VALENZUELA, Jacinto Montenegro. Didáctica de las Ciencias Sociales: los valores humanos en la educación. Prensas de la Universidad de Zaragoza, 2015. 262p. Resenha de: BENITO, Victoria López. Clío – History and History Teaching, Zaragoza, n.41, 2015.

Como el título del libro ya deja ver, el tema central de este manual es el de la educación en valores a través de la Didáctica de las Ciencias Sociales. Podríamos afirmar a priori que no es un tema novedoso ni en la reflexión educativa, ni en el ámbito concreto de la Didáctica de las Ciencias Sociales. La cuestión de la Educación en valores ha estado presente en el debate educativo y pedagógico desde hace décadas como así lo deja ver la literatura científica (Descalzi Picasso, 1997; Iglesias, 1997; Parra Ortiz, 2003). Sin embargo, muchas de estas aportaciones, aunque importantes y relevantes para la práctica educativa, se quedan, por su propio polimorfismo conceptual, en meras reflexiones al respecto sin propuestas de aplicación real para los procesos de enseñanza y aprendizaje. En cuanto a la relación entre Ciencias Sociales y Educación en valores pocas veces ha sido tratado como una cuestión nuclear de esta área de conocimiento. Sin embargo, destacan algunas portaciones como las de Cascajero Garcés et al. (1990) y el IX Simposium de Didáctica de las Ciencias Sociales celebrado en la Universitat de Lleida en 1998 cuya temática giraba en torno a “Los valores y la didáctica de la Ciencias Sociales”, en este caso la cuestión de los valores gira en torno mayoritariamente a los valores democráticos y la construcción del ciudadano desde la educación y concretamente a través de las Ciencias Sociales, aunque también están presentes temas como las desigualdades sociales, el racismo o la igualdad de género. En la mayoría de manuales sobre Didáctica de las Ciencias Sociales también está presente la cuestión de los valores en la educación pero da la sensación de que lo está porque es algo que tiene que estar presente, que tiene que tratarse bien por razones curriculares o por la razón que sea, pero no porque sea un tema verdaderamente relevante para esta área de conocimiento desde la perspectiva de algunos investigadores (Pagés, 1994; Prats Cuevas, 1999; Hernàndez Cardona, 2002).

Sin embargo, el presente manual trata la cuestión de la educación en valores humanos a través de la Didáctica de las Ciencias Sociales no solo como algo importante sino, como el propio autor reclama, como una necesidad debido al contexto social actual y mundo globalizado en el que vivimos en el que parece que todo se diluye y entre ello, los valores. Este libro, si bien continúa la senda iniciada por el propio autor en 1998 con “Los valores en la sociedad contemporánea (familia, escuela, medio ambiente, coeducación, sexismo)” responde a una necesidad además de social y de contexto, a una necesidad curricular, no porque la educación en valores sea la punta lanza de los actuales currículos oficiales en España, sino por todo lo contrario. En un momento del devenir educativo de este país en el que cada vez los currículos ponen el énfasis en una educación cada vez más tecnificada, orientada mayoritariamente a los conocimientos científicos en detrimento de los humanísticos, con contenidos que capacitan al alumnado al emprendimiento empresarial desde los doce años, digamos que como mínimo es necesario volver a reflexionar sobre donde queda la educación en valores en la actualidad.

Además, el planteamiento del autor manifiesta plenamente su pensamiento en cuanto a cómo y desde dónde debe articularse la educación en valores a lo largo de todas las etapas educativas, aspecto que, después de un breve recorrido histórico sobre la presencia de la educación en valores a lo largo del tiempo planteado en el primer capítulo; desarrolla en profundidad en el capítulo segundo.

Es en este capítulo donde el autor comienza abordando la problemática actual en relación a los valores que rigen en las sociedades actuales, más bien, la inestabilidad de valores debido al ritmo acelerado con el que ocurren los cambios en la actualidad por los procesos de globalización y tecnificación de la sociedad lo que implica una excesiva velocidad en la configuración de los procesos mentales que generan una disociación entre el “mundo externo y el núcleo de la identidad humana”, divergencia que según el autor la Educación debe contribuir a disminuir. Así realiza una revisión de cómo algunos autores desde disciplinas como la Filosofía o la Sociología han definido el concepto de valor, ya sean humanos, sociales o morales y las problemáticas que implica inculcar estos ya sea en un sistema cultural o educativo.

