La ciencia de la erradicación. Modernidad urbana neoliberalismo en Santiago de Chile, 1973-1990 | César Leyton Robinson

ROBINSON Cesar Leyton La ciencia de la erradicación. Modernidad urbana neoliberalismo en Santiago de Chile
César Leyton Robinson | Foto: Werken TV |

ROBINSON C La ciencia de la erradicacion La ciencia de la erradicación. Modernidad urbana neoliberalismo en Santiago de ChileEl interés historiográfico por las dictaduras del siglo XX es relativamente reciente. Era preciso que pasara un tiempo para que el horror y el dolor producido por las mismas fuera soportado por la generación de historiadores que, solo en las últimas décadas, han sido capaces de acometer una tarea en la que historia y memoria histórica se atraviesan de manera constante e inevitable. Así ha ocurrido en Europa, con la historia de la Alemania nazi, del fascismo italiano o de la España del franquismo, o en América Latina, con las dictaduras surgidas al amparo de la siniestra Doctrina de la Seguridad Nacional. El libro que comentamos es un reciente producto de esta línea de trabajo desde la perspectiva de la historia de la ciencia y en el contexto de la dictadura de Pinochet. Su autor, César Leyton Robinson, es un historiador solvente y comprometido que pertenece a una generación de investigadores chilenos, entre los que citaré a Claudia Araya y Marcelo Sánchez entre otros, empeñados en situar el conocimiento y la práctica científica en unas coordenadas históricas, políticas, sociales y culturales.

La obra que nos ocupa constituye una aportación original y rigurosa por su factura, pero arriesgada en sus contenidos y conclusiones, pues supone una muestra de historia y pensamiento crítico, que tal vez no todos estén dispuestos a aceptar, pues la advertencia machadiana de las dos Españas se hace extensiva a otros muchos lugares y contextos, y Chile no es una excepción. Con todo, el rigor metodológico y la calidad de sus contenidos hizo que la tesis doctoral que está en el origen de este libro mereciera la máxima calificación y el reconocimiento académico de la Universidad de Chile.

La monografía de César Leyton aparece, así, como una contribución muy relevante a la historiografía chilena, pero también a la de las relaciones entre salud pública y poder político. Se sitúa en una tradición muy asentada en el área de la historia de la medicina y de la salud que aborda el alcance de las políticas sanitarias en el marco de sistemas políticos determinados, como los estados liberales o los regímenes autoritarios. En este caso, el análisis de la vinculación teórica y práctica de la higiene con la geopolítica y la administración del Estado durante la dictadura militar (1973-1990) -tomando como estudio de caso las estrategias de erradicación y segregación implementadas en Santiago de Chile-, me parece una propuesta novedosa y de gran interés que, incluso, podría inspirar investigaciones similares en otros lugares.

La “ciencia de la erradicación” que da título al libro hace referencia, por un lado, a los conocimientos científicos procedentes de la geopolítica y de la higiene que sustentaron las decisiones políticas y las intervenciones destinadas a imponer los desplazamientos de población, la creación de nuevos asentamientos y la segregación de los sectores populares en el proceso que dio en llamarse “erradicación”; pero por otro lado, supone una alusión directa -aunque metafórica- al “combate sanitario” necesario para “erradicar” las enfermedades, sean estas físicas, mentales o sociales. En este escenario, cabe destacar un marco teórico muy sólido en el que todos los conceptos utilizados (biopolítica, geopolítica, tanatopolítica, daño sociogénico, etc.) quedan debidamente definidos, lo que permite saber en todo momento a qué se está refiriendo el autor cuando los utiliza en su relato. Asimismo, quedan bien explicadas algunas categorías de análisis (Homo hygienicus, clases y grupos subalternos, tecnologías de seguridad, etc.) que resultan muy útiles y oportunas en el enfoque y desarrollo de la investigación.

Desde el punto de vista metodológico, el acercamiento es complejo, pluridisciplinar y transversal, pues tiene en cuenta diversos registros que permiten abordar la gran variedad de fuentes utilizadas. Es de destacar el importante esfuerzo heurístico realizado: textos programáticos, normativos o legislativos, aportaciones científicas, informes médicos y sanitarios, prensa, etc. También el manejo de una amplia bibliografía nacional e internacional que ha permitido al autor disponer de un amplio y concienzudo estado de la cuestión, identificar las lagunas historiográficas existentes y dialogar con otros autores y autoras en una inteligente discusión de los resultados.

