Caravanas, Interacción y Cambio en el Desierto de Atacama – RODRÍGUEZ (C-RAC)

RODRÍGUEZ, José Berenguer. Caravanas, Interacción y Cambio en el Desierto de Atacama. Santiago: Sirawi Ediciones, 2004. 604p. Resenha de: NIELSEN, Axel E. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.38, n.1, p. 158-161, jun. 2006.

En un reciente artículo, Dobres y Robb (2005:161) afirman que los buenos estudios de caso son capaces de impulsar una disciplina porque superan la aplicación de teorías a situaciones particulares, convirtiéndose en ejercicios de construcción teórica por derecho propio. Lejos de limitarse a “contrastar” un modelo, esta forma de teorizar parte de ciertas proposiciones generales y un cuerpo de datos específico, y mediante un énfasis en los aspectos inductivos y analógicos del pensamiento, es capaz de arribar a una comprensión novedosa y de alcances generales respecto a un determinado campo de la realidad. Creo que esta idea hace justicia a los méritos de esta obra que, presentándose como un “estudio de caso” -la evaluación del modelo de movilidad giratoria (MG) de Núñez y Dillehay (1979) a la luz de evidencias de la Región de Antofagasta correspondientes al período Intermedio Tardío (PIT)-, se convierte en un original trabajo de reflexión sobre la interacción interregional y sus relaciones con los procesos sociopolíticos y culturales en general.

Por cierto, la elección de esta vía de acceso al problema no es casual. Bajo la influencia de la obra de Murra, la interacción interregional ha suscitado un enorme interés en la antropología andina. El modelo más invocado por los arqueólogos surandinos al referirse a este tema, sin embargo, no ha sido la “verticalidad,” sino la MG. Paradójicamente, esta popularidad ha hecho poca justicia a la propuesta de Núñez y Dillehay, ya que lo único que suele implicarse al citarla es que se piensa que las caravanas tuvieron un papel destacado en la circulación de bienes -lo que en última instancia no es mucho más que reconocer que la llama es un eficiente animal de carga- sin tomar en consideración la multiplicidad de proposiciones teóricas y substantivas que definen a este modelo. En tales circunstancias, un estudio sistemático de las relaciones entre tráfico y proceso social en un contexto surandino como el que encara Berenguer, debía partir necesariamente de una detallada disección de la MG.

El libro consta de 10 capítulos. El primero, de carácter introductorio, emprende un cuidadoso análisis de la MG que sirve de plataforma para formular los objetivos e interrogantes que guiaron la investigación y culmina con una exposición de la perspectiva teórica adoptada. En esta última hay dos aspectos que distinguen su aproximación. Uno de ellos es el papel protagónico atribuido a los espacios internodales (“elongados” en los términos de la MG) en los sistemas de interacción interregional y en los procesos sociales relacionados, una propuesta que se ancla firmemente en el concepto de espacialidad -el espacio y las relaciones sociales se constituyen recíprocamente- propias de la geografía constructivista. Esta premisa justifica la elección del Alto Loa -una zona que desde otras perspectivas se consideraría marginal- como lugar privilegiado para encarar la investigación. Otro aspecto importante concierne al papel que juegan en la interacción las identidades, ya sea a nivel de los colectivos sociales participantes o de individuos específicos (p. ej. los caravaneros). Esta idea respalda la atención que se dedica al estudio de ciertas prácticas y vestigios arqueológicos vinculados al tráfico que probablemente operaron como diacríticos culturales o sociales -p. ej. arte rupestre, muros-y-cajas- a la vez que proporciona un marco conceptual para su interpretación.

Los dos capítulos siguientes sintetizan la información existente sobre temas que son relevantes para la contextualización del problema: el escenario geográfico-ambiental y sus variaciones pasadas; etnografía y etnoarqueología del pastoreo y el caravaneo en los Andes; antecedentes locales de investigación sobre interacción prehispánica y sus principales indicadores materiales y los procesos generales de cambio ocurridos en la Región de Antofagasta durante la “Prehistoria Tardía” o lapso comprendido entre aproximadamente 500 y 1.535 d.C. Aunque estos capítulos desempeñan un papel auxiliar en el plan de la obra, como marco de referencia de la investigación, no son simples recuentos de antecedentes, sino que incluyen observaciones novedosas, apreciaciones y tomas de posición respecto a varias cuestiones de interés (p. ej. cronología, organización política regional) que no es posible detallar aquí por razones de espacio.

El Capítulo 4 está enteramente dedicado a la localidad donde se desarrolló la investigación (el sector Santa Bárbara de la subregión del Alto Loa), presentando el medio ambiente, los antecedentes arqueológicos e históricos y datos etnoarqueológicos sobre la vivienda pastoril. El autor muestra que, aunque dotado de escasas posibilidades para el asentamiento permanente de grandes poblaciones, este oasis -ubicado a unos 3.000 msm en un ambiente de desierto extremo- debió ofrecer recursos indispensables para la logística de caravanas transitando entre el Loa Medio, Tarapacá, el Altiplano de Lípez y la costa.

El Capítulo 5 detalla la metodología y el diseño de investigación, a la vez que sirve de nexo con la parte medular de la obra, consistente en un minucioso estudio de las vías de circulación, los asentamientos, los sitios de muros-y-cajas y el arte rupestre de Santa Bárbara con el objeto de esclarecer la relación de estos elementos con el tráfico de caravanas (los cuatro interrogantes específicos que busca responder el libro). El análisis de vías de circulación interregional -antiguos senderos y segmentos de un camino Inka (Capítulo 6)- constituye una buena ilustración de las posibilidades del enfoque adoptado, ya que permite definir con notable precisión el lugar de la localidad en la red de tráfico interregional apelando exclusivamente a evidencias internodales. El ejercicio resulta sorprendente para quienes estamos habituados a trabajar en ambientes más lluviosos, como el altiplano y los valles de su borde oriental, donde la vegetación y los fenómenos de remoción sólo permiten encontrar (a veces) vías formalizadas, como el Inkañam. A través del análisis de 17 senderos el autor demuestra la importancia del tramo sur del sector Santa Bárbara en el tráfico caravanero interregional, identificando los rastros concretos de tres rutas que estaban activas durante el PIT y conducían hacia: (1) Tarapacá; (2) Norte de Lípez y (3) el sureste, con destino a la cuenca del Salado, Sur de Lípez y/o Chichas. Mientras que las primeras dos verifican empíricamente rutas anticipadas por el modelo de MG, la tercera constituye un hallazgo imprevisto de la investigación. Valga señalar que estudios recientes de vías, sitios de ofrenda y paraderos de caravanas en el lado boliviano de la Cordillera Occidental confirman la segunda y tercer ruta definida por Berenguer. Una de ellas (2) ingresa por los portezuelos de Ascotán y del Inca, conduciendo alternativamente hacia el sector Chiguana-Colcha K por el valle del río Pucara o hacia el valle de Alota por el abra de Cuatro Mojones. La otra (3), remonta el río Silala y tras cruzar el Desierto de Siloli llega al sector Mallku-Soniquera, sin descartar la posibilidad de que comunique los otros destinos postulados.

El Capítulo 7 expone los resultados de las investigaciones realizadas en tres sitios del tramo sur de Santa Bárbara correspondientes a los últimos siglos del PIT, un lapso que el autor subdivide en dos fases locales. Conjugando distintas líneas de evidencia (estratigrafía, arquitectura, cerámica, lítico, arqueofauna, etc.) el autor argumenta que los asentamientos conglomerados SBa-103 y SBa-119 fueron estancias ocupadas por sendas unidades domésticas de filiación atacameña dedicadas al pastoreo y agricultura de pequeña escala, mientras que el alero SBa-110 fue un sitio utilizado fundamentalmente por las caravanas en tránsito por el lugar, asimilable a una “jarana de ocupación prolongada” (Nielsen 1997).

Los Capítulos 8 y 9, dedicados al estudio de los sitios de muros-y-cajas y al arte rupestre respectivamente, se distinguen por el empleo de dos aproximaciones metodológicas que rara vez se combinan, dado que suelen representar tendencias contrapuestas en la disciplina, pero que aquí se conjugan hábilmente para desplegar una visión muy comprehensiva de un tipo de registro que no es sencillo abordar. En ambos capítulos se ensaya primero una perspectiva “externa,” que apela a la contrastación de hipótesis múltiples, las analogías comparativas generales propias de la etnoarqueología y el análisis proxémico para inferir la cronología, usos y contextos sociales de interacción propios de las conductas asociadas a estas expresiones materiales. Llegado a este punto, el autor cambia de enfoque y se aventura por una ruta interpretativa más cercana al “enfoque histórico directo.” Mediante un minucioso cotejo con casos cultural e históricamente relacionados documentados por la etnohistoria y la etnografía andinas, busca ingresar al “interior” de estas expresiones materiales y explorar el sentido que pudieron tener para sus creadores. El resultado es -a mi juicio- uno de los aportes sobresalientes del libro, ya que pone en foco aspectos culturales, idiosincráticos de las prácticas de interacción interregional que los modelos economicistas relegan a un lugar secundario, pero que resultan fundamentales para comprender cómo este fenómeno se torna socialmente significativo y cuáles son sus expresiones arqueológica concretas.

Por esta doble vía, el autor propone que los muros-y-cajas fueron mesas ceremoniales donde los caravaneros ofrecían a los dioses de los cerros (Mallkus) y Pachamama “comidas” apropiadas para estos comensales sagrados (p. ej. minerales de cobre, conchas marinas) con el propósito de invocar o agradecer su protección en los viajes. La presencia de este tipo de estructuras exclusivamente en el Loa le permite postular que funcionaron como diacríticos culturales de caravaneros afiliados al Sistema Atacama.

Cabe preguntarse si su ausencia en la cuenca del Salar de Atacama responde a un problema de muestreo o refleja distinciones entre los habitantes de diferentes partes del desierto homónimo que no parecen evidentes en otros registros que comunican cierta unidad para el Sistema, p. ej. cerámica, arquitectura, textiles. Esta última posibilidad abonaría la idea -enunciada en varias partes del libro- de una división de Atacama en tres “subsistemas” autónomos, Alto Salado, Loa Medio y Oasis de Atacama.

Parece oportuno además recordar un contexto vinculado al ceremonialismo caravanero actual en Lípez que podría ser relevante para la interpretación de estos sitios. Me refiero a la talvarita, un mojón generalmente confeccionado con trozos de cuarzo blanco que suele ubicarse a varios cientos de metros de la vivienda, en un lugar de gran visibilidad ya en la ruta que seguirá la recua. El día de la partida, los familiares del llamero le acompañan hasta aquí, donde realizan las últimas libaciones y permanecen -a veces por horas- despidiendo a la caravana hasta que se pierde de vista. Cuando se acerca la época del regreso, las mujeres preparan chicha y la llevan a la talvarita cada mañana, escudriñando el horizonte a la espera de los viajeros. Cuando éstos llegan, aquí se comparte por primera vez la bebida y a veces, según cuentan, el caravanero toma una de las cargas y la transporta a su espalda hasta la casa, como si fuera él mismo una llama, dando así comienzo a la ceremonia del retorno. Si la analogía fuera apropiada, llevaría a pensar los muros-y-cajas también como “umbrales” que articulaban la casa con la ruta y que los caravaneros (¿locales?) debían atravesar -al partir y al retornar- mediante los ritos apropiados.

El arte rupestre del sector tiene una riqueza extraordinaria. Para épocas tardías, Berenguer detecta la existencia de dos estilos (Santa Bárbara I y II) que atribuye al “complejo caravanero” a partir de su temática (hileras de llamas, a veces con carga, elementos alóctonos) y de su asociación con senderos y otros vestigios de tráfico. El arte rupestre tardío de Santa Bárbara no representaría un desarrollo autóctono basado en estilos anteriores, sino que irrumpiría en la localidad por obra del tráfico interregional. El análisis espacial del arte sugiere que las ceremonias asociadas relacionaban tanto a los caravaneros con residentes locales, como a los caravaneros entre sí. El autor interpreta las representaciones como expresiones de una tecnología prefigurativa en la que los motivos imitarían su finalidad; mediante el arte, los caravaneros anticiparían simbólicamente el éxito de sus viajes. El énfasis puesto en la representación de tocados, camisas, petos y otros diacríticos culturales, en cambio, reflejarían la voluntad de proclamar la membresía de los viajeros y sus derechos al uso de la ruta, un punto que nos recuerda la importancia de las identidades como mediadoras en el acceso a recursos críticos.

El último capítulo integra todos estos datos para definir el papel de Santa Bárbara en el tráfico caravanero, evaluar las implicancias del estudio para la MG y discutir las relaciones entre tráfico de caravanas y procesos sociopolíticos en el sur andino. Durante la segunda mitad del PIT las estancias atacameñas de esta localidad (SBa 103 y 119), argumenta Berenguer, habrían operado como controles sobre el tráfico de minerales de cobre procedentes de las cercanas minas de Conchi y El Abra hacia otras regiones, mientras que el alero SBa-110 ubicado entre ambas constituiría una jarana abierta a caravaneros de diversos orígenes, pero atentamente vigilada por los atacameños residentes. La “lugarización” del oasis -el proceso histórico mediante el cual se constituyó en un espacio socialmente significativo- fue resultado de este doble juego de relaciones y negociaciones (caravaneros-residentes, caravaneros-caravaneros), plasmado en un heterogéneo repertorio de sitios ceremoniales e iconografías rupestres emblemáticas.

Desde una perspectiva más amplia, el protagonismo de Santa Bárbara como nudo de tráfico evidenciaría el renovado auge que cobró el caravaneo en estas rutas durante las postrimerías del PIT, tras una etapa inicial (fase Yaye) de aislamiento y conflictos vinculada al ingreso de sociedades altiplánicas de orientación colonizadora que irrumpieron en los oasis del desierto de Atacama en busca de tierras aptas para la agricultura de riego en un contexto de sequías crónicas. Este auge sería el fruto de negociaciones de los dirigentes atacameños, que lograron los acuerdos necesarios para abrir las rutas hacia el norte (Tarapacá) y este (Lípez y más allá) por el Alto Loa a cambio de ceder espacios dentro del propio territorio para la instalación de enclaves de los Sistemas Pica y Mallku en Quillagua y el Alto Salado, respectivamente. El autor entiende estas negociaciones en el marco de alianzas entre élites de distintos asentamientos-eje y regiones en control de un tráfico de bienes de prestigio vinculados a un marco esotérico compartido que jugaba un papel destacado en su propia reproducción.

Si este escenario es correcto, la coexistencia entre sociedades “colonizadoras” y “giratorias,” lejos de significar un “freno al desarrollo” como lo propusieran Núñez y Dillehay (1979), habría operado como un importante motor de cambio sociopolítico y desarrollo cultural. Más aún, el espacio elongado del Alto Loa habría jugado un papel crucial en estos cambios, demostrando la gravitación que pueden asumir los internodos en los procesos sociales vinculados a la interacción interregional.

El libro concluye con una discusión de aspectos específicos de la MG a la luz de los datos expuestos, ratificando algunos, proponiendo significativos ajustes en otros e identificando avenidas de investigación para el futuro. Como afirmé al comienzo, la interacción interregional es uno de los temas protagónicos de la arqueología surandina, siendo tratado en alguna medida por muchos investigadores con distintos tipos de datos y desde aproximaciones teóricas y metodológicas diversas. Así las cosas, es probable que no haya un acuerdo unánime con todas las propuestas de Berenguer, especialmente porque el caudal de información (original y édita) que teje en sus argumentos es muy vasto y porque el autor no vacila en explorar y definirse respecto a temas que son difíciles de abordar desde la arqueología, aunque fundamentales para este tipo de estudios. De lo que no tengo dudas, sin embargo, es que en los próximos años no podremos discutir la interacción interregional en los Andes circumpuneños sin “dialogar” con esta obra.

Referencias

Dobres, M. y J.E. Robb 2005 “Doing” agency: Introductory remarks on methodology. Journal of Archaeological Method and Theory 12:159-166.

Nielsen, A.E. 1997 El tráfico caravanero visto desde la Jara. Estudios Atacameños 14:339-371.

Núñez, L. y T.S. Dillehay 1979 Movilidad Giratoria, Armonía Social y Desarrollo en los Andes Meridionales: Patrones de Tráfico e Interacción Económica. Universidad Católica del Norte, Antofagasta.

Axel E. Nielsen – Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, Instituto Interdisciplinario Tilcara, Argentina. anielsen@arnet.com.ar

Acessar publicação original

[IF]

Arqueología y Sociedad. Luis Guillermo Lumbreras – CARRÉ; Del ÁQUILA (C-RAC)

CARRÉ, Enrique González; Del ÁGUILA, Carlos. Arqueología y Sociedad. Luis Guillermo Lumbreras. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, Museo Nacional de Arqueología y Antropología, INDEA, 2005. 320p. Resenha de: GÁNDARA, Manuel. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.38, p.145-149, n.1, jun. 2006.

Este testimonio pretende dar cuenta de la trayectoria de un distinguido científico social peruano dedicado al quehacer arqueológico, etnológico e histórico. El análisis de su obra es un tema que deberá ser abordado por especialistas provistos de mayor lucidez y menos subjetividad, aunque el afecto y la identificación son también maneras de ser objetivos y consecuentes (de la “Presentación”, p. 20).

Con estas certeras y afectuosas palabras, los editores de este magnífico volumen dejan constancia de la intención y alcance del libro que nos ocupa. Y son apropiadas para abrir esta reseña, de cuyas limitaciones alertamos desde ahora al lector: por un lado, de espacio y de “lucidez”, que impiden pretender aquí un análisis detallado; y por otro lado, al aquejarme la misma subjetividad, afecto e identificación para con el autor que los editores apuntan.

Aunque a la distancia y sin el privilegio de un contacto más frecuente, me considero también un alumno del Dr. Lumbreras (o “Lucho”, como le llamamos en México). Nunca fui formalmente su discípulo, a pesar de que cada año de mi formación en la Escuela Nacional de Antropología e Historia, a inicios de los años setenta, el Dr. Jaime Litvak hacía el solemne y feliz anuncio de que “este año sí, repito,  vendrá el Dr. Lumbreras a dar clases”, pero nunca llegó. Años más tarde asistí parcialmente como oyente a un curso que dictó en el CIESAS, más una síntesis de arqueología peruana que un tratamiento de la arqueología social -aspecto que a muchos nos interesaba más que el caso empírico: desde que leímos La Arqueología como Ciencia Social (Lumbreras 1974), era claro que estábamos ante un cambio radical en la teoría arqueológica, cambio que en México estaba representado sobre todo por las figuras de Felipe Bate y Julio Montané, recién exiliados de Chile.

Aprender directamente sobre teoría con Lumbreras sucedió hasta la década de 1980, y ya más en un plano de discusión entre colegas (aunque la asimetría era obvia): en las discusiones del llamado “Grupo Oaxtepec” a las que tuve la fortuna de ser convocado, y que personalmente culminaron mi tránsito de la arqueología procesual a la arqueología social. El diálogo continuaría en Colombia y Venezuela; y luego, en la década del noventa, en España, México y Brasil. Lumbreras siempre nos impresionó por su capacidad de integrar teoría y práctica, técnica y empiria, sobriedad metodológica y pasión por la disciplina. Durante este trayecto pasé de ser un discípulo a ser un amigo. Así que me encuentro en un predicamento similar al de los editores del volumen. Pero espero que, aún así, ofrecer al menos una semblanza del libro, que de entrada recomiendo como lectura obligada a todos los interesados en la teoría arqueológica en general, y la arqueología social en particular.

El Recuento de una Generosa Contribución a la Teoría

El libro es una compilación de los artículos más sobresalientes de Lumbreras en torno a la teoría arqueológica. Son la contraparte, si se quiere, de sus libros de síntesis regional y aplicación de la arqueología social al caso peruano, que son bien conocidos incluso fuera del ámbito marxista. Por primera vez tenemos reunidos textos que documentan el trayecto de Lumbreras desde sus inconformidades con la arqueología de historia cultural (en la que se formó), hacia su formulación de la arqueología social, inspirada en el marxismo; y de los sucesivos ajustes, ampliaciones y aplicaciones de esta posición teórica a diferentes ámbitos: desde aquellos relacionados a la obtención e interpretación del registro arqueológico, hasta la formulación de teorías sustantivas sobre problemas específicos (como el de las sociedades clasistas y el estado).

El autor y los editores han decidido que los artículos se presenten tal como aparecieron (salvo por las obligadas correcciones a errores tipográficos y algunas cuestiones formales), por lo que el volumen se convierte en un corpus obligado sobre el trayecto de la visión de la arqueología social de Lumbreras. Salvo por la introducción, escrita específicamente para el volumen, el resto de los artículos han sido retomados de fuentes que no siempre son fáciles de consultar fuera del Perú, como sería el caso de la Gaceta Arqueológica Andina, cuya fama siempre fue mejor que su distribución fuera del ámbito andino. Como comentaré adelante, esta característica ofrece al mismo tiempo ventajas -el contar con este corpus como documento histórico- como desventajas, dado que en ausencia de un artículo de cierre, a manera de postcripto, en que algunos de los puntos fueran actualizados por el autor, no siempre es fácil intuir la última opinión de Lumbreras sobre algunos temas.

