SUÁREZ, Teresa; TEDESCHI, Sonia (comps.); COUDANNES, Mariela; SCARAFÍA, Inés; GILETTA, Carina; VECARI, Silvina. Historiografia y sociedad: discursos, instituciones, identidades. Santa Fe: Universidad Nacional del Litorial, 2009, 240 p. Resenha de MICHELETTI, Maria Gabriela. Un itinerario historiográfico por la provincia argentina de Santa Fe. História da Historiografia. Ouro Preto, n. 05, p.239-245, setembro 2010.

El propósito confeso de “entregar una nueva visión historiográfica descentrada pero no desconectada de la producción capitalina” transita las páginas del libro compilado por Teresa Suárez y Sonia Tedeschi, que busca ubicarse así dentro del impulso que desde hace algunos años han adquirido en la Argentina los estudios de historia de la historiografía regional.

Al respecto, el Prólogo de María Gabriela Quiñónez –docente universitaria e investigadora dedicada al estudio de la historia de la historiografía de la región Nordeste– presenta un muy buen estado de la cuestión sobre los desafíos y dificultades que ha debido enfrentar este campo del saber en la Argentina y, también, sobre los progresivos logros que ha ido alcanzando en tiempos recientes. Opacado aún y en parte invisibilizado dicho campo por una historia de la historiografía argentina que centraliza, a la vez, producción y objeto de estudio en Buenos Aires, resultan estimulantes los trabajos que, como el que nos convoca en esta oportunidad, procuran moverse de ese eje para ocuparse de discursos, disciplinas, instituciones y actores de otros espacios regionales.

De todos modos, la alternativa queda planteada: ¿debe pensarse la historiografía regional como un campo aparte, tal como parece demostrarlo la práctica de la disciplina en el país, o es posible que estos estudios se integren como uno de los objetos propios de la historiografía argentina? O dicho de otra manera, ¿será finalmente superado ese “obstáculo epistemológico” del que habla Quiñónez, que lleva a que las obras producidas en Buenos Aires puedan presentarse como historias argentinas, en tanto que todo intento de explicar los procesos desde las provincias sea tenido por historia regional? El libro que nos ofrecen a la lectura Suárez y Tedeschi, precisamente, se inserta dentro de esta línea que entiende posible contribuir al conocimiento de la historia de la historiografía argentina a partir de un contexto de producción provincial, en este caso, santafesino.

Los textos que integran la compilación, algunos de ellos dados a conocer previamente a través de versiones preliminares en encuentros científicos y publicaciones especializadas, son el producto de seis años de estudio y trabajo, avalados por dos proyectos de investigación llevados adelante en el seno de la Universidad Nacional del Litoral.

Ha sido el interés por dirigir una mirada introspectiva hacia su propio quehacer en la práctica de la disciplina, el que ha servido de disparador a las compiladoras y a su equipo –integrado por Mariela Coudannes, Inés Scarafía, Carina Giletta y Silvina Vecari– para desplazar parcialmente sus preocupaciones desde las problemáticas históricas abordadas en trabajos anteriores hacia perspectivas de índole historiográfica, que se fueron profundizando hasta conducirlas a la decisión de encarar la historia de la historiografía santafesina como campo específico de estudio. Los resultados de este moverse hacia el “tercer piso”[1] de la reflexión historiográfica (AURELL 2005, p. 14-15) son los que se presentan hoy en Historiografía y sociedad. Discursos, instituciones, identidades a través de dos secciones principales: “Disciplinas e instituciones”, e “Historiadores”. Nueve artículos de diversa densidad teórica y metodológica se reparten entre ambas secciones (tres en la primera y seis en la segunda), y nos prometen introducirnos en el proceso de configuración del campo historiográfico en la provincia de Santa Fe, entre sus inicios a fines del siglo XIX y los años sesenta del siglo XX. En realidad, la mayor riqueza interpretativa y de análisis de fuentes la encontramos para el período que se abre hacia la segunda década del siglo XX y, aun más, hacia 1930, en tanto que las etapas iniciales de aquel proceso aparecen apenas delineadas.

