WEISEL, M.; ZARANKIN, A.; PARADELA, H; CARDILLO, M.; VILLELLI, M.; MORALES, M.; GUILLERMO, S. y GOMÉZ, M. Arqueología de rescate en el Banco Central de la República Argentina. Buenos Aires: Secretaría de Cultura, 2000. 93p. Resenha de: FUNARI, Pedro Paulo A. Intersecciones en Antropología, Olavarría, n.3, ene./dic., 2002.

Pedro Paulo A. Funari – Departamento de História, IFCH-UNICAMP, C. Postal 6110, Campinas, SP, 13081-970, Brasil. Correo electrónico: [email protected]

Marcelo Weissel, perteneciente al Equipo de Arqueología de la Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires y Andrés Zarankin, ambos directores de excavación y miembros del Programa de Estudios Prehistóricos del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas han publicado este volumen, con la colaboración de los estudiantes de Ciencias Antropológicas, con orientación en Arqueología, de la Universidad de Buenos Aires, Horacio Paradela, Marcelo Cardillo, Marcia Bianchi Viellelli, Marcelo Morales, Sandra Guillermo y Mariana Gómez. Desde la década de los 80’s, Buenos Aires ha sido objeto de investigaciones arqueológicas sistemáticas sobre los procesos de conformación de la sociedad porteña, los patrones de consumo alimenticio y las tipologías de artefactos. Estos estudios -a partir de la cultura material- han posibilitado generar fuentes alternativas a los documentos escritos, posibilitando el acceso a grupos poco visibles en los textos, como lo son los indígenas, los negros, las mujeres, los niños y los oprimidos en general.

En este contexto se ubica este libro, que presenta los resultados de las excavaciones de rescate realizadas entre enero y marzo del 2000, en el lugar donde funcionaba el estacionamiento del Banco Central de la República Argentina, ubicada en la calle Reconquista 250 de la ciudad de Buenos Aires. El objetivo de las excavaciones de emergencia fue la recuperación y la preservación de materiales históricos que se hubieran perdido irreparablemente, de manera de constituirse en documentación disponible para la comunidad científica y para el público en general. Los autores lograron publicar este libro en un tiempo muy breve, presentando materiales y análisis en forma general. La excavación de pozos completos de basura antigua y una cisterna de un aljibe permitió la recuperación de gran cantidad de materiales, lo que permitió producir resultados importantes para la comprensión de la vida cultural. Los hallazgos fueron fechados entre mediados del siglo XVIII y mediados del siglo XIX, con una gran cantidad de loza inglesa, pues no se encontraron materiales de los dos primeros siglos de ocupación de la ciudad.

Los autores comienzan con la descripción detallada de los materiales recuperados (pp. 23-32), con especial énfasis en los objetos cerámicos: recipientes, mayólicas, lozas, gres y pipas de caolín. Se mencionan las famosas botijas españolas, conocidas también como olive jars. Este tipo cerámico, de los más usados en toda el área colonial española, atestigua la existencia de patrones de medidas imperiales, así como el grado de unidad cultural del imperio español desde América del Norte hasta Buenos Aires. Estos recipientes muestran la existencia de mecanismos esencialmente políticos de distribución, un sistema de apropriación de bienes por parte de una autoridad central (el Estado español) que más tarde los distribuye de acuerdo con las necesidades administrativas (cf. Jamieson 2000: 183-185 sobre los múltiplos aspectos de estas botijas). Buenos Aires era parte de un Imperio por lo que no estaba sólo afectada por factores económicos (ver Funari 1999 sobre la importancia de los factores políticos en el período moderno). En este capítulo, los autores presentan la pequeña exposición “El Patacón de Oro y otras curiosidades”, que generó un alto grado de repercusión inmediata. Convendría que la exposición introdujera una propuesta pedagógica propia, de manera de ofrecer al público no sólo la fruición de contemplar los hallazgos sino la posibilidad de intepretar, de manera crítica y multivocal, la cultura material histórica.