El libro se organiza en siete capítulos y un anexo fotográfico. Los capítulos, a su vez, están compuestos de artículos de temáticas similares, escritos en diferentes momentos. Así, la organización del libro es más bien temática que cronológica, dado que se buscó darle coherencia a los capítulos más que simplemente presentar, en el orden de su escritura original, una lista indiferenciada de trabajos (cosa que, huelga decir, hubiera sido difícil, dado que varios se publicaron en versiones previas antes de alcanzar la forma final que se presenta en el libro).

Los capítulos son: (1) Fundamentos para una crítica de la arqueología cultural -sobre el objeto de estudio de la arqueología; (2) Hacia una teoría de la observación, que “busca definir los instrumentos epistemológicos que sirven de base a la investigación arqueológica” (p. 39); (3) La búsqueda del dato empírico (sobre técnicas y procedimientos de obtención de datos); (4) La elaboración del dato empírico (sobre el análisis del material arqueológico); (5) Ensayos sobre teoría y método (que incluye un estudio histórico sobre Max Uhle y dos reflexiones sobre el método (la primera de orden general sobre el estudio de la conducta humana como fenómeno social y la segunda sobre la historia oral); (6) Estudios arqueológicos sobre el origen del Estado, en el que aborda tanto la teoría childeana sobre la revolución urbana como su propia formulación de una teoría sustantiva sobre el origen de las clases sociales, el estado y el urbanismo, y la aplica al caso andino; y un último capítulo, (7) Notas sobre la arqueología como profesión, que Lumbreras encuentra “más doméstico” (p. 42), al tratar sobre estas cuestiones en el ámbito peruano, pero que resulta altamente ilustrativo sobre los posibles paralelos en el desarrollo de la profesionalización de la arqueología en nuestros países. Complementa el volumen una brillante presentación por los editores, que nos regalan además una emotiva semblanza biográfica del autor; y la introducción del propio Lumbreras, que además de darnos el contexto histórico de los textos, ofrece una reflexión global sobre su desarrollo.

En conjunto, como se verá, el texto aborda prácticamente todos los aspectos de la teoría: desde los que tienen que ver con la ontología de la posición teórica (donde destaca su crítica a la concepción tipológica, “culturalista” de las culturas arqueológicas); las cuestiones epistemológicas (en lo que toca a las teorías de la observación y la manera en que se constituye el dato); las de orden metodológico y técnico (procedimientos de campo y gabinete); y por supuesto, las del para qué, u orientación valorativa, que permean todo el volumen y complementan la toma de posición que el autor inaugurara desde 1974 cuando propuso acercar la práctica académica a la práctica política al incorporar el materialismo histórico como marco de referencia para ambas. A esta presentación de la posición teórica, completa aunque fragmentada por la propia naturaleza de la antología, la complementan ejemplos de aplicación, y notablemente la producción y sucesivo perfeccionamiento de una teoría sustantiva, la del origen de las clases, el estado y el urbanismo.

Evidentemente, ante tal riqueza, amplitud y profusión de temáticas, es imposible hacer justicia en una reseña que es, por naturaleza, más modesta en ambición y más limitada en espacio que un ensayo crítico de fondo. Así que concentraré mis comentarios subsiguientes en algunas de las temáticas tratadas, sin duda reflejo de mis propios intereses más que de la propia riqueza interna de los textos.

Un trayecto Complicado, pero Fértil a cada Momento

Los artículos que componen el volumen representan momentos diferentes en el desarrollo de la posición del autor, por lo que documentan más una trayectoria que un punto de vista unificado -aunque hacia el cierre del libro, es más factible ver cómo el enfoque se hace cada vez más congruente. En cierto sentido, son ilustrativos de la propia trayectoria de la arqueología social, que ha seguido rutas curiosamente paralelas en los diferentes países iberoamericanos en los que se desarrolló.

Así, vemos a un Lumbreras preocupado por debatir, al inicio de este trayecto, con las concepciones tipológicas de la cultura, que asociaban conjuntos de restos cerámicos a grupos étnicos, y los cambios en estos tipos (y en materiales tales como la lítica o la arquitectura) a cambios culturales. Esta arqueología, heredera de la historia cultural boasiana, es el punto de partida para la rebeldía de Lumbreras: confunde los productos con los productores, y vacía de contenido histórico la historia para convertirse en un recuento largo y aburrido de rasgos tipológicos (p. 57 y ss). A esta concepción, marcada en Sudamérica por las propias polémicas que introdujeron en su momento los enfoques de la arqueología de asentamientos, y luego la de la ecología cultural, Lumbreras opone una concepción de corte materialista, inspirada en la obra de Gordon Childe. Algunos de los primeros artículos (Capítulo 1) son un rescate de las dimensiones que Childe propone para la identificación de culturas, que van más allá de las similitudes formales o estilísticas, para tomar en cuenta los procesos de asociación, distribución y recurrencia. En ese sentido, Lumbreras se opone a la historia cultural clásica, pero al apoyarse en Childe asume, como efecto inevitable, su modelo normativo de la cultura -modelo que siempre fue discordante con el resto de la propuesta childeana, seguramente porque estaba fuertemente sedimentada en este autor antes de que diera su viraje definitivo hacia el marxismo

Así, finalmente las culturas reflejan normas (p. 75), cuya ubicación debe ser mental, aunque se compartan socialmente. Esta conceptualización de la cultura Lumbreras la sostendría todavía en 1974, al retomar la diferencia entre cultura material y cultura no-material, que siempre nos pareció una manera muy peculiar de expresar el materialismo (proponer una ontología dual, en que a lo material se une ¡lo no material!). Pero ahora nos parece más claro que es precisamente la herencia childeana, con todo y sus propios titubeos, lo que se observa en estos primeros trabajos. Sin duda, la posición childeana era superior a aquellas contra las que Lumbreras polemiza. Pero, sin duda también, crea una tensión que me parece sigue latente, entre una posición normativa como la que sostiene en la mayoría de sus trabajos tempranos, y que no es sino la criticada por la arqueología procesual (p. ej. en Binford 1965); y una totalmente marxista, y con la que Lumbreras entiendo concuerda, pero que no aparece realmente tomada en cuenta en el texto, como sería la de Felipe Bate (1978, 1998). Quizá su reacción al término mismo de “cultura” lo lleva a tomar distancia incluso con esta propuesta. Este es un tema que ha salido a la luz en nuestras discusiones con Felipe más de una vez, y que creo sigue sin resolverse por entero. Al menos no siento que haya una toma clara de partido en el texto, pero ello puede deberse precisamente a que no hay un artículo de cierre, en que estos puntos de tensión se clarifiquen.

Irónicamente, en lo epistemológico Lumbreras no duda en separarse de la historia cultural y los supuestos de neutralidad teórica de los datos empíricos, e incluso recupera el concepto de “teoría de la observación” (Capítulo 2); y repudia que la elección de técnicas de campo y gabinete sea asunto de gustos personales. Claramente denosta la “estratigrafía artificial”, por niveles métricos, por ejemplo; o de los procedimientos analíticos que podríamos llamar “univariables” (Capítulos 3 y 4).

En el área del método (Capítulo 5), no duda en señalar las deficiencias que caracterizan a un enfoque totalmente de orientación inductiva. La arqueología, como bien reconoce, debe incorporar la deducción, la inducción e incluso la transducción (o analogía). Con ello, se deslinda claramente de dos posiciones extremas: la inductivista estrecha, de la arqueología tradicional, y la deductivista igualmente estrecha, de ciertas variantes de la arqueología procesual. Es también notorio que no recurre a la muletilla (errónea, en mi opinión) de proponer que el método a seguir es el “método marxista”: primero, porque ello revelaría una confusión entre método y teoría y, segundo, porque la teoría marxista es evaluable, como cualquier otra teoría, mediante el método científico general. De otra forma, la arqueología marxista quedaría aislada, en una especie de “inconmensurabilidad paradigmática” al estilo de Kuhn (1971): encerrada en un ámbito desde el que no puede compararse o competir con otras teorías, ya que dependería de un “método” que le sería exclusivo y que otras posiciones no reconocerían como compartido, y por lo tanto, incapaz de ayudarnos a seleccionar la mejor.

He de confesar que hace ya tiempo, y durante algunos años, pensé que este rechazo al enfoque inductivo, que sintetiza los datos y los “interpreta” de acuerdo a algún esquema a priori, era más un señalamiento de intenciones que una realidad en la obra de Lumbreras. Me temo que he sido no solamente insistente, sino hasta impertinente, en nuestras charlas al reclamarle que, en consecuencia, nos dé una teoría del origen de las clases que trascienda una narración de las peripecias del caso andino. Creo que Lumbreras está cada vez más cerca de lograrlo.

Hace ya muchos años, le señalaba el riesgo de plantear lo que parecía ser la causa de la aparición de las clases: la apropiación del excedente (o plusproducto, como prefiero llamarle), una vez que dicho plusproducto se produjo mediante la revolución neolítica. La pregunta era: ¿y por qué es enajenado por una clase? La respuesta original era una forma de “ontologización”: “por la naturaleza humana”, parecía entenderse. La respuesta es insatisfactoria, por cuando menos dos razones: primero, si es un asunto de naturaleza humana, entonces todas las sociedades agrícolas debieron terminar convirtiéndose en Estados; segundo, porque si esta naturaleza humana (de rapiña, de injusticia) es inherente al hombre, entonces no le veía yo sentido al programa revolucionario: no importa lo que hagamos, siempre retrocederemos para expresar nuestros más bajos instintos. A lo que Lumbreras reaccionaba con fuerza diciendo que “¡de ninguna manera, no es eso lo que se propone!”, y luego trataba de clarificar su propuesta. A partir de los años ochenta esa propuesta empezó a tomar una forma más clara, que recuperaba parte de la tradición childeana: el papel de los especialistas. Especialistas que no eran “malos por naturaleza”, sino que jugaban un papel estructural crucial en el desarrollo de las sociedades complejas, al ser los responsables de dos tecnologías fundamentales e indispensables en varios de los casos de estados arcaicos: el control del agua y el control del calendario; luego se unieron los expertos en la guerra y en el intercambio; empezaban a perfilarse los actores sociales cuyo “poder de función” iba más allá de las buenas o malas intenciones.

Ahora el reto era “el cómo” del proceso. De nuevo, si la aparición de estos especialistas es inevitable, todas las sociedades agrícolas tendrían que ser estatales, cosa que Lumbreras reconocía no era el caso. A partir de las ideas que desarrolló en los ochentas y afinó a principios de los noventas, ahora cuenta con algo mucho más cercano a un “esbozo explicativo”, que va más allá de lo anecdótico (Capítulo 6).

Lumbreras clarifica la(s) pregunta(s) explicativas: “Apareció esto [las clases, el Estado y las ciudades] todo a la vez y si todo se debe a las mismas causas o cada institución fue apareciendo independientemente a lo largo del proceso histórico. Si hubo en los Andes algún momento cuando todos los hombres fueron iguales, cuando no había gobernantes ni gobernadores [sic] y todos debían trabajar en las mismas cosas para sobrevivir: si hubo alguna época sin ejército; si no hubo ciudades desde siempre, ¿cuáles fueron las circunstancias, las causas del o los momentos en que todo esto apareció en los Andes? Es una pregunta, por cierto, de connotaciones generales o universales, porque en varias partes del mundo -en Mesoamérica, el Próximo y el Lejano Oriente- se produjo una situación similar” (p. 262).

Lumbreras piensa que en la literatura no existe una explicación satisfactoria (al menos del lado de la tradición marxista, representada en los años setenta por los seguidores del “Modo de producción asiático”, p. 264). Así que intenta formular una. A reserva de hacer en otro momento un análisis teórico detallado, como el que hemos propuesto en otro lado (Gándara 1992), puede resumirse la propuesta en algunos principios fundamentales.

La precondición para el proceso es la revolución neolítica (p. 265), que “tendió a avanzar en todas direcciones, desarrollando y creciendo”; de forma tal, que en “donde la agricultura pudo ser exitosa”, se generó un incremento demográfico y en la producción. En algunos casos, esto llevó a la creación de redes de intercambio y la complejización de procesos productivos y distributivos, lo que a su vez condujo a la aparición de sociedades jerarquizadas. En otros momentos Lumbreras parece estar convencido de que este tipo de sociedades no son el antecedente del Estado (p. ej. p. 273); aquí (p. 265) no es claro su papel. Pero parece que es en situaciones más adversas al cultivo en donde se darán las condiciones para el cambio, vía el desarrollo de nuevas tecnologías que requieren de especialistas, y que permitirán la intensificación agrícola: entre ellos, los especialistas en riego y en el calendario. Estos especialistas requieren una dedicación de tiempo que los separa del proceso productivo directo, lo que genera una primera división social del trabajo:

Es decir, la sociedad se escindirá en clases sociales, separadas por una diferente participación en el proceso productivo, y con relaciones desiguales de producción y consumo (p. 267).

Pero esto solamente sucederá en (a) condiciones en las que no es factible depender de otros recursos alternativos (como la caza y la pesca) como condiciones principales de la reproducción; o (b) en los que no se requiera de procesos técnicos progresivamente más complejos (Ibid); estas condiciones explicarían por qué el proceso no se dio, por ejemplo en la Amazonia.

El proceso llevará a que las instalaciones requeridas por los especialistas se constituyan en el núcleo de los futuros centros urbanos, dado que los procesos productivos ahora podrán realizarse no solamente en el campo (como sucedería con los talleres asociados a templos), fenómeno cuya intensidad variará con la importancia de los especialistas en este proceso (lo que explicaría que no fuera universal, como en el caso de Ayacucho, cuyo desarrollo se “congeló” -p. 268). La aparición de un aparato de control, a favor de una clase, agilizó el desarrollo de esta nueva infraestructura, por lo que para Lumbreras, “las clases sociales, la ciudad y el Estado aparecen, pues, juntos como consecuencia de una misma causa originaria” (p. 271). El crecimiento de estos primeros estados llevó, en condiciones de circunscripción y bajo un continuo aumento demográfico, a que algunos de estos estados que él llama “primarios” se hicieran expansivos, tomando a la guerra como mecanismo para la extensión de su poder, y finalmente llevando a un segundo tipo de estado que él llama “Arcaico” (pp. 272-3). Este proceso se dio en los Andes entre los años 500 a.C. y 500 d.C. Este segundo tipo de estado depende de un nuevo especialista, el especialista en la guerra, cuyo estamento finalmente domina al conjunto del estado.

Es interesante señalar que para Lumbreras, estos estados iniciales parecen haber sido propietarios tanto de la fuerza de trabajo como de la propia tierra:

La clase dominante quedaba como propietaria de la fuerza de trabajo (que incluía a los trabajadores, sus instrumentos y medios de producción; mientras que los productores directos de los bienes de consumo quedaban como propietarios de su fuerza de trabajo, enajenada a los instrumentos y medios productivos de los que los especialistas eran únicos poseedores (p. 254).

Esta propuesta, que suena contradictoria (eran o no propietarios de los medios de producción los trabajadores), no corresponde a otras formulaciones del propio autor, quizá porque es previa (y quizá todavía no definitiva). Lo cierto es que aunque se hace mención explícita del término “Sociedad clasista inicial” (p. 245), la teoría respectiva (o su autor, hasta donde me doy cuenta, Felipe Bate [1984]), no se menciona.

La propuesta es mucho más rica que lo que esta apretada síntesis permite presentar aquí, por lo que remito al lector a los propios textos. Pero quedan preguntas que seguramente nos mantendrán ocupados durante un buen tiempo: si los factores de diferenciación de las condiciones originales para el inicio del proceso tienen que ver con la facilidad o dificultad para extender la productividad agrícola, ¿no acaba entonces siendo de nuevo el ambiente la variable clave? Si hemos rechazado los modelos demográficos ¿no son estos reincorporados -con todo y la noción de “circunscripción” propuesta por Carneiro (1970) (que tampoco aparece citado)? Si, hasta donde sabemos, las guerras preindustriales nunca fueron de exterminio, ¿cómo aliviaría el problema de la presión sobre los recursos el dominio de otros pueblos? (problema original para la formulación de Carneiro y que al importarlo Lumbreras, se trae consigo). En fin, la lista de cuestionamientos posibles es larga, pero lo único que eso indica es que nos acercamos finalmente a algo que parece ser una auténtica teoría explicativa. Solamente un análisis teórico cuidadoso, más detallado de lo que es factible hacer aquí, arrojará luz al respecto.

Algunas Observaciones Finales

Este libro es una medida de la importancia de la contribución de Lumbreras a la disciplina, que además muestra que la buena teoría no tiene por qué estar divorciada de un sólido dominio de la técnica o de la información empírica: a Lumbreras no se le puede acusar de ser un teórico que “jamás fue al campo” o que “ignora los datos” -dos argumentos que se han esgrimido en contra de la arqueología social. Su sólida y pródiga contribución muestra que esta posición teórica no es solamente especulación en las estratosferas de la teoría, sino una diestra articulación de todos los niveles de la disciplina.

Una nota final, de corte menor, pero pensando en la segunda edición que seguramente veremos de este libro, que como otros de Lumbreras se agotará en poco tiempo: creo que el diseño editorial puede mejorarse. A la impecable edición que nos han regalado González y del Aguila, valdría la pena reforzarla con algunas convenciones que la composición tipográfica ayudaría: si bien agrupar por capítulos temáticos permite entender mejor el conjunto, el que entre un artículo y otro no se cambie de página, ni se utilice una tipografía que claramente indique que estamos en un texto diferente (que puede ser cronológicamente previo), resulta potencialmente confuso. La ficha de cada artículo aparece solamente al pie de página, en donde un lector poco atento podría no notarla. Creo que separar tipográficamente cada artículo, así como incluir la ficha junto a su título (así como en el índice), ayudaría a seguir mejor la secuencia de producción de los textos.

Un último señalamiento tiene que ver con la naturaleza más o menos coloquial de algunas de las publicaciones en que aparecieron originalmente varios de los artículos: al tratarse quizá de textos más bien destinados a la divulgación, Lumbreras no incluye referencias a los autores que usa. Obviamente, este problema no es atribuible a los editores, que simplemente han compilado los originales. Pero hace difícil al lector rastrear la fuente de algunos conceptos, o el blanco de alguna polémica -ejemplos: “teoría de la observación”, o “circunscripción” y “sociedad clasista inicial”, aludidos antes. Pecatta minuta, sin duda, en un texto de gran importancia, destinado a convertirse en un clásico de la teoría arqueológica, y en particular, de la arqueología social latinoamericana.

Referencias

Bate, F. 1998 El Proceso de Investigación en Arqueología. Crítica, Barcelona.

Bate, F. 1978 Sociedad, Formación Económico-Social y Cultura. Ediciones de Cultura Popular, México.

Bate, F. 1974 Hipótesis sobre la sociedad clasista inicial. Boletín de Antropología Americana 9:47-86.

Binford, L. 1972[1965] Archaeological systematics and the study of culture process. En An Archaeological Perspective, editado por L. Binford, pp. 194-207. Academic Press, New York.

Carneiro, R. 1970 Theory of the origin of the State. Science 169:733-738.

Gándara, M. 1992 El análisis teórico: aplicaciones al estudio de la complejidad social. Boletín de Antropología Americana 25:93-104.

Kuhn, T. 1971 La Estructura de las Revoluciones Científicas. F.C.E., México.

Lumbreras, L. G. 1974 La Arqueología como Ciencia Social. Histar, Lima.

Manuel Gándara – ENAH, México. E-mail: gandarav@prodigy.net.mx

Acessar publicação original

[IF]

 

Arqueología y Sociedad. Luis Guillermo Lumbreras – CARRÉ; Del ÁQUILA (C-RAC)

CARRÉ, Enrique González; Del ÁGUILA, Carlos. Arqueología y Sociedad. Luis Guillermo Lumbreras. Lima: Instituto de Estudios Peruanos, Museo Nacional de Arqueología y Antropología, INDEA, 2005. 320p. Resenha de: IBÁÑEZ, Francisco Gallardo. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.38 n.1, p.150-151, jun. 2006.

Este libro reúne diversos textos sobre teoría y método en arqueología publicados con anterioridad. Su introducción es confesional, auténtica y autocrítica. En ella, Lumbreras describe con sinceridad su propio desarrollo político e intelectual, en especial aquel referido al marxismo y la arqueología. Hay importantes pasajes en la nota introductoria y otros ensayos donde expone su permanente incomodidad con el concepto de cultura que, luego de haber suscrito la propuesta de Felipe Bate, opta ahora por su abandono en beneficio de una categoría instrumental: la unidad arqueológica socialmente significativa (Bate 1978:37-38). El título del libro no es casual, nos habla sin rodeos de su rechazo sobre tal concepto.