Dos categorías de análisis han sido elegidas por las compiladoras para vertebrar los estudios que presentan: la de generación de memoria y la de construcción social de la memoria. Ambas, tomadas en conjunto, les han posibilitado una doble apertura del objeto de estudio según los actuales lineamientos teórico-metodológicos de la historia de la historiografía (CATTARUZZA 2003, p. 212-214), al permitirles, por un lado, incluir sujetos que escribieron la historia, más allá de su mayor o menor encuadramiento dentro de los parámetros del historiador profesional, y, por otro lado, extender el análisis a diversos ámbitos sociales, institucionales, políticos, intelectuales, etc., en los que se construyeron –y desde los que se difundieron– visiones del pasado, a veces en tensión o contrapuestas entre sí. La consulta de fuentes de diverso tipo, más allá de las obras estrictamente historiográficas, contribuyó a encaminar la investigación en el sentido apuntado. De la conjunción de estos factores resulta un texto dinámico, que da cuenta –tal como lo sostienen las compiladoras del volumen– de un universo historiográfico “heterogéneo y abierto, desmoronando la imagen de una historiografía santafesina homogénea, estática y restringida”.

La sección “Disciplinas e instituciones” se abre con un trabajo de Mariela Coudannes sobre la historiografía santafesina entre 1935 y 1955. A la autora le interesa desentrañar hasta dónde los historiadores que actuaron durante esos años fueron verdaderos profesionales o más bien políticos de la historia –opción esta última por la que parece inclinarse. Para ello se detiene –en especial para el primer decenio, que constituye su especialidad[2]– en el análisis del contexto, las ideologías, las identidades sociales y políticas, y las relaciones entabladas con el poder. Se trata de un enfoque novedoso y aún poco utilizado en los estudios sobre historia de la historiografía santafesina, que le permite a Coudannes hacer interesantes aportes para un período que fue clave en el proceso de institucionalización de la disciplina histórica en la provincia. La autora explica, por ejemplo, que el proceso de profesionalización de la historia en la provincia se vio retrasado, entre otros motivos, por la resistencia de las familias tradicionales, dueñas del poder político, a perder el monopolio de la memoria social.

Sendo trabajos de Teresa Suárez y Sonia Tedeschi completan, desde el plano de lo institucional-disciplinar, a la primera sección. El primero se centra, a partir de herramientas conceptuales y metodológicas propias de la Historia de la Ciencia, en las convergencias entre Historia y Arqueología en el espacio del litoral santafesino–entrerriano. Pese a constituir la “Nación” el objeto hegemónico de los estudios historiográficos, durante la primera mitad del siglo XX quedaron espacios para el abordaje de la ciencia. La autora se detiene en el análisis de las instituciones y de los condicionamientos académicos, sociales, políticos e ideológicos a través de los cuales se desenvolvió –no sin dificultades y obstáculos– el mismo.

Por su parte, el trabajo de Tedeschi se ocupa del campo historiográfico santafesino en el período 1935-1970, si bien a través de la trayectoria individual de Salvador Dana Montaño. A través de este observatorio, busca indagar en la renovación disciplinar operada durante ese período y, en particular, en la relación entablada entre historia y ciencia política. Poniendo en relieve a un actor “oculto”, “opacado”, del escenario historiográfico provincial, revela una personalidad de aristas interesantes que realizó una significativa contribución como historiador de las ideas políticas argentinas y americanas, que manifestó preocupación por recuperar el aporte de las provincias a la organización nacional, y que procuró promover el estudio científico de la Política en el ámbito universitario.

La sección “Historiadores”, en tanto, se inicia con un trabajo de Inés Scarafía y Carina Giletta que, a través de la categoría de “memorias del poder”, se propone examinar el rol desempeñado por Estanislao Zeballos y Gabriel Carrasco –dos intelectuales santafesinos de fines del siglo XIX vinculados a los círculos de decisión política y económica– en la construcción y ordenamiento de la memoria y en el desarrollo de una historiografía asociada al poder del Estado. A ese fin, las autoras han seleccionado un texto de cada uno de ellos para el análisis: La rejión del trigo y el Primer Censo General de la Provincia de Santa Fe, dedicados en particular a las cuestiones de poblamiento e inmigración. La temática contemporánea y las motivaciones del presente que dieron marco a estas dos obras, la circunstancia de que, al elaborarlas, Zeballos y Carrasco actuaron, más que como verdaderos historiadores, como políticos al servicio del proyecto de país impulsado por la generación del ’80, y el hecho de que se trate de dos autores sumamente prolíficos, invitan a evaluar, sin embargo, si no sería conveniente ampliar el corpus sometido a análisis incluyendo, además, obras de índole más específicamente histórica, a fin de forjar un juicio más acabado sobre los aportes historiográficos de ambos.

