AMORÓS, Celia. Mujeres e imaginarios de la globalización (reflexiones para una agenda teórica global del feminismo). Argentina: Homo Sapiens Ediciones, 2008. 338 p. Resenha de: LEÓN, María Antonia García de. Celia Amorós, o la maestría de uma filosofa feminist. Revista Estudos Feministas, vol. 18, no. 3, setembro-dezembro – 2010, pp. 952-956.

No parece ocioso mencionar la llamada de atención en pro de la teoría que hace la conocida feminista mexicana, Marta Lamas, en una obra reciente,1 la cual se suma al esfuerzo de reflexión de las teóricas feministas, entre las cuales, sin duda, destaca la maestría de Celia Amorós, en este libro que reseñamos, como en tantas otros, de su ya fecunda producción. La ilustración es la fuente de la que bebe Amorós: la Ilustración francesa, en sentido estricto, y la ilustración que proviene del gran arsenal de lecturas clásicas y modernas que articula con sabiduría nuestra autora.

La distancia y la crítica son el quid del oficio intelectual. Sin crítica, ni balances, no avanza el conocimiento ni la causa feminista. La maestría de Amorós nos ofrece una excelente ración de todo ello. La obra que reseño es un auténtico compendio de autoras/es revisados y “digeridos” por un buen paladar, además está escrita con claridad expositiva y gracejo. ¿Se puede pedir más?

Dando una visión rápida y de conjunto de la obra (a modo de reseña ortodoxa) diremos que trata de los alcances y consecuencias del actual proceso de globalización en marcha, sobre las mujeres.

Contiene el texto que reseñamos, esta triple aportación. Primera, sobre los conceptos de igualdad y de universalidad desde la crítica feminista dentro del marco del paradigma informacionista (la autora efectúa una lectura de la magna obra de Manuel Castells, uno de los grandes de la sociología actual que ha dedicado atención a la dominación de género, una de las vertebraciones sociales de desigualdad más importantes de la vida social de ahora y de siempre (sociólogos hombres cuya atención al respecto es aún minoritaria, lo cual es un plus y honra, a la vez, al trabajo de Castells)). Segunda, recupera el pensamiento de Heidi Hartmann, con especial énfasis en el trabajo invisible de las mujeres, la feminización de la pobreza y el fenómeno creciente de las “maquilas” que considera su expresión paradigmática. Tercera, en una relectura de la obra de Donna Haraway (“sus cyborgs”) reconceptualiza los procesos globalizadores en clave feminista.

 

Internacionalismo feminista

No es ésta la primera vez que Celia Amorós levanta el vuelo de problemas concretos y lanza una visión planetaria a fenómenos a escala global. En otra obra nacida casi al tiempo de la que reseñamos, la autora efectúa una reflexión monográfica sobre el difícil binomio de Feminismo e Islam.2 A ella aludiremos también en este texto. En ambas, hay una común preocupación y crítica al espinoso e injusto fenómeno de las heterodesignaciones patriarcales contra las mujeres y, asimismo, una ambición de combate (en una saludable y necesaria como nunca militancia feminista) para crear una Agenda Feminista Internacional que dé respuesta y cree oposición a los fenómenos sociales que acontecen muy cualificadamente contra las mujeres en la era de la globalización. De este modo, al tiempo, se da un mentís a quienes creen que el Feminismo es un Movimiento pasado de moda, de las generaciones de mujeres del Sesenta y Ocho (o en nuestro caso, de las jóvenes antifraquistas y/o de la Transición española)3 tal como una especie de ofensiva patriarcal, soterrada bajo la banalidad de los medios de comunicación de masas, trata de hacer creer a las jóvenes mujeres de hoy, imponiéndoles toda suerte de fetiches estéticos patriarcales (entre otras prácticas de hecho o simbólicas) ante las que no hay revuelta o contestación alguna. Nunca pensé que los “tacones lejanos” (dicho al modo del film almodovariano) se convirtieran en tacones cercanos y de aguja para destrozar la columna vertebral y pies de nuestras jóvenes. El fenómeno de la violencia estética en el Mundo Occidental es otra de las modalidades alienantes contra las mujeres, en las que constantemente reverdece el sistema patriarcal que como todo sistema de dominación no se permite ceder terreno en pro de la igualdad que rompería tal dominación, o le cuesta mucho (mucha presión de lucha y consciencia feminista contra él). Toda esta tensión subyace en la obra de Celia Amorós, con énfasis en ciertos ámbitos geográficos (Latinoamérica y Mundo Islámico). Sobre esta tensión reflexiono yo, en la actualidad, aplicada a nuestra sociedad. Insisto, es difícil imaginar el enorme bagaje que contiene el texto de Amorós de autores y libros relevantes tanto del feminismo como de otros campos, no sólo el campo filosófico suyo. En clave de humor (con el que Celia salpimienta mucho su escritura) me gustaría decir: “¡No lo imaginen, léanlo!” (haciendo una pequeña humorada paralela con un albureo mexicano que alguien me dijo describiendo un socavón en la ruta: “No lo imagine, vívalo”).