En cuanto a los contenidos, los dos primeros capítulos abordan dos estudios de caso muy significativos que representan lo que fue en Chile la higiene liberal y sus implicaciones en las reformas urbanas y en el gobierno de las poblaciones. En primer lugar, se analizan las características principales de las reformas urbanas propiciadas por el intendente Benjamín Vicuña Mackenna en Santiago de Chile, prestando especial atención a las estrategias de defensa social que dichas reformas llevaron implícitas. Resultan notables las páginas dedicadas al establecimiento de dos ciudades: una ciudad propia -“europea”, burguesa, civilizada e higiénica- que debía ser protegida, y un suburbio -“africano”, popular, salvaje y antihigiénico- que debía ser regenerado y colonizado. En definitiva, un modelo de ciudad segregada en el que podrán identificarse reminiscencias en desarrollos futuros. El segundo capítulo estudia la obra de Augusto Orrego Luco, representativa del pensamiento de una oligarquía médica chilena asimilada a los intereses de las élites. Se hace hincapié, lo que resulta coherente para los objetivos de la investigación, en la vertiente médico-social de este autor y se valora en qué medida se va construyendo una nueva forma de administración y gubernamentalidad de los sectores populares, a través de nuevos dispositivos o formas de control, relacionadas con una mirada socio-biológica de estos grupos relegados.

Tras estos dos primeros capítulos, los restantes se centran ya en la dictadura militar. Podría parecer un salto excesivo, pero no lo es. Del mismo modo que el pensamiento neoliberal de Friedrich Hayeck o de Milton Friedman se relaciona con frecuencia con Adam Smith o con David Ricardo, la conexión entre los Chicago boys chilenos y el reformismo liberal-conservador del siglo anterior cobra aquí todo su sentido. Un vínculo evidente no solo por la obvia relación entre estado liberal y neoliberal, sino por los propios contenidos de las propuestas, por las similitudes de los argumentos y de la “ideología” subyacente. Todo ello hace que la elección de los dos casos elegidos resulte muy adecuada, pues muestra una clara continuidad doctrinal entre el reformismo liberal decimonónico y las medidas neoliberales de regulación social, aunque, como es lógico, en contextos y con desarrollos técnicos diferentes.

El tercer capítulo estudia los aportes de los teóricos chilenos de la geopolítica, analiza el concepto de Estado ameba, propuesto por el propio Pinochet, y la vinculación de la geopolítica con la Doctrina de la Seguridad Nacional. Se trata, sin duda, de un capítulo con gran vuelo teórico que contextualiza con acierto los diversos elementos que se sitúan en la base de lo que fueron las intervenciones en materia de política demográfica y de ordenación del territorio. Una concepción organicista -y neodarwinista- del funcionamiento social que es retomado en los dos siguientes capítulos en los que se analizan en profundidad los procesos de regionalización y de erradicación. En estos, es muy meritorio, por su complejidad, el manejo de fuentes procedentes de las instituciones implicadas en dichos procesos, como la Comisión Nacional de la Reforma Administrativa (CONARA) y la Oficina de Planificación Nacional (ODEPLAN).

Tanto en estos capítulos, como en los siguientes, se pone de manifiesto la existencia de dos planteamientos diferentes que se complementan e interactúan entre sí. Por un lado, los militares y su geopolítica, y por otro, los economistas neoliberales y sus propuestas de política económica. La identificación de estas dos vías, cuyo origen es bien diferente pero que terminan confluyendo en el proceso de erradicación, me parece un acierto interpretativo que creo que es novedoso y esclarecedor.

Finalmente, los dos últimos capítulos son muy interesantes porque se discuten los elementos económicos, sanitarios y políticos de determinadas acciones concretas derivadas de la ciencia y la política de la erradicación: la vivienda higiénica y el saneamiento de los campamentos, y el problema de la nutrición (y desnutrición) de las clases populares. Resulta muy original, y con seguridad poco conocida, la relación que se establece entre las políticas habitacionales y las intervenciones sanitarias sobre la población en materia de alimentación; a este respecto, el análisis del plan de “erradicación” de la desnutrición elaborado por el prestigioso médico nutricionista Fernando Mönckeberg resulta muy pertinente, así como la consideración de conceptos formulados por el propio Mönckeberg, como el de “daño sociogénico”, otro ejemplo evidente de la presencia de la ciencia médica en todo el proceso estudiado.