A continuación, Teresa Suárez procura deconstruir el mito que el memorialismo propio del “programa nacional” de las primeras décadas del siglo XX construyó en torno a la figura de Gregoria Pérez de Denis. El artículo transita entre los tiempos de Gregoria, tratando de desentrañar los verdaderos alcances y móviles del donativo que hiciera esta dama al general Manuel Belgrano en 1810, y el análisis historiográfico de la imagen que de ella forjaron sus memorialistas –no únicamente el Félix Barreto que anuncia el título del capítulo de Suárez sino también otros historiadores– del siglo XX. Imaginario social, historia de las mujeres, perspectiva del género, renacimiento de la biografía, historia y memoria, análisis del discurso, entre otras herramientas disciplinares y metodológicas, aportan aquí a una nueva lectura del papel desempeñado por aquella mujer santafesina en la época revolucionaria.

El trabajo conjunto de Inés Scarafía, Carina Giletta y Silvina Vecari indaga en la visión que acerca de la colonización española en América fue provista por los historiadores vinculados a la Junta Provincial de Estudios Históricos de Santa Fe y, en particular, por tres de ellos: Ángel Caballero Martín, José María Funes y José Pérez Martín. Se trata, según las autoras, de una visión hispanista centrada en la perspectiva del “colonizador”, que rescata la misión evangelizadora y civilizadora de España en América. Desarrollada por los historiadores mencionados entre las décadas del ’30 y del ’70 del siglo XX, y condicionada por su formación, afinidades ideológicas y vínculos con estructuras institucionalizadas y tradicionales, esta visión no daría cuenta de las nuevas lecturas que, desde el punto de vista del “colonizado”, se estaban produciendo en el campo historiográfico argentino y que se consolidarían desde mediados de siglo.

Un tercer artículo de Teresa Suárez sirve para introducir la figura del que ha sido considerado el más importante y reconocido historiador de la provincia: Manuel Cervera (1863-1956). Se trata, en realidad, del único trabajo incluido en la compilación dedicado especificamente a este historiador, y lo hace a través de un ángulo particular de análisis: la relación que entiende que existe entre el orden temático instituido por Cervera en su principal obra (La historia de la ciudad y provincia de Santa Fe, de 1907) y un documento de carácter histórico memorial de la etapa virreinal, consistente en una petición dirigida por el Cabildo de Santa Fe al virrey en 1780. Suárez hace notar la estructura similar de ambos textos, y rastrea los que considera “elementos identificatorios” entre el trabajo de Manuel Cervera y el de aquéllos que le han servido de testigos por medio de aquel petitorio: la secuencia cronológica de la primera Santa Fe, la formación de milicias santafesinas para la defensa frente al indígena, el nexo entre Santa Fe y su entorno regional y Santa Fe como ciudad relevante en una unidad política mayor. El artículo de Suárez se completa con un estudio sobre la educación y formación académica de Cervera y las influencias intelectuales que marcaron su obra, entre memorialista y científica, y que puede encuadrarse dentro del modelo de “historia integral”.

Al trabajo de Teresa Suárez le sigue otro de Mariela Coudannes, que continúa con el estudio de la relación entre historia y memoria, esta vez en torno a las representaciones sobre la identidad santafesina presentes en la Historia de Santa Fe, del historiador Leoncio Gianello (1908-1993). Entre esas representaciones destacan: la imagen de armonía en las relaciones interétnicas de la Santa Fe colonial, el esfuerzo y heroísmo santafesino demostrados en la lucha contra el indígena y en los sacrificios militares y económicos, y el protagonismo del pueblo santafesino acompañando a sus “grandes hombres” en la defensa de la libertad y la autonomía provincial. Se trata de representaciones sobre la identidad santafesina que ya habían sido enunciadas desde fines del siglo XIX y principios del siguiente por otros historiadores, como Ramón Lassaga y Manuel Cervera, y que Gianello toma y reconstruye a mediados del siglo XX a partir de su presente. Entiende Coudannes que este autor, al elaborar su relato histórico desde sus propios intereses y preocupaciones, puso de manifiesto un claro propósito de intervenir activamente en el proceso de construcción social de la memoria de su época.

