Passés singuliers. Le “je” dans l’écriture de l’histoire | Enzo Traverso

Enzo Traverso Imagem Quatro Cinco Um
Enzo Traverso | Imagem: Quatro Cinco Um

Enzo Traverso es un intelectual que no requiere de mayores presentaciones. Sus investigaciones cruzan temáticas como la memoria, el antisemitismo, los totalitarismos, el pensamiento marxista y el sentido de la historia en la sociedad contemporánea. En Passés singuliers, aborda la problemática concreta relacionada con el énfasis individual asumido en su narrativa sobre el pasado, hasta ahora, tradicionalmente elaborada en tercera persona.

Al respecto, el autor plantea en este libro un conjunto de ejemplos que muestran el giro presente en los escritos de un conjunto de autores en donde, la voz propia aparece para otorgar elocuencia a su experiencia del pasado, reconstruido a partir de su testimonio de los hechos, introduciéndonos en un debate de carácter epistemológico acerca del rol de las subjetividades en el relato histórico.

Así, en el primer capítulo Escribir en tercera persona, se rescata la idea de que los historiadores han utilizado este recurso desde la Antigüedad como fórmula para establecer un saber fundado “sobre condiciones absolutamente indiscutibles”1. La Modernidad reforzó en la disciplina la presencia de un discurso racional y colectivo sobre el pasado que debía descartar toda expresión emocional o íntima pues, en su concepto, los hechos se expresarían por sí mismos. Para Traverso, fue Jules Michelet quien, a mediados del siglo XIX, buscó revivir del pasado sus emociones, sus pasiones y esperanzas mediante la empatía en una posición coincidente con aquella sostenida más tarde con Dilthey, para quien el historiador debía, necesariamente, impregnarse del universo mental y emocional de una sociedad ya desaparecida, para intentar comprenderla en sus actos.

Esta corriente, de indudable peso en la tradición historiográfica, experimentó sus primeras alteraciones a partir de la irrupción de la memoria como un nuevo objeto de investigación a partir de la obra de Halbwachs, quien propuso que su configuración surgía a partir del recuerdo y la historia, a partir de sus surcos y de sus trazas. Ello, no obstante, a contrapelo de otros desarrollos teóricos existentes en el ámbito de las humanidades que relegaron la subjetividad a un plano secundario, observando a la historia como un proceso “anónimamente humano”, en palabras de Braudel, o un “proceso sin sujeto”, según Althusser2. En el segundo acápite, Atrapados en la objetividad, Traverso plantea la idea de que la aspiración del rigor científico impuso sobre el oficio la forzosa necesidad de cumplir rigurosamente con un conjunto de normas, entre ellas, la reconstrucción de los hechos en base a testimonios verificables, narrados en tercera persona. Así también, propone como núcleo temático el de la memoria del Holocausto, la resistencia antifascista y el proceso de desnazificación en Alemania, sobre todo en sociedades en donde la experiencia colectiva se confronta a un tormentoso pasado. Fue precisamente en este panorama, en el que se propagó la idea de que todo acercamiento de carácter emocional devenía riesgoso ante la necesidad de construir la elaboración de un horizonte común respecto del pasado en la mirada de los historiadores alemanes y judíos.

