LEMAITRE, Serge; SCHALL, Céline (Ed.). How do the Media Represent Archaeology, What is at Stake? Bruxelles: Musées Royaux d’Art et d’Histoire, Bruxelles. Asbl Kineon, 2009. 149 pp. Resenha de: SALERNO, Virginia. Arqueología, Buenos Aires, v.16, p.283-285, 2010.

Durante las últimas décadas, el estudio sobre las formas en que la arqueología y la sociedad se interrelacionan ha atraído la atención de muchos investigadores. Entre los distintos aspectos que este campo presenta, resulta de interés indagar los modos en que el conocimiento y los materiales arqueológicos se convierten en objeto de apropiación y resignificación con diversos propósitos en el presente. En estos procesos, los medios masivos de comunicación tienen un rol importante como formadores de opinión y como dispositivos de educación informal. Haciendo eco de esas tendencias se realizó un encuentro internacional sobre arqueología y medios de comunicación en el Musées Royaux d’Art et d’Histoire de Bruselas (Bélgica), en el que tuve la oportunidad de participar gracias a la colaboración de los organizadores del evento (Kinéon Asbl y Archaeology in Contemporary Europe) y de los proyectos PICT 0717 (2006) y UBACyT F026 (2008-2010). El encuentro ocurrió durante el 5 de noviembre del 2009, como parte de las actividades del 8vo. Festival Internacional de Películas Arqueológicas, evento que se organiza cada dos años desde el año 1994 (Kinéon Asbl y Archaeology in Contemporary Europe). El intercambio desarrollado puso en evidencia la necesidad de continuar profundizando el estudio de la dimensión pública de la arqueología y por ello se propuso para el próximo festival la realización de un encuentro que aborde la relación entre arqueología y política.

Los trabajos presentados fueron compilados en la obra que reseño en este espacio: How do the Media Represent Archaeology, What is at Stake?. El libro está compuesto por la introducción de Serge Lemaitre, coordinador del encuentro, y por 13 artículos que abordan distintos aspectos relacionados con la representación de la arqueología en medios masivos de diferentes lugares (Alemania, Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Francia, Estados Unidos y Reino Unido). Así, y sin buscar ser un compendio exhaustivo, esta obra da cuenta de la inclusión de la arqueología en diversos contextos sociales y nos permite considerar la manera en que las situaciones concretas afectan tanto su representación pública como su puesta en práctica.

Una parte de los trabajos compilados estudian los discursos de medios de comunicación audiovisuales y escritos. Entre ellos, el trabajo de Peter Hiscock propone una revisión del cine hollywoodense y reflexiona sobre los riesgos y beneficios de las representaciones estereotipadas de los “arqueólogos”.

Proponiendo un enfoque diacrónico, Tom Stern y Thomas Tode examinan películas alemanas sobre arqueología y las representaciones que sustentan. El formato televisivo es puesto en cuestión con la revisión que Greg Bailey, Don Henson y Angela Piccini hacen de la serie inglesa Bonekickers. A partir de este caso, los autores se preguntan sobre el alcance de las representaciones que se difunden a través de la televisión, las implicancias que las mismas tienen para los arqueólogos y la forma de concebir y ejercer su propia práctica.

Finalmente, en esta línea de análisis el trabajo de Danièle Alexandre-Bidon ofrece una interesante reflexión filosófica sobre el modo en que la arqueología y la ciencia ficción se interpelan mutuamente.

Otra parte de los artículos del libro centra la atención en la forma en que se producen materiales para difundir los conocimientos arqueológicos al público general. La variedad de formatos discursivos analizados incluye series de televisión (Faye Sympson), documentales (Joel Sperry), artículos en la prensa escrita (Joel Sperry, Virginia Salerno) y exhibiciones museográficas (Valerie Morisson, Damien Glad). En esta línea, Ruth Tringham describe la base de datos de películas sobre arqueología de la Universidad de California, Berkeley, usualmente utilizada como recurso educativo. Esta base de datos tiene más de 600 películas y puede consultarse en la página de Internet de dicha universidad.

Si bien en todos estos trabajos se reconoce la relación entre los discursos producidos con objetivos de entretenimiento y los discursos producidos con objetivos educativos, las formas que adquiere esta relación no son mayormente exploradas. Una excepción es el artículo de Easton J. Anspach, este autor centra su atención en el uso de la metáfora arquetípica entre arqueología y detectives de ficción tanto en ámbitos recreativos (uso de video juego) como en ámbitos académicos (en la biografía del egiptólogo Alfred Lucas) y educativos estadounidenses (en textos de educación no formal).

