HOLLMAN, V.; LOIS, C. Geo-grafías: Imágenes e instrucción visual en la geografía escolar. Buenos Aires: Paidós (Cuestiones de Educación), 2015. Resenha de: BORRÁS TERUZZI, Daniela. Íber – Didáctica de las Ciencias Sociales, Geografía e Historia, n.83, p.82-83, abr., 2016.

¿Cómo pensar en enseñar geografía en las aulas sin mapas, sin paisajes o sin fotografías? Parece un disparate. Su uso se ha vuelto tan obvio que así como no se cuestiona si se podría no usarlos, tampoco se debate en torno a cómo emplearlos. Esta última es la cuestión sobre la que reflexionan Hollman y Lois en su libro Geo-grafías. Imágenes e instrucción visual en la geografía escolar. Ambas autoras sostienen que las imágenes son imprescindibles porque generan un tipo de conocimiento al que no es posible acceder por medio de otros lenguajes. Se habla incluso de las imágenes como una categoría de pensamiento, con un estatus similar al de las palabras. Entre ambos dispositivos –la imagen y la palabra–, las argumentaciones presentes en los libros de texto, pósteres, manuales y otros materiales didácticos empleados en las aulas sugieren ciertos itinerarios de aprendizaje que, según las autoras, es necesario poner en entredicho.

Explícitamente, se proponen «cuestionar la supuesta eficacia comunicativa de las imágenes, desmitificar su funcionamiento autónomo y reflexionar sobre la importancia de la palabra (y la responsabilidad que tenemos como docentes en el uso de la palabra) para “hacer hablar” a las imágenes en contextos de enseñanza-aprendizaje» (p. 23), sin pensar éstas como un disparador sino como parte activa de una argumentación particular, lanzada desde un lugar de enunciación específico y con todo un andamiaje conceptual por detrás.

Todas estas cuestiones se plantean en la introducción de la obra, a la que siguen cinco capítulos y un balance final. El primero de ellos, titulado «El giro visual en geografía», trata de proporcionar un anclaje gnoseológico a las reflexiones de las autoras, quienes se sirven del giro visual –corriente epistemológica que cuestiona la existencia de un único modo de ver o mirar imágenes– para indicar la ausencia de un debate de este tipo en el seno de la geografía que problematice la mirada como construcción cultural y despoje a las imágenes de ese aura incuestionable que las considera simples ilustraciones.

El segundo capítulo –«La instrucción de la mirada en la geografía escolar»– ahonda en este último punto pero no desde la reflexión teórica, sino desde las mismas prácticas docentes, encuadrando el análisis en las aulas y enfocándolo en la necesidad de aprender a mirar y convertir las imágenes en uno de los objetos cotidianos de la clase, reflexionando además acerca de lo perjudicial que resulta subestimar su potencialidad didáctica.

«Modos de uso: el desafío de poner a trabajar las imágenes», el tercero de los apartados, aborda la cuestión del lugar y los usos de las imágenes en clase, tanto en el pasado como en el presente, pero también en el futuro. Desde ser consideradas como una mera ventana por la cual saltar y viajar a otro espacio y otro tiempo hasta su utilización como un recurso pedagógico sumamente valioso que visibiliza, sintetiza y desafía los conocimientos acumulados y adquiridos.

En «Las imágenes como recurso didáctico: una tipología posible» –el cuarto capítulo– las autoras presentan una clasificación de las imágenes pensada como uma posible entre muchas. El criterio se apoya en «los vínculos entre la cosa y su referente», a partir de los cuales esbozan estos tipos: «la fotografía, el paisaje, la ilustración, la infografía, los esquemas, los árboles, los diagramas, los gráficos de redes y circuitos » (p. 103). Asimismo se reflexiona sobre su composición y características materiales, destacándose la importancia de hacer preguntas pertinentes a cada imagen para hacerla hablar con elocuencia en vez de forzar una interpretación ajena al sistema de comunicación visual del cual participa.

Por último, en «Regímenes de visibilidad y geografía escolar» se retoman algunos de los temas mencionados al principio, como la importancia de la palabra en el itinerario de lectura de las imágenes, los modos de ver ya construidos, la creación de sentidos y significados a partir de la visualidad de las argumentaciones y las maneras de pensar visualmente la geografía en las aulas a lo largo del tiempo.

Geo-grafías es un libro de gran utilidad para el docente no sólo porque sus contenidos, que abrevan en una selección bibliográfica muy rica, contribuyen a pulir las técnicas de enseñanza y establecer un espacio desde el cual enseñar a mirar y enseñar mirando, sino también por la forma en que está escrito e ilustrado. Al respecto, quisiéramos destacar su potente carácter metavisual: usa las imágenes para hablar críticamente acerca de su empleo y, sin embargo, ese diálogo entre palabra e imagen se entabla en consonancia con todo lo escrito.

Daniela Borrás Teruzzi – E-mail: [email protected]

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