Se trata en suma de un libro importante que se sitúa en las coordenadas teóricas y metodológicas de la historia social y cultural de la ciencia, a la que se añade una voluntad de análisis político, y que tiene a reflexionando sobre el papel de la ciencia (que nunca mi juicio, una solidez metodológica y una fuerza her- es neutral) en el desarrollo de objetivos totalitarios. menéutica que es preciso reconocer y destacar. Ofrece, además, conclusiones novedosas que nos ayudan a pensar las dictaduras más allá del terrorismo de Estado, más allá de la represión y la violencia directa, reflexionando sobre el papel de la ciencia (que nunca es neutral) en el desarrollo de objetivos totalitarios.

Rafael Huertas – IH-CCHS-CSIC (Espanha). E-mail:[email protected]


LEYTON ROBINSON, César. La ciencia de la erradicación. Modernidad urbana neoliberalismo en Santiago de Chile, 1973-1990. Madrid, Editorial CSIC, 2020. 579p. Resenha de: HUERTA, Rafael. Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia. Madrid, v.73, n.1, 2021. Acessar publicação original [IF].

Canguilhem e a gênese do possível. Estudo sobre a historização das ciências | Tiago Santos Almeida

ALMEIDA Tiago S Canguilhem e a gênese do possível
ALMEIDA T Canguilhem 2 Canguilhem e a gênese do possívelMarlon Salomão e Tiago Santos Almeida. “VI Colóquio de História e Filosofia da Ciência: As ciências humanas”. Goiânia, 2019 | Foto: PPGH/UFG

Este libro es la reelaboración de la tesis doctoral defendida en la Universidad de Sao Paulo por Tiago Santos Almeida, profesor en la Facultad de Historia de la Universidad Federal de Goiâs, y sin duda una de los mejores conocedores actuales de la obra del filósofo, médico e historiador de las ciencias Georges Canguilhem. La monografía ha sido prologada Carvalho Mesquita Ayres, profesor de Medicina Preventiva en la Universidad de Sao Paulo, y esto no es una casualidad. A diferencia de lo acontecido en España, los estudios sobre Salud Colectiva y Medicina Preventiva fueron marcados decisivamente en Brasil, desde su despegue en la década de 1970, por algunos de los trabajos más representativos de la tradición francesa en historia de las ciencias, en particular textos como Lo normal y lo patológico de Canguilhem y El nacimiento de la clínica, de Michel Foucault.

El desafío del libro consiste en dilucidar, a través de distintas calas en la obra de Canguilhem, hasta qué punto existe un “estilo francés” a la hora de pensar la historicidad de las disciplinas científicas. En su indagación, el autor no recurre sólo a los volúmenes publicados por Canguilhem. Avalado por una prolongada estancia de investigación en el CAPHÈS (Centre d’Archives de Philosophie, Histoire et Èdition des Siences), donde frecuentó a algunos de los principales especialistas y discípulos del pesador francés (Limoges, Debru, Braunstein), utiliza entrevistas y artículos poco conocidos del filósofo de Castelnadaury, y lo más importante, un importante acopio de los manuscritos inéditos procedentes del Fond Canguilhem, sito en el mencionado centro.

En la Introducción (“Combates por la Historia de las Ciencias”), el autor se interroga por el sorprendente diálogo de sordos instaurado en Francia desde las primeras décadas del siglo XX, entre una boyante y reconocida escuela de historia social -el grupo de los Annales- y una tradición muy influyente pero mucho más discreta, por la propia condición de la disciplina concernida, de historia de las ciencias (Cavaillès, Koyré, Bachelard, Canguilhem). A pesar de encontrarse durante décadas en emplazamientos como el Centre Internationale de Synthèse, era como si la historia de las ciencias no fuese reconocida por los profesionales de Clío como una rama más de la historia social. Y de este modo, durante mucho tiempo, la historia de las ciencias de la vida impulsada por Canguilhem fue considerada como ejemplo de un enfoque puramente internalista, centrado en la constitución de los conceptos científicos, pero olvidando por completo su conexión con las representaciones políticas, artísticas, filosóficas y religiosas, con el desarrollo de las técnicas y de las instituciones, con los conflictos sociales.

