Not all dead white men: classics and misogyny in the digital age | Donna Zuckerberg

A presença de referências ao mundo clássico em discussões realizadas nas redes sociais vem despertando a atenção de diversos estudiosos. Ainda que a tradição clássica tenha sido amplamente utilizada para justificar e legitimar posições ideológicas e regimes políticos ao longo da história, e, embora o estudo destas apropriações seja recorrente, a amplitude do universo on-line e a forma como esses discursos são criados e apropriados em plataformas virtuais trazem novas nuances para a situação, ou como é apontado por Donna Zuckerberg, as redes sociais amplificaram estes movimentos. A estudiosa, doutora em estudos clássicos pela Universidade de Princeton, é também fundadora e editora do site Eidolon, dedicado a apresentar os estudos clássicos para além dos meios acadêmicos tradicionais, considerando os aspectos políticos envolvidos e a partir de uma perspectiva feminista2.

Assim, em Not all dead white man, Zuckerberg se propõe a apresentar uma análise detalhada sobre como comunidades presentes na internet vêm se apropriando de símbolos, referências e personagens do mundo greco-romano com a finalidade de justificar posturas misóginas na contemporaneidade. Nesse sentido, dedicou-se ao mapeamento dos diferentes grupos que compartilham essas opiniões e apresenta um quadro minucioso dos mesmos, suas especificidades e diferenças, bem como de que forma eles se relacionam entre si. Leia Mais

El futuro del currículum: La educación y el conocimiento en la era digital – WILLIAMSON (RHYG)

WILLIAMSON, Bem. El futuro del currículum: La educación y el conocimiento en la era digital. Madrid: Ediciones Morata, 2019 (1 era edición español). 122p. Resenha de: ALTAMIRANO, María José Umaña. Revista de Historia y Geografía, Santiago, n.43, p.267-271, 2020.

¿Cuáles son los factores sociales, más allá de la academia y del aula, que informan los cambios curriculares en la era digital? ¿Cuánto y cómo influyen las transformaciones de los sistemas económicos, polí- ticos y culturales? Y, lo más importante, ¿de qué forma estos currículos pretenden configurar las mentes, las ideas, las identidades y las actua- ciones de los jóvenes? Son estas y otras las preguntas que intenta responder Ben William- son, académico de la Universidad de Stirling en Reino Unido, e investigador en las áreas de política educativa y tecnología educativa, en su libro El futuro del currículum: La educación y el conocimiento en la era digital.

En siete capítulos el autor expone las principales ideas que se desprenden del estudio de nueve propuestas curriculares que incluyen el uso de medios digitales, impulsadas por organismos independientes del sistema educativo tradicional. En este contexto, plantea la interro- gante respecto de las implicancias en la formación de los estudiantes, debido a que las entidades que guían la construcción del curriculum responden a un nuevo pensamiento de “sociedad”.

El estudio busca conocer los elementos que estas innovaciones curriculares o microreformas seleccionan del pasado, cómo estos ele- mentos representan el presente y qué ideas generan sobre el futuro, para poder finalmente ir construyendo una nueva forma de pensar el currículo escolar en la era digital.

En el primer capítulo, el autor introduce el tema, y advierte que, históricamente, el curriculum se ha adaptado a los cambios y necesi- dades de la sociedad; por ello, la tesis principal de este informe apunta a que todo curriculum representa una forma de entender el pasado y, asimismo, es capaz de suscitar una visión del futuro. En este escenario, y considerando la fuerte presencia de los medios y aprendizajes digi- tales en el sistema educativo, el autor considera necesario estudiar los alcances prácticos y conceptuales de las nuevas propuestas, para responder a la inquietud respecto del futuro del currículo en la era digital.

Todas las iniciativas analizadas ofrecen una visión de cómo se pue- de rediseñar el curriculum en el contexto de la era digital, fundamen- tando dicha reformulación en los cambios sociales y tecnológicos, tan- to a nivel económico, político y cultural, que la sociedad moderna ha ido experimentando. Por ello, señala que la reforma implica no solo un cambio en las prácticas educativas sino también un cambio de orden político.