Con todo, esta compilación resulta substanciosa para comparar y discutir las recurrencias y especificidades de las representaciones sociales sobre los conocimientos arqueológicos y sobre la arqueología. Entre las recurrencias observadas en los trabajos puede mencionarse que ciertas representaciones de la arqueología son transversales a los distintos recursos literarios (novelas) y medios escritos y audiovisuales analizados (televisión, cine, diarios) así como a los distintos contextos socioculturales donde esos productos culturales circulan. Las mismas forman una imagen estereotipada de la arqueología cuyo acento se pone en el estudio del pasado, la aventura y el misterio. Al respecto, Céline Schall propone que este tipo de representaciones transversales pueden estar asociadas a un abordaje ontológico de la arqueología sustentado en ciertos imaginarios científicos (pp. 141-142). En búsqueda de respuestas para las mismas preguntas, Faye Simpson hace una reflexión interesante al señalar que estos estereotipos son construidos a través de los medios masivos en un proceso de disneyficación, cumpliendo una doble función: por una parte, estos lugares comunes dotan a la arqueología de fantasía y atractivo, constituyéndola en un producto deseado por el público. Por otra parte, este autor observa que las mismas representaciones permiten construir una distancia prudencial entre el público y la arqueología profesional, identificada con el ejercicio de sujetos responsables y preparados para tal fin.

En el otro extremo, los trabajos de este libro también nos permiten poner la atención en las especificidades socio-históricas que convergen en la construcción de determinadas representaciones. Así, puede considerarse el rol que los conocimientos y materiales arqueológicos tienen en la legitimación de ciertas visiones del pasado en función del presente.

Por ejemplo, en el trabajo de Joel Sperry (pp. 53-61) se analiza la asociación que los medios ingleses establecieron durante la década de 1980 entre el retorno a las Malvinas y la representación de una excavación arqueológica de un barco inglés construido en 1511 y hundido por los franceses en 1545. La autora observa la manera en que esas representaciones permitieron reinterpretar la realidad del pasado para establecer asociaciones entre la arqueología, la acción naval y la imagen de Gran Bretaña ruling the waves (pp. 54). De esa manera, concluye la autora, se reinventó y legitimó en el discurso mediático, el nacionalismo inglés.

Un interrogante tímidamente explorado en esta compilación refiere a la manera en que las representaciones sobre la arqueología intervienen en la construcción del conocimiento arqueológico. En esta línea, es inspirador el trabajo de Easton J. Anspach (pp. 81-91), quien analiza los mecanismos por los que la reiterada metáfora entre la arqueología y los detectives de ficción influye en la percepción de la práctica arqueológica. Lo interesante de este trabajo es que el autor observa que a partir de la misma metáfora se construyen imágenes diferentes que circunscriben y definen a la disciplina en el contexto norteamericano.

Por una parte, la analogía entre detectives de ficción y la arqueología da pie a la imagen romántica de la disciplina, estereotipo instalado en la cultura general que describe a la arqueología como una peligrosa aventura realizada por hombres blancos. En cambio, en el ámbito académico, esta metáfora funciona acentuando el carácter racional de la disciplina, contribuyendo a que los propios arqueólogos se perciban a si mismos (y de esta manera circunscriban su práctica) como emprendedores de un noble proyecto cuyo objetivo es preservar la vida y la cultura.

Para finalizar, quisiera subrayar que desde una perspectiva metodológica, los trabajos de este compendio también invitan al lector a discutir y considerar la utilización de categorías y recursos para el estudio de la dimensión pública de la arqueología, así como de estrategias concretas para comunicar la disciplina.

Entre las primeras pueden mencionarse la utilización de la categoría de representación social (Virginia Salerno, pp. 61-71) y la base de recursos audiovisuales presentada por Ruth Tringham (pp. 21-31). Entre las segundas, varios autores reconocen las ventajes del uso de historias de vida como forma de establecer conexiones emocionales entre historias del pasado y del presente. Pues a través de ellas es posible generar la empatía suficiente para pensar la posibilidad de una realidad social diferente (Damien Glad, pp. 96). Otros aspectos que se mencionan como exitosos para construir propuestas de comunicación efectivas que interesen al público son: la combinación entre ciencia, entretenimiento y ficción y la elaboración de muestras que interpelen al público invitándolo a participar de una experiencia sensorial múltiple (Valerie Morisson).

Virginia Salerno – CONICET Instituto de Arqueología, FFyL, UBA 25 de Mayo 217, 3er piso (C1002ABE) CABA. E-mail: [email protected]

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