Esta falsa representación de la historiografía científica y médica de Canguilhem por parte de los historiadores, sólo recientemente se habría puesto en cuestión en esta comunidad disciplinar, siendo Roger Chartier en los años ochenta uno de los primeros en llamar la atención sobre esa falla interpretativa de sus colegas. Canguilhem no sólo ponía en primer plano el estudio de la circunstancia social y cultural en la que se sustenta la actividad científica, como ejemplifican sus nociones de “ideología científica” e “ideología médica”, sino que desde primera hora se interesó por los problemas de la teoría y metodología de la historia, conociendo muy bien los trabajos de Febvre y de Bloch y planteando por su cuenta la cuestión -crucial en Braudel- de la multiplicidad de los tiempos históricos y de la discontinuidad como herramienta de análisis.

El capítulo 1 (“Retratos de Georges Canguilhem”) sale precisamente al paso de algunas lecturas que minimizan la relevancia de la historia de las ciencias en la obra canguilhemiana. Este es el caso de Bruno Latour, que forma parte del séquito de los que achacan al pensador francés su desdén por las condiciones sociales de la práctica científica, focalizándose exclusivamente en el estudio de los conceptos y de sus transformaciones según una línea progresiva jalonada por la ruptura con las representaciones ideológicas, las ilusiones de la imaginación y todo lo procedente de la inmediatez práctico-social. Esta visión de Canguilhem como puro analista de rectificaciones conceptuales y de sus “cortes epistemológicos” con lo imaginario y lo ideológico, alineándolo con Bachelard como maestro y con Foucault como su discípulo, fue consagrada por lo que el autor denomina la “fagocitación althusseriana” de Canguilhem. En efecto, en el curso de la década de 1960, incitados por el propio Althusser, sus discípulos (Balibar, Macherey, Lecourt, Fichant, Pecheux, Badiou) se convirtieron el fieles seguidores de los cursos de Canguilhem en el Institut d’Histoire des Sciences et des Techniques asociado a la Sorbona y dirigido por el filósofo desde 1955. La epistemología canguilhemiana, en mayor medida aún que la bachelardiana y para gran sorpresa del propio Canguilhem, que siempre marcó sus distancias con el legado marxista, parecía armonizar perfectamente con los supuestos del materialismo histórico en la versión de Althusser. Los primeros comentarios sobre la obra de Canguilhem, publicados por Macherey y por Lecourt y los textos que Foucault escribió sobre el propio Canguilhem, analizados pormenorizadamente en el libro, afianzaron ese retrato “conceptómano” del filósofo de Castelnadaury.

Por otro lado Tiago Santos Almeida corrige le lectura realizada por el discípulo de Canguilhem, Camile Limoges, sin duda uno de los principales expertos en la obra de su maestro. Este considera que la dedicación de Canguilhem a la historia de las ciencias, siendo importante, tuvo lugar en una fase tardía de su pensamiento -posterior a 1955, con la publicación de la tesis doctoral dirigida por Bachelard sobre la formación del concepto de reflejo. Estima entonces que el cultivo de la historia de las ciencias fue secundario y permaneció subordinado a la elaboración de una filosofía sustantiva, dedicada al examen de los valores y con pretensiones especulativas más generales.

En el curso del capítulo 2 (“Historia de las ciencias e Historia de las ideas”) se trata de demostrar, a través de una meticulosa lectura del Essai concernant le normal et le pathologique (1943), del artículo sobre la teoría celular (1946) y de otros cursos inéditos fechados en la década de 1940, que el interés de Canguilhem por la historia de las ciencias es muy anterior a lo sugerido por Limoges. Aquí resulta imprescindible el vínculo de Canguilhem, explorado por primera vez en esta monografía, con los trabajos del germanoestadounidense Henry Sigerist sobre historia de la medicina, una historiografía que proyecta el estudio del discurso médico en la historia de las ideas, de la cultura y de las instituciones. Ampliando las fuentes a textos posteriores, se disciernen también las diferencias y las proximidades entre la historia de las ciencias tal como la entienden respectivamente Canguilhem y Bachelard. Este último establece una separación estricta entre imaginación y concepto; la primera debe ser destruida para que el segundo pueda nacer. En Canguilhem las cosas no funcionan de ese modo, la relación es más compleja, pues los mitos y las imágenes -como lo revela ejemplarmente la metáfora óptica que le permitió a Willis inventar la noción de reflejo- pueden contribuir positivamente a la historia sancionada de un concepto. De este modo, la historicidad del trabajo científico no está escindida de la historicidad del trabajo intelectual no científico, esta debe ser pensada en su duración propia y no asimilada, como hace el psicoanálisis bachelardiano, a la atemporalidad de la libido. Se contrasta también la tonalidad diferente que posee lo que Bachelard denominaba “historia recurrente” -una historia juzgada a partir de los valores conquistados por la actualidad científica, como la formalización- en las disciplinas físico-químicas, respecto a lo que entiende Canguilhem por esa misma noción en el terreno de las ciencias biomédicas, lo que le conduce a reconocer el vitalismo como la epistemología más fecunda en estas disciplinas.

