Prácticas editoriales y cultura impresa entre los intelectuales latinoamericanos en el siglo xx | Aimer Granados e Sebastián Rivera Mir

Este libro, coordinado por los profesores Granados y Rivera, trata el tema de la cultura impresa latinoamericana. En las 284 páginas que lo componen, cumple con varios propósitos que han estado latentes en el campo de la historia intelectual latinoamericana,[1] por ejemplo, ampliar la mirada del problema de lo impreso y vincularlo con los aspectos sociales del mundo político, intelectual y cultural.

Mientras al día de hoy, en el campo de la historia intelectual, los inte­lectuales, sus obras y pensamientos han ido ganando una atracción y se han constituido en objetos de investigación a lo largo y ancho de nuestro continente, por el contrario, otros escenarios —tal es el caso del papel y la función de las revistas, la prensa, los epistolarios, la diplomacia, los empresarios culturales y los traductores, las sociabilidades y las redes, los congresos, la cátedra, las au­tobiografías y memorias y la producción investigativa y las publicaciones— aún son endebles y falta mucho por explorar en nuestros medios.

De acuerdo con la anterior observación, Carlos Altamirano (precursor de los debates que han circulado sobre el denominado “campo emergente” de la historia intelectual, hace ya casi tres décadas) ha argumentado que si bien el campo mencionado no se ha constituido con solidez disciplinar y hasta ahora no hay un consenso epistemológico que plantee uniformidad lingüística, teórica y metodológica, esas mismas condiciones que parecen negativas, constituyen más bien posibilidades y alternativas en su proceso de institucionalización en el mundo académico y en el campo de la investigación.

Carlos Altamirano ha reiterado en varios documentos de análisis que jus­tamente el carácter plural, abierto y en discusión de la historia intelectual es lo que ha enriquecido el debate público del campo y se ha convertido en un saber mundial que ha generado discusiones a través de las cátedras, los foros, los congresos, los seminarios y muchos otros espacios. Por lo tanto, atendiendo a esas circunstancias señaladas, la historia intelectual se ha ido equiparando —sin exceptuar las riñas y rivalidades, los desacuerdos y las desavenencias— con los saberes tradicionales de las historias social, política y cultural que han dominado durante décadas.[2]

Por lo anterior, sin duda, la obra coordinada por los profesores Granados y Rivera va más allá de la información o de una esquemática divulgación sobre la cultura impresa en nuestras tierras, ya que pretende (y lo logra) ocupar un espacio que había estado algo huérfano en la historia intelectual latinoamericana. Esto es, complementar el estudio sobre las ideas y los intelectuales en el sentido social con otros confines: la función social de los libros tanto en lo cultural como en lo estrictamente material, el papel que cumplen los impresos y la labor que los impresores realizan en nuestros espacios sociales, el rol de los editores y sus editoriales, las redes, formas de sociabilidad y los proyectos que asumen.

De modo que la obra se enfoca globalmente en descifrar los roles o funciones que sus actores (libreros, editores, empresarios, líderes y directivos) cumplieron en un largo periodo que abarca parte del siglo xx. Es necesario añadir que el lector podrá encontrar comprensivamente la forma en que lo impreso se engrana con exigencias económicas, sociales, políticas, culturales e ideológicas, y por ello no se restringe a la actividad de la simple divulgación, circulación o promoción. El libro de los profesores Granados y Rivera es una contribución que permite pensar en el horizonte de cómo se ha constituido parte de nuestra opinión pública y se une a otros cuantos trabajos investigativos que ya son referentes ineludibles para el estudio sobre lo impreso en nuestro continente, como los de Boyd G. Carter,[3] Juan Gustavo Cobo Borda [4] y, recientemente, Horacio Tarcus,[5] por mencionar tres analistas representativos.

El libro está compuesto por diez ensayos agrupados en tres secciones es­pecíficas, que abarcan diferentes y heterogéneas miradas y análisis. La primera sección se titula “Edición, ideologías y política”, y consta de cuatro ensayos en los que se propone mostrar de qué modo lo editorial no fue ajeno a los avatares ideológicos. En los dos primeros relatos se destacan las figuras de Gustavo Sorá y de Arnaldo Orfila Reynal con la editorial Siglo xxi y era. El tercer escrito se enfoca en una de las personalidades representativas del mundo editorial, Rodrigo García Treviño y la Editorial América. En este relato se debaten aspectos tales como el asunto de la difusión y el carácter de edición de los libros en el marco de la cultura de élites o la cultura popular.[6]

Esa primera sección cierra con el trabajo de Adriana Petra, quien investiga la actividad editorial de la cultura política del comunismo argentino.[7] En su escrito se estudia la figura de Carlos Dujovne y su editorial “problemas”, sin embargo, hay referencias a los intelectuales, Aníbal Ponce y Samuel Glusberg (cuyo seudónimo fue el de Enrique Espinoza, el insigne editor de la revista y editorial Babel, amigo entrañable del colombiano Baldomero Sanín Cano y de José Carlos Mariátegui), entre otros.