Una de las aportaciones más interesantes del autor es la que establece los diversos ámbitos en el que se sitúa y desarrolla el individuo: las relaciones y estructuras sociales en las que esté presente, las instituciones sociales y culturales propias de su contexto o los mecanismos de gestión espacial, económica y política, y como los valores están presentes en todos ellos. Por ende, la educación en valores en cada uno de estos ámbitos redundará de una u otra manera en el desarrollo social del individuo y desde ahí el autor insta a la responsabilidad de la Educación y en concreto de los espacios educativos por antonomasia, como son los centros educativos a tomar consciencia de su responsabilidad en la formación en valores de los individuos que los integran. En cuanto al campo de aplicación concreto de esa educación en valores Jacinto Montenegro otorga a las Ciencias Sociales la mayor capacidad para la transmisión de valores, aunque afirma que los matices psicopedagógicos, epistemológicos e ideológicos con los que están cargados los contenidos de las materias que las integran pueden hacer variar los valores a transmitir; según el autor lo que determina unos valores u otros es la ideología predominante en cada una de las sociedades y por lo tanto en la educación, y así lo hace explícito al hacer una clasificación de cómo la ideología conservadora, liberal-democrática o tecnocrática definen un tipo de sociedad, unos valores determinados y un tipo de educación. Por otro lado, prestando una especial atención a aquellos que reciben la acción educativa, es decir, el alumnado, que serán los que están influenciados por unos valores y educación determinados, el autor realiza un análisis paralelo entre el desarrollo cognitivo desde los 6 a los 17 años, es decir, el alumnado de Educación Primaria y Secundaria y sus capacidades para la compresión, asimilación y apropiación de valores.

Siguiendo con la propuesta propia del autor de cómo debe abordarse la educación en valores, reclama de manera contundente en el capítulo tercero la necesaria interrelación entre centro educativo y familia como los extremos de un puente que debe lograr la recepción y transmisión de valores. Para el autor, escuela y familia son las dos estructuras sociales fundamentales para los discentes y por ello la educación escolar y familiar deben bogar conjuntamente no solo por la transmisión de conocimientos, destrezas o conceptos sino también por la transmisión de normas, valores, reglas de convivencia social y concienciación democrática y crear las condiciones necesarias para que los individuos crezcan libres, sensibles y creativos.
A continuación, en los tres capítulos siguientes Jacinto Montenegro plantea tres ejes conceptuales fundamentales desde los que se debe llevar a cabo la transmisión de los valores en las sociedades actuales. Estos ejes conceptuales son: los derechos humanos, el respeto al medio ambiente y la igualdad de género desde la coeducación. En cuanto al primero, solo desde desde los contenidos relacionados con los derechos humanos es posible lograr en el alumnado la conciencia social, política y cultural sobre el propio entorno cercano (ciudad, país) y sobre los entornos lejanos y diferentes al propio. En relación al medio ambiente, en las últimas décadas ha aumentado por diversos motivos y agentes la concienciación en pro del respeto y la conservación del medio ambiente desde dentro y fuera del ámbito educativo. Esto conlleva un mayor grado de concienciación, participación y relación con el entorno y valoración del medio ambiente, de lo cual se implica, según el autor en la transmisión de unos determinados valores que se trabajan sobre todo a través de la educación ambiental.

Finalmente, cuando el autor habla de la coeducación y la igualdad de las mujeres en la sociedad, comienza realizando un breve recorrido histórico sobre cómo, desde siempre, aunque el autor inicia el relato desde el siglo XVII, el papel de la mujer en la sociedad estuvo limitado a unos espacios y funciones determinados. Esto, a pesar de las reivindicaciones de algunas mujeres a lo largo de toda la historia, hizo que estas también estuvieran relegadas de los espacios de educación. En el caso del contexto español destaca algunos hitos en cuanto al aumento de la presencia de la mujer en espacios formativos como por ejemplo la labor de la Institución Libre de Enseñanza desde 1871 en cuanto a la educación de la mujer y la coeducación o como el gobierno de la II República en 1931 implanta la coeducación como normativa escolar, a pesar de ello, estas medidas no disminuyeron las diferencias de formación y nivel educativo entre hombres y mujeres. Sin embargo, esas diferencias sí se han ido borrando a lo largo del siglo XX, como así nos lo muestra el autor a través de numerosas gráficas; a través del aumento de la escolarización de las niñas tanto en el contexto español como internacional, la presencia de las mujeres en política, en ciertas profesiones o cargos de responsabilidad. Estas gráficas, si bien muestran un aumento de las mujeres en ámbitos educativos y profesionales en los que hace cien años no estaban presentes, también nos muestra que todavía existen diferencias, no solo cuantitativas, sino especialmente cualitativas. Para que realmente se avance en la coeducación entre hombres y mujeres, no solo es suficiente con lograr el respeto y la tolerancia entre los sexos, porque eso ya ha quedado demostrado que no funciona, muestra de ello es la existencia notable en la sociedad de la violencia contra las mujeres, es necesario, que se genere espacio para las formas, valores y referentes femeninos, planteamiento que no tiene nada que ver con el hembrismo, como pretende asimilar el autor. La verdadera coeducación debe tener en cuenta al hombre y a la mujer no solo en número, sino también en fondo y forma, valorando sus diferencias y valores específicos y a la vez complementarios.

Con todo ello, este manual supone un interesante planteamiento de la Didáctica de las Ciencias Sociales abordada concretamente desde la perspectiva de la Educación en valores. Además desde óptica se reafirma, una vez más, como las Ciencias Sociales son un eje transversal que está presente en todo el camino educativo ya sea en las diferentes etapas educativas como en las distintas disciplinas que nutren ese camino.

Victoria López Benito – Universidad de Zaragoza. E-mail: [email protected]

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