El capítulo 3 (“Lo Social a Tiempo Completo”) centra la atención en el tratamiento canguilhemiano de la dimensión de lo social dentro de la historia de las ciencias. Aquí, además de los libros publicados, se hace una amplia utilización del material inédito de Canguilhem, especialmente de los cursos impartidos por el filósofo en el ya mencionado Institut d’Histoire des Sciences et des Techniques entre 1959 y 1967. Se efectúa un excelente análisis del concepto de “ideología científica”, que a diferencia de la “ideología” a secas, no ve reducido su contenido teórico a su función práctico-social. Las ideologías científicas presuponen (como el evolucionismo o la neurociencia) una disciplina científica preexistente, cuyas nociones extrapolan de manera incontrolada a toda clase de dominios fenoménicos; pero además son el punto de partida de otra disciplina científica constituida a partir de ella (como la teoría darwiniana de la selección natural).

En el capítulo 4 (“Un Estilo Francés de Historia de la Medicina”), se explora el lugar ocupado por la historia de la medicina de corte canguilhemiano en el panorama internacional de la historiografía médica, distinguiendo, junto a una escuela germanoestadounidense encabezada por Sigerist y otra polaca representada por Ludwig Fleck, una tercera, calificada como “estilo” más que como escuela y encarnada principalmente por Canguilhem y Foucault. Aprovecha entonces para reconstruir el diálogo implícito entre estos dos filósofos en relación con los conceptos de “normalización” y “sociedad de normalización”. Finalmente, distinguiéndola de la “ideología científica”, se pasa revista a la noción de “ideología médica”, a fin de valorar epistemológicamente el papel desempeñado por la medicina en ese poder de normalización. En ese mismo capítulo se examina asimismo, no agotando el tema pero sí ofreciéndolo como una pista por proseguir, la cuestión del impacto del “estilo francés” de historiografía médica, de Canguilhem y en particular de Lo normal y lo patológico, en el campo de los estudios brasileños sobre Salud Colectiva. Por un lado se refiere a los estudios pioneros de Roberto Machado, Jurandir Freire y Sergio Arouca en la década de los 70, en un momento de represión y Dictadura que coincidió además con el éxito de Althusser en la intelectualidad progresista brasileña, cuando las contribuciones de Canguilhem y de Foucault fueron recibidas como aportaciones epistemológicas “de izquierdas”. Por otro lado subraya la importancia de este legado francés a la hora de pensar la historicidad de las prácticas médicas (promoción, rehabilitación, recuperación, protección) en la constitución más específica del dominio de la Salud Colectiva, tan relevante en Brasil. Aquí destaca las obras de Cecilia Donnangelo, Ricardo Bruno Mendes-Gonçalves y José Ricardo Ayres.

En el quinto capítulo (“La Historización de la Epistemología”), quizás el de más “alto vuelo” filosófico, se aborda directamente la pregunta que atraviesa todo el libro: ¿cómo se hizo posible el reconocimiento de la historicidad y por tanto de la heterogeneidad temporal de las ciencias? Siguiendo a Lebrun y a Bachelard, localiza esa emergencia en la ruptura con la arquitectura kantiana de la razón pura; esta constituía el principal obstáculo que impedía aceptar la historicidad del conocimiento científico. Las ciencias no son expresiones de una razón universal cuyas condiciones trascendentales, esto es a priori, dilucida el filósofo. En Kant las funciones de la razón (las ciencias) se subordinan y derivan de la estructura de la razón; Bachelard, como análogamente había hecho la fisiología incipiente de Harvey en relación con la anatomía, quiere subordinar el órgano a las funciones, la estática a la dinámica, la epistemología a la historia. La cuestión de la historicidad de las ciencias, abierta por Bachelard, se formula en plural: ¿cómo las distintas ciencias particulares producen en el curso de la historia sus propios y heterogéneos criterios de racionalidad?