La segunda sección se denomina “Edición, literatura y escritores”, e inicia con el trabajo dedicado al venezolano Rufino Blanco Fombona y a la Editorial América, que ha contado con apreciable atención por su trayectoria, sus redes intelectuales transnacionales y la defensa de la literatura y la identidad cultural hispanoamericana.[8] La combinación del editor, empresario y el intelectual en la figura de Blanco Fombona constituyó una peculiaridad del personaje y se ha investigado como uno de los tipos representativos de las letras y el pensamiento latinoamericano. Para connotados analistas del pensamiento latinoamericano, la Editorial América es juzgada como el segundo proyecto de aliento continental y es comparada con la dimensión que en su momento tuvieron la Biblioteca Americana y el Repertorio Americano de Andrés Bello y García del Rio,[9] estudiados como quienes lucharon y se batieron —entre muchos otros— para defender desde Europa nuestras letras y pensamiento, en la coyuntura crítica de las independencias, nuestra identidad y soberanía.

El segundo ensayo, escrito por el profesor Aimer Granados, examina la personalidad intelectual del mexicano Alfonso Reyes, considerado uno de los “Maestros de América”. Granados, quien ha sido uno de los impulsores de la historia intelectual,[10] escudriña los conflictos y las tensiones de la vida intelectual del personaje, en lo que respecta a la disputa interna generada por el intelec­tual con erudición y aquel otro que se propone la tarea de divulgación cívica y popular. Reyes, como lo postula el autor, fue un “bibliófilo-erudito-editor”. Por las circunstancias de su vida, sus actividades editoriales estuvieron emparentadas con funciones tales como la diplomacia, la errancia y el viaje, lo que el mexicano tuvo que sortear no sin verse exento de contrariedades y desavenencias.

El tercer relato de esta parte se dirige a desentrañar a dos de los más connotados latinoamericanos del siglo xx: el uruguayo Ángel Rama y el colombiano Rafael Gutiérrez Girardot. Ambas personalidades son tratadas por Diego Alejandro Zuluaga y son objeto de un afortunado análisis reflexivo. El ensayo discute la edición de la famosa obra del dominicano Pedro Henríquez Ureña para la prestigiosa Biblioteca Ayacucho, el libro titulado: La utopía de América. Con base en las fuentes epistolares, el profesor Zuluaga Quintero reconstruye los vaivenes y los intríngulis de lo que fue la Biblioteca venezolana, las peculiaridades que se entrelazaron con la dirección del renombrado intelectual Ángel Rama y se centra, especialmente, en cómo la edición especial de la obra del dominicano generó disputas y conflictos por la incursión del colombiano.

La tercera y última parte del libro, “Edición, revistas y cultura impresa”, aborda el vasto campo de las revistas gráficas y cierra con una exploración reflexiva sobre el mundo editorial en el ámbito de una secta religiosa, lo que le estampó al cierre una especial atención. Poco estudiadas, las revistas gráficas son exploradas por el historiador Juan David Murillo, quien con un análisis comparativo entre Chile y Argentina descifra las peripecias de los personajes Manuel Ramos Ochotorena y Antonio Pellicer, adalides de los medios tipográ­ficos en estas regiones del continente.

El siguiente escrito redimensiona de qué manera las revistas no son solo medios de comunicación, sino también se convierten en artefactos ideológicos y culturales. Con base en tres revistas chilenas (Claridad, Índice y Babel), sus autoras, Claudia Darrigrandi y Antonia Viu, relievan este aspecto imprescindible de investigación y trazan los complejos vínculos entre el intelectual, el hombre político de acción y el científico. El libro cierra con un texto de Juan Carlos Gaona sobre el rol de lo impreso en un sector de los cristianos evangélicos en Colombia en las décadas de 1940 y 1950. Se trata de una investigación en clave de la sociología de la religión, siendo este un campo necesario y obligado para la investigación de nuestra cultura y vida intelectual en lo que corresponde a las formas ideológicas de la fe y las creencias religiosas.

