En las ultimas dos decadas el examen de los conceptos politicos fundamentales ha sido un campo de estudio que sigue produciendo interesantes resultados.

A partir de la red Iberconceptos y la elaboracion del Diccionario político y social del mundo iberoamericano —que ya posee dos tomos—,1 se ha logrado examinar la importancia de una veintena de conceptos claves para comprender el devenir de los procesos sociopoliticos de diversos paises entre 1750 y 1870. Precisamente este libro, bajo la compilacion de Fabio Wasserman, amplia y enriquece esta linea investigativa centrando su mirada especificamente en el concepto “revolucion”.

Ademas, incorpora otros procesos de transformacion politica y social que antecedieron o sucedieron paralelamente a los desarrollados en Iberoamerica, tales como los ocurridos en Inglaterra, Francia, America del Norte y las Antillas Francesas.

Como es sabido, la palabra revolución proviene del latin revolvo, que significaba el regreso de un objeto movil al punto de origen. En esta acepcion el vocablo era utilizado por la astronomia para referirse al movimiento circular y periodico de los cuerpos celestes sobre su propio eje o sobre otros cuerpos. No obstante, a partir de finales del siglo xvii el termino fue adquiriendo un contenido politico al expresar un cambio de gobierno subito y violento que buscaba el establecimiento de un nuevo orden de cosas. .Como explicar esta transformacion de sentidos? .Por que la palabra revolucion movilizo las acciones y expectativas de diversas comunidades politicas? Estas cuestiones emergen como objetivos del libro y se concentran en “examinar como procesaron los actores las experiencias revolucionarias y, mas precisamente, como utilizaron el concepto revolucion” (p. 18).

En este sentido, los autores del libro evidencian como el concepto “revolucion” expresa la relacion que existe entre el plano linguistico y el plano social, debido a su capacidad de concentrar en una palabra la accion politico-social y su dimension nominal. Es decir, el concepto contiene una funcion referencial para hacer inteligible y nombrar un estado de cosas, como tambien permite modelar el pasado, vislumbrar futuros posibles, ademas de orientar las acciones colectivas del presente de los actores. De manera que tanto el concepto como la practica revolucionaria trajeron consigo la necesidad de un renovado uso de las palabras para hacer comprensibles las transformaciones sociales y politicas desarrolladas entre los siglos xvii y xx en Iberoamerica y el Atlantico norte. Esto provoco que la nocion de revolucion —siguiendo a Koselleck—, se convirtiera en un “concepto singular colectivo” al reunir y explicar todas las revoluciones posibles, ya sean pasadas, presentes o futuras (p. 21).

Sobre esta linea, cada capitulo hilvana un estudio sistematico de los usos y sentidos que se incorporaron en el concepto “revolucion” en cada territorio y comunidad politica indagada. Ademas, mediante una exhaustiva interpretacion de fuentes, se analiza como los actores politicos se apropiaron de la palabra, le dieron significado y la constituyeron en un concepto politico fundamental, para luego examinar como se decanta, modifica o resignifica dentro de una trayectoria temporal de larga duracion que presta atencion a las dimensiones sincronica y diacronica.

En el primer capitulo, Nicolas Kwiatkowski presenta un analisis de la historiografia que versa sobre los conflictos que sucedieron en Inglaterra en el siglo xvii. Con ello, interpreta como se empleaba el concepto de revolucion y concluye que en este siglo coexistieron la concepcion de revolucion como un movimiento circular de retorno al punto inicial, asi como la de un proceso de cambio, ruptura e inversion. Por su parte, en el segundo capitulo, Marcos Reguera examina la Revolucion americana y advierte que el concepto trasciende la Declaracion de Independencia de 1776. Plantea que los procesos politicos propios de esta comunidad se encaminaron a la consolidacion de un nuevo orden politico y social, por lo cual los actores contemporaneos apelaron a la nocion de “experimento” en vez de revolucion. Sin embargo, con la influencia de la Revolucion francesa de 1789, el concepto muta al sentido moderno de cambio radical. De hecho, tambien fue empleado para referir reformas de diferente indole y pasa a convertirse en un concepto plural, polisemico y cargado de horizontes de expectativas.

En el orden cronologico que presenta el libro, en el tercer capitulo, Jacques Guilhaumou expone una perspectiva distinta sobre el discurso revolucionario frances. Toma la herramienta analitica “nociones-conceptos” y presenta un examen riguroso que identifica los momentos clave del discurso durante la Revolucion francesa. Si bien es un trabajo exhaustivo, el planteamiento difiere de la linea analitica conceptual general del libro, lo cual puede ser una ventaja en la medida en que los resultados aportan a una nueva lectura de este proceso.

Por supuesto, tambien puede ser una desventaja al no examinar desde la historia conceptual lo crucial y significativo que fue el caso frances para consolidar y difundir la nocion moderna de revolucion. Precisamente, el capitulo cuarto, escrito por Alejandro Gomez, examina las influencias reciprocas que sucedieron a finales del siglo xviii entre las Antillas francesas y la metropoli dentro del marco desatado por la Revolucion francesa. Sobre esta linea, presenta un recorrido historico de las luchas, resistencias y acciones que desarrollaron los esclavos de las islas caribenas en busqueda de sus libertades, para con ello decantar los usos, disputas y, en consecuencia, la polisemia del concepto entre 1789 y 1804.