Educación centrífuga es el nombre colectivo utilizado por William- son para referirse a los currículos prototípicos del futuro, educación caracterizada por promover una enseñanza descentralizada, distribui- da y dispersada. Sus palabras claves son redes , conexiones y descentra- lización , además de otros términos centrífugos similares.

Los estudios de caso en los cuales se analizan los currículos proto- típicos o programas I+D del curriculum, son: Enquiring Minds (EM, Mentes Inquisitivas); High Tech High (HTH, Instituto Superior de Alta Tecnología); Learning Futures (Futuros de Aprendizaje); New Basics (Nuevos Conocimientos Básicos); Opening Minds (Abrir las Mentes); Quest to Learn (Q2L, Buscar para Aprender); The Partnership for 21st Century Skills (P21, Asociación para las Destrezas del Siglo XXI); la alianza Whole Education (Enseñanza Total) y otras organizaciones educativas del “sector terciario”.

La mayoría corresponde a iniciativas desarrolladas por organiza- ciones no gubernamentales e instituciones privadas en Estados Uni- dos, Inglaterra y por el Ministerio de Educación de Australia, que buscan principalmente la elaboración de currículos que permitan en los estudiantes el desarrollo de las competencias para enfrentar los desa- fíos laborales del siglo XXI.

En el segundo capítulo, “Cambio curricular y el futuro del conoci- miento oficial”, se ofrecen algunas nociones investigativas en torno al curriculum del futuro, se abordan los conocimientos educativos llama- dos “legítimos” u “oficiales”, y se plantea la interrogante respecto de su validación. Por otra parte, se exponen las inquietudes que apuntan a los tipos de conocimientos que debieran ser considerados en el curri- culum del futuro, cuáles son sus orígenes en el pasado y los legados culturales que representan, qué futuro contemplan y qué autoriza su inclusión. Este capítulo, además, muestra un breve resumen de los cambios curriculares en los últimos treinta años y, finalmente, ejem- plos de programas curriculares actuales que han surgido producto de los cambios sociales emergentes.

El tercer capítulo se centra en las “Redes, sistemas descentralizados y futuros educativos abiertos” y busca presentar ejemplos alternativos de currículos del futuro, como Quest to Learn (Q2L), situándolos en un mundo “abierto” de complejos sistemas interconectados lejos de las instituciones y las ideas habituales de los sistemas educativos, así como también de la política y los valores que estas representan. Q2L está diseñado en torno a la idea de “diseño de juegos y sistemas”, esta- bleciendo el modelo de los videojuegos como eje del diseño curricular, con el objetivo de integrar los principios del aprendizaje efectivo en contextos altamente motivadores. De esta forma, se entiende el curri- culum como un proceso emergente y de interacción.

En el capítulo “La escuela creativa y el futuro híbrido de la eco- nomía” se busca explorar cómo se construye el curriculum del futu- ro dentro de la educación pública para los trabajos del sector priva- do, utilizando como ejemplo el prototipo curricular de red de centros concertados High Tech High (HTH), cuyo objetivo es la integración de la formación técnica y académica con el fin de preparar al estudiante para ámbitos altamente tecnológicos. De esta manera, el capítulo expone cómo el futuro de la economía y el currículo del futuro se unen mediante la asociación entre lo público y lo privado, ante lo cual el au- tor se pregunta: ¿qué redes de organizaciones y personas, y qué co- nexiones transectoriales e interorganizacionales intervienen en ello, y con qué fines y propósitos? El quinto capítulo, “Las escuelas psicotécnicas y el futuro de la profesión educativa”, analiza qué fuentes de experiencia y qué conoci- mientos profesionales se orientan hacia un estilo de pensamiento que permita la elaboración de un curriculum nuevo, considerando que éste es el resultado de constantes enfrentamientos acerca del conoci- miento oficial y que basa su legitimidad en autoridades especializa- das. Williamson apunta a los psicólogos y a los científicos informáticos como los principales expertos que intervienen en la construcción del curriculum para el futuro, obteniendo como resultado el fomento de unas “escuelas psicotécnicas”, las cuales tendrían incidencia sobre la formación de las personas, en conformidad con los objetivos políticos y económicos establecidos.