En mi opinión, los libros son buenos por las ideas nuevas que promueven o por las polémicas que provocan. Este libro como otros del Profesor Lumbreras satisface ambos requerimientos. Para quienes no lo conocen, hay que decir que su categoría de Profesor le viene de una cualidad única y personal, es acogedor, con mucha experiencia en el oficio, sabe escuchar y no pierde ocasión para animar el debate. Algo que como él sabe bien, yo tampoco puedo evitar. En particular, si el tema es la arqueología, la cultura y la concepción materialista de la historia (rótulo acuñado por Engels luego de la muerte de Marx). Su abandono del concepto de cultura no es un capricho, sino un acto que arroja sobre la mesa el viejo dilema de ¿qué es la realidad?, asunto que para nosotros los “marxistas leninistas” (como gustaba llamarnos el general), es una oferta que no podemos rechazar.

En este campo de problemas, es imposible escribir sin aludir a la arqueología social, de la cual soy un simpatizante, pero no un militante. En lo medular estaré siempre de acuerdo con sus promotores, pues todos hemos leído a Marx, Engels y Lenin; creemos que “la explotación del hombre por el hombre” es un hecho injusto y vergonzoso; participado en movimientos revolucionarios durante el siglo XX; sufrido la persecución derechista casi tanto como hemos vivido y en lo general lucimos bastante saludables, pero estoy convencido que en esta corriente algo anda mal, pues es evidente que existe un desequilibrio de proporciones entre las innumerables proposiciones y los escasos resultados, cuestión que debería hacernos sospechar que es probable haya un muerto en el ropero. Sin embargo, sería poco honesto no reconocer la contribución de Felipe Bate (1978), en cuanto a que la cultura no es más que la expresión fenoménica de una formación social. Este fue el segundo punto de inflexión en este movimiento intelectual, el primero y originario: La Arqueología como Ciencia Social (Lumbreras 1974).

Apariencia y Esencia, Cultura e Infraestructura

Respecto al concepto de realidad, podemos decir que es algo que se presenta ante los sujetos como el campo donde ejercen su actividad práctico sensible y sobre la cual surge la intuición práctica inmediata de ella (ver Kosik 1967). En el mundo de las relaciones efectivas entre las personas sean estas de carácter formal o informal, profanas o sagradas, económicas o artísticas, es que cultivamos y maduramos nuestra conciencia ordinaria del mundo, el sentido común y el conocimiento. Este conjunto de prácticas humanas y significados, que es particular y concreta a un lugar, una época y una historia, es lo que hace distintivo a un pueblo de otro. Básicamente es a esto lo que -con mayor o menor fortuna- apuntan las definiciones de cultura en antropología, normas y valores, saberes y prácticas que pertenecen al reino del fenómeno o las apariencias, al mundo sensible y significativo en el que vivimos todos, nosotros y los otros, los del presente y los del pasado.

El registro arqueológico no es más que el resultado intencional (la manufactura de un instrumento de trabajo) y no intencional (el mismo instrumento, pero extraviado) de este conjunto de prácticas que atribuimos al mundo fenoménico, superestructural o cultural. Para el marxismo, descontado aquel naturalista ingenuo propio de Bujarin y Plejanov, la realidad es concebida como un claroscuro de verdad y engaño:

Su elemento propio es el doble sentido. El fenómeno muestra la esencia y, al mismo tiempo, la oculta. La esencia se manifiesta en el fenómeno, pero sólo de manera inadecuada […] El fenómeno indica algo que no es el mismo, y existe sólo gracias a su contrario (Kosik 1967:27).

Este mundo superestructural de lo vivido y experimentado tiene sus propias reglas (desde las tecnologías de producción cerámica a la decoración de la cestería, desde las formas de cooperación productiva a los protocolos de un jefe de Estado), pero estas reglas sólo pueden ser comprendidas en tanto revelamos su esencia o estructura. En este sentido, el marxismo es un tipo de estructuralismo (Lévi Strauss lo dijo con propiedad), pues distingue con claridad la diferencia entre fenómeno y esencia, entre representación y concepto, entre movios

miento visible y movimiento real interno, entre superestructura e infraestructura. Ambos aspectos constitutivos están contenidos en el mundo de lo real, pero sólo a través del análisis es que podemos capturar la esencia de las cosas, el concepto que le corresponde, su movimiento real interno, su infraestructura. De aquí que Marx haya tenido el cuidado de prevenir a sus lectores en el primer Prólogo de su obra El Capital.

Dos palabras para evitar posible equívocos. No pinto de color de rosa, por cierto, las figuras del capitalista y el terrateniente. Pero aquí sólo se trata de personas en la medida en que son la personificación de categorías económicas, portadores de determinadas relaciones e intereses de clase. Mi punto de vista, con arreglo al cual concibo como proceso de historia natural el desarrollo de la formación económico-social, menos que ningún otro podría responsabilizar al individuo por relaciones de las cuales él sigue siendo socialmente una criatura por más que subjetivamente pueda elevarse sobre las mismas (Marx 1987:8).

El Profesor Lumbreras lleva razón al afirmar que los contextos arqueológicos son el producto de acciones sociales concretas:

Los restos arqueológicos organizados en contextos determinados constituyen unidades arqueológicas socialmente significativas, que no son otra cosa que testimonios de eso: actividades de individuos o grupos de personas cuyos actos -de orden social o humano- dejaron testimonios materiales cognoscibles (p. 73).

Sin embargo, para respetar en sentido estricto la fórmula de Marx (al menos como yo la entiendo), tales contextos no son más que el resultado de las acciones de los sujetos en el mundo de lo sensible, lo vivido, imaginado y experimentado, contienen su esencia pero no la revelan (función de ocultamiento y disimulo que opera a nivel de la ideología) sino por los modelos infraestructurales que, en última instancia, nos hacemos a partir de ellos.

Epílogo

Ninguna ciencia social que yo conozca ha invertido tanto tiempo y esfuerzo en develar los misterios de la cultura como la antropología (por colonialista que sea su origen), y tan sólo por eso, siempre me ha hecho sentido ese viejo aforismo acuñado por Willey y Phillips de que la arqueología es antropología o nada (Gallardo 1983), sin embargo, dudo que todos los antropólogos estén dispuestos a suscribir la idea de la cultura como superestructura e ideología, por consiguiente, y ya que el marxismo no es algo que se encuentre en algún lugar preciso en el mapa del pensamiento y prácticas de quienes lo profesan o lo han profesado (incluido Marx a quien disgustaban los sistemas filosóficos), tal vez el dictamen más apropiado sea finalmente que la arqueología es arqueología o nada, una disciplina que trata con la superestructura de manera crítica en tanto es capaz de vulnerar sus ideologías para revelar su infraestructura, no simplemente por definirla sino para darle sentido a la vida ordinaria, para adquirir conciencia de aquello de lo que somos víctimas y no lo sabemos. Nadie eligió ser campesino o sacerdote, esclavo o señor, explotado o explotador.

 

Referencias Citadas

Bate, F. 1978 Sociedad, Formación Económico-Social y Cultura. Ediciones de Cultura Popular, México.

Gallardo, F. 1983 La arqueología ¿una ciencia social? En Arqueología y Ciencia: Primeras Jornadas, editado por L. Suárez, L. Cornejo y F. Gallardo, pp. 90-102, Museo Nacional de Historia Natural, Santiago de Chile.

Kosik, K. 1967 Dialéctica de lo Concreto. Editorial Grijalbo, México.

Lumbreras, L.G. 1974 La Arqueología como Ciencia Social. Ediciones Histar, Lima.

Marx, K. 1987[1867] El Capital. Tomo I / Libro Primero, El Proceso de Producción del Capital. Siglo Veintiuno Editores, México.

Francisco Gallardo Ibáñez – Museo Chileno de Arte Precolombino. E-mail: fgallardo@museoprecolombino.cl

Acessar publicação original

[IF]

 

Salud e Interculturalidad en América Latina. Perspectivas Antropológicas – JUÁREZ (C-RAC)

JUÁREZ, Gerardo Fernández. Salud e Interculturalidad en América Latina. Perspectivas Antropológicas. Quito, Ediciones Abya-Yala, 2004, 350p. Resenha de: MADARIAGA, Carlos; GAVILÁN, Vivian; VIGUERAS, Patricia; MADARIAGA, Vesna. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.38, n.1, p. 152-155, jun. 2006.

Gerardo Fernández Juárez, autor de varios artículos y libros referidos al tema de la salud en comunidades andinas, coordina esta extensa obra producto de investigaciones realizadas en América Latina, cuya finalidad central fue ver las posibles aplicaciones que la antropología social y cultural puede sugerir en relación con la salud y la enfermedad.

El texto reúne a veinte autores que reflexionan acerca de los problemas teóricos y metodológicos que hoy enfrentamos para comprender el proceso salud-enfermedad-atención; informan acerca de experiencias interculturales y exponen investigaciones acerca de modelos conceptuales que sustentan las enfermedades, los sistemas terapéuticos y su relación con las categorías de cuerpo y persona diferentes al modelo biomédico hegemónico.

La diversidad de temas y de enfoques aplicados constituye la mayor riqueza de este proyecto editorial. Los trabajos muestran un gran esfuerzo por comprender las prácticas en el ámbito de la salud en nuestros países. Es posible afirmar, sin embargo, que el conjunto de los artículos se asientan en un gran ángulo de mirada, aquel que postula una crítica a la universalidad y a la ahistoricidad que subyace al modelo biomédico. Como resultado, tenemos un libro clave para elaborar el estado del arte no solo en la problemática de la salud intercultural como un problema social que se debe abordar con urgencia, sino también para reflexionar acerca de los presupuestos ontológicos y epistemológicos del estado actual de las llamadas ciencias naturales y sociales en general y de las ciencias médicas en particular.

Comelles y M. Caramés abren el debate planteando la necesidad de enmarcar el proceso de salud-enfermedad-atención en una perspectiva histórica y cultural, argumentando que la medicina actual es producto de una sociedad en particular: la occidental y capitalista. Para estos autores, el problema de las ciencias médicas radica en la negación de las relaciones sociales en la cual ella se inserta. Hipótesis que corroboran las experiencias concretas sobre salud intercultural en América Latina y que el mismo texto informa (Cf. R. Campos, L. Abad, Campos y Citarella, J. López, J. Michaux, A. Flores, G. Orobitg, J.P. Chaumeil, G. Fernández, A. Caprara, Citarella y otros).

Comelles acomete el obligatorio reencuentro de la medicina con la cultura como uno de los principales desafíos en el amplio campo de la salud para los inicios del tercer milenio. Su recapitulación hacia la sociedad clásica europea en busca de la tekhné hipocrática para rescatar de ella su condición de ciencia fundada en una amalgama entre el conocimiento impreso en tratados eruditos y la praxis de unos doctores metidos en el mundo experiencial de sus enfermos, en su comunidad, se nos asemeja a un retorno nietzscheano hacia ciertas bases epistémicas fundantes de una medicina enraizada en la cultura epocal. Medicina que se niega a sí misma en etapas posteriores de su propio desarrollo histórico, con el surgimiento del capitalismo y el Estado liberal. El autor alude, con la instauración hegemónica del modelo biomédico en la clínica, a la pérdida de ciertas prácticas de producción del saber-poder sanatorio de los doctores que se gestaba en el proceso dialógico entre conocimientos de diversos tipos (médico, religioso, mágico, popular, etc.), lo cual facilitaba un nivel de consenso social con el enfermo y su medio humano, suficiente como para otorgarle capacidad curativa.

La clínica que se inaugura sobre los restos de esas prácticas pasa a ser una disciplina empotrada en el discurso científico inaugurado por la razón iluminista, que comanda todo el devenir de las ciencias desde el derrumbe de la época medieval hasta nuestros días. Con ella se acaban formas incipientes de construcción colectiva del saber y se introduce la validación de las verdades a partir de su comprobación experimental o empírica, en los marcos de las teorías explicativas unilineales en boga. Al decir de Comelles, se termina la relación medio (sociedad, cultura)- enfermedad y empieza el reino de otra relación, más específica y unívoca: naturaleza-enfermedad. Dicho de otro modo, la enfermedad, de pathos social deviene en fenómeno natural. La nueva forma de conocer la realidad en el campo de la salud y la enfermedad que emerge con este vuelco paradigmático traslada el dominio del cuerpo por la medicina (y, naturalmente, por los médicos) a un escenario privativo de los “especialistas”, de las instituciones sanitarias y las políticas de Estado. Escenario en el que profesionales, tratados de medicina, dispositivos de salud, planes y programas están diseñados para operar sobre un mundo humano reificado, reducido a sus miserias biológicas y descontextualizado de las realidades sociohistóricas que lo condicionan y lo limitan.

El modelo biomédico es la ideología médica del liberalismo económico, la herramienta teórico-metodológica con la que opera en el dominio del proceso salud-enfermedad-atención. El divorcio que promueve activamente respecto de las ciencias sociales obedece a la necesidad de preservar el cuerpo del sujeto aislado de todo influjo interpretativo que amenace con incorporar un campus explicativo-comprensivo que reconozca a la persona humana, a este ser social que es, al mismo tiempo, sujeto individual y social, y que se encuentra multideterminado en una compleja trama de relaciones sociales.

El autor revisa el andamiaje histórico de la medicina desde una óptica de la arqueología foucaultiana para ofrecernos una problematización de gran trascendencia acerca de cómo la versión más actualizada de esta ideología médica es cuestionada desde campos de pensamiento y de acción contrahegemónicos, en tiempos que se disputan como todavía modernos o definitivamente posmodernos.

En la misma línea, M. Camarés afirma que el modelo biomédico tendería a atomizar tanto al sujeto de estudio (el enfermo) como al objeto de estudio (la enfermedad), lo cual impediría contemplar y abordar esta última de una manera procesual, dialéctica y contextualizada. Para esta autora, “el lenguaje de la biomedicina como un hecho social está cargado de significados sociales que manifiestan relaciones de poder y que, al mismo tiempo, al estar investido de un aura de poder está legitimado para construir formas de conocer, intervenir así como de homogeneizar, entre otros, al cuerpo pieza anatomopatológica, al individuo enfermo-paciente a la propia enfermedad –entidad nosológica– a las relaciones profesional sanitario-usuario, médico-paciente; en definitiva al mundo” (p. 35). En este marco de análisis, muestra cómo la ruptura que se hace en la relación medio-cultura-enfermedad se expresa en la formación de los profesionales de la salud. Estos no son socializados únicamente en términos de habilidades técnicas sino también formados dentro de una cultura particular, a través de un proceso de construcción ideológico-cultural caracterizado por lo que ella llama biologicismo o determinismo biológico. Pone, de este modo, énfasis en la dimensión político-ideológica de la enseñanza y formación profesional de los agentes de la salud. Por una parte, nos recuerda cómo los programas educativos se fundan en la certidumbre de tener por particularidad la universalidad. Parafraseando a Bourdieu, “la universalidad de los intereses particulares es la estrategia de legitimación por excelencia, que se impone con una urgencia particular a los productores culturales, siempre incitados por toda su tradición a pensarse como portadores y portavoces de lo universal, como ‘funcionarios de la humanidad'”. Situación que constituye, en nuestra opinión, un obstáculo difícil de enfrentar, dado que se halla incorporado en los agentes (cultura subjetivada) y en las instituciones (cultura objetivada) (Bourdieu 2005:158), lo que plantea el principal desafío del enfoque intercultural en salud en América Latina.
En nuestra propia experiencia de salud comunitaria en el norte chileno hemos observado a personas que se presentan del siguiente modo: “yo soy Carmen y soy un cáncer terminal” o “soy bebedor problema con dependencia”. La patología pasa a ser parte de su identidad, logra disipar las propias sensaciones, sentimientos y hasta la sintomatología porque un bebedor problema con dependencia debe comportarse de tal forma y tener estos síntomas, tomar tales medicamentos, ir a control y hacer lo políticamente correcto si quiere gozar de la atención y buen trato del equipo.

De acuerdo con Comelles, el debate sobre la diversidad en salud y sobre el papel de lo cultural surge en dos circunstancias históricas distintas. La primera es el despliegue del proyecto de la biomedicina y la salud pública en países no occidentales, que no tienen por qué compartir los rasgos judeocristianos o ilustrados característicos de la articulación entre el modelo médico y el pensamiento liberal occidental. La segunda circunstancia es distinta y se refiere al problema que plantea hoy en los países desarrollados una demanda cualitativamente sesgada basada en cuidados de salud, enfermedades crónicas y degenerativas y medicalización de formas de aflicción en toda la población, así como los problemas que plantea la diversidad cultural que acarrean los procesos migratorios. Es en este segundo contexto que se inscribe la preocupación de Arancha Meñaca. Su artículo titulado “Salud y migraciones” expone el caso de la inmigración ecuatoriana en España con el objeto de comprender mejor las relaciones entre los procesos de salud-enfermedad-atención y los fenómenos migratorios.

Meñaca propone que es preciso asumir un concepto de cultura no esencialista y, por lo tanto, considerar en el análisis su vinculación con los aspectos socioeconómicos implicados en las migraciones. En este sentido, insiste en la necesidad de conocer las comunidades de origen de los inmigrantes, tanto en las razones de emigración como también los contextos sociopolíticos de las mismas, en los que un aspecto clave es el conocimiento del funcionamiento de los sistemas sanitarios. Por otra parte señala que es importante analizar los contextos receptores a fin de observar las estrategias que utilizan en sus procesos de integración.

Xavier Albó, por su parte, expone conceptos básicos acerca de la interculturalidad y sus implicaciones en el campo de la salud. Para el autor la relación de culturas diferentes en un contexto de relaciones de poder implica considerar distintos niveles: el interpersonal, el grupal y el estructural. Apuesta por comprender las relaciones entre culturas en un contexto de relaciones de poder; el enfoque intercultural en salud tendría que reconocer las culturas en juego (los agentes de salud y los agentes que acuden en busca del servicio). Ve aquí de parte de los profesionales un problema ético al subvalorar la cultura del otro (paciente) y la desconfianza de este último respecto de las prácticas médicas hegemónicas, lo que lleva a bloqueos culturales que se deberían derrumbar. De este modo, afirma que ello no será posible sin una lucha en contra del neocolonialismo en lo económico, político-social y cultural.

Luisa Abad nos informa acerca de la experiencia en atención de salud en las comunidades Aguarunas en la Amazonia peruana. Describe cómo ha operado el sistema de salud pública, imponiendo el modelo biomédico, bajo una forma asistencialista y en un contexto que se orienta más al control de la población indígena que a satisfacer sus propias necesidades. Su tesis es que para aplicar la interculturalidad en estas poblaciones es necesario estudiar a fondo la etiología de las enfermedades, las formas de terapia indígenas y su farmacopea, las relaciones existentes entre patologías, medio ambiente y espacio terapéutico, las variables de género en la consideración de la enfermedad y su tratamiento, las relaciones institucionales y de poder entre médicos pacientes y especialistas médicos nativos, etc.

Los resultados de los trabajos de investigación empírica incluidos en el texto, y sus consecuentes reflexiones nos hablan de la diversidad de aspectos involucrados en aquello que hoy llamamos salud intercultural. Los relatos etnográficos y experiencias personales de sus autores muestran sus aproximaciones a una realidad compleja, no de un modo distante sino formando parte de la trama de relaciones. Roberto Campos, por ejemplo, expone cómo en nuestros países “el fenómeno de autoatención curativa es un fenómeno social generalizado, que la automedicación es creciente en los sectores populares, que existe una bien conservada cultura médica materna, que ellas establecen estrategias particulares para cada evento de enfermedad de acuerdo a sus conocimientos y experiencias previas; que realizan complementariedad de tratamientos biomédicos y populares, y que estas estrategias curativas deben ser conocidas por el personal de salud con el fin de establecer una mejor relación médico paciente” (Cf. página 132).

Ferrandiz y P. Pitarch, por su parte, llaman la atención cómo en los Altos de Chiapas la medicina indígena se relaciona con la adscripción a grupos religiosos. R. Campos y L. Citarella nos informan acerca del esfuerzo por crear un programa de formación en salud intercultural en el nivel de posgrado en Bolivia, implementado en el departamento de Potosí dirigido a suplir la ausencia parcial o total de una capacitación específica de los médicos, enfermeras y dentistas sobre las características socioculturales de los pueblos indígenas con los cuales se pretende trabajar en forma cotidiana.

