ARANGUREN, Carmen; ANTÚNEZ, Ángel (coords). Itinerarios y enseñanza de la memoria urbana de Mérida. Niria Suárez y Marleny Rivas; Joel Mejía; Claudio Briceño M; Amneris Guerrero; Elizabeth Marín. Mérida: Universidad de Los Andes. Consejo de Publicaciones. Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico. Consejo de Estudios de Postgrado, 2006. Resenha de: ARANGUREN, Carmen Aranguren. Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales, Mérida, n.11, p.317-322, ene./dic., 2006.

 

La ciudad, nuestra ciudad, la ciudad de Mérida y sus trayectos ciudadanos, nos convocan a escribir esta obra inscrita en la línea de investigación Conocimiento y enseñanza de la ciudad del Grupo de Investigación Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes, bajo la coordinación de quien suscribe. En su discurrir, se conjuga la participación de especialistas externos que junto a nosotros concentraron múltiples esfuerzos e ilusiones con la idea de ofrecer una visión global y pluridisciplinaria de recorridos urbanos, centinelas de memorias y testimonios de querencias, avatares, costumbres, recuerdos, utopías y realidades a veces dolorosas, como tantas otras lo han sido también de satisfacciones para un colectivo urbano en búsqueda de su identidad simbólica.

En este contexto de aciertos y limitaciones, nos hemos posicionado para interrogar a la ciudad de Mérida sobre sus itinerarios donde coexisten –lo hemos constatado– diferentes sujetos, acontecimientos, saberes, espacios y memorias en constante deambular, como un enorme relato de la vida urbana inscrito en un cúmulo de significados que transitan a las identidades múltiples. Si percibimos la ciudad más allá de su obra física podemos aprehender la imagen que proyecta su luz, sus texturas, sus sonidos, sus colores, sus contrastes; nos referimos a los secretos que guardan el andar de la gente entre los cambios y las persistencias del espacio urbano.

Los artículos de este libro se centran en el estudio de los distintos escenarios que conforman la base estructural de la ciudad, considerando su ilación con el mundo de las representaciones colectivas y la construcción de significados presentes en el orden fundante de las prácticas sociales, de las ritualidades y de los espejismos míticos que se tejen durante el convivir y la apropiación de la ciudad.

En el primer capítulo, Múltiples miradas al conocimiento de la ciudad, Carmen Aranguren, reflexiona sobre la urbe como objeto de saber que admite distintos enfoques teóricos y metodológicos para una aproximación a su existencia como construcción social, haciendo especial énfasis en las concepciones de ciudad que recorren diversos tiempos y su posibilidad de interpretación en un marco científico que se resiste a la visión unívoca de la realidad; bajo este supuesto se ubica el objeto de estudio en el ámbito de una ciencia sometida a permanente revisión como lo exige la dialéctica de la complejidad urbana.

Niria Suárez y Marleny Rivas en Región y Ciudad: aspectos socio-históricos, culturales y educativos de la sociedad merideña, analizan, desde una perspectiva global e interdisciplinaria, el recorrido de la ciudad de Mérida a lo largo del tiempo histórico que le pertenece. Para las autoras, es de particular importancia investigar el concepto histórico de región articulado a las expresiones del pensamiento local y del patrimonio cultural; plantean, cómo las instituciones socioeducativas han sido determinantes en la formación de la identidad cultural merideña.

Lo primero a destacar, según Joel Mejías, en Una visión geográfica de la ciudad de Mérida, es entender que el espacio urbano no es sólo el territorio físico sino el escenario de representación del poder que decide los usos, el ordenamiento social y el diseño de los linderos. El espacio de la geografía urbana permite testimoniar los recursos, las debilidades del ambiente y los peligros que representa la energía de la naturaleza no canalizada para el bienestar de los habitantes de la ciudad. Se alude al entorno agrario productivo de Mérida y se alerta sobre las consecuencias que puede tener el olvido de los riesgos presentes en la meseta donde se asienta esta ciudad.

En el capítulo cuarto, Claudio Briceño Monzón aborda la Evolución político-territorial de Mérida: tradición y vigencia en una aproximación a los distintos entramados del poder que, desde el período colonial impusieron un orden urbano con base en un sistema de jerarquías sociales, determinante en el modo de vida de la ciudad.

