ESCALANTE, Jorge; GUZMÁN, Nancy; REBOLLEDO, Javier; VEGA, Pedro. Los crímenes que estremecieron a Chile. Las memorias de La Nación para no olvidar. Santiago de Chile: CEIBO ediciones, 2013. 522p. Resenha de: ARRIAZA PEÑA, Rafael. Revista de Historia y Geografía, Santiago, n.29, p.137-141, 2013.

La forma en que recuerdan lo acon­tecido en Chile entre los años 1973 y 1989 quienes lo padecieron y quienes simplemente estaban allí sin padecerlo marca una diferencia profunda en la interpretación de los hechos. También, no lo perciben de igual forma los jóvenes que no lo padecieron o no estuvieron allí. Experimentan, en mayor medida que quienes lo vivieron, una merma y/o deformación en su percepción de cuanto allí aconteció, especialmente en el dolor, el miedo, las carencias estruc­turales, etc. de esos años. La lectura del texto “Los crímenes que estremecieron a Chile. Las memorias de La Nación para no olvidar” transporta a un mun­do distinto que conmueve, entristece, y también genera ira. Este resumen fundamental de cuanto aconteció, en cuanto a ejercicio de la violencia se refiere, permite, además, ordenar sistematizadamente, cronológicamente, lo ocurrido, identificando a quienes participaron en ello, más allá de la FFAA.

El libro in comento tiene como objetivo dejar en evidencia el sistemático atropello a los derechos humanos cometido durante el régimen cívico-militar entre los años 1973 y 1989. También, el desarrollo posterior del ejercicio de la justicia y aplicación de la ley de estos delitos al respecto. Se realiza un estudio detallado de diferentes casos donde se visualiza la violación sistemática contra diferentes personas pertenecientes al enemigo interno.

La estructura del texto es en capítulos, que son casos criminales. Parte con una presentación donde se expone que, luego del 11 de septiembre de 1973, la prensa fue censurada. Sigue con un prólogo a cargo de Alejandro Solís Muñoz quien nos plantea las primeras reflexiones en torno al libro, centrando su exposición en la cuestión del castigo e impunidad a la luz del informe redactado por el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Desapariciones Forzadas, señalando que no existe un castigo real para los involucrados en los casos de crímenes contra los derechos humanos, indi­ cando, como ejemplo de lo expuesto, los beneficios de la salida dominical y la rebaja de penas.

El primer caso que se expone es el de Víctor Jara, detenido en la Universi­dad Técnica del Estado (UTE), con detalles de su detención y tortura. Se habla del actuar del príncipe¸ militar que se caracterizó por su actuar despiadado con los detenidos. Luego, en el apartado denominado trío de la muerte, se analiza, según los relatos, quien podría haber sido el autodenominado prín­cipe del Estadio y, finalmente, se describe la larga y lenta lucha por la justicia judicial por la muerte de Víctor Jara a cargo de su viuda y de Nelson Caucoto.

El segundo caso tratado es titulado “José Tohá: Una muerte con olor a DINA”, que comienza con una descripción de la detención de Tohá en orden cronológico. Se agrega un juico sobre la gran pérdida que significó su muerte y una descripción de su vida política en sus últimos momentos y la versión oficial del suicidio, indicando las claves que existen en el Hospital Militar para desmentir tal versión: Alfonso Chelén, médico encargado de la autopsia de Tohá, dice que la muerte fue provocada por un estrangulamiento de terceros, siendo ello montado como un suicidio. Se refieren luego las investigaciones realizadas por Nelson Caucoto y las demoras en las pericias.

De “El Martirio de Woodward en La Esmeralda” se caracterizan los detalles de la detención, tortura y muerte del sacerdote Miguel Woodward, muerto en ese buque, luego de haber pasado por el recinto de torturas localizado en la Universidad Técnica Federico Santa María y en la Academia de Guerra de la Armada (AGA). Se termina analizando el caso judicial indicando nombres de jueces y militares implicados.

En “A Desalambrar”, se analiza lo sucedido en Paine. Las detenciones en este caso están apoyadas por civiles, latifundistas locales que se habían enfu­recido luego de la reforma agraria, cimentando un odio hacia los campesinos simpatizantes del gobierno de la UP. Se describen las detenciones y muertes de diferentes personas en lugares distintos. Se culmina con la descripción de la entrega de los restos y la justicia realizada a 40 años de los acontecimientos.