En el capítulo seis, “La globalización de la cultura del aprendizaje permanente”, el autor plantea que el currículo del futuro participa en la construcción de la cultura del futuro, proponiendo la cultura de internet como parte del conocimiento legitimado que se articula a través de la educación. La cultura de internet se ha ido reconociendo gradual- mente como parte de la verdadera cultura del presente y, en conse- cuencia, se ha ido articulando como parte del escenario actual, el cual debe estar representado en el currículo del futuro. En este contexto, ¿qué se selecciona de la cultura de internet para integrarlo en el curri- culum, y qué visiones culturales y valores para el futuro se establecen como “verdaderos” para los escolares? En el último capítulo, “Construir identidades de estudiante DIY”, Williamson expone cómo el curriculum transmite ideas sobre quién es el alumno y quién debería ser, proponiendo que el curriculum pro- mueva y modele las identidades del estudiante, su mente y sus ideas.

A lo largo de los siete capítulos que componen el libro, el autor expone el currículo del futuro como la consecuencia y resultado de un estilo de pensamiento en referencia al conocimiento, las redes, la eco- nomía, la experiencia psicotécnica y los patrones culturales de la glo- balización.

Las diferentes perspectivas y propuestas relacionadas con el currí- culo del futuro demuestran la tarea del continuo debate de determi- nar qué conocimientos se han de enseñar en la escuela, atendiendo en gran medida al hecho de que el currículo suele encarnar o reflejar las realidades políticas, económicae, culturales y sociales de las que surge.

En este sentido, Williamson señala que los ejemplos de los estudios de casos estudiados en este informe evidencian que el futuro del currí- culo está en manos de entidades que, en su mayoría, no pertenecen al sistema educativo tradicional, por lo cual las mentes y las ideas de los niños, niñas y jóvenes estarían sometidas a un nuevo estilo de pensa- miento, cuyo objetivo es configurarlos, moldearlos y esculpirlos según como lo requiera la sociedad.

La propuesta del autor supone nuevos y múltiples desafíos para los docentes, los que están llamados no solo a capacitarse, sino que a ser agentes activos en el uso y desarrollo de herramientas informáticas para la educación. Es también una llamada de atención a las autori- dades y tomadores de decisiones para que estas nuevas perspectivas sean incluidas en los diseños de políticas públicas educativas, y una tarea para que los investigadores locales en educación recojan y pro- fundicen las preguntas acerca de cómo y para qué implementar el uso de nuevas tecnologías dentro de un currículo escolar, pensando en los desafíos de la era digital.

María José Umaña Altamirano – Chilena. Licenciada en Artes mención Teoría e Historia del Arte, Universidad de Chile. Magister en Educación mención Informática Educativa, Universidad de Chile. E- mail: [email protected]

Acessar publicação original

[IF]

Educação na era digital: a escola educativa – PÉREZ GÓMES (C)

PÉREZ GÓMES, Angel I. Educação na era digital: a escola educativa. Trad. de Marisa Guedes. Porto Alegre: Penso, 2015, Resenha de: MENDES, Michel. Conjectura, Caxias do Sul, v. 22, n. 2, p. 394-400, maio/ago, 2017.

O que significa formar uma personalidade educada, capaz de enfrentar, com certa autonomia, o vendaval de possibilidades, confusão, riscos e desafios deste mundo globalizado, acelerado e incerto? Como superar o vazio de um conhecimento retórico que não serve para orientar a ação? É possível ter uma escola verdadeiramente educativa, que ajude cada indivíduo a se construir de maneira autônoma, sábia e solidária? Essas são algumas das provocações “guarda-chuvas” que modelam e orientam a obra de Pérez Gómes. O autor é de origem espanhola, nascido em Valladodid, cidade situada a noroeste da Península Ibérica, Doutor em Pedagogia pela Universidade Complutense de Madrid e Professor Titular na Faculdade de Ciências da Educação da Universidade de Málaga.