Amar a México/Amar a Latinoamérica (el compromiso de Amorós)

Paso ahora a subrayar lo que me ha impactado, lo que he aprendido (ahora sí, a modo de reseña heterodoxa y/o personal) no sin antes exclamar: ¡texto y contexto! Veamos su causa. He leído este libro durante un largo verano en México, donde mitad placer, mitad trabajo, he tenido el gusto de conocer personalmente, entre otras feministas ilustres latinoamericanas, a Marcela Lagarde. Quiero decir que este libro es muy “mexicano” (si Celia me permite la expresión) no sólo por el tempo de mi lectura, sino porque pone un énfasis notable en la violencia contra las mujeres en México y en el Tercer Mundo. Pura y dura violencia patriarcal, como desea la autora que se la denomine, dejando a un lado la inexacta etiqueta de violencia doméstica y otras al uso. Pues, atención, como advierte Celia, el asunto de las denominaciones no es, en absoluto, un asunto baladí, tanto en su vertiente de las heterodesignaciones que el poder patriarcal arroja sistemáticamente contra las mujeres (sobre ello volveremos) como en esta crucial vertiente de hacer crítica. De este modo, lo entiende Amorós al escribir que el feminismo es una teoría crítica o de cómo conceptualizar es politizar.

Los crímenes de Ciudad Juárez son un eje crucial de la obra. En torno a ellos, Amorós entra en diálogo incesante y de gran agudeza con otras autoras del área que han producido obra al respecto, entre ellas (Lamas, Lagarde y Segato, antropóloga argentina, esta última). Por temática (pobreza y género, entre otros asuntos) el libro es también muy latinoamericano. De hecho, es un encargo expreso de edición por parte de Hugo Quiroga para una editorial argentina de amplia difusión en aquella área, al cual Celia Amorós dio prioridad dado su manifiesto compromiso militante y profesional con Latinoamérica. Es una obra que sin duda, será muy leída en esas latitudes, además del mundo de habla hispana. No sé si logrará saltar las férreas fronteras culturales del etnocentrismo anglosajón, al cual, significativamente, ni el internacionalismo feminista ni la fraternidad universal de este Movimiento logra quebrar o siquiera mínimamente permear. Nosotras sí leemos a ellas/ellas a nosotras, no; ¿para cuando esta batalla? Por mi parte, he promovido la obra, con justicia, por sus méritos propios, ante auditorios tan significativos como las mujeres mexicanas, a las que tanto cita Amorós, a las que tan bien conoce como autoras, a las que tanta amistad muestra y, en suma, cuyos problemas trata con especial sensibilidad e inteligencia (los feminicidios). Problemas que conceptualiza y eleva a categorías universales, más acá o más allá del terreno geográfico en que se producen.

Siete claves teóricas: siete armas de contestación

Paso seguidamente a subrayar, a modo de ideas-fuerzas ciertas definiciones o nudos teóricos que en absoluto agotan la riqueza de la obra (que son bases conceptuales imprescindibles) la cual, además nos premia con un notable apéndice final dedicado a Simone de Beauvoir en el año de su aniversario. Procedemos:

Primero. Acerca del binomio Capitalismo y Patriarcado.