En el quinto capitulo, Javier Fernandez Sebastian y Gonzalo Capellan exponen de manera minuciosa y sistematica las voces de diversos actores politicos que evidencian los cambios intelectuales y politicos producidos por las revoluciones ocurridas en Espana durante el siglo xix, cuyo resultado trajo la ampliacion semantica del concepto. Es de resaltar en este capitulo la exposicion de fuentes iconograficas sobre las cuales confluyen las disputas y apuestas sobre el concepto, aspecto no solo innovador sino capaz de brindar perspectivas metodologicas e interpretativas para el examen conceptual.

Siguiendo en la peninsula Iberica, el sexto capitulo, escrito por Fatima Sa e Melo Ferreira, expone una periodizacion que refleja las coyunturas del proceso portugues. De ahi que logre ubicar al lector en un camino que va desde el contexto que promovio el traslado de gobierno a Brasil hasta los conflictos desatados en gran parte del siglo xix. En este marco se observan las prevenciones que tuvo el concepto revolucion —concebido como una “restauracion” o “regeneracion”— que, luego de los sucesos politico-sociales de 1836, tomaria un sentido similar a la concepcion moderna, aunque no menos diverso.

En el septimo capitulo, Fabio Wasserman propone un examen escrupuloso de los usos y significados de “revolucion” en el discurso politico dentro del virreinato del Rio de la Plata durante las primeras decadas del siglo xix. Hay que resaltar el esfuerzo que hace alli el autor por desvelar las cargas valorativas que tuvo el concepto, como este movilizo las acciones de la comunidad politica, asi como la importante influencia que tuvo con los mitos fundacionales, especificamente con la creacion de toda una narrativa fundamentada en la Revolucion de Mayo de 1810, cuyo resultado fue el mito de los origenes de la nacion argentina —narrativa compartida por diversos sectores sociales, incluso hasta el presente—. En una delimitacion espacial similar, la nocion de Tierra Firme que abraza las actuales Colombia, Venezuela y Panama, permitio a Alexander Chaparro —bajo un examen nutrido de fuentes de prensa entre 1781 y 1832— evidenciar en el octavo capitulo la variedad de usos de revolucion desde un plano que supera la particularidad de los estudios nacionales y enlazar de manera conjunta las disputas sobre el concepto y las nuevas formas de interrogar los fundamentos de la comunidad politica.

Por su parte, en el territorio novohispano los procesos revolucionarios se mantuvieron hasta mediados del siglo xx, lo que significo un desafio analitico e interpretativo en el capitulo noveno, escrito por Guillermo Zermeno. En este examen del concepto, el autor amplia la perspectiva temporal (fines del xviii y mediados del xx) y relacional, al tener en cuenta la influencia francesa, ibero y angloamericana en la medida en que se expresaron relativamente en diversos actores politicos mexicanos. Para ello, el autor propone el examen de momentos cruciales externos e internos que promovieron la pluralizacion del termino. En el ultimo capitulo, Joao Paulo Pimenta y Rafael Fanni examinan igualmente el concepto dentro de una larga duracion que abarca los inicios del siglo xix hasta el presente y detallan situaciones sociales que les permiten afirmar que el concepto revolucion ha sido parte fundamental y productora de la historia brasilena.

A modo de conclusion, la centralidad investigativa de cada autor en las experiencias circunscritas espacialmente no permite delinear con profundidad las posibles relaciones del concepto revolucion mas alla de los limites nacionales. Pese a que no era el objetivo del libro, hubiese sido enriquecedor encontrar en el un examen que retomara los resultados individuales y trazara conexiones, diferencias, influencias, contextos, entre otros criterios, en clave comparativa y transnacional, con el proposito de formular, a nueva cuenta y bajo la optica conceptual, una reinterpretacion de los procesos revolucionarios en Iberoamerica y el Atlantico norte.

No obstante, mas alla de esta carencia del libro, que no resta valor a los resultados individuales, procesos de transformacion politica y social como los propiciados en este periodo tan activo demandaron la renovacion de muchos otros conceptos. Por ejemplo, “orden”, “soberania”, “paz”, “guerra”, “libertad”, “ciudadania”, “Estado”, “democracia”, entre otros, fueron conceptos utilizados en una red discursiva de interconexiones mucho mas amplia y compleja. Ademas, no giraron en torno a uno solo ni respondieron a un intento por jerarquizarlos.

En cambio, fueron incorporados en el nuevo lenguaje politico republicano. De manera que esta caracteristica del lenguaje utilizado es un llamado a continuar una historia de los conceptos en clave de coproduccion investigativa, la cual logre hilvanar la diversidad de conceptos emanados en este contexto tan fecundo en debates y proyecciones de lo que deberia ser el nuevo orden sociopolitico.

Desde esta perspectiva, este libro se convierte en un aporte significativo para esta tarea conjunta, que extenderia la comprension del periodo bajo el prisma de los conceptos.

Nota.

1. Javier Fernandez Sebastian, dir., Diccionario político y social del mundo iberoamericano (Madrid: Centro de Estudios Politicos y Constitucionales, 2009-2014).

Alejandro Mojica Villamil – Universidad Nacional de Colombia. Bogotá, Colombia. E-mail: [email protected].


WASSSERMAN, Fabio Wasserman (Comp.). El mundo en movimiento. El concepto de revolución en Iberoamérica y el Atlántico norte (siglos xvii-xx). Buenos Aires: Miño y Dávila editores, 2019. 296p. Resenha de: MOGICA VILLAMIL, Alejandro. Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Bogotá, v.48, n.1, ene./jun. 2021. Acessar publicação originalv [IF].

 

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