As provocações apresentadas na obra refletem a necessidade pessoal do autor de pensar e reconsiderar questões pertinentes à educação, as quais também são compartilhadas por inúmeros profissionais da área. Leia Mais

History in the Digital Age | WELLER Toni

Esta obra trata do papel do historiador na era digital e do impacto da informática na área de História, dirigindo-se tanto a historiadores em exercício quanto a estudantes de História. Na introdução do livro, Toni Weller, pesquisadora visitante da Universidade de Montfort, no Reino Unido, assume que, atualmente, a História enfrenta desafios impostos pela crescente utilização do mundo digital no fazer historiográfico. Entre eles, talvez o principal esteja em definir uma postura rigorosa e profissional no tratamento de fontes e temas disponibilizados pelas mídias digitais. Discutir esse desafio é o intuito de History in the Digital Age.

O livro é dividido em quatro partes, além da introdução: “Re-Conceptualizing History in the digital age”, “Studying History in the digital age”, “Teaching History in the digital age” e “The future of History in the digital age”. Como os títulos sugerem, a divisão estrutura-se em pontos de tensão nas relações entre a era digital e o oficio de historiador em sentido amplo, compreendendo as diferentes áreas de atuação profissional: estudo, pesquisa e ensino.

Os três capítulos da primeira parte do livro tratam das dificuldades no uso de certas plataformas digitais e das possibilidades investigativas que elas fornecem. David J. Bodenhamer, em “The spacial humanities: space, time and place in the new digital age”, examina os limites do Historica Geographical Information System (HGIS) [1] quando utilizado para representar dados subjetivos como, por exemplo, noções de espaço e de espacialidade que afetam a percepção de “nós” e do “outro” (p. 25). Há também a atual impossibilidade dentro do GIS de representar o mundo como esfera proveniente da cultura e das relações políticas, e não simplesmente como delimitação físico-geográfica. De acordo com o autor, o HGIS provoca o “achatamento” do mundo, uma vez que o ambiente físico se apresenta deslocado de seus agentes e fenômenos culturais (p.26). Assim não seria possível deduzir da análise dos dados do sistema, por exemplo, que o crescente desmatamento da Mata Atlântica se deu por fatores humanos e não puramente climáticos. Para o autor, se esse empecilho pudesse ser resolvido pelos historiadores, estaríamos diante de uma forma completamente nova de olhar para o passado, tornando nossos modos de apreensão e compreensão muito mais complexos.

Luke Trenidinnick é o autor do segundo capítulo, “The making of history: remediating historicized experience”, que trata de como as lentes do mundo digital alteram nossa visão do passado. Aqui a luz da subjetividade no fazer historiográfico é mais uma vez acesa, abordando o impacto da digital na percepção do presente e do passado por formas de disseminação, compartilhamento e representação criadas em redes sociais. Para o autor, a “digitalização do mundo” traz a novidade da historicidade do documento digitalizado como parte da narrativa histórica, o que o desloca em parte de seu contexto original, transferindo-o do mundo físico para o da esfera digital. Há aqui uma discussão em torno da questão do armazenamento do documento digital, uma vez que a web não é, por natureza, um arquivo centralizado com mecanismos inteligentes de busca, mas um emaranhado mais ou menos caótico de dados massivos.

O último capítulo da primeira parte, “A method for navigating the infinite archive”, um esforço conjunto de William J. Turkel, Kevin Kee e Spencer Roberts, elucida o uso potencial do vasto campo de informações aberto pela era digital, o qual expandiu exponencialmente a disponibilidade de documentos e arquivos – nascidos digitais ou digitalizados – à disposição do historiador. Segundo os autores, mecanismos de busca, de feeds e newsletters, dentre outros, por ser ferramentas que analisam os símbolos contidos no documento, permitem que o historiador se preocupe mais com a interpretação de suas fontes que com a quantidade das fontes em si.