Con un cierto de gracejo didáctico titula Amorós de este modo el siguiente epígrafe, en el que explica esa crucial relación, a entender tanto efectos teóricos como de praxis social: “El capitalismo rifa, el patriarcado distribuye boletos”. Empleando su claridad expositiva, explica la autora (siguiendo a Heidi Hartmann) la siguiente metáfora: el capitalismo patriarcal puede ser representado como una tómbola, la cual determinaría las reglas de la rifa y pondría en el bombo las bolas para los puestos que en el mercado de trabajo va a necesitar. Los boletos son distribuidos de forma sistemáticamente diferencial, ello es así porque existe ese sistema de dominación masculina al cual llamamos patriarcado (conjuntamente y permeando a su vez otros sistemas de dominación como el racial, etc.). También Hartmann señala que el desarrollo capitalista da lugar a una jerarquía de trabajadores, pero las categorías marxistas tradicionales no pueden decirnos quién ocupara cada puesto. Son las jerarquías raciales y de género las que determinan quiénes ocupan los puestos. El patriarcado no es simplemente una organización jerárquica, sino una jerarquía en la que determinadas personas ocupan determinados puestos.

Segundo. El pacto horizontal patriarcal.

La obra trata de la dimensión “horizontal” del patriarcado (en denominación de Segato), es decir, analiza la relación de los varones entre sí como clave ineludible para la comprensión de las modalidades de su dominio sobre las mujeres, que llama “eje vertical”. Las mujeres, en cuanto grupo oprimido, pueden explicar su explotación no sólo como trabajadoras sino como sistemática subordinación en tanto que mujeres (de ahí que el feminismo radical se separara de la izquierda tradicional que sólo priorizaba y/o explicaba las relaciones de poder originadas por la explotación económica). Un ejemplo, aún cada cierto tiempo, en pleno Siglo XXI y en pleno Mundo Occidental, la prensa airea con cierto escándalo y un mucho olvido (normalmente en la efeméride del 8 de Marzo) más de un 20% de diferencias salariales por el hecho de ser mujer (¡!) Hecho que las mujeres no olvidamos. Injusticia y feminismo obligan.

Durante décadas de investigación sobre las élites profesionales femeninas (Género y Poder) he elaborado una especie de fenomenología del poder por género,4 en la que he documentado ampliamente esos pactos de poder masculinos que refieren las autoras citadas (aunque sean guardando la apariencia de igualdad que la cultura occidental impone). Esta regla de género aparece meridiana: donde hay dinero hay hombres, donde no lo hay, están las mujeres (por acordar al dinero el valor arquetípico de nuestro tiempo). Así, por sólo citar el ámbito cultural-académico: donde hay congresos o ponentes bien pagados, hay hombres, donde hay artículos bien remunerados, idem, etc. Es ésta una evidencia empírica, a prueba de toda confrontación. Pues bien, esas plataformas masculinas por excelencia, están trenzadas por las fratías, tácitas o explícitas (“el viejo club de los muchachos”, como ya escribí) de la masculinidad. Son plataformas montadas sobre pactos horizontales patriarcales que subyacen a ellas.

Tercero. ¡Ay el amor! (o el pacto desigual de género)

Numerosas autoras están clavando el dardo en esta singular diana de género. Desde la clásica ya Firestone (“el amor es el baluarte de la opresión de las mujeres en la actualidad […] la cultura masculina es parásita, y se alimenta de la energía de las mujeres sin reciprocidad”) hasta la conocida contribución de Jonasdotir, inquiriendo críticamente si le importa el amor a la Democracia. Asimismo, importantes Congresos de mujeres han sido convocados bajo ese problema central de las mujeres: la alienación amorosa; de este modo, los dos últimos congresos de la Fundación Isonomía (2008 y 2009).

Cuarto. La prepotente práctica heterodesignadora.

O lo que es igual, una práctica patriarcal contra las mujeres, de ayer y de hoy. La definición de Amorós: dice que heterodesiganación es la adjudicación a un conjunto definido de individuos por parte de otro conjunto determinado de una serie de predicaciones que tienen sobre el primero un efecto de estereotipia.

Es el eje del poder lo que media. Quienes pueden tener la condición de designadores asumen la posición de sujetos. No hay que mirar muy atrás en el tiempo o muy lejos en el espacio, para encontrarnos con los nombres genéricos cargados de estereotipia o indiferenciación aplicados a las mujeres: las marujas, una panda de solteronas, “unos callos”, etc., etc. (despectivo a las solteronas de edad que el gran archivo de la memoria colectiva que es el cine tiene registrados). El binomio género & edad se muestra como una de las canteras más crueles y feroces en heterodesignaciones sofisticadamente ocultas/socialmente patentes contra de las mujeres occidentales, desde su vertiente de daño psíquico hasta su derroche de recursos económicos y sociales. Quizás no se pronuncian, no tienen nombre por pudor social, pero están ahí más potentes que nunca: el Mito de la Juventud con más carga de alienación que nunca en las sociedades opulentas especialmente para las mujeres (parece que al sofisticado imaginario patriarcal le costará despegar de la ancestral natura: la mujer en edad reproductora). Aquí, la crítica intelectual parece haber hecho mutis, quedando el capitalismo y su violencia estética a sus anchas y con su potentísima y floreciente industria. Recuerdo aquel viejo libro del Profesor Aranguren contra el mito de la juventud (si levantara la cabeza…) y poco más.