El caso que ocupa la mayor extensión del libro es “Terror por el Sur y el Norte: La Caravana de la Muerte”, donde se detalla lo realizado por el grupo de militares a cargo del general Sergio Arellano Stark, señalando los nombres de cada uno de los participantes de dicho comando ordenado por Pinochet. La misión real era simplemente matar a prisioneros sin juicio previo para infundir el terror a civiles y militares por todo el país, como una forma de disuadir una posible resistencia a la Junta militar. La operación se realizó primero en el sur y luego al norte, entre septiembre y octubre del mismo año. Se detalla todo el proceso de la Caravana de la Muerte, hasta los procesos judiciales que se han seguido a los funcionarios.

Se describe “La masacre de Liquiñe”, donde el día 10 de octubre de 1973 ocurrió la ejecución y posterior desaparición de campesinos en el puente Villarrica, sobre el río Toltén, en Liquiñe, seleccionados e identificados con la complicidad de algunos civiles. Con esto se sembró el terror en la localidad. Se termina señalando a los implicados y describiendo la manera en la cual ocurrieron los hechos.

En “Centros de Detenciones” se nombra los lugares donde se detuvo, torturó y asesinó personas en diferentes zonas de la Región Metropolita: el Campamento de Prisioneros de Pisagua; Londres 38; José Domingo Cañas; Villa Grimaldi; Venda Sexy o Discoteque; Cuatro Álamos y Tres Álamos. Sin embargo, fueron utilizadas escuelas, buques mercantes y de guerra, islas, estadios, hospitales, entre otros lugares.

En “Del AGA al Comando Conjunto Antisubversivo”, se cuenta el cambio desde la detención de oficiales de la Fuerza Aérea a la detención de parti­darios del MIR y el PC. Se constituye el Comando Conjunto Antisubversivo que sería una suerte de contrapeso, por parte del general Leigh, a la DINA dependiente de Pinochet. También se describen diferentes aspectos de su actuar y la justicia.

El capítulo “General Prats: La primera Bomba de la DINA” analiza el ac­tuar internacional de la DINA para eliminar los posibles focos de resistencia desde el extranjero. Se indica que es el propio Pinochet quien da la orden a Contreras, siendo el agente norteamericano Michel Towley quien asume la misión en Argentina. Se señala que la justicia argentina asume antes que la chilena el caso, siendo esta última esquiva.

La “Operación Colombo” es el siguiente apartado del texto. Se le califica como un montaje realizado por la DINA para encubrir la desaparición de personas detenidas. Se agrega un punto importante sobre las operaciones psicológicas realizadas por la DINA con la finalidad de controlar mediante la emisión de mensajes que re-direccionen las conductas sociales.

Sigue “Operación Cóndor: la Transnacional del crimen” donde se ex­plica la relación que existió entre los diferentes organismos dictatoriales de América Latina en su conexión con la DINA. Se define como el nombre que recibió el plan de inteligencia y coordinación entre los servicios de inteli­gencia de Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay, todos con dictaduras. Esta realizó atentados, secuestros y asesinatos de personas que estaban exiliadas.

En “Una colonia de Tortura y Muerte: Dignidad” se muestran los lazos que unen a la DINA con el líder de la colonia Paul Schafer, detallando y de­mostrando las diferentes comunicaciones que mantenían dentro de estos dos organismos. En “Brigada Lautaro” se caracteriza su actuar y funcionamiento, origen, jerarquía y las personas que la conformaron. Se dice que fue un centro de exterminio ubicado en La Reina bajo el nombre de Cuartel Simón Bolívar.

El capítulo “El químico de la DINA” demuestra la creación de armas quími­cas para la tortura y muerte del diplomático Carmelo Soria y el cabo Manuel Leyton. El nombre del químico es Eugenio Berríos, quien fue el responsable de crear el gas Sarín. Se describen las claves del caso y termina con una lista detallada de las condenas.

Otro episodio importante es el tratado en “Asesinato en Washington”, donde se cuenta todo el proceso del asesinato de Orlando Letelier en EE.UU, siendo la última operación de la DINA en el extranjero. Importante es que se señala a cada uno de los involucrados y cómo se fue orquestando el plan. Termina con el caso judicial que se ha seguido en Chile por el asesinato.