De esta manera, Luisa Abad concluye en que la historia de la medicina en América Latina es la historia de una negación. La clasificación de la medicina indígena como etnomedicina, medicina popular, medicina ancestral, medicina tradicional, etc., se impone para evidenciar la subalternidad de sus agentes. Para ella el problema de la aplicación de la salud intercultural radica en la grave crisis que sufre la medicina (académica) en relación a los niveles, grados, tonos y modos de comunicación entre el médico (entendido como persona que sabe curar) y el paciente (entendido como ser doliente) que se sabe o se considera enfermo y que precisa de la ayuda especializada. Esa confianza en el médico (léase yatiri, chamán, etc.) sin embargo no se ha perdido en el mundo indígena, muy a pesar de los insistentes intentos de la OPS en la década de los ochenta y noventa por introducir la medicina occidental basándose en las contundentes cifras ofrecidas por los respectivos países sobre las tasas de mortalidad materno infantil, perinatal etc., causadas por enfermedades infectocontagiosas, principalmente, y que llevaron a muchos pueblos indígenas a idealizar y sobreestimar la capacidad de “los remedios” frente a sus propios especialistas o terapias.

Sugiere que para que la salud intercultural sea un hecho es necesaria la participación real y no tutelada de los verdaderos actores sociales de las comunidades. No obstante, se echa de menos en el texto algún cuestionamiento acerca del concepto de paciente. Asimismo, a excepción de algunos artículos, no se presentan experiencias ni reflexiones en relación a las prácticas de salud de la población no indígena o mestiza, ni cómo ellas se vinculan a la clase social y a la condición de género, cuestiones que, a nuestro entender, forman parte del enfoque intercultural en salud. Si asumimos que la salud es un producto sociohistórico, el contexto sociopolítico en el cual ésta se presenta debe ser recuperado en el análisis a fin de explicitar las relaciones de desigualdad existentes entre ricos y pobres y entre hombres y mujeres. Sólo de este modo es posible evidenciar cómo el modelo biomédico, al no verlas, contribuye a reproducir las desigualdades sociales e inequidades en el acceso a la salud. Por otra parte, cabría también tomar nota de la ausencia de una crítica a las miradas de los cientistas sociales en relación a la invisibilidad de la “biología” o su determinismo social y/o cultural, que inhibe la comunicación entre las disciplinas.

Mientras el modelo biomédico aún no sacia su necesidad de enfermedades y de enfermos (por tanto, de doctores, hospitales, fármacos e intervenciones quirúrgicas), para lo cual proliferan nuevas nosologías y taxonomías, la sociedad neoliberal modifica drásticamente las maneras de enfermar, incorporando en esta transformación los nuevos fenómenos (contra)culturales, las condiciones y calidad de vida del capitalismo, los fenómenos anómicos, las llamadas patologías de la pobreza, etc., procesos que más que aumentar la carga de enfermedades acrecienta el malestar social. La ideología médica no reconoce (no logra ver) este malestar en la sociedad moderna, por lo tanto medicaliza todo, desde las emociones normales hasta las respuestas fisiológicas de tipo adaptativo. Crítica que abre puertas a la legitimación de nuevas propuestas epistemológicas en el campo de la salud y, especialmente, de la salud mental, con la irrupción del modelo biopsicosocial, que incorpora el enfoque comunitario, la interdisciplinariedad, la participación de diversas formas del saber, la intersectorialidad, el trabajo en redes, un nuevo concepto de equipo de salud, etc. Desde esta nueva perspectiva sí es posible construir nuevas prácticas en salud, entre las cuales la interculturalidad constituye una de las más importantes, en la medida en que nos llama al desafío de explicitar nuestra propia cultura, evidenciar nuestra posición en las relaciones de poder e intentar construir nuevas relaciones humanas que incorporen una mirada integral sobre cada uno de los tres componentes de la ecuación salud-enfermedad-cuidado.

De este modo, para nosotra(o)s como trabajadores de la salud y de la cultura en/y para América Latina el libro es, sin duda, una gran fuente de inspiración para pensar y practicar con la comunidad un modelo médico humanizado, inscrito en relaciones sociales más equitativas y para avanzar hacia un mayor y mejor acercamiento entre las disciplinas.

Referencia

Bourdieu, P. 2005 Intelectuales, Política y Poder. Eudeba, Buenos Aires.

* Esta referencia forma parte del trabajo en curso del Proyecto SA05I20016 del Fondo Nacional de Investigación y Desarrollo en Salud de CONICYT, Chile.

Carlos Madariaga – Servici/o de Psiquiatría Hospital de Iquique, Chile. carlos21@entelchile.net
Vivian Gavilán – Centro de Investigaciones del Hombre en el Desierto. Universidad Arturo Prat, Iquique, Chile. vivian.gavilan@unap.cl
Patricia Vigueras – Escuela de Enfermería Universidad Arturo Prat, Iquique, Chile. patricia.vigueras@unap.cl
Vesna Madariaga – vesnofila@gmail.com

Acessar publicação original

[IF]

 

Salud e Interculturalidad en América Latina. Perspectivas Antropológicas – JUÁREZ (C-RAC)

JUÁREZ, Gerardo Fernández. Salud e Interculturalidad en América Latina. Perspectivas Antropológicas. Quito, Ediciones Abya-Yala, 2004, 350p. Resenha de: VARGAS, Luis Alberto. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.38, n.1, p.155-157, jun. 2006.

América Latina abarca un territorio enorme, cuya diversidad de ámbitos geográficos y la extensión de sus latitudes se refleja en paisajes muy diferentes, donde se han desarrollado numerosos grupos indígenas a lo largo de su historia. El mundo de la cultura occidental apenas comienza a percibir este fenómeno y a reconocer identidades, donde hasta ahora ha percibido uniformidades.

El campo de la salud es un buen ejemplo de lo anterior. A los diferentes sistemas médicos de la región se les ha considerado un conjunto, suponiendo la homogeneidad de las culturas indígenas, así como la manera como han incorporado la teoría y la práctica de otros sistemas venidos del resto del mundo, comenzando por el aportado por los conquistadores españoles y seguido de cerca por los de los esclavos africanos traídos contra su voluntad.

Por otra parte, el ejercicio profesional basado en la biomedicina ha sido cegado por sus indudables éxitos, entre los que destacan el control de las enfermedades transmisibles, los logros de la cirugía y la anestesia, la producción de fármacos eficaces y tantas más. Como resultado de lo anterior, ha dejado de lado el contexto verdaderamente humano de los problemas de salud, los padeceres y las enfermedades, con sus componentes emocionales, sentimentales, sociales y culturales.

Le reacción contra este estado de cosas ha llegado de dos principales fuentes: los médicos formados con un genuino enfoque humanista y los antropólogos quienes han experimentado los problemas de atención de las personas y comunidades quienes no participan de la visión occidental. Es interesante destacar que son pocas las manifestaciones de inconformidad organizada que han surgido entre los usuarios de los servicios de salud.

El libro reseñado tiene la virtud de recoger estas inquietudes para América Latina. Está constituido por 20 capítulos de autores quienes trabajan en esta región, desde instituciones locales, españolas y una francesa. Algunos contenidos son valiosas reflexiones teóricas, bien apoyadas en la bibliografía y en otros se ofrecen experiencias directas, vividas en diversas comunidades indígenas y mestizas. También se ofrece una panorámica general de la situación, mientras que otros capítulos se concentran en una zona particular o abordan un problema concreto, por ejemplo las enfermedades identificadas por algún grupo indígena.

No estimo adecuado reseñar cada capítulo, sino prefiero ofrecer algunas reflexiones en torno al conjunto de los temas abordados, como producto de la experiencia de nuestro grupo de trabajo en México.

Mi primera inquietud es plantear lo que realmente queremos decir al hablar sobre salud e interculturalidad. Es claro que nos referimos al contacto entre personas o grupos con diferente cultura cuando está en juego su salud. Así planteado el tema es aún ambicioso, ya que la salud permea a una gran cantidad de las actividades humanas. Yo considero que realmente nos referimos a la atención y el tratamiento de los problemas de salud personales y colectivos. Para entender lo anterior, debo aclarar algunos conceptos.

Entendemos por comunicación y acciones interculturales a las que se derivan de la interacción y diálogo respetuoso y equilibrado entre personas o grupos de diferentes culturas; sin ser la simple yuxtaposición de contenidos ya elaborados.

Para mí ha resultado muy práctico distinguir tres componentes de un mismo proceso: problema de salud, padecer y enfermedad. El problema de salud son las alteraciones morfológicas, fisiológicas o conductuales que permiten saber que una persona ha salido de lo que para ella era normal y estimaba como saludable. Síntomas y signos comunes de dichos problemas de salud son la fatiga, el dolor, el sangrado o la aparición de tumoraciones visibles o palpables. Esta salida del cauce de la normalidad provoca en cada persona un conjunto de sentimientos e inquietudes basadas en su propia personalidad, experiencias biográficas, acervo cultural y otros factores, que determinan que se viva el problema de salud de una manera absolutamente personal, lo que constituye el padecer. En determinado momento la persona misma sola, o con la ayuda de personas cercanas o los variados especialistas médicos de diferentes sistemas, encontrará que su padecer puede ser explicado por una enfermedad.

Las enfermedades que identifican los distintos sistemas médicos son realmente abstracciones hechas a partir de una serie de elementos comunes a los problemas de salud de un grupo de personas. Como hace siglos lo señaló Hipócrates: no hay enfermedades, sino enfermos. Nosotros modificaríamos la frase para decir que no hay enfermedades, sino personas con padeceres y también hay padeceres sin enfermedad. Desde luego es importante recalcar que las enfermedades son identificadas por cada sistema médico y, por lo tanto, todas ellas son dependientes de la cultura. De esta manera estamos obligados a reconocer que no solamente son válidas las enfermedades reconocidas por la biomedicina, aunque tengan un fundamento científico, sino también lo son el susto, el empacho y tantas otras que reconocen los sistemas médicos indígenas americanos.

Ahora bien, también hemos postulado la sutil diferencia entre la atención de los problemas de salud y los padeceres y el tratamiento de las enfermedades. Los padeceres requieren de apoyos sociales y emocionales, además de aquellos necesarios para satisfacer necesidades tan básicas como las de comer, mantenerse limpio y protegido o en reposo. En cambio, los tratamientos son el conjunto de medidas encaminadas específicamente para prevenir, aliviar, paliar o curar las enfermedades.

De lo someramente expuesto en las líneas anteriores, se postula que nuestro centro de interés en el campo de la salud y la interculturalidad es dicha atención de los problemas de salud y los padeceres, así como el tratamiento de las enfermedades. Lo anterior puede parecer obvio, pero la realidad demuestra que no lo es tanto. Los antropólogos quienes trabajamos en América Latina hemos estado activos colaborando principalmente con los sistemas de salud gubernamentales, pretendiendo incorporar en ellos la visión y las necesidades de sus usuarios. En la obra que reseñamos, también destaca que hemos apoyado las demandas de los grupos indígenas. Donde menos hemos funcionado es en el apoyo individual a los pacientes y en las labores de la salud pública, a pesar de las experiencias ganadas a lo largo de nuestra historia.

Ahora bien, de la experiencia de nuestro grupo y acorde con lo que aparece en varios de los capítulos del libro que nos ocupa, debemos postular tres alternativas para la comunicación y las acciones interculturales en materia de salud.

Las acciones y la comunicación intercultural espontáneas se derivan de aquella relación que se establece entre individuos o grupos de diferentes culturas, sin preparación ni capacitación previa, y que se guía -por lo general- mediante el sentido común. En ocasiones tal tipo de situación es forzada por las circunstancias.

Las acciones y la comunicación intercultural informadas se realizan cuando una de las partes, haciendo acopio de información -casi siempre publicada- sobre la cultura con la que se propone interactuar, pero sin buscar la participación activa de sus interlocutores.

Las acciones y la comunicación intercultural adecuadas o propositiva se realizan voluntariamente y con vocación humanista, después de una preparación, sensibilización y capacitación que conduce a mejores resultados mediante el diálogo respetuoso, tolerante y flexible entre las personas de las dos culturas.

En el campo concreto de las acciones y la comunicación intercultural en salud se debe partir de la capacidad de moverse equilibradamente entre conocimientos, creencias y prácticas culturales diferentes respecto a los procesos bioculturales salud-enfermedad, vida-muerte, y los conceptos sobre el cuerpo y la espiritualidad propios y ajenos. Dichas percepciones suelen estar contrapuestas y requieren de tolerancia y respeto entre quienes interactúan, evitando la imposición de una cultura sobre otra, sino más bien una tercera vía donde se aproveche lo más adecuado de las alternativas presentes.

La lectura del libro aquí reseñado apoya las ideas generales que hemos expuesto y destaca la necesidad de emplear el enfoque adecuado o propositivo. Su lectura es altamente recomendable, no solamente para el relativamente pequeño grupo de antropólogos quienes nos ocupamos de este asunto, sino también para los integrantes de los equipos de salud de cualquier sistema. Las tareas que debemos realizar entre profesiones, para el beneficio de los habitantes de nuestra región, necesariamente serán producto del diálogo respetuoso y equilibrado al que hemos hecho alusión.

Desde luego la obra constituye también un apoyo de suma utilidad para las labores docentes que se llevan a cabo en las instituciones del sector de la salud y el de la antropología. Hago votos para que quienes estamos activos en este campo encontremos las vías para dialogar y en un plazo razonable seamos capaces de producir los libros de texto capaces de apoyar la formación de los técnicos y profesionales que sigan adelante con las labores iniciadas por el relativamente pequeño grupo que somos ahora.

Luis Alberto Vargas – Instituto de Investigaciones Antropológicas y Facultad de Medicina de la Universidad Nacional Autónoma de México. E-mail: lavargas@servidor.unam.mx

Acessar publicação original

[IF]

 

Nassau, o Governador do Brasil Holandês – MARIZ (RIHGB)

MELO, Evaldo Cabral de. Nassau, o Governador do Brasil Holandês. São Paulo: Companhia das Letras. Coleção Perfis Brasileiros, 2006. 288p. Resenha de: MARIZ, Vasco. Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, v,167, n.431, p.285-288, abr./jun., 2006.

Vasco Mariz – Sócio emérito do IHGB.

Acessar publicação original

[IF]

O gesto que salva – Pérola Byington e a cruzada pró-infância – BYINGTON et al (RIHGB)

BYINGTON, M. E.; MOTT, M. L.; ALVES, O. S. F. O gesto que salva – Pérola Byington e a cruzada pró-infância. São Paulo: Grifo Projetos Históricos e Editoriais, 2005. Resenha de: MOURA, Marina. Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, v,167, n.431, p.289-295, abr./jun., 2006.

Marina Moura – Psicóloga pela Universidade São Judas Tadeu e mestranda em Psicologia Social pela PUC-SP.

Acesso apenas pelo link original

[IF]

 

As transformações dos espaços públicos: imprensa, atores políticos e sociabilidade na cidade imperial (1820-1840) – MOREL (RIHGB)

MOREL, Marco. As transformações dos espaços públicos: imprensa, atores políticos e sociabilidade na cidade imperial (1820-1840). São Paulo: Hucitec, 2005. 236p. Resenha de: NEVES, Lúcia Maria Bastos Pereira das. Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, v.167, n.431, p.297-302, abr./jun., 2006.

Lúcia Maria Bastos Pereira das Neves – Professora Titular de História Moderna (UERJ).

Acesso apenas pelo link original

[IF]

Idéias de Europa: que fronteiras? | Maria Manuela Tavares Ribeiro

O processo de construção da União Européia vem sendo animado por forças endógenas, que partem dos Estados nacionais e das instituições supranacionais, e por forças exógenas, ligadas às modificações do cenário internacional pós-colapso da União Soviética. Neste caso, vislumbra-se uma maior participação do espaço europeu numa ordem internacional multipolar em contraposição às tendências unipolaristas norte-americanas da “utopia dos espaços abertos”, que concebe operações (econômicas, militares, ideológicas) em terrenos ilimitados. Como reflexo da importância diferenciada que vem adquirindo a União Européia na atual política de poder, percebe-se uma ampliação das preocupações dos estudiosos em compreender os mecanismos sociais, políticos, econômicos, ideológicos, geográficos, entre outros que, agrupados, movimentam a Europa unificada e ampliada neste início de novo milênio.

Portanto, o livro coordenado por Maria Manuela Tavares Ribeiro, fruto de um curso pluridisciplinar que teve lugar na Faculdade de Letras da Universidade de Coimbra entre 12 e 21 de fevereiro de 2004, é resultado de um esforço analítico variável sobre as oportunidades e desafios que se colocam aos países europeus em sua trajetória de união no desenrolar do século 21. Neste sentido, pode-se dividir a obra em quatro vertentes principais que direcionam os estudos empreendidos e apresentados na forma de 23 textos. Leia Mais

Chile. La construccíon de una República 1830-1865 | Simon Collier

Con una distancia considerable desde que en 1967 publicara su texto Ideas y políticas de la independencia chilena -el que debió esperar diez años para ser traducido 1, hoy aparece rápidamente en castellano su continuación. Y si con su primer libro Simon Collier colaboró en consolidar la desmitificación ya iniciada por Julio Heisse 2 del período preportaliano como una etapa de anarquía, en esta entrega también busca derribar otro arraigado mito nacional: la organización de la República como el gran fruto del Estado creado por Diego Portales.

Para lograr esta operación de desmitificación, Collier retrata (y con ello retarda) la “transición de Chile hacia la estabilidad republicana” (p. 23) como un largo y conflictivo proceso de construcción de la república, el que no se consolidará sino hacia la década del sesenta bajo el gobierno de José Joaquín Pérez. El autor califica las tres décadas que abarcan los gobiernos desde Prieto hasta Montt de república temprana, ya que si bien está a salvo la “continuidad institucional” (p. 23), los conflictos -tanto abiertos como larvadostienden a primar por encin1a de la estabilidad. Según él, bajo la presidencia de Pérez se generará un nuevo consenso “demostrándole a la ciudadanía que la pasión política, incluso cuando era intensa … no llevaba automáticamente a una catástrofe”. Este hecho lleva al autor a señalar que “probablemente Pérez merece más crédito que cualquier otro presidente chileno del siglo diecinueve por haber consolidado la “idiosincrasia” nacional de una política generalmente civilizada” (p. 312). Por ello, la organización de la república no culmina con la Constitución de 1833, sino que, por el contrario, ahí recién comienza, ya que al cuestionar la periodificación tradicional -tantas veces destacada busca vincular la organización republicana a la transición política (lenta y en gran medida pactada) que se genera gracias al impacto creciente del liberalismo entre la clase política chilena de mediados del siglo XIX Tras esta modificada periodificación, se enuncia la base del análisis del autor -presente en todo su texto-, que consiste en las distintas posibilidades de relación establecidas entre los términos orden y libertad; aspecto sobre el que luego volveremos. Leia Mais

Salvador Allende | Gonzalo Correa

La revisión y el estudio de la historia reciente chilena generan todavía, por diversas razones, malestar en grupos académicos, políticos, intelectuales y parlamentarios, quienes, por uno u otro motivo, continúan reticentes a que se realicen análisis históricos sobre la Unidad Popular. Más aún cuando el autor es un connotado historiador de “talante conservador” (al decir de Álvaro Góngora Escobedo, autor del prólogo del libro Salvador Allende. El fracaso de una ilusión), que realizó una decidida oposición al gobierno de Salvador Allende en la revista Qué Pasa y que trabajó como Ministro de Educación durante el régimen militar de Augusto Pinochet. De todas formas, el abogado y profesor Gonzalo Vial Correa, como es habitual en él, especialmente a través de sus crónicas periodísticas publicadas en el periódico La Segunda, no tiene reparos en afirmar aspectos que para muchas personas pueden resultar incómodas, y hasta parece que fueran anacrónicas, pero que por la dureza y la manera frontal que tiene para manifestar sus ideas, incluso para quienes se declaran ser políticamente de derecha, no constituyen la opinión generalizada entre las personas. No será la excepción en esta oportunidad, menos aún cuando analiza una temática histórica que todavía divide a la sociedad chilena.

La principal motivación del autor para estudiar este dicotómico período de la historia reciente de Chile es la necesidad de responder a una pregunta que desde hace décadas persiste entre los chilenos y que podrían10s formular de la siguiente manera: ¿cuáles son los factores que explican la crisis que afectó a Chile durante la segunda mitad del siglo XX? Las explicaciones de Vial para comprender el colapso de la Unidad Popular y el término de la vía chilena al socialismo provienen de situaciones de más largo alcance, que tienen su explicación en procesos históricos de profunda raigan1bre social, política y cultural, y revela a su vez el que la sociedad chilena desde l 950 haya estado dividida en tres tercios irreconciliables, antagónicos, opuestos. Leia Mais

Entre el dolor y la ira. La venganza de Antonio Ramón Ramón. Chile/1914 | Igor Goicovic Donoso

El atentado de que fuera objeto el general Roberto Silva Renard el 14 de diciembre de 1914 en la calle Viel de Santiago ha sido objeto de algunos estudios, aunque permanece más bien olvidado. En realidad, pocos saben que el oficial que dirigiera las tropas que dispararon contra los obreros congregados en la Escuela Santa María de Iquique aquella fatídica tarde del sábado 21 de diciembre de 1 907 terminó sus días sufriendo los efectos de un ataque que se originó, precisamente, en esa acción ocurrida en el norte. Desenmarañando los pormenores del ataque y del juicio que vino a continuación, lgor Goicovic logró, a través del proceso que se siguió al agresor, establecer los detalles de una historia que nos pone frente a historias de vida, procesos y conflictos que ilumjnan una parte de nuestra historia. Como en una escenografia, el autor pone en movimiento personajes, historias y situaciones.