El poder produce efectos de individuación, de reconocimiento y, en esa medida, de percepción por los demás a título de individuo. La mujer para el imaginario patriarcal se pierde en ese ser colectivo, el objeto erótico que encierra en sí todas las mujeres y no se instituye en un “alter ego”. Las mujeres conforman el espacio de las idénticas.

Más allá de las estigmatizaciones que producen los estereotipos de género, a través de las heterodesignaciones, un elemental entrenamiento escolar debiera adiestrar contra ellas en general, en cualquier terreno, como forma de liberar al sujeto que la educación está construyendo socialmente. No es un asunto baladí, porque esta forma de etiquetar desde el “establishment”, no sólo discrimina sino que tiene el efecto constituyente de como decía el sociólogo Merton ser la profecía que se cumple a sí misma. Un buen ejercicio de análisis sobre las heterodesignaciones que efectúa la sociedad establecida se puede ver en la obra reciente de Gómez-Ullate.5

Quinto. La condición serial de las mujeres: el caso de “las idénticas”.

Viajando al epicentro del libro, al que le cuadra y precede todo este entramado teórico que hemos descrito, la autora pone el dedo en la herida, hablando de la macabra reedición de las idénticas. Sus rasgos: interinidad, precariedad y sustituibilidad, es decir, lo propio de las trabajadoras genéricas de la era de la globalización: trabajadoras de quita y pon para maquilas que son de quita y pon a su vez.

La indistinción es el sello de los asesinatos de Chihuahua y de tantas otras partes del mundo. Los rasgos de las indiscernibles son el paradigma replicado recurrentemente: “la mujer delgada, de cabello largo y morena”. Lo anterior en el aspecto físico; en el aspecto social, son las presas de extracción humilde, las que conforman esa macabra condición serial de “las idénticas”.

Sexto. Las mujeres fuera del contrato social.

Marcela Lagarde que ha sido capaz de imponer al mundo el concepto de feminicidio, ha llevado a la práctica el “dictum” de Amorós: conceptuar es politizar; eje de trabajo que se nos recuerda siempre en la obra. Éste es un crimen de Estado por omisión. “Hay feminicidio cuando el Estado no da garantías a las mujeres y no crea condiciones de seguridad para sus vidas” (p. 267).

Estos delitos rara vez se producen por un individuo aislado y no son casos marginales a tratar. Escribe Celia Amorós al respecto que sin otros varones que se lo jalearan, los varones renunciarían, como en un chiste de antaño, a acostarse con Sofía Loren: ¡no se lo iban a creer! Así, la violación, el feminicidio, es un fenómeno que hay que estudiar in societate, como indica Segato también (p. 262).

Séptimo. Sobre la agenda feminista, hoy.

El conocimiento como herramienta de empoderamiento individual tanto como de acción política, ésta es una tarea estructural y/o continua del movimiento feminista y de las feministas como individualidades. Mujeres doblemente armadas de conocimiento y de acción social colectiva. Como escribió Baruch Espinosa: “las ideas adecuadas generan una mayor potencia de obrar”.6

El análisis del sistema patriarcal en sus distintos grados y contexto, dictará la Agenda Feminista. Habrá que conceptualizar los patriarcados (se impone hablar en plural) sus grados de resistencia a la paridad, desde el teocéntrico-islámico (con sus cárceles de género andantes: el burka) hasta el tradicional-latino, pasando por el hollywoodiense-anglosajón sistema de género, el sistema de la doble moral de género occidental,7 etc.

Conceptulizar es politizar. La tematización que deriva de ello, orienta la práctica política. Como bien afirma Lagarde:

A través de investigaciones científicas, las feministas diferenciamos las formas de violencia, erradicamos conceptos misóginos […] Necesitamos estas distinciones como los esquimales necesitan usar diecisiete formas diferentes para referirse a la nieve: esta práctica lo es de una resignificación de la realidad social que es un elemento vital para las mujeres (p. 266).