El capítulo siguiente trata de la historia del lugar (pp. 33-45). El diseño de la ciudad fundacional de 1580 responde a la Legislación de Indias de 1573, otra manifestación del orden imperial hispánico. El sur de la actual Plaza de Mayo aglutinó además dos fuerzas imperiales importantes, como lo fueron las órdenes Franciscana y Dominica, mientras el norte quedó en manos de los Mercedarios. Los autores presentan luego una síntesis histórica a partir de fuentes secundarias, desde 1580 hasta el Virreinato, recordando que la población colonial estaba dividida, desde el punto de vista imperial, en “vecinos” y “estantes”, los primeros, un grupo patricio y los segundos, la población restante, tales como comerciantes, profesionales, artesanos y jornaleros; africanos e indígenas estaban fuera de la clasificación oficial de los documentos. Los vecinos retenían el derecho de propiedad, de poseer encomiendas de indios y de formar parte del Cabildo, como alcaldes. Se trataba pues de una sociedad basada en grupos cerrados de status -otras posiblidad: grupos cerrados con status social muy bien diferenciado-, aunque con el tiempo los éxitos mercantiles llevaron a alianzas y matrimonios entre estantes y vecinos. De todas maneras, las características estamentales de la sociedad eran esenciales. Desde el Virreinato hubo cambios económicos y sociales importantes, pues Buenos Aires fue paulatinamente integrándose a la economía capitalista internacional y a sus grupos sociales dominantes en contacto con las más modernas tendencias. A partir de la documentación consultada, los autores proponen una periodización cronológica del predio que van luego a contrastar con los resultados de las excavaciones de urgencia efectuadas.

La investigación arqueológica (capítulo III, pp. 47-74) constituye el núcleo central del libro. La intervención en el sitio se estructuró en dos etapas sucesivas, la primera de excavación y la segunda de estudio en laboratorio de los materiales recuperados. La excavación de rescate se efectúo a través de pozos, perfiles (este y norte) y del estudio de la cisterna del aljibe. La segunda parte del trabajo de campo consistió en el seguimiento de la obra en curso, siguiendo el trabajo de los empleados y el de la retroexcavadora. Publican como documentación nada menos que 10 dibujos y 25 fotografías, documentando toda la etapa de campo de rescate. El trabajo de laboratorio se divide en dos partes: el análisis arqueofaunístico y de la muestra de restos óseos, cuyos resultados son presentados en 20 cuadros y gráficos.

En las conclusiones (pp. 75-80), dos importantes cuestiones son consideradas, en relación con los procesos de conformación del registro arqueológico en Buenos Aires. A partir de las fuentes escritas, afirman que las autoridades comenzaron a preocuparse por establecer el lugar donde debía arrojarse la basura desde los inicios de la ciudad. Los autores consideran que la gente utilizaban calles y lugares públicos, ya que en 1637 el Cabildo dispuso que los vecinos y moradores debían limpiar y barrer las veredas frente a sus casas y hacia 1800 surgen las primeras noticias sobre la adquisición de carros para la limpieza pública. La implementación del barrido y recolección de residuos a domicilio produjo un cambio considerable en cuanto a la deposición de restos. En este contexto se interpretan los “pozos de basura”, los “pozos de balde”, “pozos ciegos” y “aljibes” (cámara subterránea de ladrillos y cubierta con una bóveda). Fueron identificados cuatro estructuras subterráneas que contenían el 80% del material arqueológico: un aljibe, un pozo de balde, un pozo ciego y un pozo de basura.

La intepretación de los resultados demuestra que allí se hallaba una unidad doméstica cuyos moradores tenían acceso a la mayoría de los bienes suntuarios disponibles en Buenos Aires, tales como la loza inglesa, los juegos de té, la porcelana oriental, las mayólicas españolas. Los autores interpretan la presencia de cerámica española e inglesa como característica de un período de transición en el cual las familias españolas intentaban aún mantener una identidad propia, sin dejar de estar al día con la moda internacional. Las cerámicas emparentadas con manufacturas indígena o africana son minoritarias, a diferencia de lo que pasaba en otras partes de Buenos Aires y en otros sitios, donde se usaba en la cocina cerámica local. Esto permite suponer que el poder adquisitivo de los habitantes de este lugar era alto, lo cual se evidencia en el uso de una cerámica de cocina similar a la empleada en la propia península ibérica. A mi juicio, parece claro que vecinos y estantes, además de sus diferencias de status, tenían una cultura material bastante distinta, y que era este status el que a su vez permitía y exigía el uso de esta cerámica de cocina importada (cf. Kicza 1997). Su uso nos dice poco sobre su etnicidad, pero sí nos informa sobre su estilo de vida y sus gustos de clase (sensu Bourdieu). Este mismo sentido de consumo deélite explicaría el descarte, que resultó llamativo a los autores, de una gran cantidad de botellas de vidro enteras arrojadas en la basura, desde el siglo XVIII, así como el consumo principal de especies de gran tamaño (cf. Weisman 1992: 117-140; deFrance 1996).