El primer cuadro nos muestra, descarnadan1ente, un país que en el curso de su historia cometió muchas injusticias, ocultas casi siempre con velos de silencio e impunjdad. En este cuadro, el autor explica cómo se construyó la pedagogía de la subordinación que apaga sueños y obliga al mundo popular a aswnir culpas de errores que no cometió. Es la pedagogía que lo obliga a aceptar la justicia solo en la medida de lo posible y que asegura las bases de la dominación que ejercen los grupos que manejan al país. Es la pedagogía que ha convertido a la represión en el más eficiente mecanismo de control social. La contrapartida está en una situación compleja que explica muchos episodios de nuestra historia pasada y reciente. Cuando el Estado, escribe Goicovic, “es incapaz de hacer justicia o cuando el mjsmo se convierte en agente de la injusticia, los sujetos quedan liberados de sus compromisos institucionales. Si, además, no exjsten alternativas políticas capaces de ofrecer instancias paralelas de justicia, el hombre puede retomar su estado natural y reparar las ofensas a su arbitrio” (p. 24 ). o se trata de legitimar la “ley de la selva” o admitir el derecho a hacerse justicia por mano propia, tal como queda demostrado en el epígrafe que abre el libro; sino, de llamar la atención sobre un hecho que, aunque no justifica, aporta claves para entender muchos actos de violencia ocurridos en Crule en el curso del siglo XX La justicia, agrega Goicovic, es irrenunciable y a esa justicia apela para configurar el relato de los lamentables sucesos que concluyeron con el atentado al general Silva Renard. Leia Mais

Forjando a democracia – a história da esquerda na Europa. 1850-2000 – ELEY (AN)

ELEY, Geoff. Forjando a democracia – a história da esquerda na Europa. 1850-2000. São Paulo: Editora da Fundação Perseu Abramo, 2005. Resenha de: AGGIO, Alberto. Anos 90, Porto Alegre, v.13, n.23/24, p.353-360, 2006.

Embora não integralmente identificáveis, os vínculos entre esquerda e socialismo são historicamente incontestáveis. O socialismo foi um programa de mudança social e um movimento político que mobilizou milhões de pessoas na Europa durante os séculos XIX e XX. Ele marcou profundamente a história da esquerda européia e é praticamente impossível referir-se a ela sem levá-lo em consideração. O socialismo foi, pelo menos até a década de 1990, a referência central da esquerda européia e os partidos socialistas e comunistas a hegemonizaram de maneira integral.

Pode-se argumentar que aquilo que se entende por socialismo também variou desde o século XIX e hoje o seu significado é, sem dúvida, bastante diferente daquele que se postulava no passado.

Nos últimos 20 anos, a hegemonia de comunistas e socialistas também se desvaneceu e hoje a esquerda européia vem buscando novos caminhos. Assim, narrar, analisar e refletir a respeito da história da esquerda e do socialismo europeu – uma tarefa cada vez mais monumental para qualquer investigador – implica mobilizar e estabelecer um domínio suficientemente claro tanto dessa dinâmica de largo prazo quanto das muitas outras referências que permeiam as históricas relações entre socialismo e esquerda na Europa.

É essa a trilha que segue Geoff Eley no seu livro Forjando a democracia, cujo propósito é o de explicar a potência, as virtudes, os caminhos e descaminhos, as vicissitudes e os desafios históricos e atuais que marcam a esquerda européia. Ainda hoje a palavra “socialismo” continua a ser empregada para se fazer referência ao conjunto de partidos políticos oriundos historicamente do movimento operário europeu que emergiu e ganhou força na segunda metade do século XIX, mesmo que se reconheça que esse conjunto seja formado mais por diferenciações de seus componentes do que por uma homogeneidade clara. Como Geoff Eley afirma logo no início do seu livro, o socialismo é antes de tudo um referente histórico da esquerda européia, na verdade, o “núcleo da esquerda européia”, ainda que esta tenha sido “sempre maior do que o socialismo” (p. 28-29).

Mas há uma referência maior em toda essa história e que Geoff Eley assume como central em seu trabalho. Procurando sintetizar o argumento nuclear do livro se poderia dizer que a democracia européia – e não um regime de tipo socialista – representa a grande construção histórica do socialismo e da esquerda naquele continente. A partir desse argumento central – que se expressa inclusive no título do livro –, Eley procura compreender o socialismo não como uma doutrina abstrata ou metafísica e sim como um movimento histórico que buscou permanentemente construir a democracia, tornando-a cada vez mais social e, portanto, ampliando seguidamente o seu escopo. Essa mesma perspectiva o faz analisar o papel da esquerda na luta e na construção de consensos democráticos nas diversas conjunturas que marcaram dramaticamente a história européia, especialmente no desenrolar do século XX. Eley evidencia uma visão precisa da situação histórica da democracia na Europa: ela não é uma “dádiva” e nem está “assegurada”. No passado e no presente, a democracia “exige conflito, a saber, o desafio corajoso da autoridade, a assunção de riscos e atos de coragem temerária, o testemunho ético, confrontações violentas e crises gerais em que se rompe a ordem políticosocial dada” (p. 24). Na Europa, o seu advento não representou, portanto, um fato natural nem derivou da prosperidade econômica, não sendo tampouco um “subproduto inevitável do individualismo ou do mercado”. Para Eley, a democracia estabeleceu-se e se consolidou “porque uma grande quantidade de pessoas se organizou coletivamente para reivindicá-la” (p. 24). Somente depois de 1945 é que a democracia na Europa conseguiu se sustentar com base em um consenso amplo e profundo capaz de garantir uma lealdade popular à ordem instituída no pós-guerra.

Forjando a democracia insere-se, portanto, na linha historiográfica que procura analisar as práticas e a cultura política do socialismo europeu a partir dos seus significados concretos, assumidos no embate político de cada momento. Essa linha historiográfica tem gerado contribuições significativas para a história do socialismo e da esquerda, sempre a partir de questionamentos que antes eram desprezados ou sequer levantados.

Forjando a democracia expressa, assim, uma espécie de visão reformista da história da esquerda, extremamente valorizadora da trajetória de conflitos e de lutas do socialismo europeu.

Nesse sentido, seria importante refletir brevemente aqui a partir do fato de que, na sua construção política, o socialismo não nasce como um ato teórico iluminado e sim como um movimento sociopolítico e cultural que assimilou concepções e valores de outros movimentos e concepções de mundo, além de ter desenvolvido uma concepção própria. O socialismo havia nascido com o capitalismo industrial e teve suas origens nos estratos mais profundos da sociedade européia. Compartilhou com liberais, radicais e cristãos conservadores a visão de que o proletariado industrial era o setor social mais prejudicado pelo capitalismo e que este lhe roubava a possibilidade de viver o que havia de positivo na existência humana. Como uma faceta já reconhecida por inúmeros historiadores, o socialismo obtém sua força motora espiritual tanto na razão do Iluminismo quanto na paixão do Romantismo.

Se este engendrava visões revolucionárias nascidas de um mundo cheio de energia, sentimento e liberdade, aquele trazia ao socialismo, além das idéias, dois exemplos concretos de revolução: a Revolução de Independência norte-americana e a Revolução Francesa de 1789. Desta última, os socialistas consideravamse os herdeiros mais legitimados por defenderem intransigentemente a consigna Liberdade, Igualdade e Fraternidade, não apenas do ponto de vista coletivo e público como também do ponto de vista privado e cotidiano.

Como se sabe, o socialismo combinou uma concepção de liberdade nascida do Iluminismo com as demandas da igualdade nascidas do mundo do trabalhador pobre do século XIX, que pode ser traduzida pela idéia de emancipação presente tanto no seu discurso quanto nos seus movimentos sociais. Marx havia registrado, com imensa agudeza de raciocínio, que a Revolução Francesa havia criado um novo ser histórico expresso na figura do citoyen, e que caberia ao movimento operário a tarefa histórica de criar um novo homem. Esse viria a ser um desafio crítico ao socialismo. A Revolução Francesa havia estabelecido a luta frontal contra a loi civil vigente, tanto no plano de uma loi politique que dava base ao Antigo Regime absolutista quanto no de uma loi de famille que o sustentava no plano privado, perpetuando o domínio patriarcal. A enquanto a dimensão privada da família trazia à tona a questão da fraternidade entre os homens. No século XIX, essas duas dimensões distanciaram-se e se desencontraram. O socialismo do século XIX, de acordo com um outro autor (Doménech, 2004), não soube avançar pela trilha da fraternidade e isso acabou tolhendo a ampliação da sua perspectiva emancipadora. A avaliação de que entre a consigna da Revolução Francesa e o socialismo não existe apenas continuidade e desdobramentos evolutivos, mas também uma certa descontinuidade introduz um elemento crítico na análise que demandaria dos estudiosos uma “revisão republicana da tradição socialista”, para usarmos aqui uma expressão de Doménech. O que devemos registrar como altamente interessante é que, num certo sentido, há um reconhecimento implícito de Eley a respeito dessa ponderação no momento em que ele enfatiza que, no século XX, a fixação dos socialistas no terreno da “política de classes” parece ter mantido o problema nos mesmos termos, afastando parcelas importantes da população, especialmente as mulheres, da área de influência do socialismo (p. 29). Em outras palavras, o socialismo perdia sua integridade no sentido de um programa radicalmente moderno em troca de uma ação cada vez mais concentrada nos interesses do mundo do trabalho que encontravam ressonância especialmente na noção de igualdade social.

Não se tratou objetivamente de um “erro teórico”, mas sim de limites de uma prática contingente, de uma opção na ação que redundaria mais direta e facilmente em apoios para o movimento e eventualmente para os partidos do socialismo.

Este é apenas um dos planos que aqui lançamos mão para expressar que, além do livro de Eley, existe um conjunto de investigações que assume e justifica plenamente uma releitura crítica da história do socialismo, uma vez que os limites, as restrições e as exclusões conformavam-se como a outra face das opções estratégicas adotadas pelo socialismo europeu. Em outras palavras, a voltado para fins de poder e de transformação. Como afirma Eley, “se as transformações contemporâneas expuseram as fraquezas do socialismo no presente, especialmente as conseqüências excludentes de concentrar a estratégia democrática na ação progressista da classe operária, então essas idéias têm muito a nos ensinar sobre as limitações do socialismo também em épocas anteriores” (p. 28).

Contudo, a política não foi apenas negativa e ensinou algo de positivo aos socialistas. Eley confirma que estes, desde os primórdios, evitaram levar uma política de isolacionismo no interior das sociedades onde atuaram e encontraram, especialmente nos liberais e nos radicais de outros segmentos sociais, aliados para suas ações. Os socialistas sempre precisaram de aliados e nunca alcançaram seus objetivos por si mesmos quer fosse para difundir suas idéias publicamente, fazerem suas agitações, quer para se afirmarem institucionalmente, organizando greves, concorrendo às eleições ou mesmo formando governos. Em sua trajetória de afirmação política, o socialismo possibilitou às massas uma integração ao sistema da ordem que, após a grande guerra civil européia de 1914 a 1945, acabaria por produzir aquilo que certa vez J. Habermas chegou a qualificar como a grande construção da modernidade ocidental: o Estado de Bem-Estar social.

Muito já se escreveu sobre o Estado de Bem-Estar social e as críticas a este parecem respeitáveis. Contudo, é importante levar em conta que, apesar de não ter elaborado um projeto de emancipação coerente, o Estado de Bem-Estar social produziu, de fato, os cidadãos autônomos e críticos que o socialismo pretendia gerar.

Mais do que isso, foi a partir da sua construção que o socialismo vinculou-se direta e profundamente à democracia oferecendo à sociedade européia um sentido de futuro. Somente a partir desse momento, afirma Eley, “a democracia iria se tornar genuinamente universal, porque finalmente as mulheres teriam o direito de votar” (p. 560).

Entretanto, o tempo não passou em vão. As três últimas décadas do século XX produziram mudanças de tal ordem na estrutura do mundo que as bases de referência do socialismo ruíram integralmente: a estrutura produtiva foi alterada de maneira drástica, reduzindo muito a necessidade de mão-de-obra; um cenário pós-fordista foi se estabelecendo, ao mesmo tempo em que diminuíam a auto-organização coletiva, a vida associativa e diversas dimensões que davam sustentação ética à cultura política do socialismo.

Essas mudanças, de acordo com Eley, proporcionariam a destruição do “entorno que a tradição socialista havia necessitado para crescer” (p. 560) e talvez tenham sido mais profundas e decisivas, assim como seus efeitos mais desmoralizantes, do que o colapso final do comunismo (p. 549).

O resultado foi o estabelecimento de uma situação crítica para o socialismo e para a esquerda, o que acabou por colocar em questionamento profundo alguns aspectos da sua tradição, dentre estes a própria concepção que os socialistas construíram da história.

Como um dileto filho do Ocidente – que levou ao paroxismo a busca de uma sociedade diferente que funcionasse com base no planejamento –, o socialismo se pensou como uma utopia. Hoje, resta muito pouca coisa a propósito da noção de que o socialismo poderia ser concebido como uma sociedade cujos fundamentos estariam assentados na direção que tomava o avanço progressista da história bem como na crença de que se poderia não apenas conhecer como controlar o mecanismo e a dinâmica dessa história.

Se, como afirma Eley, “o socialismo começou com a ambição de abolir o capitalismo, de construir uma democracia igualitária a partir da riqueza que o capitalismo oferecia”, no final do século XX, “o socialismo havia se transformado num ideal ainda mais difuso, numa ética política abstrata baseada na justiça social” (p.

549). Eley não considera o seu livro um epitáfio à esquerda e ao ponto crítico: “se o socialismo foi essencial para as melhores conquistas da democracia, insisto, o fato é que as possibilidades da democracia sempre superaram o alcance do socialismo” (p. 571- 2).

O capítulo conclusivo de Forjando a democracia tem como epígrafe um fragmento de um texto de Stuart Hall, de 1989, que vale a pena ser aqui reproduzido: “Gramsci disse: ‘volte violentamente o rosto na direção das coisas que existem hoje’. Não como você gostaria que elas fossem, nem como você imagina que elas eram dez anos atrás, não como são descritas nos textos sagrados, mas como realmente são: o terreno contraditório e pedregoso da conjuntura atual” (p. 559).

É cristalino o fato de que hoje o socialismo não se configura mais como um programa de ação revolucionária tal como pretendeu ser ou, de fato, foi nos séculos XIX e XX. Não se sustenta tampouco como uma tradição. Ao socialismo não parece haver futuro a ser buscado no passado. Resta a ele encontrar a melhor maneira de colher os frutos de uma necessária e real contaminação cultural que poderá lhe dar um novo sentido histórico. Ler criticamente o livro de Eley ajuda a refletir nessa direção.

Referências

DOMÉNECH, Antoni. El eclipse de la fraternidad. Barcelona: Crítica, 2004.

Alberto Aggio – Professor Livre docente de História da UNESP/Franca.

Acessar publicação original

[IF]

 

Amor e sexualidade: o masculino e o feminino em grafites de Pompéia – FEITOSA (AN)

FEITOSA, Lourdes Conde. Amor e sexualidade: o masculino e o feminino em grafites de Pompéia. São Paulo: Annablume; Fapesp, 2005. 168p. Resenha de: SILVA, Maria Aparecida Oliveira. Anos 90, Porto Alegre, v.13, n.23/24, p.361-364, 2006.

Herdeiros da tradição judaico-cristã recebemos a informação primeira de que o sentido da existência humana nos era dado por intermédio do Verbo Divino. Assim, aprendemos com os livros bíblicos o quanto a realidade poderia ser explicada pela palavra.

Então, sob a luz de teorias teológicas, inicia-se a disseminação da teoria hermenêutica, centrada em análises sintáticas e etimológicas, a fim de tornar o texto bíblico mais racional, leia-se, mais científico. Tal processo consumiu séculos de nossa história ensinando-nos a pensar a realidade a partir da escrita literária, empregando imagens apenas como ilustrações embelezadoras das edições.

Somente nas primeiras décadas do século XX, estudos de semiótica e de semiologia contribuíram para o deslocamento de nosso olhar, conformado ao que Derrida chamou de logocentrismo, para enxergarmos a colaboração da produção imagética. Com isso, despertamos para a possibilidade de interpretação dos valores sociais e do contexto histórico representados em inscrições parietais ou em relevos, pinturas em cerâmicas, estátuas e estatuetas, etc.

Nesse sentido, no livro Amor e sexualidade: o masculino e o feminino em grafites de Pompéia, resultado de um longo trabalho de pesquisa de doutoramento, com dados recolhidos em várias bibliotecas do Brasil e do exterior, e ainda de visitas aos sítios de Pompéia, Lourdes Conde Feitosa dedica-se ao estudo crítico sobre as fontes materiais pompeianas, oferecendo ao leitor uma nova abordagem para as inscrições paradoxalmente preservadas pela grande erupção do Vesúvio em 79 d. C., e postas à tona somente no século XVIII.

A autora demonstra salutar ousadia em sua obra não apenas por trabalhar com um corpus pouco explorado pelos estudiosos, mas ainda por retirar análises criativas sobre a sexualidade popular em Pompéia. Outro aspecto interessante deste livro é a junção de fontes literárias com fontes materiais, sem que o entrelaçamento delas pareça complementar as informações apresentadas pela autora. Dividido em cinco capítulos, sua argumentação principia com o capítulo intitulado “Gênero, amor e sexualidade: olhares metodológicos”, em que Feitosa apresenta-nos um balanço historiográfico dos estudos realizados sobre gênero, amor e sexualidade.

Nesse capítulo, a autora questiona teorias e métodos selecionados pelos estudiosos, voltados para a leitura racional dos fatos, centrada na identificação da verdade histórica e, por esse motivo, geradora de uma narrativa histórica totalizante e unificadora. Assim, Feitosa afirma escrever uma “microhistória […] e destacar o heterogêneo, o local e o específico” (p. 24).

No segundo capítulo, denominado “Representações do amor e da sexualidade na literatura acadêmica”, a autora discorre sobre a complexidade semântica da palavra amor, que em sua definição, abarca sentimentos como affectus, dilectio, caritas e eros, como revelam os grafites pompeianos expressos em vocábulos ou em desenhos.

Feitosa delineia o quadro interpretativo dos estudiosos de tais expressões humanas, revelando insuficiências teóricas, constatando a predileção dos estudiosos por análises dirigidas às relações amorosas e sexuais aristocráticas. Nesse sentido, ao estudar as manifestações da sexualidade popular, a autora brinda-nos com uma nova safra de pensamentos descentrados do eixo habitual.

Reflexões sobre a antiga Pompéia Romana constituem a tônica do terceiro capítulo denominado “Pompéia: edificações de um cenário histórico”. Com essa escolha metodológica, a autora remete-nos a aspectos interessantes da vida cotidiana em Pompéia, realçando elementos constituintes da estrutura social e econômica da cidade. Para tanto, Feitosa realiza uma minuciosa leitura das fontes materiais, epigráficas e literárias disponíveis, relatando as particularidades das representações imagéticas dos grafites ou graphio inscripta pompeianos, uma vez que as inscrições podem ser vistas em quase todos os locais públicos e privados da cidade, ou seja, onde havia paredes.

Após a contextualização socioeconômica da sociedade pompeiana, realizada no terceiro capítulo, a autora aponta seus desdobramentos na vida cotidiana de Pompéia, cujas particularidades das práticas populares compõem a temática desenvolvida no capítulo seguinte, nomeado “A expressão popular nos grafites”.

Para distinguir o aristocrata do popular, a autora pautou-se nos conceitos de honestiores e humiliores, recorrentes na literatura latina. Feitosa salienta a origem e a significação social variadas desses vocábulos; em suas palavras: “A tradução literal de honestus (honor – honra, respeito) corresponde aquele que é ‘honrado’, ‘virtuoso’, ‘nobre’, e humilis, ‘o que está no chão’ (humus), ‘o de baixa condição’, ‘o comum’, ‘o modesto’; mas o interessante a ser observado é a conotação adquirida segundo o lugar em que é usado” (p.75).

Encerrando seu percurso, a autora apresenta as inscrições parietais dos populares no quinto capítulo de seu livro, o qual intitulou de “Amor e sexualidade em inscrições parietais”. A autora versa a respeito das constantes inscrições populares sobre suas venturas e desventuras amorosas; como pôde observar durante sua pesquisa nos sítios de Pompéia, Feitosa conclui: “O tema amoroso fazia parte das preocupações cotidianas desses ‘grafiteiros’ e é por meio de suas referências sexo-afetivas que penso na composição do feminino e do masculino, em uma articulação de gênero.