Tras centurias de vida en sociedades patriarcales, es una necesidad meridiana que tengamos que repensarlo de nuevo. Es una realidad aplastante que deseemos y pongamos manos a la obra para construir (ahora auténticamente cierto) un “Nuevo Mundo”. Los asuntos de género son más que meros asuntos de género: son auténticos test sociales para el grado de democracia alcanzado por los sistemas sociales. Y eso concierne al desarrollo de toda la Humanidad, la cual por primera vez en su historia, se ve impelida o capacitada para utilizar en la vida pública la energía de su otra mitad, las mujeres, cuya enorme energía ha sido desactivada o alienada para fines privados, al servicio exclusivo de los varones. Con visión optimista digo: por fin la Humanidad se va a enriquecer con lo que le corresponde, la aportación a la ciudadanía de nuevos actores sociales (o sujetos políticos): las mujeres.

Estamos en condiciones de “historizar el patriarcado” (al menos quienes tenemos los instrumentos de la cultura) es decir, comenzar a volverlo ya un hecho histórico y escribir su historia. Para ello, la generación de mujeres que nos hemos criado en el más rancio patriarcalismofranquismo (redoblado el sistema) estamos en condiciones óptimas para hacerlo. Para ello necesitamos mujeres con subjetividades fuertes que sepan dar la batalla a las heterodesignaciones patriarcales y denunciar los pactos horizontales de la masculinidad. Hay que practicar la llamada vigilanacia epistemológica (en este caso feminista) antes de que las heterodesignaciones nos alcancen (por ejemplo esa especie de “racismo de la edad” para las mujeres).

Pensando en esta necesidad individual, social y feminista, he escrito una especie de programa de género para el contexto cultural en que me desenvuelvo pero que pudiera ser generalizado al mundo de las mujeres profesionales, el cual lo he condensado en estos tres términos: memoria, maestría y metas que son tres vertientes a través de los cuales construir esas subjetividades fuertes y, especialmente, necesarias en este momento histórico, en el cual hay que hacer balances, hay que dejar bien sellada la herencia feminista.

He leído esta obra de Celia Amorós con un ojo puesto en México y otro aquí, en España (o en el marco europeo) y para ambos lados del Atlántico me ha valido. Permítaseme exclamar a modo de feliz humorada: ¡esta obra es una mina! Y claro que lo es, por muchos aspectos, pero especialmente por el bagaje conceptual que en efecto, vale para abordar cualquier contexto, después vendrán las consiguientes matizaciones, pero el centro, la herramienta intelectual está ahí.

Me gusta pensar cuando termino una obra que se escribe un libro y se enciende una luminaria en “el firmamento del logos”. Esto es lo que ha hecho Celia Amorós. Gracias.

Notas

1 Marta LAMAS, 2006.

2 Celia AMORÓS, 2009 (publicada en la sobresaliente colección Feminismos, de Cátedra, dirigida por la historiadora Isabel Morant).

3 De esta generación de mujeres, me he ocupado en mi obra Rebeldes ilustradas (la otra transición), de 2008, Anthropos. En esta obra, precisamente, hay una larga entrevista biográfica a Amorós, Morant, entre otras.

4 Este aspecto está ampliamente desarrollado en María Antonia GARCÍA DE LEÓN, 2002.

5 Martín GOMEZ-ULLATE, 2009.

6 Baruch ESPINOSA citado por AMORÓS, 2008, p. 269.

7 Nota bene: un lugar típico y tópico en la prensa occidental es el anuncio in extenso de la protistución, mientras en otras páginas puede haber críticos artículos contra el sexismo, la discriminación, etc., etc.

Referencias 

AMORÓS, Celia. Mujeres e imaginarios de la globalización. Buenos Aires: Homo Sapiens, 2009.         [ Links ]

GARCÍA DE LEÓN, María Antonia. Herederas y heridas (élites profesionales femeninas). Madrid: Cátedra, 2002. (Feminismos).         [ Links ]

GARCÍA DE LEÓN, María Antonia. Rebeldes ilustradas (la otra transición). Barcelona: Anthropos, 2008.         [ Links ]

GOMEZ-ULLATE, Martín. La comunidad soñada (antropología social de la contracultura). España-México: Plaza y Valdés, 2009.         [ Links ]

LAMAS, Marta. Feminismo: transmisiones y retransmisiones. México: Taurus, 2006.         [ Links ]

María Antonia García de León – Universidad Complutense de Madrid

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