Continúa con “Crimen de Carmelo Soria” en el cual se especifica lo ocurrido con el diplomático y miembro de la CEPAL, siendo la justificación de su asesinato ser el apoyo económico de comunistas dentro del país. En “Operación Retiro de Televisores” se trata la solución que dio Pinochet para encubrir las matanzas ocurridas a lo largo de Chile, puesto que se habían encontrado cuerpos de detenidos en los Hornos de Lonquén. Se dispuso hacer desaparecer todos los cuerpos con la finalidad de borrar las huellas del actuar. Esto marca el término de la DINA y la entrada de la CNI.

En “El caso Frei” se describen todos los detalles del caso asesinato del ex presidente. Acá se señala que el deceso se debió a la aplicación de tres dosis de mostaza sulfúrica y talio, en conjunto con un medicamente llamado Transfer Factor (p. 375). Bajo el título de “La DINE asesina a Tucapel Jiménez Alfaro”, se relata la manera por la cual fue asesinado el presidente de ANEF, por presentar un foco de unión del sindicalismo chileno. Se detalla el hecho, nombrando a los personajes involucrados y sus sentencias.

El capítulo “La caída del General Patricio Ríos” muestra la caída de este general por medio de un reportaje, que demuestra la existencia de un sistema para ocultar información sobre los detenidos desaparecidos, convirtiéndose en el primer militar de alto rango en abandonar su puesto de esta manera.

En “Los Generales”, se señalan los diferentes generales que han pasado por la justicia y que ha sido demostrada su participación en diferentes mo­mentos y hechos de violación de derechos humanos.

Se trata el “Caso Degollados” describiendo los detalles del caso del se­cuestro y asesinato del profesor Manuel Guerrero y el sociólogo de la Vicaría de la Solidaridad Manuel Parada y de Santiago Nattino. Termina señalando el detalle del porqué del asesinato.

En “Operación Albania” se delinean las acciones cometidas, señalando los montajes que se realizaron para legitimar el actuar. Por otra parte, se indican los antecedentes y personajes implicados en dicha acción.

El capítulo “los últimos detenidos desaparecidos. El caso de los cinco” nos señala el secuestro de cinco frentistas para intercambiarlos por el coronel Carreño, secuestrado por el FPMR. Aun así el coronel fue liberado pero los cinco no volvieron a aparecer. Termina con los detalles de los procesados.

En “Jécar Neghme. El último crimen de la dictadura” se expone el caso de la muerte del militante del MIR el 4 de septiembre del 89. En “los sabuesos de los Derechos Humanos” se describen todos los intentos por dar con la verdad en los crímenes que se cometieron durante 17 años.

Luego, en el “epílogo”, se destaca la labor de los diferentes abogados que lucharon por la defensa de los Derechos Humanos en el régimen militar. Entre ellos, Nelson Caucoto, Jaime Castillo, Andrés Ailwyn, entre otros.

Luego menciona a los jueces que efectivamente han impartido justicia en estos casos y termina con una lista de agentes condenados por los crímenes. El libro finaliza con un apéndice donde se encuentran los nombres de los involucrados en la CNI, la Brigada Lautaro y el grupo Delfín y los hombres y mujeres de la DINA.

En resumen, el texto comentado, estas páginas negras del régimen cívico-militar, que constituyen al menos una parte de lo realmente acontecido, es una síntesis temática valiosa y relativamente completa del ejercicio de la violencia, que la historiografía de Chile no ha transparentado adecuadamente. El libro expone directamente los hechos y, especialmente, el rol de los civiles que en ellos participaron, visibilizando que este tipo de atrocidades, en su ejecu­ción, es también una herencia, en no poca medida, de la Derecha política e, indirectamente, que gracias a estos hechos fue posible la instauración inicial del régimen neoliberal. En el escaso número que existieron, es un libro que muestra los héroes del poder judicial, a los abogados que defendieron los derechos humanos y también a algunos militares que se resistieron. Faltó, sin duda, la Iglesia del Cardenal Silva Henríquez. Muestra sin eufemismos el dolor de los humildes ante el abuso de los militares y de la elite que los apoyó. Una vez más, es el periodismo escrito quien se atreve, sin embargo, a hacer la tarea que un Estado supuestamente democrático ha realizado sólo parcialmente, puntualmente, a seguir democratizando la memoria histórica de un período histórico particularmente mediatizado por memorias emble­máticas, siempre parciales. Hay que esperar solamente que este texto circule ampliamente, que no quede olvidado.

Rafael Arriaza Peña – Estudiante de Pedagogía en Historia y Geografía, Universidad Católica Silva Henríquez (Chile). E-mail: [email protected] Acessar publicação original

[IF]

 

Deixe um Comentário

Você precisa fazer login para publicar um comentário.