Para essa análise selecionei duas práticas sexuais que, em seu âmago, estão relacionadas à sexualidade masculina e à feminina: a ação de futuere [ter relação sexual com] e de cunnum lingere [praticar a cunilíngua]” (p. 97-98).

Não apenas no último capítulo de seu trabalho, mas ao longo de todas as páginas, Feitosa manifesta sua preocupação com a sexualidade humana. Portanto, o livro Amor e sexualidade: o masculino e o feminino em grafites de Pompéia, de Lourdes Conde Feitosa, representa tanto um movimento de sedimentação dos estudos clássicos no Brasil como a inserção, no mundo das idéias, de um pensamento holístico no tocante à sexualidade dos antigos romanos. Mais um aspecto interessante de seu texto é o tratamento dado à sua temática: a sexualidade dos populares, esquivando-se de análises limitadas pelo olhar moralista bem como de repetições analíticas pautadas em relatos de Plínio, o jovem ou de Tácito, fazendo emergir relatos diversificados e contraditórios sobre a vida cotidiana em Pompéia.

Maria Aparecida Oliveira Silva – Doutoranda em História Social – FFLCH/USP. Bolsista Fapesp. Anos 90, Porto Alegre, v.13, n.23/24, p.361-364, 2006.

Acessar publicação original

[IF]

 

Dicionário Crítico Câmara Cascudo | Marcos Silva

Desde o primeiro momento em que me deparei com o Dicionário Crítico Câmara Cascudo e, depois, à medida que o lia – ou melhor, saboreava cada página – uma pergunta se impunha: que outro escritor brasileiro poderia ser comparado a Câmara Cascudo, seja pelo volume de livros publicados, seja pela impressionante contribuição que deu aos mais diferentes campos do conhecimento? Que outro mereceria a organização de um dicionário para reunir e explicar sua produção intelectual? E, apesar de alguns nomes me ocorrerem, nenhum parecia superar o norte-rio-grandense, tal o inegável impacto de seu trabalho para a cultura brasileira. Como poucos, Cascudo introduziu no cenário nacional o testemunho de uma experiência sertaneja e a cosmovisão de um mundo nordestino, até então muito pouco conhecido e geralmente ignorado pela elite intelectual do país.

A vasta bibliografia de Câmara Cascudo (1898-1986) contabiliza cerca de uma centena de obras e se encontra espalhada pelos campos da história, da etnografia, da antropologia, da literatura, da crítica literária, da cultura popular, da religião, da geografia e, principalmente, do folclore. Como se não bastasse, há ainda um importante detalhe: seja qual for o tema estudado, o texto cascudiano prima por ser também literário. O escritor norte-rio-grandense desenvolveu ao longo de sua produtiva vida intelectual um estilo muito próprio, cujo ponto alto é justamente uma especial habilidade no trato com a linguagem, que resulta sempre em um texto sedutor, leve e singular, pontuado de imagens e de expressões poéticas que encantam o leitor e aliviam com muita sensibilidade a aridez da informação documental. Leia Mais

O integralismo nas águas do Lete: história, memória e esquecimento | Rogério Victor Lustosa

A problemática da memória e as suas múltiplas abordagens têm se tornado um tema recorrente na produção da História nas últimas décadas. A historiografia que aborda o movimento integralista não foge desse novo enfoque, tendo sido produzidos, nos últimos anos, vários trabalhos para analisar tanto a forma como os militantes da Ação Integralista (novos e velhos) interpretam e reelaboram seu próprio passado, quanto a maneira como outros agentes políticos e sociais interpretavam o movimento dos camisas-verdes.

Trabalhando nessa seara, o jovem pesquisador Rogério Lustosa Victor apresenta uma importante colaboração ao tema. No livro ora resenhado, o qual foi apresentado inicialmente como dissertação de mestrado na Universidade Federal de Goiás em 2004 e publicado no ano seguinte, a questão da memória integralista é trabalhada nos mais diferentes ângulos, sendo oferecidas importantes reflexões ao estudioso do tema. Leia Mais

Ancient Warfare | Harry Sidebottom

O estudo da guerra tem passado por grandes modificações, nos últimos anos. Na esteira da explosão das identidades e do reconhecimento da diversidade, sob influxo, também, do pós-modernismo, a guerra passou a ser revista. Manifestação de cultura, ela tem sido vista como parte constitutiva da dinâmica social. O estudo da Antigüidade tampouco deixou de ser afetado por tais questionamentos epistemológicos. Sidebottom procura, com esse livro, introduzir o leitor à pletora de discussões em curso, e o faz com imenso êxito. O autor, professor de estudos clássicos em Oxford, demonstra que mesmo temas na aparência tradicionais e eruditos podem ter alta relevância, tanto historiográfica como social e política.

Começa por enfatizar a relevância do tema para os nossos dias, com destaque para a invenção do conceito de “modo ocidental de guerrear”: o desejo de luta aberta, em batalha decisiva, visando à aniquilação do inimigo. Luta conduzida por um exército bem-equipado, sustentado pela infantaria. A batalha deve ser ganha pela coragem, introduzida pelo treinamento e disciplina. Para isso, seriam necessárias a liberdade política e a propriedade, naquilo que se chama “militarismo cívico”. Inventada pelos gregos, teria sido recebida pelos romanos e renascido na modernidade. A invasão do Iraque, apoiada pelo idealizador da tal teoria, assessor de Rumsfeld, Victor Davis Hanson, historiador militar da Grécia antiga, seria o corolário dessa teoria. Seus livros, traduzidos em muitas línguas, entre elas o português, são best-sellers. Mais do que isso, foi um dos grandes responsáveis pelas decisões que levaram às guerras que presenciamos, neste início de século. Leia Mais

Ideologia Autoritária | Guido Rodriguez Alcalá

Um problema sempre recorrente quando se fala da integração latino-americana no plano cultural é a dificuldade de comunicação entre as metades de origem espanhola e portuguesa do continente. Os livros, revistas e jornais argentinos, mexicanos ou espanhóis circulam pelo imenso espaço entre o México e a Terra do Fogo, formando um conjunto que não é nem de longe homogêneo, mas se comunica através de uma língua comum. A produção cultural brasileira, em língua portuguesa, contudo, não tem esta repercussão fora do país, e nem mesmo entre nossos vizinhos mais próximos há uma real demanda por ela. Como contrapartida lógica, o que se produz na América hispânica nem sempre chega às estantes do Brasil, o que dificulta o diálogo e as trocas numa região que se aproxima, economicamente, cada vez mais.

Numa iniciativa do Itamaraty, surgiu a Coleção América do Sul, cujo objetivo é colocar à disposição do público brasileiro obras fundamentais, publicadas por conhecidos escritores e pesquisadores dos países da América do Sul, para o conhecimento destes países. Tais obras, devidamente traduzidas para o português, buscam estimular no leitor brasileiro o interesse pela nossa própria região do mundo e aproximar as duas metades do continente latino-americano. Tal idéia é mais do que meritória, nem tanto pela tradução dos livros (já que é impensável que um leitor culto de português seja incapaz de ler espanhol), mas pelo fato de disponibilizar, no Brasil, obras de interesse que dificilmente circulariam no país sem o apoio oficial. Leia Mais

Conquista Espiritual. A história da evangelização na Província do Guairá na obra de Antonio Ruiz de Montoya, S. I. (1585-1652) | Jurandir Coronado Aguilar

O livro trata da história da evangelização feita pelos jesuítas no início do século XVII no Guairá, região da fronteira do Brasil com o Paraguai. Pelo lado brasileiro é a região de Guairá, no Paraná. A figura do padre Antonio Ruiz de Montoya S. I. (1585-1652) é destacada pelo autor e analisada mais detidamente. A obra é resultante das pesquisas feitas pelo autor em seu doutorado em História da Igreja cursado na Pontifícia Universidade Gregoriana do Vaticano. A pesquisa mereceu o Prêmio Bellarmino de 2001 e foi publicada no ano de 2002 em Roma. O texto é apresentado em português.

O autor é presbítero da diocese de Campo Mourão, no Paraná, desde 1989. Sua formação sacerdotal básica foi realizada nos seminários de Maringá e Londrina, no Paraná, e em Florianópolis, Santa Catarina (Instituto Teológico). Leia Mais

Les Ouvriers D’Une Vigne Stérile. Les jésuites el la conversion des Indiens au Brésil 1580-1620 | Charlote Castelnau-L’Estoile

Nas últimas décadas, índios e jesuítas têm ganhado espaço pesquisas interdisciplinares que procuram repensar suas relações de contato. Nestes estudos, os índios, em geral, surgem como principal foco de interesse dos pesquisadores que em procuram refletir sobre as mudanças por eles vivenciadas, considerando-os também agentes destas mudanças. O aspecto religioso costuma ser priorizado e os jesuítas aparecem como importantes atores com os quais interagem os índios nestes processos de metamorfose. Cristina Pompa, Eduardo Viveiros de Castro, John Monteiro, Manuela Carneiro da Cunha e Ronaldo Vainfas são alguns exemplos de historiadores e antropólogos que, dos anos 1990 para cá, têm abordado o tema nesta perspectiva. Nestes trabalhos, bem como em outros que os antecederam, em perspectiva diversa, os inacianos desempenham papel essencial como agentes transformadores das culturas indígenas e, sobretudo, como produtores de fontes primárias fundamentais para o tema, porém não constituem o foco central de suas abordagens. Mais recentemente, José Eisemberg inovou ao abordar as missões, privilegiando o pensamento político da ordem jesuítica e refletindo sobre suas mudanças a partir da prática missionária. Leia Mais

História & Ensino de História | Thais Nivia Fonseca

História & Ensino de História é o sexto livro da coleção História & Reflexões, da Editora Autêntica, lançado em 2003. Apesar do intervalo entre seu lançamento e a apresentação desta resenha, a obra mantém-se atual por sua qualidade, temática e contribuição à ampla área constituída pela História da Educação, ensino e história do ensino de História. O texto conciso consegue descortinar parte importante da problemática da história do ensino de História no Brasil e trata do tema apresentando o percurso da História como disciplina escolar e sua realização como pesquisa até as últimas décadas do século XX. Por conseguinte, sua leitura é de interesse do amplo público formado por professores e pesquisadores da área.

O acerto do empreendimento somente seria possível a alguém que conhecesse bem o território a ser desvendado. Thais Nivia de Lima e Fonseca, pesquisadora em História da Educação da UFMG, participa de projetos sobre práticas culturais e educativas em diversos períodos, especialmente o colonial. O resultado de suas pesquisas contribui para o adensamento do texto com documentos e sua análise. Na escrita do livro, transita no território interdisciplinar da pesquisa em História e em Educação, cuidando de fontes documentais e preocupando-se com a mediação cultural, seja na escola ou fora dela. A amplitude de sua inserção está indicada no diálogo com um amplo leque de referências bibliográficas. Leia Mais

História & Natureza – DUARTE (VH)

DUARTE, Regina Horta. História & Natureza. Belo Horizonte: Autêntica, 2005. Resenha de: ALBUQUERQUE JUNIOR, Durval Muniz de. A sabedoria vegetal. Varia História, Belo Horizonte, v.22, n.35, p. 240-243, jan./jun., 2006.

Retiro semelhanças de pessoas com árvores

de pessoas com rãs

de pessoas com pedras

etc etc

Retiro semelhanças de árvores comigo.

Não tenho habilidade pra clarezas.

Preciso obter sabedoria vegetal.

(BARROS, Manoel Desejar ser. In: Livro sobre nada, p. 51)

Aprendi com Manoel de Barros que a ciência pode classificar e nomear os órgãos de um sabiá, mas não pode medir seus encantos. Talvez seja esse o desafio lançado para a História Ambiental, do qual o livro de Regina Horta Duarte, História & Natureza, é um belo exemplo: menos classificar e nomear e mais medir os encantos, falar dos sentidos, dos sentimentos, das imagens, que cada sociedade humana atribuiu ao que se chama de natureza. Encantos é que não falta autora, dona de olhos azuis de céu e bochechas de rosa. Ao ler seu livro, páreo estar escutando a sua voz doce e carinhosa, quase um canto de sabiá laranjeira, a dizer com simplicidade e firmeza que não concorda com tal leitura feita sobre a nossa relação com a natureza. Como sempre, fazendo uma crítica equilibrada, percuciente, atentando para o que há de pertinente em cada uma das formulações, comumente conseguindo encontrar um caminho próprio, uma forma própria de ver. Quase a escuto dizendo, sussurrando, a fórmula mágica e quase impossível de resistir, a interjeição que sempre nos faz aderir  sua posição, expressão do que seria um jeito bem mineiro de ser: “né”!

O livro é composto de três capítulos. No primeiro, Os historiadores em diálogo com seu tempo, a autora vai se dirigir aos jovens, a quem, como confessa na apresentação, seu discurso é dirigido, na tentativa de modificar a visão sobre a disciplina histórica que parece prevalecer entre eles, ou seja, a de que a história trata de coisas velhas, de trastes, de restos do passado, não tendo nada a dizer ao tempo presente. A história seria uma matéria maçante, chata, exigindo a memorização de uma montanha de eventos que não serviria para nada, que nada significariam para esta juventude que vive preocupada com o futuro e habita um mundo radicalmente distinto daquele sobre o qual a história costuma falar. Ao tomar a natureza como tema de análise histórica, ao tratar das formas como o homem pensou e praticou a natureza, como nela interferiu e com ela se constituiu, a história estaria tratando de um tema dos mais candentes do nosso tempo. A questão de nossa relação com o meio ambiente é, hoje, um problema que se coloca como prioritário para esta juventude. Ela deve procurar encontrar soluções, ou seja, inventar formas novas de se relacionar com o meio ambiente, o que implica rever as próprias concepções acerca da natureza e do homem presentes em nossa cultura. A história tem um papel importante a desempenhar neste processo de revisão de práticas e valores,  medida que pode contribuir para desnaturalizar a nossa forma de lidar com o ambiente, nos ajudando a entender como chegamos ao estado atual de degradação, de poluição e de modificação dos ecossistemas.

No segundo capítulo, Sociedade, natureza e história, a obra faz uma incursão pela história da relação entre homem e natureza, nas várias sociedades humanas, procurando deixar claro que não é apenas a sociedade moderna ou contemporânea que devastou ou devasta a natureza ou que explorou ou explora os recursos naturais, muitas vezes, acima da sua capacidade de renovação; mas que isso ocorreu desde as formas de organização mais simples dos grupos humanos, sendo esta intervenção no meio ambiente e seu poder transformador, quase sempre, relativo ao grau de desenvolvimento técnico destas sociedades. Fugindo de qualquer mirada romântica, que contamina muitas discussões e muitas práticas em torno da questão ambiental, o livro nos fala de que o homem nunca viveu em completa harmonia com a natureza, nem com a sua própria, justamente por ser um animal cultural, o que implica de saída em negar, de certa forma a natureza, inclusive a sua própria. O texto coloca-se, claramente, em oposição a certo discurso ecológico que faz dos índios, por exemplo, seres como que pertencentes  natureza, como se fossem elementos da paisagem, o que implica na animalização destes e a defesa, muitas vezes explicita, de que não devem ter acesso aos benefícios, que afinal também foram trazidos pelo processo civilizatório. Discorda, ainda, do sonho edênico de uma natureza intocada, de um retorno a uma vida natural, presente em muitos discursos ecológicos, mostrando, como, paradoxalmente, a vida natural tornou-se uma das principais mercadorias vendida, hoje, no mercado capitalista. Lendo o livro de Regina Horta, levei o susto de quem aprende algo que nunca havia parado para sequer imaginar, quando ela narra a devastação ambiental feita pelos gregos antigos ou pelo Império romano. Neste momento me perguntei como é possível que a terra e seus recursos tenham aguentado tanta devastação, por tanto tempo. Acostumado aos massacres humanos que formam a história, me dei conta, lendo este livro, de outros tantos massacres que também vieram constituir o que chamamos de história; não apenas o massacre dos gatos, tema do texto de Robert Darnton, com sua gloriosa função de forma de resistência da classe trabalhadora, mas dos pássaros, dos leões, dos ursos, das raposas, dos carvalhos, dos mognos, etc . Cheguei a me perguntar, lendo o número de animais abatidos nas arenas romanas, em uma só ocasião festiva, como ainda temos tal biodiversidade espalhada pelo planeta.

Entendemos um pouco como isso foi possível  medida que a história feita pela autora não é uma história maniqueísta, uma história feita por mocinhos e vilões, mas uma história que busca tratar o tema que se propõe a estudar com muito equilíbrio, vendo-o por vários ângulos e em toda a sua complexidade, explorando, inclusive suas ambiguidades. Aqui Regina revela um dos seus melhores traços como pessoa: ela não é uma pessoa arrogante e autoritária, e isso aparece em sua maneira de escrever a história. Ela escreve uma história que não arrota verdades definitivas, nem posições inquestionáveis. Em um outro percurso pelas várias sociedades humanas, a obra vai mostrar todas as práticas e discursos daqueles que denunciaram a devastação da natureza, que colocaram as suas vidas em defesa dos animais e das plantas. Vai mostrar, inclusive, como um fenômeno histórico, que normalmente é tratado hoje com muitas reservas, o processo de expansão comercial e política européia, foi um fator de disseminação de variedades diversas de plantas e animais, iniciando o que poderíamos chamar de processo de globalização da natureza, do qual a criação dos vários jardins botânicos e zoológicos é um fenômeno importante. Contraditoriamente, a mesma colonização que aumenta a biodiversidade por onde passa, trazendo plantas e animais que seriam a base da alimentação das novas sociedades em construção, aumenta, também, a diversidade de microrganismos letais á saúde de populações nativas que não carregam em seus corpos defesas imunológicas contra os efeitos destes vírus ou bactérias alienígenas.

No terceiro capítulo, História e História Ambiental, o livro vai contar a história da emergência da história ambiental, procurando mostrar os problemas que levaram  sua emergência, as discussões conceituais que a atravessa, as correntes em que se subdivide. Ensaia também uma sumária e incompleta arqueologia da história ambiental entre nós, onde a falta de referência ao livro Nordeste, de Gilberto Freyre, Ø uma lacuna a ser revista numa próxima edição, já que sem dúvida, mais do que os textos citados de Capistrano de Abreu, de Caio Prado Jr. e de Sérgio Buarque de Holanda, onde a abordagem ecológica está presente, mas é tangencial, o livro de Freyre Ø explicitamente estruturado em torno da relação entre homem e natureza, e se coloca como um ensaio de eco sociologia. Este capítulo mostra como a autora está a par das discussões mais contemporâneas no campo da história ambiental, sendo uma especialista reconhecida, nacional e internacionalmente, neste campo historiográfico.

O livro História & Natureza, é de leitura obrigatória, não só por seu conteúdo, pelas informações valiosas que traz acerca da história da relação entre homem e meio ambiente, ao longo do tempo, mas também por ser leitura agradável, leitura bem informada, leitura crítica e problematizadora de nosso lugar na história e na natureza. Ler este livro, mais do que saber acadêmico, me trouxe saber vegetal, que é, segundo Manoel de Barros, receber com naturalidade uma rã no talo. E ler este texto é como receber uma rã no talo, pois sua leitura provoca a sensação de choque e de desconforto, nossa sensibilidade fica eriçada, ele é um convite a gesto instintivo e necessário, sua leitura provoca surpresa e angústia. A leitura nos faz experimentar o sobressalto que provoca, em doutores formados, a escritura daquilo que, de certa forma, já sabíamos, mas possivelmente tínhamos medo de sequer dizer. Coisas que, durante muito tempo, foram imprestáveis e impensáveis para a palavra do historiador, tinham existência só coisal, agora ditas nos levam a boquiabrir. Espero que elas passem a dar germânios, depois que Regina regou a horta dos historiadores e nela fez brotar coisas que abasteciam o abandono, coisas esquecidas na terra, e que agora urgem em falar ou ser faladas. A história está aprendendo, talvez, que mais do que desencantar ela precisa encantar seus leitores e aqueles que a fazem. Talvez, com este livro aprendamos que precisamos escrever história com passarinhos fazendo poleiro na cabeça.

Durval Muniz de Albuquerque Junior – Departamento de História/ Centro de Ciências Humanas, Letras e Artes Universidade Federal do Rio Grande do Norte. E-mail: durvalal@hotmail.com

Acessar publicação original

[DR]

O Olhar Eterno de Chichico Alkmim – SOUZA; FRANÇA (VH)

SOUSA, Flander; FRANÇA, Verônica Alkmim (orgs.). O Olhar Eterno de Chichico Alkmim. Belo Horizonte: Editora. B, 2005. Resenha de: BORGES, Maria Eliza Linhares. Varia História, Belo Horizonte, v.22, n.35, p. 235-239, jan./jun., 2006.