Desde esta perspectiva –que hace recordar lo sostenido por Hobsbawm y Ranger en La invención de la tradición (HOBSBAWM; RANGER 1999, p. 12-13)–, la aparente antinomia historia/memoria queda diluida, en tanto el historiador mismo no puede escapar a las manifestaciones de su propia memoria, las cuales quedan reflejadas en su obra.

Finalmente, corresponde a Sonia Tedeschi cerrar la compilación con un trabajo sobre Juan Álvarez (1878-1954), el historiador más reconocido de Rosario –ciudad ubicada en el sur provincial– y quien, debido a sus enfoques innovadores, realizó un significativo aporte al estudio de la disciplina en la Argentina y la región. A partir del análisis de una selección de las principales obras de Álvarez enmarcadas en su contexto de producción, la autora examina su discurso historiográfico a fin de determinar su propuesta de periodización y manejo del tiempo histórico –que hace llegar hasta el pasado reciente–, algunas de las representaciones presentes en sus trabajos, y sus concepciones sobre la memoria colectiva y la función social de la Historia. De este examen, Álvarez surge como un autor pluridisciplinar, con la visión de una Historia que contenía una función revisora y correctiva de las distorsiones del pasado, escrita en un lenguaje accesible y con una función educadora, y capaz de aportar a la resolución de los problemas contemporáneos y de proyectarse al futuro en sentido de cambio social y económico.

Hasta aquí, una breve síntesis de lo que el lector puede encontrar en las páginas de Historiografía y sociedad. Si bien puede aducirse que, como historia de la historiografía santafesina, la obra presenta algunas lagunas, las mismas se justifican, por una parte, por su mismo carácter de compilación que la exime de la necesidad de ofrecer una estructura orgánica y, por otra parte, por la escasez de trabajos previos sobre el tema, confeccionados a partir de los nuevos paradigmas que señala la ciencia histórica (tal como sí habían ido apareciendo en los últimos años para otros espacios regionales de la Argentina. Vg.: MAEDER et al 2004). Además, ha sido una elección de las autoras el abordar en ciertos casos actores casi ignorados, dejando intencionalmente a un lado trayectorias más reconocidas. Por estos motivos, este libro constituye un indudable aporte, y su principal mérito reside en la renovación teórico-metodológica que significa para el campo historiográfico en la provincia de Santa Fe. Es de esperar, que su aparición sirva de disparador para nuevos estudios sobre la escritura del pasado santafesino, que continúen o complementen al que hoy pone a disposición de la comunidad científica y del público en general el equipo coordinado por Suárez y Tedeschi.

Referencias

AURELL, Jaime. La escritura de la memoria. Valencia: PUV, 2005.

CATTARUZZA, Alejandro. Por una historia de la historia. In: CATTARUZZA, Alejandro; EUJANIAN, Alejandro. Políticas de la historia. Argentina 1860- 1960. Buenos Aires: Alianza, 2003.

HOBSBAWM, Eric; RANGER, Terence (eds.). The invention of tradition. Cambridge University Press, 1999 (1983).

MAEDER, Ernesto; LEONI, María Silvia; QUIÑONEZ, María Gabriela; SOLÍS CARNICER, María del Mar. Visiones del Pasado. Estudios de Historiografía de Corrientes. Corrientes: Moglia ediciones, 2004.

 

[1] Señala Jaume Aurell que es tarea del historiógrafo releer la producción histórica de los que le han precedido desde el tercer piso de la reflexión historiográfica, trascendiendo el primer piso, el de la misma historia –la vivencia de los acontecimientos– y el segundo piso, el de la reflexión histórica –el estudio de una época determinada.

[2] Mariela Coudannes Aguirre tiene en curso la tesis de Maestría en Ciencias Sociales en la Universidad Nacional del Litoral (Arg.) sobre el tema “Historiadores y usos del pasado en Santa Fe: 1935-1943”.

María Gabriela Micheletti – Profesora asistente Universidad Católica Argentina (UCA) Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) Investigadora asistente [email protected] Sarmiento, 1254 Rosario 2000 Argentina.

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