Para concluir, el libro ofrece un aporte que, aunque preliminar, da algunos pasos gigantescos para entender los vínculos de lo intelectual con la cultura impresa. Se podría también concluir que el lector tendrá la ocasión de entrar al pasado por una vía que faltaba en la historia intelectual de nuestras tierras, al vasto y a veces inabarcable campo de las letras, la vida y la cultura de nuestro continente, bajo la óptica de lo impreso o la cultura impresa. A futuro, quedaría por repensar lo impreso y la cultura impresa, entre otros temas, y profundizar la discusión teórica y metodológica [11] para estimular y fortalecer dichos estudios, que han venido ganando terreno en el ámbito de las instituciones de educación superior en América Latina. Otra agenda a largo plazo sería propiciar una in­vestigación con una dimensión continental que integre la participación de otros países que no se tienen en cuenta en el libro.

Finalmente, hay que decir que esta obra ganará mayor riqueza cuando otras publicaciones incluyan reflexiones que se asienten en el carácter comparativo en la historia intelectual y cuenten con la presencia de la mayoría de comunidades letradas de nuestras tierras, porque —valga hacer el parangón con un párrafo que escribió Alfonso Reyes en el prólogo a la obra de Justo Sierra en la Evolución política del pueblo mexicano, refiriéndose a los intelectuales—: “Gracias a ellos [los intelectuales] no nos han reconquistado el desierto y la maleza”.[12]

Notas

1. Carlos Altamirano, Para un programa de historia intelectual y otros ensayos (Buenos Aires: Siglo xxi, 2005).

2. Carlos Altamirano, Historia de los intelectuales en América Latina, vol. 1 (Buenos Aires: Katz, 2008).

3. Boyd G. Carter, Las revistas literarias de Hispanoamérica: breve historia y contenido (Ciudad de México: Ediciones Andrea, 1959).

4. Juan Gustavo Cobo Borda, Historia de las empresas editoriales de América Latina siglo xx (Bogotá: cerlalc, 2000).

5; Horacio Tarcus, Las revistas culturales latinoamericanas. Giro material, tramas intelectuales y redes revisteriles (Buenos Aires: Tren en Movimiento, 2020).

6. Juan Guillermo Gómez García, Cultura intelectual de resistencia. Contribución a la historia del “libro de izquierda” en Medellín en los años setenta (Bogotá: Desde Abajo, 2005).

7. Adriana Petra, Intelectuales y cultura comunista. Itinerarios, problemas y debates en la Argentina de posguerra (Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, 2017).

8. Yolanda Segnini, La Editorial-América de Rufino Blanco-Fombona. Madrid 1915-1933 (Madrid: Libris, 2000).

9. Flor María Rodríguez, “Colombia: Juan García del Río y la Biblioteca Americana (Londres, 1823)”, Hacia la novela. La conciencia literaria en Hispanoamérica 1792-1848 (Medellín: Universidad de Antioquia, 1993).

10. Aimer Granados, coord., Las revistas en la historia intelectual de América Latina: redes, política, sociedad y cultura (Ciudad de México: Universidad Autónoma Metropolitana- Cuajimalpa / Juan Pablos Editor, 2012); Aimer Granados y Carlos Marichal, comps. Construcción de las identidades latinoamericanas. Ensayos de historia intelectual siglos xix y xx (Ciudad de México: El Colegio de México, 2004); Aimer Granados, Álvaro Matute y Miguel Ángel Urrego, eds., Temas y tendencias de la historia intelectual en América Latina (Ciudad de México: Universidad Michoacana de San Nicolás / Universidad Nacional Autónoma de México, 2010).

11. Granados, Matute y Urrego.

12. Alfonso Reyes, “Justo Sierra y la Historia Patria”, Ultima tule y otros ensayos (Caracas: Biblioteca Ayacucho, 1992) 118.


Resenhista

Rafael Rubiano Muñoz – Profesor titular.  Universidad de Antioquia. Medellín, Colombia. E-mail: [email protected]


Referências desta resenha

GRANADOS, Aimer; MIR, Sebastián Rivera (coords). Prácticas editoriales y cultura impresa entre los intelectuales latinoamericanos en el siglo xx. Ciudad de México: El Colegio Mexiquense, A. C. / Universidad Autónoma Metropolitana, 2018. 284p. Resenha de: MUÑOZ, Rafael Rubiano. Anuário Colombiano de Historia Social y de la Cultura. Bogotá, v.48, n.2, jul./dic., 2021. Acessar publicação original [IF].

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