Os cinco capítulos subsequentes configuram a segunda e terceira partes do livro, que tratam da relação entre tecnologias digitais, estudo e ensino de História. Jim Mussel, em “Doing and making: History as a digital practice”, salienta que o ambiente virtual não é uma simples réplica do real, existindo em seus próprios termos e experiências. Segundo o autor, os meios de pesquisa digitais utilizam uma perspectiva diferente da humana, baseada em Optical Character Recognition (OCR) [2], uma tecnologia na qual a localização dos termos depende em grande medida da qualidade da digitalização do documento. Em muitos casos, por má digitalização ou pela ilegibilidade ótica do OCR, documentos não se submetem aos mecanismos de busca, ficando relegados ao uma espécie de limbo digital. Isso faz que, por mais vasta que seja a quantidade de itens digitalizados em determinada série, coleção ou acervo, ainda possa haver obstáculos à plena exploração dos documentos. O que se mostra aqui é uma cultura que diverge da cultura impressa, implicando nova dinâmica tanto na pesquisa quanto na escrita do historiador.

Rosalind Crone e Katie Halsey, em “On collecting, cataloguing and collating the evidence of reading”, trazem à tona outra condição específica do mundo digital. Ao analisar a plataforma Reading Experience Database (RED) [3], as autoras expressam desconforto com a tendência do mecanismo em oferecer uma história parcial dentro da narrativa histórica, pois os relatos se encontram deslocados de sua localidade inicial de experiência e do seu contexto específico. Com a catalogação da experiência de leitura de pessoas do passado, a informação sofre deslocamento de seu aporte original, visto que se perde a dimensão que engloba não somente a fisicalidade do documento que contém o relato da experiência, como também as circunstâncias em que ele foi produzido. Por exemplo: o papel do documento pode conter traços químicos específicos da época de sua elaboração, sendo possível deduzir dele informações além das que estão escritas. A transcrição esvazia então parte da experiência. Porém, a não ser pelo RED, muitas dessas narrativas seriam inacessíveis à maior parte da população.

O capítulo seguinte, “Writing history with the digital image”, de Brian Maidment, também trata do deslocamento de contextos originais de produção de um documento que a digitalização provoca. As imagens digitalizadas, por exemplo, sofrem mediações como alteração de cor e tamanho, causados, digamos, pela distorção do processo ou pela necessidade de se ocupar menos espaço no servidor. Além disso, a digitalização implica a perda de qualidades físicas do documento, como seu cheiro e textura, o material de que é feito etc. Isso aponta para a necessidade de se criarem metadados relativos ao arquivo digitalizado, em prol da aproximação do historiador com a experiência primordial que originou o documento.

Em “Studying the past in the digital age”, Mark Sandle discute questões derivadas da pesquisa online, como autoria e copyright, a impermanência dos websites e a consequente dificuldade de localizar fontes nesse meio, bem como novas formas de interação entre historiadores por e-mails, fóruns online ou seções de comentários em blogs e sites. Segundo Sandle, há clara democratização tanto da disponibilidade de fontes primárias, livros, artigos e publicações quanto da escrita, disseminação e discussão. Outro ponto importante do texto diz respeito à desigualdade do acesso à tecnologia, o que minaria o potencial de transformação que o mundo digital possui.

O tema é retomado por Charlotte Lydia Riley em “Beyond the crtl+c, crtl+v: teaching and learning history in the digital age”. Riley menciona a forte clivagem geracional entre indivíduos nascidos antes e depois da era digital. Isso influenciaria a educação não institucional desses indivíduos, sendo impossível determinar o impacto social do fenômeno. Outro contraponto geracional que Riley destaca é a resistência de professores acadêmicos ao uso da tecnologia, o que teria efeitos sobre a atualíssima e dramática questão em torno de autoria e plágio, uma vez que traçar a origem de uma ideia ou conceito na esfera virtual é muito mais complicado que no aporte físico dos livros. Esse problema abre precedente para um questionamento constante da idoneidade dos trabalhos acadêmicos, além de borrar as fronteiras entre autoria e refereciamento de ideias alheias em produções acadêmicas.

