PRIEGO, M Ruiz-Galvez. La Europa atlantica en la Edad del Bronce. Un viaje a las raices dela Europa occidental. Barcelona: Editorial Crítica 1998, 399p. Resenha de: ARANDA, Luis. Panta Rei – Revista de Ciencia Y Didáctica de la Historia, Murcia, n.4, p. 1998.

La autora recoge, en ocho capítulos, seis años de duro trabajo que han dado como resultado unamuy interesante obra sobre el modo de vida de las comunidades del II milenio a.C. ubicadas geográficamente en el extremo occidental de nuestro continente europeo. El libro ofrece valiososenfoques interpretativos muy novedosos que suponen un mayor acercamiento a la realidad histórica.

E igualmente importante y destacado es el tratamiento conferido a la Península Ibérica, merecido encualquier caso, pues tanto su estratégica posición geográfica (es la cabeza de puente entre el Mediterráneo y el Atlántico) como su especial desarrollo sociocultural en estos momentosconcretos, hacen inevitables menores llamadas de atención. En este sentido me permito aplaudir a laautora, que no duda en trascender del título de su libro, y dedica las páginas que sean necesariaspara analizar lo que está ocurriendo en el Mediterráneo, pues con ello ayuda a comprender losprocesos acaecidos en la fachada atlántica.

El enfoque de la obra queda definido por Ruiz-Gálvez en el primero de los capítulos: se trata de unenfoque estrictamente historicista (no antropológico), pero no ligado por eso al estudio tipológico cultural de las sociedades, sino al estudio de esas sociedades en sí mismas. Por supuesto, la cultura material no queda por ello desdeñada, pero no es la base de la exposición de la autora. El caminopara expresar dicha exposición se apoya en el análisis de fuentes, mas no sólo fuentesarqueológicas, como cabría esperar para un libro de Prehistoria, sino también fuentes escritasmedievales e incluso modernas, eddas y sagas escandinavas o mitología griega. Método de trabajodiscutible, aunque no exento de lógica.

Los capítulos fuertes del libro son el 5, el 6, y el 7 (“Las relaciones atlánticas de la PenínsulaIbérica. I: Los primeros contactos”, “II: El auge de los intercambios”, y “La transición BronceFinal/Edad del Hierro: ¿transformación o continuidad?”, respectivamente), pues es en ellos endonde la profesora vierte sus conocimientos sobre interacción entre comunidades, procesos decambio, cultura material, etc. Los capítulos precedentes constituyen la base conceptual necesariapara la aprehensión de dichos conocimientos. Creo por esto que el esquema estructural de la obraresponde a un buen criterio metodológico. Así, los capítulos 1 y 2 (“Bases teórico-metodológicas” y”Circuito atlántico y comercio”) sirven para explicar términos: qué es el Bronce Atlántico, qué es elBronce Inicial con respecto al Bronce Final, qué cronología tiene; o qué es comercio y quéintercambio, qué es el don, qué importancia tiene la mujer en las relaciones grupales e intergrupales,etc. En este sentido, Ruiz-Gálvez va citando varias propuestas de algunos autores y asume para sílas que más le convienen.

En los capítulos 3 y 4 (“Vías y medios de transporte” y “Los condicionamientos físicos”), la autorase define braudeliana cuando afirma que el medio hace al hombre y que, por tanto, la geografíaocupa un papel primordial en el devenir diario de las comunidades humanas, llegando en ocasionesal más evidente determinismo. Con especial atención, según la tónica presente en toda la obra, a laPenínsula Ibérica, se hace un análisis de las posibilidades de contactos entre las comunidades delBronce, y se alcanza la conclusión de que las condiciones imperantes en aquella época (en materiatanto de medios de transporte como de acceso a los recursos naturales) son similares a lascaracterísticas de los países preindustriales del siglo XIX, o incluso del XX, para el caso de algunas regiones aisladas. De ahí emanan dos ideas: las fuentes medievales y modernas pueden ser tenidasen cuenta; el conservadurismo de las sociedades campesinas es fortísimo, hace 20 años y hace 4000años.

El nexo central en torno al cual gira todo el libro, y en especial, los tres capítulos centrales, es el siguiente pensamiento: el comercio es la causa fundamental -que no única- de los cambios quetienen lugar en el seno de estas sociedades prehistóricas. Y ello por dos razones: porque conlleva laintegración entre distintas comunidades, con la transmisión de ideas y habitantes que eso supone; yporque genera competencia política y social dentro de cada grupo. Este comercio, o mejor, intercambio, se establecería en dos niveles: objetos de prestigio, bienes de subsistencia, aunque em algunos casos ambos niveles se entrecruzarían, resultando entonces que el control de ciertos recursos especiales llevaría consigo la ostentación de un determinado status superior. Ruiz-Gálvezse refiere al ganado y a la sal, dejando un poquito de lado la cuestión de la posesión de la tierra, quetiene también su importancia, no obstante, sobre todo en las transiciones respectivas del Cobre alBronce (c.2300), y del Bronce al Hierro (c. 1200-750). Para la autora, la ganadería, favorecida porun clima idóneo, generaría redes de intercambio (marcadas por estelas, ídolos-guijarro, ídolosmenhir) que supondrían una territorialidad, y automáticamente, daría lugar a la aparición de alguien(en singular o en plural) que controlase dicho territorio. Este nivel de desarrollo económico y socialresultó atractivo a los comerciantes mediterráneos (sobre todo en el ámbito ibérico) y su influenciaderivó en una aceleración del sistema, que no en un surgimiento del mismo. Ruiz-Gálvez explicaeste proceso con la llamada teoría de los sistemas mundiales de Sherratt, diferenciando un centro,una periferia, y un margen, que van evolucionando y participando cada vez más en losintercambios.

El capítulo 8 (“Tiempos largos y tiempos cortos”) no es más que una relación entre arte, evidenciafuneraria y etnicidad con procesos más o menos largos y lentos. Los tiempos cortos serían losmomentos puntuales (p.e., crisis), los tiempos largos hablarían del mundo de las innovaciones y delas mentalidades, parafraseando a Le Goff.

Hasta aquí la obra de Marisa Ruiz-Gálvez. Creo que sería muy interesante añadir un aspecto que meparece relevante, como es la cuestión ideológico-religiosa a estos grupos del Bronce atlántico, pesea ser tremendamente difícil de observar en grupos prehistóricos. La profesora se excusa: “confiesohumildemente mi incapacidad y mi falta de formación para captar e interpretar debidamente talesaspectos a partir del registro arqueológico.

Quiero destacar también el acierto de la autora al incluir un práctico y muy útil glosario de términos arqueológicos. Sin embargo, en lo referente al repertorio bibliográfico, lo considero excessivamente conciso, pues creo que admitiría más obras, aunque Ruiz-Gálvez lo considere “excesivo para um manual”.

Luis Aranda

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