Para ahondar en la pregunta se hace comparecer, junto a Bachelard, a otro de los fundadores del concepto de “historicidad de las ciencias”: Ludwig Fleck. Rheinberger subrayó hace tiempo las afinidades entre Bachelard y Fleck, que no son pocas, pero resultan mucho más impresionantes las que pueden encontrarse entre Fleck y Canguilhem, estudiadas por Braunstein y por Mauro Conde. Ambos, el polaco y el francés, resaltan el papel de lo social y de las instituciones, no sólo como obstáculo, sino como instancia impulsora de la innovación científica. Ambos, como Bachelard en su momento, recusan la epistemología idealista formulada por el positivismo lógico, que a partir del análisis de los enunciados físicos y matemáticos engendran el patrón atemporal de la Ciencia Unificada. Siendo esto cierto, se le puede achacar a Tiago Santos su olvido de la figura de Otto Neurath, que siendo parte del Círculo de Viena trabajó también como ayudante de Max Weber; siempre rechazó la partición simplista entre contexto de justificación y contexto de descubrimiento, y era muy consciente de la historicidad del pensamiento científico.

En la conclusión del volumen (“El Estilo Francés de Historia de las Ciencias”) se pretende proporcionar una definición rigurosa de la epistemología histórica, integrando las aportaciones más recientes, venidas del ámbito germánico (Rheinberger) y anglosajón (Daston) y las contribuciones francesas de Bachelard y Canguilhem. Se amplían entonces los rasgos que según Braunstein definían a la epistemología histórica como “estilo de pensamiento”. Este trabajo de conceptualización se complementa con un interesante contraste entre el pensamiento genealógico y vitalista de Nietzsche y el modo “francés” (Bachelard, Canguilhem) de entender la historia de las ciencias. Finaliza así una monografía de sumo interés para los cultivadores de la historiografía científica, pues destruye muchos de los tópicos acerca de Canguilhem y resalta su papel fundamental en la construcción de esa disciplina hoy internacionalmente tan influyente, conocida como “epistemología histórica”.

Francisco Vásquez García – Universidade de Cádiz. E-mail: [email protected]


ALMEIDA, Tiago Santos. Canguilhem e a gênese do possível. Estudo sobre a historização das ciências, São Paulo, Libers Ars, 2018, 568p. Resenha de: GARCÍA, Francisco Vásquez. Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia. Madrid, v.73, n.1, 2021. Acessar publicação original [IF].

Asclepio | CSIC | 1949

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Asclepio. Revista de Historia de la Medicina y de la Ciencia es una revista científica publicada por eCSIC, editada en el Instituto de Historia del CCHS, consagrada especialmente a la ciencia española, europea e iberoamericana. Publica artículos originales sobre historia de la ciencia, haciéndose eco de las diversas corrientes historiográficas de la disciplina. Está dirigida a un público especializado en historia de la ciencia, pero también a científicos de diversa formación que puedan encontrar en la historia elementos de reflexión epistemológica y social en su quehacer profesional.

Fundada en 1949 con el título Archivo Iberoamericano de Historia de la Medicina y Antropología Médica, comienza a estar disponible online en 2007, en formato PDF, manteniendo su edición impresa hasta 2013, año en el que pasa a ser revista electrónica publicando en formato PDF, HTML y XML-JATS. Los contenidos anteriores están igualmente disponibles en formato PDF.

Asclepio está indizada en Web of ScienceArts & Humanities Citation Index (A&HCI), SCOPUSPubMedCWTS Leiden Ranking (Journal indicators), ERIH PlusREDIBDOAJ y otras bases de datos nacionales e internacionales. Está incluida en el Catálogo Latindex 2.0 y cuenta con el Sello de Calidad de la FECYT.

ISSN 0210-4466 (Impresso)

ISSN 1988-3102 (Online)

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