A parte final da obra debate desafios na prática do historiador na era digital. “New universes or black holes? Does digital change anything?”, de David Thomas e Valerie Johnson, aponta para uma possível obsolescência da palavra arquivo no futuro, uma vez que a tendência atual é a de que todo material digital seja preservado. A eventual extinção dos arquivos poderia anular um papel fundamental que eles desempenham: o processamento dos documentos, sua separação e categorização. Arquivos procedem à análise prévia dos documentos, com sua subsequente organização segundo temas, períodos ou tipos. Eliminado o processo de arquivamento, todas as tipologias adjacentes também desapareceriam, colocando-se os documentos em estado bruto de armazenamento. Tornar-se-ia então papel do historiador construir novas tipologias e catalogações afeitas ao universo da era digital.

History in the Digital Age é uma rica contribuição para o debate já em curso há anos acerca das plataformas e recursos digitais para a investigação histórica. Com o objetivo de servir como panorama geral introdutório, o livro apresenta relevantes questões sobre o universo digital que os historiadores teremos de enfrentar nos próximos anos. É evidente, porém, que enfrentamos dilemas que vão além das limitações na obra apresentadas. A crescente presença do mundo digital no cotidiano altera a própria percepção de tempo histórico. Nesse sentido, também é necessário refletir sobre as implicações do uso digital para além dos computadores, problema apenas levemente pincelado na obra e que mereceria maior desenvolvimento.

Outra questão por realçar é a ideia de democratização do conhecimento associada à esfera digital. É inegável que a pesquisa historiográfica se torna mais fácil mediante o acesso instantâneo a acervos de qualquer parte do mundo. Contudo, não podemos nos desvencilhar do fato de que o acesso à internet é muito desigual no mundo – uma pessoa no Tibete não está necessariamente conectada da mesma forma que outra em Nova York -, e esse limite físico da conectividade (que também é uma forma de limite social) influencia a forma como nos relacionamos com a digitalidade, tornando inevitável a hierarquização da produção e absorção de conhecimento pela plataforma digital. Segundo o Center for World University Rankings, as 10 universidades que estão no topo das 100 melhores universidades do mundo são americanas ou britânicas. O impacto da diferença de acessibilidade aqui não podia ser mais explícito.

As questões apresentadas se agravam ainda mais por ser a internet extremamente amorfa e mutável. A rede mundial de computadores existe como um espaço que, apesar de análogo ao mundo físico (mundo real), se encontra em parte deslocado dele, e isso acaba por torná-la um espaço de experiência que também se encontra parcialmente deslocado do mundo físico. Como então apreender um mundo virtual dentro do mundo real? Como pensar essas espacialidades imateriais contidas dentro de outras espacialidades materialíssimas? Como pensar numa existência da temporalidade própria da digitalidade e o imediatismo que ela proporciona num mundo onde a acessibilidade não é a mesma em todos os lugares? Esses são, em parte, os dilemas que os historiadores enfrentarão na era digital, dentre muitos outros que provavelmente surgirão no futuro. Para sua discussão inicial, History in the Digital Age tem muito a oferecer.

Notas

1HGIS ou Sistema de Informações Histórico-Geográficas (tradução livre) é uma base digital de levantamento geográfico originalmente utilizada para fins econômicos, ambientais e militares, e que permite mapear mudanças geológicas e demográficas que um território sofreu. Atualmente vem sendo cada vez mais utilizada pelos historiadores.

2OCR ou Reconhecimento Ótico de Caracteres é uma tecnologia de pesquisa que utiliza símbolos pré-definidos com base em arquivos de imagem digitalizados, permitindo a edição de documentos digitalizados assim como a localização de palavras especificas dentro de documentos que não se originaram na plataforma digital.

3RED ou Database de Experiência de Leitura faz um levantamento das experiências de leitura dos britânicos, sejam em território nacional ou fora dele, com mais de 30 mil entradas que abrangem dados de 1450 a 1945.

Julia Zanardo – Universidade de São Paulo, São Paulo SP, Brasil. E-mail: [email protected]


WELLER, Toni (Org.). History in the Digital Age. Nova York: Routledge, 2013. Resenha de: ZANARDO, Julia. Desafios do historiador na Era Digital. Almanack, Guarulhos, n.14, p. 303-307, set./dez., 2016.

Acessar publicação original [DR]