Em fins de 2005 a Editora B lançou O Olhar Eterno de Chichico Alkmim/The eternal vision of Chichico Alkmim. Esta publicação bilingue divulga uma pequena e significativa amostra do trabalho de Francisco Augusto Alkmim: o Chichico Alkmim, fotógrafo mineiro que nos legou um acervo de 5.000 negativos em vidro produzido na cidade de Diamantina, no Vale do Jequitinhonha, na primeira metade do século XX.

Livros como este são muito cortejados pelo mercado editorial, inclusive internacional. Seu público-alvo é, em geral, formado por aficionados pela história da fotografia, bem como por aqueles que lançam mão da imagem fotográfica para analisar questões da vida social. Como veremos a seguir, esta modalidade de publicação tende a destacar o padrão técnico e estético seguido por fotógrafos dos anos oitocentos e das primeiras décadas do século XX, além de colocar o leitor diante de versões particulares de temas presentes no mundo da fotografia deste mesmo período.

A padronização e a reprodução dos signos fotográficos, bem como a análise de seus usos e suas funções sociais são questões recorrentes entre os estudiosos da história da fotografia. Apenas para exemplificar, lembremos: em 1931, Walter Benjamim (Pequena História da Fotografia) já chamara a atenção para o papel da fotografia na compreensão dos rumos da cultura moderna, mais especificamente da cultura oriunda do capitalismo industrial. Seis anos mais tarde, em 1937, um pesquisador do Museu de Arte Moderna de Nova York, Beaumont Newhall, lançava seu History of photographe. Em pouco tempo este livro viria a se tornar uma espécie de paradigma para se ver, pesquisar e pensar a história da fotografia, sobretudo no mundo ocidental. A partir dos anos de 1960, mais especificamente da década de 1980, o mercado editorial internacional e nacional foi inflacionado por uma série de publicações acerca da fotografia oitocentista e de inícios dos anos novecentos. Este fenômeno não é gratuito. Sinaliza, por um lado, um movimento de valorização da fotografia em outros campos, como a crescente presença da fotografia nas galerias de arte e nos museus; o papel relevante que esta imagem tem tido nos debates sobre a preservação da memória e o patrimônio histórico; o investimento dos arquivos, públicos e privados, na montagem de seus acervos fotográficos; etc. Por outro, ele é contemporâneo das reflexões que hoje se fazem em torno da crise teórico-metodológica que tem permeado o modelo da história da fotografia conforme sugerida por Beaumont Newhall.

No Brasil, instituições como a FUNARTE, o Instituto Moreira Salles, a Biblioteca Nacional do Rio de Janeiro, dentre outras, têm devotado grande atenção  edição de livros sobre a história da fotografia aqui produzida por fotógrafos estrangeiros e nacionais. Simultaneamente, estudiosos independentes ou vinculados s Universidades têm alimentado o mercado editorial nacional com estudos onde a fotografia se constitui num objeto de pesquisa privilegiado. Muitos deles se detêm nos debates teórico-metodológicas relativos aos alcances e limites dos usos da fonte fotográfica para a análise de temas próprios das Ciências Sociais.

Mas o que tudo isso tem a ver com a resenha aqui proposta? Muito, sem dúvida. Os leitores de O Olhar Eterno de Chichico Alkmim/The eternal vision of Chichico Alkmim verªo que o fotógrafo Chichico Alkmim pertenceu  linhagem de fotógrafos dos anos oitocentos e das primeiras décadas do século XX. Mais, ainda, a estrutura do livro e os textos que a alinhavam valorizam a fotografia de autoria, uma visão da história da fotografia muito afinada com o modelo proposto por B. Newhall.

Organizado em dez partes, das quais fazem parte uma apresentação, uma introdução e uma parte final com informações sobre a vida profissional do fotógrafo, o livro, propriamente dito, se inicia e se encerra com dois retratos do autor: o fotgrafo Chichico Alkmim. A primeira foto foi feita por sua esposa na década de 1920; a outra, clicada por seu filho, não tem data, mas certamente retrata o fotógrafo décadas depois. Entre uma e outra, os autores ordenaram as cinco partes do livro, cujos títulos já antecipam um pouco da trajetória temática percorrida por este fotografo nascido em 1886 na Fazenda do Sitio, no município de Bocaiuva/MG.

Em Silenciosa luminosidade, dos 13 retratos de adultos, individuais e em grupo, 12 mostram o trabalho de estúdio> Apenas um foi feito no local onde provavelmente viviam as retratadas: um convento de freiras. Para a parte intitulada Photografia, os autores privilegiaram a infância em suas faces religiosa e lúdica; em Eternidade, a fotografia mortuária-infantil exalta a dor da perda, celebra a memória do último ciclo da vida: a morte. Em Diamantina passava por Chichico, nossos olhos passeiam por representações de tipos físicos e sociais locais. Dentro ou fora do estúdio do fotógrafo, todas as poses foram meticulosamente estudadas e produzidas; ressaltam, cada uma delas, um aspecto específico do retratado: a virilidade, a posição social; a afinidade com alguns signos da modernidade, como a bicicleta, ou com a permanência da tradição, como o casamento, por exemplo. Paisagens humanas, paisagens urbanas, como o próprio título indica, foi composta a partir de vistas urbanas de Diamantina e de cenas de convívio social, as quais dão a ver “a alta sociedade diamantinense”; sua banda de música; seus jovens ilustrados; o aprendizado infantil da dilapidação de diamantes, o garimpo, o mercado central; as igrejas, as festas, a arquitetura colonial, etc. Após A mão que colhia rosas, que apenas contem o retrato do fotógrafo, clicado por seu filho, segue-se Um retrato retocado, como dito antes, ai o leitor se depara com informações sobre seu ofício de fotógrafo.

Á medida que passamos as páginas deste belíssimo livro e nos deparamos com cada uma de suas imagens, fica uma certeza: seus autores não mediram esforços para apresentar uma fração do que há de melhor deste fotógrafo cuja iniciação no mundo da fotografia parece datar de 1902, quando ele contava apenas com dezesseis anos de idade. Incentivado pelos mestres Padre Manuel González e Passig, ainda na fazendo do Caetermirim, o jovem Francisco Augusto Alkmim começou a aprender os mistérios da captação e criação dos fragmentos de vida refletidos nas lentes de sua máquina fotográfica. Como tantos outros fotógrafos de sua Época, Chichico Alkmim foi um autodidata. Juntamente com seus negativos de vidros, sua família localizou o Manual Prático de Photographia, de autoria de Adalberto Veiga, datado de 1910, e um livreto da Kodak brasileira: o Kodaks Graflex e acessórios, produzido no Rio de Janeiro e datado de 1926. Além de seguir suas instruções, sabe-se, também, que o fotógrafo frequentou o ateliê de Igino Bonfiolli que, nos idos de 1920, foi um dos espaços fotográficos mais respeitados da capital mineira. Depoimentos orais com membros da família Alkmim ainda nos informam: o fotógrafo de Diamantina era leitor voraz de revistas ilustradas como Careta, A Noite Ilustrada e Ilustração. Este conjunto de práticas, aliado ao seu talento pessoal, informou o manuseio que ele fazia de sua câmera de fole 13×18 com objetiva.

Uma vez radicado em Diamantina, por volta de 1917, Chichico Alkmim, manteve-se fiel a esta câmera até 1955, ano em que encerrou sua carreira de fotógrafo.

Tal fidelidade nos permite algumas provocações. Sabe-se, por exemplo, que em 1927 a Leica já se encontrava disponível no mercado; na década de 1930, sua venda chegou a mais de 100.000 exemplares. Por que será que o profissional Chichico Alkmim não abriu mão de sua câmera de fole 13×18 com objetiva? O que este dado que merece ser melhor pesquisado estaria sinalizando? Seu apego a uma tradição técnica e/ou estética? Um distintivo em relação a outros fotógrafos da região? Sabemos, por outras fontes, que Chichico Alkmim não foi o único fotógrafo de Diamantina. Por volta dos anos de 1920, viveu nesta cidade um outro fotógrafo: Francisco Manuel da Veiga.

Tendo conhecido outra parcela das fotografias deste fotógrafo, sabemos ser o esmero de Chichico Alkmim uma constante da maior parte de seus cenários e de suas poses. Contudo, como toda obra, a sua também é desigual. Explicar suas raízes, bem como tentar compreender os porquês de seu possível apego à tradição técnica e/ou estética dos anos oitocentos, é um convite e também um desafio a ser enfrentado por aqueles que certamente se dedicarão, no futuro próximo, ao estudo de seu acervo.

Não poderíamos encerrar as informações sobre este belo livro sem antes chamar a atenção para outro aspecto importante mas nem sempre considerado na avaliação de publicações como esta. Referimo-nos, em especial, às técnicas utilizadas tanto em sua composição, quanto na digitalização de suas imagens. Como lembram os teóricos da história do livro e da leitura, a análise das escolhas relativas  impressão de um livro é um dos aspectos cruciais para se compreender os alvos pretendidos pelos editores. Segundo informações do fotógrafo e professor de fotografia, Tibério França, a impressão de O olhar eterno de Chichico Alkmim/The eternal vision of Chichico foi feita em papel couchê, em tritone, o que implicou em duas impressões do preto, para as áreas de sombras profundas e outra mais clara para os meios tons, cor escolhida da escala pantone, uma variação do branco, quase creme, com um tom um pouco mais quente na impressão. Para a digitalização das imagens foi utilizado o definition and resolution. Cada original de vidro foi escaneado três vezes, sendo uma para luzes, outra para sombras, e outra, ainda, para os tons médios. Outro software foi utilizado para recuperar os detalhes de luzes, sombras e meios tons.

Por fim, faz-se necessário informar alguns aspectos sobre a descoberta do fotógrafo Chichico Alkmim. Sabe-se que em 1978, data de seu falecimento, a família herdou um acervo de 5.000 negativos em vidro, minuciosamente organizado pelo próprio fotógrafo entre os anos de 1950 e 70. Segundo os autores de O olhar eterno de Chichico Alkmim/The eternal vision of Chichico, em 1980, a cidade pôde, por primeira vez, conhecer e avaliar uma fração do conjunto de seu trabalho. A exposição de algumas de suas imagens, no salão do Museu do Diamante, durante o 16o Festival de Inverno/UFMG, despertou o interesse, de pesquisadores e autoridades, para o trabalho de Chichico Alkmim. A partir da estavam criadas as condições para o início do trabalho de higienização, digitalização, indexação e identificação de seus negativos em vidros, a cargo da FEVALE (Fundação Educacional do Vale do Jequitinhonha). Em parte, pode-se dizer que esta atividade, iniciada em 1998, no Centro de Memória Cultural do Vale do Jequitinhonha, em Diamantina- mediante financiamento da FAPEMIG (Fundação de Amparo à Pesquisa de Minas Gerais) e apoio da Universidade do Estado de Minas Gerais, propiciou a confecção e a publicação do livro ora resenhado.

Muito provavelmente, sua circulação estimular a produção de estudos e análises tanto sobre seu acervo, quanto sobre sua obra propriamente dita. Ao pesquisador da história da fotografia e também dos diferentes campos do saber histórico, investigar este acervo equivaler a imiscuir-se no universo de problematizações sobre a cultura da fotografia de ateliê, praticada nos moldes da fotografia oitocentista e de primeiras décadas dos anos novecentos. Permitirá, quem sabe, compreender e avaliar seus alcances e limites, bem como sua inserção no sistema perceptivo da época.

A beleza das imagens que compõem este livro, as histórias e os mistérios que ele encerra e os desafios analíticos nele contidos são, por si sós, um convite à sua leitura.

Maria Eliza Linhares Borges – Doutora em Sociologia e Professora do Departamento de História/UFMG. E-mail: liliza@uai.com.br

Acessar publicação original

[DR]

 

The cold war: a new history | J. L. Gaddis

Em 1980, ao analisar a historiografia americana de relações internacionais, Charles Maier afirmaria que o campo regredia e estagnava, não tendo o interesse dos estudantes nem a atenção da grande academia do país.1 Anos depois, John Lewis Gaddis seguiria na mesma linha ao afirmar, em uma metáfora, que essa pequena e decrescente comunidade de historiadores parecia ocupar, no mundo acadêmico, “algo como o nicho evolucionário ocupado pelo crocodilo […] e a barata: [esses acadêmicos] estão por perto há muito tempo e não estão em perigo imediato de extinção; mas [são] ainda primitivos e, por esta razão, não muito interessantes.”2 A crítica não foi restrita aos dois historiadores e durante duas décadas uma crise que pairou sobre o campo parecia apontar para a própria extinção da área – o maior medo nos momentos mais agonizantes era a possibilidade do campo seguir o mesmo rumo da história marítima: a extinção pelas mudanças bruscas da modernização no mundo e na própria disciplina de história.3

A chamada Diplomatic History já tinha passado por um período crítico durante a década de 60 quando o pioneiro trabalho de William Appleman Williams implodiria consensos centrais do campo. Williams, que lideraria a chamada escola revisionista (também chamada de Escola de Wisconsin ou new left), afirmaria que o foco nas elites e nos grandes estadistas era equivocado quando se buscava explicar a política externa dos Estados Unidos. Para ele, dever-se-ia concentrar em aspectos internos, notadamente econômicos, que tinham profundo impacto na política externa americana. Dessa forma, essa nova abordagem diminuía o papel dos indivíduos e os efeitos do sistema internacional nas grandes decisões da política externa do país.4 A revisão no curso historiográfico foi bastante explícita, principalmente no que se refere ao tópico da Guerra Fria. Enquanto o primeiro grupo de historiadores acusava o desejo de Stalin de dominação da Europa como o aspecto central na origem da Guerra Fria, o grupo subseqüente, liderado por Appleman Williams, argumentava que a Guerra Fria foi, na verdade, uma resultante dos interesses econômicos profundos dos EUA. O debate entre a abordagem tradicional e revisionista ocuparia as páginas dos periódicos especializados, os seminários acadêmicos e as páginas dos jornais de grande circulação. Leia Mais

Palmares, ontem e hoje | Pedro Paulo Funari

Escrito a quatro mãos, o ensaio Palmares, ontem e hoje é mais uma das primorosas narrativas da coleção Descobrindo o Brasil, editada pela Jorge Zahar Ed. Calcado num dos temas mais consagrados da nossa historiografia, o texto de Pedro Paulo Funari e Aline Viera de Carvalho aborda com maestria e originalidade as principais questões que envolvem a saga palmarina desde o período de formação do quilombo até as descobertas mais recentes no campo da arqueologia.

Fugindo das tradicionais e – por que não dizê-lo? – esquemáticas abordagens introdutórias aos episódios marcantes da nossa história, os autores apresentam o quilombo de Palmares como um problema historiográfico, ou seja, um fato histórico que foi e continua sendo constantemente reescrito por historiadores, sociólogos, arqueólogos e antropólogos. Tal honestidade profissional demanda naturalmente um convite ao leitor a compreender os meandros da escrita da história e a produzir suas próprias idéias sobre os fatos tratados. É isso que os autores literalmente fazem ao mostrar como o estudo da história implica na discussão da relação passado e presente, dado que dela resulta o discurso do historiador. Leia Mais

O camponês e a história: a construção da ULTAB e a fundação da CONTAG nas memórias de Lyndolpho Silva | Paulo Ribeiro Cunha

Em 1952, o Comitê Central do Partido Comunista Brasileiro (PCB) resolveu chamar um amplo pleno sindical, que reformulou as linhas gerais de atuação dos comunistas frente ao movimento sindical. A resolução aprovada neste pleno orientava que os comunistas voltassem a atuar junto aos sindicatos existentes, ampliassem as reivindicações trabalhistas, forjassem alianças com outras forças políticas, notadamente os petebistas, e retomassem a luta pela sindicalização e unidade sindical.

A partir desse momento os comunistas vão investir fundo na “exploração dos espaços legais existentes”, procurando organizar o movimento sindical tanto “por baixo”, como “por cima”. “Por baixo”, fazendo um esforço para organizar a formação de “comissões de fábrica”, de “comissões de salários” e jogando as decisões fundamentais para as assembléias por categorias e gerais. “Por cima”, procurando criar organismos que pudessem contemplar a unidade da classe trabalhadora. Primeiro com o Pacto de Unidade Intersindical (PUI), surgido durante a grande greve de 1953, mais conhecida como a greve dos “300 mil”; depois com o Pacto de Unidade e Ação (PUA) e por fim, com o Comando Geral dos Trabalhadores (CGT), que se transformou na mais importante organização sindical vertical, fora da estrutura oficial, até o golpe de 1964. Aliás, o PCB só conseguiu liderar a “greve dos 300 mil” de 1953 e aquelas que a sucederam, nos anos imediatos, porque operou, previamente, “um realinhamento de sua política sindical, reaproximando-se dos trabalhistas e dos sindicatos oficiais e rompendo, neste ponto, com a estratégia maximalista e foquista que havia patrocinado experiências armadas no campo”, como bem frisou Gildo Marçal Brandão [2]. Leia Mais

Anos 70: Trajetórias | Antônio Risério, Maria C. M. Freire e Maria Rita Kehl

Resultado de um evento multidisciplinar realizado em São Paulo durante os meses de outubro de 2001 a janeiro de 2002, o livro Anos 70: Trajetórias compõe-se de 18 ensaios sobre a década de 1970, no Brasil, divididos em sete blocos temáticos, reunindo os seguintes autores: Nicolau Sevcenko, Antonio Risério, Maria Rita Khel e Cláudio Novaes Pinto Coelho falam sobre “Cultura e Contracultura”; Esther Hamburger, Silvia Borelli e Waldenyr Caldas, sobre “Comunicação e Indústria Cultural”; o debate sobre Literatura reuniu João Adolfo Hansen, Waly Salomão e Carlos A. Messeder Pereira; sobre “Artes Cênicas”, há os textos de Dulce Aquino, Luiz Carlos Maciel e Luiz Fernando Ramos; Luiz Tatit e Marcos Napolitano escrevem sobre “Música”; Paulo Sérgio Duarte e Cristina Freire, sobre “Artes Visuais”; e Daniel Revah, sobre “Educação”.

Como diz a apresentação do livro, os autores convidados viveram os anos 70, e seus textos, portanto, constituem, ao mesmo tempo, o relato pessoal dessa experiência e uma reflexão histórica sobre o período, buscando dar voz à pluralidade sem a preocupação de síntese. De fato, a variedade dos temas e autores favorece o interesse de leitores provenientes de distintas áreas de atuação, como permite também uma visão não unificada sobre o período em foco. Leia Mais

O Novo Imperialismo | David Harvey

As metamorfoses da acumulação capitalista, do poder político e territorial em escala mundial, na passagem para o século XXI, trazem à baila teorias, conceitos e categorias históricas e geográficas há muito excluídas ou afastadas dos debates e discussões. A geopolítica, a geoestratégia, o imperialismo e o território ressurgem para explicar a política internacional dos Estados Unidos. Autores como Michael Hardt, Antonio Negri, Hannah Arendt, David Harvey, entre outros, revisitam o conceito de imperialismo, agora num outro espaço-tempo, com abordagens e entendimentos diferentes, opostos ou complementares.

David Harvey é um dos mais importantes geógrafos da atualidade, professor da City University of New York, autor de vários livros e artigos que versam sobre a economia, a globalização, a urbanização e as mudanças culturais contemporâneas, em diferentes contextos e escalas espaciais, utilizando o que denomina de materialismo histórico e geográfico como parâmetro analítico. Dentre as publicações do autor destaca-se Condição Pós-Moderna, de 1992, que oferece uma vasta contribuição para o entendimento das transformações político-econômicas do capitalismo do final do século XX. Leia Mais

Envisioning the past. Archaeology and the image – SMILES; MOSER (RAP)

SMILES, Sam; MOSER, Stephanie (Eds.). Envisioning the past. Archaeology and the image. Blackwell Publishing. Malden: Oxford y Carthon. 246 páginas. Resenha de: CASTAÑO, Ana Maria Mansilla. Revista Arqueologia Pública, São Paulo, n. 1, 2006.

Este livro, co-editado por uma das pioneiras dos estudos das imagens na arqueologia, oferece uma interessante coletânea de trabalhos sobre a análise do discurso visual em arqueologia. Envisioning the Past foi também a primeira Conferência Internacional sobre o tema na Southampton University (2000). Não foram publicadas as atas daquela conferência, o que atualiza e valoriza ainda mais a temática com esta nova publicação.

A articulação do livro em doze breves capítulos permite ter uma boa panorâmica dos principais objetos de estudo neste novo campo de pesquisa arqueológica. Analisa-se o papel das imagens na construção do conhecimento arqueológico: as imagens sobre as origens da humanidade, o papel do imaginário pré-histórico na construção das identidades identidades, as diferentes fontes do repertório iconográfico arqueológico, o destaque das imagens na arqueologia contemporânea tanto no trabalho de campo quanto na divulgação popular ou formal, sem esquecer as nuances que a introdução das novas tecnologias implica. No entanto, visando uma melhor aproximação a este tipo de estudos, a ordenação temática dos diferentes capítulos teria sido uma opção adequada. Assim mesmo, a própria brevidade dificulta o passo entre a proposta teórica e a amostra analisada.

