simplificaciones. Más fieles al mundo real, los autores nos introducen en “relaciones tumultuosas” y heterodoxias, dejando la linealidad y las ortodoxias (del tipo del “librecambio” universalmente bienhechor) relegadas a las páginas de ciertos manuales.

Sobre este trasfondo se hacen más inteligibles ciertas continuidades históricas, no sólo en lo referente a las estructuras, sino incluso en la actuación de determinadas figuras, como fue el caso de Braden, que ya en los años 30 había chocado con la diplomacia argentina, esa vez en la persona del canciller Carlos Saavedra Lamas. Paso a paso, vinculando magistralmente las fuentes con el análisis crítico, los autores logran una reconstrucción histórica que no deja mitos en pie. Creo que en esta reseña resulta especialmente interesante referirse a tres de esos lugares comunes de vida excesivamente larga.

En primer lugar: la pretensión del sedicente “realismo” de entender la política internacional como la interacción entre Estados que se conciben como bloques homogéneos. Lo que este libro muestra claramente es que en cada encrucijada deben ser estudiados cuidadosamente los diferentes sectores internos (coaliciones de políticos y diplomáticos, militares y grupos empresarios) y las recurrentes tensiones entre “duros” y “blandos”, entre rupturistas y negociadores. Y esto vale tanto para Buenos Aires como para Washington.

En segundo lugar, la vieja tesis del supuesto carácter “nazi” del golpe militar del 4 de junio de 1943. Conectando su propia investigación con los resultados sólidos alcanzados por la historiografía a nivel internacional, los autores llegan a la conclusión de que el tópico de la “amenaza nazi” fue “la modalidad principal que adoptó la legitimación de la acción política de los Estados Unidos en el conflicto con la Argentina, buscando el logro de sus objetivos y la expansión de su influencia, en la que trató de doblegar a su voluntad a sucesivos regímenes argentinos: Castillo, la junta militar de 1943, Perón”. (p.83)

Por último, la supuesta falta de adecuación de una Argentina excesivamente arrogante al escenario internacional de los años cuarenta y cincuenta. Variaciones de esta tesis se encuentran en una parte no despreciable de la lo que se viene publicando desde hace décadas, a menudo con el agregado conjetural de que una política argentina más “adecuada” y humilde hubiese dado como resultado vaya a saber qué maravillosos beneficios para los argentinos. Sin embargo, ni la historia comparada con otros países en situaciones aproximadamente similares, ni el estudio detallado de las relaciones argentino-norteamericanas han logrado producir muchas pruebas que avalen esas apreciaciones. En ese sentido, las conclusiones a que llegan Rapoport y Spiguel después de su paciente indagación resultan un verdadero ejemplo de rigor analítico y apego a la evidencia documental. En el “desafío nacionalista” de la política exterior peronista no fueron lo fundamental ni el “estilo de gobierno”, ni “un liderazgo circunstancial”, ni una “inadecuación”. En realidad, tanto el oficialismo como “buena parte de la oposición” consideraban que “el carácter periférico y dependiente del país respecto de las grandes potencias” no era una “condición natural”, sino un obstáculo que debía ser superado. En el desarrollo concreto de la política exterior, esta percepción básica (que no parece haber estado muy alejada de la realidad) no pudo manifestarse en una sola línea, sino que tuvo cambios de instrumentación, dado el “el contexto de una determinada correlación de fuerzas a nivel nacional e internacional.” En el diseño de esos cambios “la gama de opciones” disponibles estaba determinada también por el “sustento social y objetivos del proyecto gubernamental.” Habiéndose dado esas condiciones, no resulta sorprendente que quedasen descartadas, “tanto una ruptura radical del tipo de vinculación externa que había caracterizado a la Argentina, como una ‘asociación estable’ que supusiera la subordinación periférica a una gran potencia.” (p.447)

Como siempre que se escribe historia, nadie puede pretender que se ha dicho alguna vez “la última palabra”. Pero de este libro cabe decir que sus excepcionales características lo convierten en referencia obligatoria para todos los que pretendan informarse seriamente y entender en profundidad no sólo las relaciones entre Estados Unidos y el primer peronismo, sino también sus proyecciones hasta nuestro tiempo.

Cristian Buchrucker – Professor de la Universidad Nacional de Cuyo (Argentina) y investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas – Conicet ( [email protected]).

 

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