A pesar de la existencia de esta atmósfera, diversos testimonios buscaron enfatizar en la dimensión de la subjetividad en el relato testimonial sobre el pasado, intentando aportar desde un enfoque cualitativo a su comprensión a partir de distintos roles y circunstancias tal como se aprecia en la obra de Pierre Vidal-Naquet, Carlo Ginzburg y de Claudio Pavone, quienes desarrollaron una labor que les permitió resignificar sus propias experiencias. Para Traverso, la recomendación de subsumir las interferencias de carácter personal en el relato buscaba evitar interferencias que podrían reducir los resultados de sus investigaciones favoreciendo la duda acerca de su objetividad, preocupación que considera un vestigio relativamente obsoleto. La llamada “Ego-historia” es el asunto central abordado en el tercer capítulo. El autor propone que esta categoría representa la expresión de un nuevo género en el desarrollo de la conciencia histórica manifestada por sus protagonistas mediante la recuperación del gusto por la narración como parte esencial de este oficio. Esta corriente se caracteriza porque los autores realizan una permanente imbricación entre su vida personal y pública como historiadores, especialmente cuando estos han participado de experiencias fundacionales. No obstante, las historiadoras feministas han rehusado participar de esta tendencia, revisando el “yo” para anularlo a través de un “nosotras” común. En tal sentido, Traverso recoge evidencia para respaldar esta modalidad de la narrativa a través de conceptos establecidos por destacados exponentes de la disciplina, como François Furet, quien propuso la idea de una “implicación biográfica”3 en parte de sus obras. Del mismo modo, plantea que Eric Hobsbawm desarrolló su obra como un “espectador comprometido al tiempo que historiador”4. Lo anterior representa para Traverso, la integración de su subjetividad inherente como una dimensión necesaria y legitima en sus trabajos a partir de su dispositivo metodológico, como de igual modo representa la influencia del psicoanálisis a través de la noción de transferencia, que participa en su aproximación al pasado y cuya narración deviene en una modalidad de interpretación confrontando el conocimiento y la experiencia, como una aproximación a la elaboración del trauma vivido.

Por su parte, el cuarto acápite de este libro aborda aquello que el autor denomina como el Pequeño inventario del yo narrativo, señalando al respecto que durante los últimos diez años apareció un relato histórico en el que se constata una total simbiosis entre el historiador y su objeto de estudio, una de cuyas manifestaciones es un tipo de historia familiar que intenta aportar luces de ciertas tendencias de la historia social. Esta tendencia ha influido en la configuración de aquello que Laurente Demanze ha señalado como la utilización del archivo como una “materia plástica”5, funcional al relato que estructura el investigador en donde el autor adquiere la dimensión del verdadero héroe de este.

A modo de demostración de esta tendencia, Traverso presenta un conjunto de ejemplos ilustrativos que permiten dar comprensión a esta hipótesis, recogiendo el concepto de “prácticas de subjetivación”, en el sentido foucaultiano del término, para exponer un interesante conjunto de obras que recuperan archivos judiciales para recrear, en clave de las obras de Iván Jablonka y Phillipe Artiéres, fundamentalmente. Asimismo, dentro de esta línea se incluye todo aquello que es propiamente una historia autobiográfica, ejemplificada mediante las obras de Antoine de Baecque, Sergio Luzzatto y de Primo Levi.

El quinto capítulo, Discurso sobre el método, se inicia a partir de una de las afirmaciones de Jablonka que teoriza sobre el subjetivismo afirmando en una de sus recientes obras que “la historia es una literatura contemporánea”, planteando que la disociación entre ambas disciplinas no tiene razón de ser, pues la narración histórica posee, en cuanto texto, una dimensión literaria: “la historia es literatura cuando nos es nada más que ella misma”6, sostiene. Este debate se sustenta en el supuesto de que el historiador debe ser capaz de transmitir las emociones a los lectores; concordando en ello, Jablonka afirma que la mencionada fórmula “hace al conocimiento más objetivo”7, es decir, puede articular tanto el rigor del investigador como la subjetividad creativa propia del narrador pero, en este caso, sustentado también en la dicotomía expresada en la definición objetiva de lo factual y su inscripción subjetiva en el mundo, un dilema que requiere agudizar los dispositivos metodológicos de aproximación al pasado.

Una de aquellas búsquedas es la que se plantea el sexto acápite de esta obra Modelos: La historia entre el cine y la literatura en donde la cinematografía se constituye en una fórmula posible para el establecimiento de una específica simbiosis, y en donde la narración de carácter personal puede insertarse dentro de un determinado trance histórico. Para tal efecto, Traverso acude a Shoah, monumental creación fílmica de Claude Lanzmann sobre el Holocausto perpetrado por el nazismo, el que según este “no puede ser comprendido ni interpretado, solo contado a través del testimonio de sus víctimas”8, un fenómeno de indudable dimisión psicoanalítica que absolutiza y sacraliza el trauma previniendo su elaboración. En ella, su director actúa como un redentor, como la figura que hace posible la reencarnación de lo vivido.