En las palabras finales, los autores concluyen enfatizando la importancia de una política en relación al patrimonio cultural y no cabe duda que este libro contribuye a ello, pues tanto el rescate como la publicación inmediata constituyen acciones imprescindibles para la protección del patrimonio. La lectura del libro es ilustrativa tanto de la sociedad porteña del pasado, como sobre las tareas de la Arqueología, en tanto praxis científica y social. Los datos arqueológicos, aunque limitados a pocos días de trabajo de campo en una situación de urgencia, muestran una sociedad, entre los siglos XVIII y XIX, que es parte de un vasto imperio, primero, y del capitalismo naciente, después. La existencia misma de los pozos atestigua esta participación a un imperio, pues reflejan una actividad de limpieza de origen oficial. Además, los restos dan cuenta de un consumo de clase alta que revela una sociedad cuya crème de la crème se esfuerza en distinguirse del resto de la élite.

En términos arqueológicos, en primer lugar se destaca el hecho de que los materiales no confirman las fuentes, sino que presentan datos nuevos: ¿Quién pudiera haber dicho, a partir de los documentos escritos, que la gente de este lugar usaba un ajuar ibérico (cf.Kicza 1997) y descartaba tantas y tan caras botellas? En segundo lugar, en un contexto en el cual la mayoría de los trabajos de rescate permanecen inéditos, no sólo en Argentina, sino en todo el mundo e incluso en los países más ricos, los autores se preocuparon en publicar un libro, para que el público científico pudiera conocer estos datos y no se perdieran para la ciencia. Además, comprometidos con la sociedad más allá de los científicos, produjeron una exposición para el público. Un programa pedagógico podría conplementar esta exposición, para que la gente pueda reflexionar, de manera crítica, sobre la sociedad porteña y sus contradicciones sociales seculares. De hecho, el esplendor de los vestigios de este lugar ganaría sentido, si fuera confrontado con los vestigios de otros sitios, llamados de “toscos” por los autores. El sentido último del uso de estos objetos de ostentatación consistía, precisamente, en diferenciarse de la gente “tosca” y, por esto, sólo adquieren pleno sentido en la contraposición entre alta y baja manufactura, entre elegantes y toscos. De esta manera, también, el público, que vive las contradicciones sociales contemporáneas (cf. Podgorny 1999), puede entender el pasado no simplemente como el lugar de una falsa belleza y de una no menos artificial harmonía social, sino que los conflictos del presente tienen sus raíces en este mismo pasado (cf. Paynter 1999). La Arqueología tiene una contribución particular en este sentido, pues presenta a la vez los vestigios de elegantes y toscos; de europeos, indígenas y africanos. Esta es la contribución más específica de la Arqueología Histórica (Orser 1999: 65), pues muestra los vestigios de unos y de otros, y expone así las contradicciones sociales ocultas en el discurso escrito. Como conclusión puede decirse que este libro contiene los elementos in nuce para reflejar, desde diferentes puntos de vista, tanto la sociedad porteña, como la práctica de la Arqueología Histórica en Argentina.

Referências

deFrance, S. D. 1996 Iberian foodways in the Moquegua and Torata Valleys of Southern Peru. Historical Archaeology 30(3): 20-48.   [ Links ]

Funari, P. P. A. 1999 Historical archaeology from a world perspective. En Historical Archaeology, Back from the edge, editado por P. P. A. Funari, M. Hall y S. Jones, pp. 37-66. Routledge, Londres.   [ Links ]

Jamieson, R. W. 2000 Domestic Architecture and Power. The historical archaeology of Colonial Ecuador. Kluwer, Nueva York.   [ Links ]

Kicza, J. E. 1997 Native American, African, and Hispanic communities during the middle period in the Colonial Americas. Historical Archaeology 33(1): 9-17.   [ Links ]

Orser, C. E. 1999 The Archaeology of the African Diaspora. Annual Review of Anthropology 27: 63-82.   [ Links ]

Podgorny, I. 1999 Arqueología de la educación, textos, indicios, monumentos. La imagen de los indios en el mundo escolar. Sociedad Argentina de Antropología. Buenos Aires.   [ Links ]

Paynter, R. 1999 Epilogue: class analysis and historical archaeology. Historical Archaeology 33(1): 184-195.   [ Links ]

Weisman, B. R. 1992 Excavations on the Franciscan Frontier, Archaeology at the Fig Springs Mission. University Press of California, Gainesville.   [ Links ]

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