ÁVILA, R. M. Historia del Arte, Enseñanza y Profesores. Sevilla: Díada, 2001. Resenha de: GIMÉNEZ, Jesús Estepa. Enseñanza de las Ciencias Sociales, v.1, p.110-111, 2002.

Cuando el nuevo Decreto de Enseñanzas Mínimas de Bachillerato ha cerrado el currículo de Historia del Arte, como el de otras disciplinas sociales, y lo ha orientado hacia la más rancia tradición formalista y academicista e, igualmente, en la etapa de la ESO, la presencia del arte en el reciente currículo oficial no sólo continúa siendo escasa, sino aún más encaminada a convertirse en una mera ilustración en imágenes de cada uno de los períodos históricos en los que se reparte el currículo de ciencias sociales, geografía e historia, se publica esta monografía didáctica cargada de propuestas innovadoras, a contracorriente de estas nuevas prescripciones curriculares. Ello pone de manifiesto la autonomía científica de la didáctica específica, que analiza y reflexiona sobre los procesos de enseñanzaaprendizaje elaborando propuestas coherentes con su marco teórico y con su perspectiva de análisis sobre la práctica profesional, sean estas propuestas coincidentes o no con las que se desprenden del currículo oficial.

En este sentido, la obra que analizamos parte de que en la actualidad existe una falta de acercamiento al arte, debido a no haber aprendido a «mirar»; muchos de nuestros alumnos contemplan las obras de arte sin saber qué observar. Su sensibilidad no tiene el nivel necesario para comprender; existe una falta de predisposición favorable al arte y, en especial, hacia el arte contemporáneo, diríamos nosotros.

Para intentar cambiar este panorama, la autora presenta en este libro una propuesta de innovación educativa que se fundamenta en los presupuestos del Proyecto Curricular Investigación y Renovación Escolar (Proyecto IRES), con independencia de los vaivenes reformistas- contrarreformistas del currículo oficial, pretendiendo facilitar, al profesorado de ciencias sociales arte, la construcción de un conocimiento práctico profesional deseable sobre los contenidos escolares histórico-artísticos que le capacite para resolver mejor los problemas que la práctica le plantea.

Bajo estos presupuestos, el libro se organiza en tres capítulos. En el primero, se describen y analizan básicamente las concepciones que los profesores de ciencias sociales de educación secundaria tienen sobre la historia del arte y su enseñanza- aprendizaje, así como sobre los saberes didácticos y curriculares que hacen referencia a la enseñanza en general, como punto de partida sobre el que construir el conocimiento profesional deseable.

En este capítulo se recogen las conclusiones del estudio empírico que la autora realizó en su tesis doctoral, sin gran parte del aparato crítico y metodológico, lo que, si bien facilita su lectura, puede al mismo tiempo dar lugar a una visión excesivamente simplista de los obstáculos que dificultan el cambio profesional del profesorado. En este sentido, debe tenerse presente que el estudio no incluye a los maestros de educación primaria y que la formación del profesorado de educación secundaria es exclusivamente academicista y carente de un enfoque profesional, de una perspectiva didáctica, si exceptuamos el insuficiente CAP.

Esta formación, junto a la socialización profesional, la propia práctica de la didáctica como disciplina, los valores y actitudes dominantes en nuestra sociedad, el esfuerzo personal que supone cualquier proceso de formación continua, los condicionantes del marco institucional y político en el que está inmersa la propia enseñanza de las ciencias sociales, y en particular de la historia del arte, entre otros factores, han propiciado el desarrollo de unos sistemas de ideas, entre este profesorado, muy resistentes a la innovación educativa y a la consideración de la enseñanza de las ciencias sociales como una tarea compleja que requiere una reflexión permanente en sus concepciones y su práctica.

En el segundo capítulo, se lleva a cabo una amplia y profunda revisión histórica y epistemológica sobre la historia del arte como disciplina científica enfocada –y es aquí donde radica su principal aportación– a establecer un marco alternativo, integrado, complejo y crítico que permita convertir el conocimiento disciplinar científico en conocimiento disciplinar profesionalizado, es decir, que posibilite un conocimiento didáctico del contenido, una lectura didáctica de una de las fuentes para la determinación del conocimiento escolar. Desde este planteamiento se postula, como conocimiento profesional deseable en relación con esta disciplina, una visión integradora de la obra de arte de carácter histórico-sociológico, haciéndose una propuesta de tramas conceptuales específicas que servirán de referencia, tanto para la formulación y secuenciación del conocimiento escolar deseable como para la progresión posible en el desarrollo profesional de los profesores. Tales tramas están jerarquizadas y organizadas en función de la capacidad de describir (primer nivel de formulación), explicar (segundo nivel de formulación) e interpretar (tercer nivel de formulación) los fenómenos artísticos, tomando como referencia, progresivamente, el enfoque formalista, el iconológico y el sociológico.

En el tercer y último capítulo, se elabora una propuesta de conocimiento escolar para lo que la autora denomina la educación histórico-artística. Para ello, comienza analizando los procesos básicos de aprendizaje del alumnado en relación con la obra de arte, lo que le permite formular una hipótesis de progresión de las ideas de los alumnos en cuatro niveles (sincrético, aditivo simple, aditivo complejo y sistémico) y, con posterioridad, lleva a cabo un análisis del currículo oficial de la ESO y el bachillerato en España y de los currículos de otros países (Gran Bretaña, Italia y Estados Unidos), así como de otras propuestas curriculares.

Concluye, tras estos análisis, formulando una propuesta alternativa de conocimiento escolar sobre los fenómenos histórico-artísticos y señalando sus finalidades y la selección y secuenciación de contenidos, que se concreta también en tres niveles de formulación (desde la educación primaria hasta el bachillerato), que van desde la progresiva capacidad para leer los fenómenos histórico-artísticos, en un primer nivel, hacia la capacidad para explicarlos y, finalmente, adquirir una visión compleja de los mismos.

Termina este capítulo con un estudio de los enfoques metodológicos empleados en la enseñanza de la historia del arte mediante el análisis de materiales curriculares y la elaboración de una propuesta en relación al cómo enseñar de carácter investigativo.

En suma, una obra densa, con un índice muy poco desglosado por criterio editorial, que no permite percibir de forma sumaria los numerosos estudios y propuestas que en la misma se realizan. Es un libro que puede ayudar, a aquellos grupos de maestros y profesores insatisfechos con su práctica, a orientar su desarrollo profesional desde la reflexión sobre sus concepciones y la experimentación curricular.

También es de extraordinario interés para el profesorado de didáctica de las ciencias sociales por lo que aporta para el diseño de procesos formativos que faciliten la superación de los obstáculos que dificultan la construcción de un conocimiento profesional del profesorado que permita a éste enseñar a mirar el arte a su alumnado.

Jesús Estepa Giménez

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