El autor realiza una descripción de las transformaciones geohistóricas de Mérida sustentada en criterios políticos, jurídicos y administrativos. Deja establecido que la ciudad es el centro del poder, y su función principal es de carácter político; allí se instala la capital y residen las instituciones públicas cuyo rol es gobernar en nombre del Estado.

Amneris Guerrero se ocupa del Proceso socioeconómico y sus implicaciones en un apretado resumen que parte de la heterogeneidad en la composición social y organizativa de la ciudad. Aquí, se esbozan las relaciones asimétricas de la sociedad merideña asentadas en la desigualdad de las condiciones de vida de la población y en el acceso sesgado a los recursos económicos y simbólicos. Refiere la limitación de fuentes de trabajo que genera desempleo y aumento de la economía informal. Entre los problemas sociales destaca la autora la incidencia en el consumo de drogas, los suicidios y los casos de Sida, preferentemente entre la población joven de la urbe. A la par, señala la potencialidad de los recursos humanos que posee la ciudad en el plano científico y tecnológico que representan valiosas aportaciones al sector productivo.

Ángel Antúnez, asume en Letras merideñas: una página en la cultura nacional, la tarea de indagar la producción literaria de escritores que han volcado ideas, rimas y sentimientos en la práctica escritural sobre la ciudad. Estos discursos, plenos de lírica, convocan a las gentes, a los ríos y a las montañas que circundan la ciudad para el goce de su fuente lúdica y estética. De manera vital y contrapuesta a la visión de la urbe problemática, pareciera que el autor quiere homenajear al Parnaso, morada de Apolo y de las musas, por su símil con la sierra merideña inspiradora de poetas itinerantes. La intención, me parece, es atrapar instantes efímeros del placer de disfrutar la otra cara de la urbe: aquella imagen que «es soporte simbólico y real donde se objetiva la escritura en la palabra que se pronuncia y en la que se silencia; en la lectura de sus modos de comunicar las ideas y las emociones; en la urbe imaginada y recreada». Así concibe Ángel –entrañable compañero de andanzas intelectuales y artesanales–, el acervo cultural de Mérida que guarda la impronta de una historia social imperecedera.

Con el propósito de armonizar las manifestaciones del patrimonio tangible y simbólico, Elizabeth Marín en el texto Ciudad y patrimonio: hacia la interacción del patrimonio artístico y arquitectónico de la ciudad de Mérida, elabora un estudio afirmativo de la imbricación del sujeto-ciudadano con las expresiones emblemáticas que otorgan un sentido estético a los bienes patrimoniales de la urbe, a la vez que representan construcciones valorativas del comportamiento ciudadano.

En esta visión, la ciudad es susceptible de convertirse en una obra de arte que exige para su lectura respeto, conocimiento, crítica y sensibilidad. La autora recorre los espacios históricos, sociales y culturales donde se fundan, transforman y consolidan los íconos públicos de la Mérida Serrana; Mérida Universitaria; Mérida Turística; Mérida de los Merideños; Mérida, Ciudad de los Caballeros, enunciaciones que recoge en su discurrir sobre la ciudad patrimonial.

Cierro el último capítulo del libro con el título La ciudad y su enseñanza: hacia una didáctica urbana, donde la búsqueda de una pedagogía ciudadana atribuye al aprendizaje social el protagonismo en la apropiación de significados presentes en los valores y saberes de los procesos urbanos. Dentro de la perspectiva teórico-didáctica aludimos a la enseñanza de la ciudad en las prácticas educativas y socioculturales como propuesta para el resguardo de la memoria urbana en la formación de identidades.

Esta idea transita el contenido del tema al hablar de cultura urbana como creación objetiva y subjetiva de los ciudadanos que adscriben el sentido de pertenencia colectiva a un determinado modo de vida.

La ciudad también se construye en el discurso y en la práctica educativa, pues de manera simbólica y textual, refiere su imagen en un saber que consolida conocimientos, representaciones y actitudes en los modos de interactuar con la ciudad.

Proponemos, finalmente, algunas orientaciones que pueden contribuir a la búsqueda de alternativas en la enseñanza de la urbe.

Carmen Aranguren R.

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