Por su parte, el séptimo capítulo Historia y ficción propone una reflexión sobre ambas nociones, abordando en especial el asedio de lo narrativo a través de las ficciones elaboradas por los escritores que, insertas en épocas pretéritas, entregan a la historia una faceta de sensibilidad y de emocionalidad, siempre presentes en el universo literario. Lo anterior no supone, a juicio del autor, un simple cambio de roles, pues señala que este cruce de fronteras es una revisita personal al pasado, la que, sin embargo, adquiere un carácter presentista. En tal sentido, Traverso recoge como ejemplo un conjunto de novelas históricas que recientemente han otorgado nueva vitalidad a este género en tanto expresión híbrida, mezcla de historia y de literatura, en una nueva arremetida subjetivista sobre el pasado. De este modo, la obra de escritores como Scurati, Binet, Cercas Jablonka y Bucheron es analizada como expresión de su singularidad pues, sus propios autores asumen un rol protagónico.

El recurrente tópico del presentismo es el asunto abordado en el octavo capítulo y final en donde, a pesar de su amplia revisión del “yo narrativo” constatado como una tendencia en ascenso en diversas creaciones intelectuales, el autor llama a recuperar el “nosotros” en la historia, siempre entendida como construcción colectiva. Por el contrario, en nuestros días ha cristalizado una nueva perspectiva de la historia como “colectivo-singular”9 que, según Traverso, unifica el complejo evenemencial y su relato a través de la ciencia histórica.

Al respecto, el autor reafirma su hipótesis central, la que señala a la escritura subjetivista como uno de los rasgos del individualismo contemporáneo, caracterizado por un marcado proceso de aceleración que comprime las temporalidades sociales. Esta forma de vida neoliberal, es la que se manifiesta tanto en el sometimiento normativo, como en la investigación sobre subjetividades alternativas. En tal sentido, Traverso señala que no se debe subestimar el potencial de las escrituras subjetivistas, el ego, afirma, debe ser una perspectiva que permita ampliar la mirada al momento de interpretar el pasado, más allá de la esfera de lo íntimo, pues sus resultados pueden ser interesantes, aunque discutibles en una perspectiva hermenéutica.

Se trata, en síntesis, de un trabajo de carácter claramente reflexivo y analítico, propio de una producción intelectual madura que, como es natural, despliega un vasto conocimiento de la disciplina, de sus exponentes contemporáneos, especialmente en el mundo europeo, así como sobre sus líneas de trabajo. Esa condición es, en alguna medida, requerida a los lectores, no solo para comprender la problematización propuesta, sino también para apreciarla dentro del debate historiográfico contemporáneo. De igual modo, lejos de descansar en su trascendente legado, Traverso se muestra como un historiador atento a la complejidad propia del tiempo presente a las vertiginosas transformaciones que este experimenta, sobre todo, al momento de recuperar y escribir sobre el pasado.

Notas

1 Enzo Traverso, Passés singuliers. Le “je” dans l’écriture de l’histoire, Montréal, Lux Éditeur, 2020, p. 22.

2 Ibid., p. 34.

3 Ibid., p. 66.

4 Ibid.

5 Ibid., p. 86.

6 Ibid., p. 109.

7 Ibid., p. 110.

8 Ibid., p. 109.  9 Ibid., p. 109.


Resenhista

Mario Vega Henríquez – Programa de Doctorado en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile. Correo electrónico: [email protected]


Referências desta resenha

TRAVERSO, Enzo. Passés singuliers. Le “je” dans l’écriture de l’histoire Montréal, Lux Éditeur, 2020, 223p. Resenha de: HENRÍQUEZ, Mario Vega. Cuadernos De Historia. Santiago, v.56, p.431–434, 2022. Acessar publicação original.

Deixe um Comentário

Você precisa fazer login para publicar um comentário.