Mesmo sendo as imagens o fio condutor do livro, os diferentes capítulos sugerem outras interessantes linhas de pesquisa no âmbito da antropologia do patrimônio, da divulgação arqueológica e da construção da comunidade e a cultura arqueológica.

Ana Maria Mansilla Castaño – Escola Oficina de Restauro de Salvador. E-mail: anamansillac@oi.com.br

Acessar publicação original

[MLPDB]

 

Appropiated pasts. Indigenous peoples and the colonial culture of Archaeology – MCNIVEN; RUSSEL (RAP)

MCNIVEN, Ian J., RUSSEL, Lynette Russell. Appropiated pasts. Indigenous peoples and the colonial culture of Archaeology. Walnut Creek. Altamira Press, 2005, 317 Páginas. Resenha de: CASTAÑO, Ana Maria Mansilla. Revista Arqueologia Pública, São Paulo, n.1, 2006.

Os títulos dos capítulos identificam já as differentes teorias que, sob o ponto de vista teórico, têm apoiado o colonialismo no discurso arqueológico. Sincronicamente são analisados os discursos desde as primeiras teorias que configuraram a própria disciplina até hoje. O segundo objetivo do livro, depois da análise de como o discurso arqueológico, juntamente com outros, tem contribuido e contribui ao colonialismo, que é oferecer alternativas para uma prática arqueológica descolonizada, se resolve rapido demais, uma vez que têm sido apresentadas questões terminológicas e conceituais de grande interesse, como a proposta de desconstrução do termo “Pré- História”. Isto porque, o sentido de tempo anterior à história resulta ofensivo para as populações indígenas que entendem que nenhum povo é povo sem história.

Perante os termos de “community archaeology” e “shared history”, que enfatizam as relações entre os arqueólogos e as comunidades locais, os autores sugerem sua sustituição pelo termo de “partnership research”. Aborda-se o caso australiano, mas nas frequentes referências a outras colonias de povoamento sente-se a falta de algumas experiências no contexto da America Latina e não apenas o olhar anglo-saxâo. O que não retira valor à sugestiva e exaustiva análise crítica das conflitivas relações entre a arqueologia e a sociedade contemporânea.

Ana Maria Mansilla Castaño – Escola Oficina de Restauro de Salvador. E-mail: anamansillac@oi.com.br

Acessar publicação original

[MLPDB]

 

Do nacional-desenvolvimentismo à internacionalização no Brasil subnacional: o caso do Ceará | José Nelson Bessa e Déborah Barros Leal Farias

Eis uma obra plasmada pela oportunidade e inventividade dos seus autores. Do nacional-desenvolvimentismo à internacionalização no Brasil subnacional: o caso do Ceará demonstra a renovação que vem se impondo, com grande naturalidade, na reformulação nos cânones da pesquisa e do ensino das Relações Internacionais no Brasil. Claro, sucinto e bem escrito, o livro tem duas claras contribuições. Por um lado, escrutina aspecto extremamente relevante para as sociedades democráticas modernas: o limites da high politics ante a necessidade imperativa do avanço da low politics. Embrenham-se os autores no esforço de demonstração da capacidade dos entes subnacionais na conformação da política externa do Estado nacional. Evidencia-se, na leitura da obra, o quanto o Brasil está atrasado na matéria e o quanto está para ser feito. Leia Mais

Integração Regional: os Blocos Econômicos nas Relações Internacionais | Alfredo da Mota Menezes e Pio Penna Filho

Em setembro de 2006, ao comentar a reunião do Grupo Mercado Comum (GMC) que se realizara naquele mês em Brasília, o jornalista Sérgio Léo, do Valor Econômico, comentava: “A burocracia tem suas vantagens, e uma delas é a falta de dúvidas existenciais: enquanto se debate publicamente o risco de dissolução do Mercosul, as instâncias burocráticas do bloco continuam funcionando com certa normalidade.” Provavelmente não assistimos à “dissolução” do bloco, mas, sem dúvida, estamos longe de um período em que o otimismo quase generalizado com relação ao Mercosul justificava-se sem maiores explicações e as notícias dos jornais o reproduziam abundantemente. O que se passou desde então?

Aos interessados em conhecer não só o processo de construção do Mercosul, mas também a história e os principais desafios atuais encontrados em vários processos de integração econômica pelo mundo, uma boa pedida é a leitura do livro de Alfredo da Mota Menezes e Pio Penna Filho. Em linguagem bastante acessível, o livro dirige-se ao leitor não-especialista, que poderá compreender esse fenômeno internacional. Quais as diferenças entre uma união aduaneira e uma zona de livre comércio? A integração deve melhorar o bem-estar social das sociedades integradas, mas como integrar economias tão díspares como as da Alemanha e de Portugal ou como as do Brasil e do Paraguai? Embora, em geral, a integração seja vista pelo cidadão comum como uma forma a ser buscada para que os países atinjam um bom padrão de inserção internacional, obstáculos das mais diversas naturezas devem ser enfrentados, e os de natureza política não são os menores deles. Leia Mais

O século XXI no Brasil e no mundo | Maria Izabel Valladão de Carvalho e Maria Helena de Castro Santos

Theodore Hook, escritor inglês, afirmava que a melhor forma de predizer o futuro é inventando-o. Esse mote singulariza muito bem o empreendimento de desbravadores, inventores e vanguardistas da arte, pois a engenhosidade humana parece dispor de irrestrito estoque de surpresas que transformam o espaço e a consciência que temos de nós mesmos. É com artifício semelhante que gerações de pesquisadores perscrutam uma grande “invenção” coletiva, que é a realidade social que nos cerca.

Para examiná-la, criam-se métodos, derrubam-se axiomas e debatem-se idéias – um processo que redunda na grade de conhecimento que ajuda a tornar compreensível os complexos processos que enfrentamos. Nos últimos anos, contudo, esses exercícios demandam cada vez mais desvelo e mobilização por parte dos corifeus da academia, pois a realidade parece constituir um agregado difícil de decompor, de dar inteligibilidade e de explicar. Leia Mais

Desafios brasileiros na era dos gigantes | Samuel Pinheiro Guimarães

Nos últimos anos, intensificaram-se os debates nos meios de comunicação e na academia sobre a política externa brasileira, em decorrência do êxito eleitoral da oposição no âmbito federal em 2002, após três pleitos disputados (89, 94 e 98). Deste modo, o cotejo entre o desempenho das gestões de Fernando Henrique Cardoso e de Luis Inácio Lula da Silva foi constante, ainda mais durante as vésperas da última eleição presidencial (2006), de cujo resultado se extrairia a confirmação do atual titular.

Em face da proximidade das políticas econômicas executadas no último decênio, a política externa tornar-se-ia para muitos o cenáculo em que situação e oposição – manifesta não apenas nos meios partidários se avaliariam, por ela eventualmente possibilitar a diferença das linhas traçadas, posterior execução e, por fim, auferimento dos êxitos. Leia Mais

Entre América e Europa: a política externa brasileira na década de 1920 | Eugênio Vargas Garcia

O livro resulta de tese de doutorado apresentada na UnB em 2001 e beneficiou-se de pesquisas do autor em arquivos nacionais e estrangeiros (EUA e Reino Unido), com o que ele construiu uma obra tão competente quanto necessária, uma vez que o período coberto permanecia uma espécie de “patinho feio” da nossa historiografia diplomática, prensado entre a “era do Barão”, na primeira década do século XX, e os episódios mais “excitantes” da fase da Guerra Fria. No próprio entre-guerras, os anos de depressão e conflitos econômicos e militares que se seguiram à crise de 1929 sempre receberam mais atenção dos historiadores que o período aparentemente “morno” que se situa entre o final da Primeira Guerra e o golpe de outubro de 1930, que inaugura a chamada era Vargas, de modernização e industrialização.

Eugênio Garcia formula, em primeiro lugar, uma série de perguntas, que ele tenta depois responder em sete capítulos temáticos que cobrem as principais áreas de atuação e os principais problemas diplomáticos – e desafios internacionais – do Brasil nos doze anos cobertos pela pesquisa. Como a política externa movia-se num triângulo atlântico formado pelos Estados Unidos, Europa e América do Sul, suas perguntas se dirigem aos problemas que serão depois analisados em cada um dos capítulos: “rumo à Europa”, ou seja, nossa participação na conferência da paz de 1919; “diplomacia econômica”, vale dizer, defesa do café e penetração de capitais estrangeiros; “equilíbrio estratégico na América do Sul”, com o rearmamento militar e as tentativas de equilíbrio de poderes na região; “comércio e finanças”, quando se assiste à competição entre os interesses britânicos e americanos nas duas vertentes; “a experiência da Liga das Nações”, nossa primeira tentativa, frustrada, de integrar o círculo dos “mais iguais”; “de volta à América”, quando se administra o afastamento diplomático da Europa; e “a diplomacia anti-revolução das oligarquias”, capítulo final no qual aparecem os problemas político-ideológicos que desembocariam na revolução de 1930. Leia Mais

As religiões no Rio | João do Rio

Resenhista

Ronaldo Salgado – Universidade Federal do Ceará.

Referências desta Resenha

RIO, João do. As religiões no Rio. Rio de Janeiro: Edição da Organização Simões, 1951. Resenha de: SALGADO, Ronaldo. Incursão de João do Rio no universo religioso carioca. Trajetos. Fortaleza, v.4, n. 8, 2006.

Acesso apenas no link original [DR]

Escrita singular: Capistrano de Abreu e Madre Maria José | Virgínia A. Castro Buarque

Resenhista

Paula Virgínia Pinheiro Batista – Universidade Federal do Ceará.

Referências desta Resenha

BUARQUE, Virgínia, A. Castro. Escrita singular: Capistrano de Abreu e Madre Maria José. Fortaleza: Museu do Ceará; Secretaria da Cultura, 2003. Resenha de: BATISTA, Paula Virgínia Pinheiro. Trajetos. Fortaleza, v.4, n. 8, 2006.

Acesso apenas no link original [DR]

A Igreja do Brasil no Concílio Vaticano II: 1959-1965 | José Oscar Beozzo

Resenhista

Márcio de Souza Porto – Universidade Federal do Ceará.

Referências desta Resenha

BEOZZO, José Oscar. A Igreja do Brasil no Concílio Vaticano II: 1959-1965. São Paulo: Paulinas, 2005. Resenha de: PORTO, Márcio de Souza. Trajetos. Fortaleza, v.4, n. 8, 2006.

Acesso apenas no link original [DR]

Gênero, patriarcado, violência / Heleieth Saffioti

Publicado recentemente, em 2004, Gênero, Patriarcado, Violência parece ter sido concebido para ser uma espécie de “manual didático” que busca conceituar, sob a perspectiva de uma socióloga estudiosa das temáticas feministas, conceitos imbricados de paradoxos tais como gênero, patriarcado, poder, raça, etnia e a relação exploração-dominação.

A partir da utilização de conceitos formulados pela autora no correr de sua vida acadêmica, já que os temas em pauta fazem parte do universo de pesquisas de Saffioti desde os anos oitenta, a obra em análise se propõe a abrir novas perspectivas para o entendimento da violência contra as mulheres. Este tipo de violência, segundo a autora, consiste em um problema social cujo exame encontra-se entrelaçado aos estudos de gênero, raça/etnia, classes sociais e patriarcado.

Dividido em quatro seções de análises, a obra de Saffioti “destina-se a todos(as) aqueles(as) que desejam conhecer fenômenos sociais relativamente ocultos”(p.9), dentre os quais está a violência contra as mulheres, questão que perpassa todos os eixos de reflexão do livro em pauta.

As áreas da Saúde, Jurídicas, Ciências Sociais e Humanas têm se dedicado, mesmo que de forma tímida ou isolada, à compreensão dos mais diversos mecanismos de opressão das mulheres. Dada à diversidade e a multiplicidade de pesquisas que vem sendo realizadas em relação aos temas abarcados nesta obra, é possível observar que as articulações dos pensamentos da autora são perpassadas pela transversalidade de saberes. Assim, por meio de uma perspectiva reconhecidamente feminista e a partir do instrumental teórico do campo disciplinar no qual está inscrita é que partem suas pontuações. Com títulos de abertura dos capítulos considerados pouco comuns, tais como “a realidade nua e crua” e “descoberta da área das perfumarias”, a socióloga versa sobre temas específicos de forma a conceituar, em termos jurídicos e sociológicos, sobre os diversos tipos de violências (doméstica, de gênero, contra as mulheres, intra-familiar, urbana) existentes no caso brasileiro sob uma espécie de permissividade social.

Com essa profusão de novos conceitos, a releitura e a reinterpretação de teorias já existentes, acrescentando-se a instabilidade característica do fazer feminista, talvez não seja possível encontrarmos termos consensuais no contexto dos embates das correntes feministas.

A autora faz uma breve análise do cenário político-econômico brasileiro e constata que estes terrenos são, “certamente, a maior e mais importante fonte da instabilidade social no mundo globalizado”(p.14). Para ela, é sob a ordem patriarcal de gênero que devem ser feitas as análises sobre a violência contra as mulheres.

Recorrendo a referências obrigatórias no campo dos Estudos Feministas e de Gênero, tais como Carole Pateman, Gayle Rubin, Joan Scott, entre outras, Saffioti empreende uma escrita que varia entre pontuações extremamente coloquiais e outras passagens com reflexões importantes e densas para uma obra que pretende ser didática. Para o/a leitor/a desavisado/a, essas passagens requerem especial atenção, já que as análises da autora requerem uma leitura prévia dos conceitos discutidos. Exemplo disso é a utilização do conceito de poder formulado por Foucault que a socióloga utiliza sem maiores esclarecimentos acerca da perspectiva pósmoderna.

Influenciado pelas correntes do pensamento pós-moderno no qual estava inserido (construindo e desconstruindo suas perspectivas), ao refletir sobre outras maneiras de pensar, Foucault defende um amplo questionamento de conceitos caros a seu campo como a finalidade, a natureza, a verdade, os procedimentos tradicionais de produção do conhecimento histórico, as representações do passado com que operamos e os usos que fazemos de sua construção.

Outra questão que merece zelo na leitura são as discussões teóricas que Saffioti estabelece sobre diferentes perspectivas sobre os conceitos de gênero existentes. Vale destacar que, de natureza cultural e ideológica, os Estudos de Gênero introduziram a questão de gênero como categoria analítica e demonstraram como é ilusória a neutralidade dos valores ditos “universais”. Em sua prática interdisciplinar, articula – a partir de uma perspectiva “gendrada” – questões de raça, classe, etnia, bem como contribuições de vários eixos epistemológicos como a psicanálise, marxismo, antropologia, etc, buscando compreender a representação (histórico-cultural, literária) das mulheres, bem como sua contribuição neste processo.

Um ponto bastante interessante a ser ressaltado nesta obra, como se pode depreender da sua leitura, é que esta consiste no fruto de reflexões embasadas em dados empíricos e sobre pontos de referências a respeito das sobreposições parciais, as especificidades e diferenças entre as várias modalidades de violências existentes, fenômenos estes, demonstrados pela autora, que não são tão raros quanto o senso comum indica.

Consiste alvo de crítica da autora, em diversas passagens da obra, o uso político de uma diferença fundada nos argumentos do determinismo biológico e em normatizações feitas a partir de uma marca genital. Para ela, as pessoas são socializadas para manter o pensamento andrógino, machista, classista e sexista estabelecido pelo patriarcado como poder político organizado e legitimado pelo aparato estatal por meio da naturalização das diferenças sexuais.

Em relação à violência, tema que perpassa a maioria das reflexões da autora há que se considerar as sobreposições feitas por Saffioti sobre os conceitos e as especificidades de cada “fenômeno”, sua expressão para designar a violência. Ao mostrar os fatos em suas peculiaridades, a autora trabalha quadros teóricos de referência com vistas a orientar seu leitor. Assim, ela diferencia e explicita as características e os contextos em que ocorrem principalmente os seguintes tipos de violência: contra a mulher, de gênero, doméstica, intrafamiliar, entre outras. Nesse sentido, faz parte também das análises de Saffioti a ocorrência do “femicídio”, que, segundo ela, consiste na feminização da palavra homicídio e é um fenômeno infelizmente bastante recorrente, principalmente nos tempos atuais (p. 72-73).

No que tange ao significado da violência e todas as conseqüências que surgem da ocorrência deste fenômeno, a autora lembra que na sociedade patriarcal em que vivemos, existe uma forte banalização da violência de forma que há uma tolerância e até um certo incentivo da sociedade para que os homens possam exercer sua virilidade baseada na força/dominação com fulcro na organização social de gênero. Dessa forma, é “normal e natural que os homens maltratem suas mulheres, assim como que pais e mães maltratem seus filhos, ratificando, deste modo, a pedagogia da violência.” (p.74) Para Saffioti, a ruptura dos diferentes tipos de integridade, quais sejam, a física, a sexual, a emocional, a moral, faz com que se estabeleça a “ordem social das bicadas”, na qual o consentimento social para a conversão da agressividade masculina em agressão contra as mulheres, não é um fator que prejudica apenas as vítimas, mas também seus agressores e toda a teia social que convive ou é forçada, por inúmeros motivos, a suportar tal sujeição. como critério de avaliação de um ato como violento situa-se no terreno da individualidade e, dessa forma, cada mulher interpreta de forma singular esse mecanismo de sujeição aos homens. Segundo Saffioti, somente uma política de combate à violência (especialmente a doméstica) que se articule e opere em rede, de forma a englobar diferentes áreas (Ministério Público, juizes, polícia, hospitais, defensoria pública) pode ser capaz de ter eficácia no combate à violência.

As experiências da autora e a liberdade com que trata dos temas de forma a informar e/ou atualizar o leitor merecem atenção. Ao desvelar parte do processo de diferenciação sexuada, nas múltiplas configurações espaços-temporais, a autora expõe o caráter produtor e reiterador de imagens naturalizadas de mulheres e homens. Dessa forma, a obra pode ser considerada referência de leitura para as pessoas que se interessam pelas temáticas ligadas às questões de gênero, violência, patriarcado, e afins.

Uma vez que a literatura científica feminista tem sido constantemente obscurecida ou ignorada, este livro ressalta a importância no questionamento dos paradigmas científicos e da naturalização das formas de relações sociais que instituem o feminino e o masculino em uma escala de valores hierarquizada com vistas à desnaturalizar construções cristalizadas no imaginário e nas representações sociais sobre as desigualdades existentes nas relações entre homens e mulheres.

Trata-se de uma obra instigante, cuja leitura deve ser cuidadosa, que funda suas interpretações a partir do enfoque que entende o gênero como uma representação que produz e reproduz diferenças por meio da classificação dos indivíduos pelo sexo, os quais exigem abordagens e epistemologias específicas para suas análises.

Longe de ser um “manual didático” Gênero, Patriarcado, Violência apresenta conceitos já trabalhados pela autora em outros estudos, mas pode ser considerada uma referência bibliográfica atualizada para os/as interessados/as em estudos de Gênero e violências, já que apresenta importantes distinções das considerações anteriormente feitas aos deslocar o olhar do leitor para além do senso comum e das generalizações

Fabrícia F. PimentaGraduada em Direito, Mestre em Ciência Política pela UnB e doutoranda na UnB em História na linha de pesquisa “Estudos Feministas e de Gênero”. Apoio financeiro para a pesquisa: CNPq. E-mail: fabricia.pimenta@yahoo.com.br / fabricia.piment@ig.com.b.


SAFFIOTI, Heleieth I. B. Gênero, patriarcado, violência. São Paulo: Fundação Perseu Abramo, 2004, 151p. Resenha de: PIMENTA, Fabrícia F. Em Tempo de Histórias, Brasília, n.10, p.190-193, 2006. Acessar publicação original. [IF].

Temas da Política Internacional: ensaios, palestras e recordações diplomáticas – MARIZ (RIHGB)

MARIZ, Vasco. Temas da Política Internacional: ensaios, palestras e recordações diplomáticas. Rio de Janeiro: Topbooks, sd.. Resenha de: PEREIRA, Antônio Celso Alves. Ensaios históricos e saborosas inconfidências diplomáticas. Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, v.170, n.442, p.413-416, jan./mar., 2006.

Experiência diplomática, arguta observação, análise política preci­sa e, sobretudo, cultura humanista e senso de humor estão presentes nas páginas desse novo livro de Vasco Mariz, diplomata, escritor, musicólo­go, lexicógrafo e historiador, que, durante 42 anos, ocupou importantes postos na diplomacia brasileira. Serviu em Portugal, sob Salazar, na Iu­goslávia de Tito, na Argentina de Perón, no consulado em Nápoles e, por duas vezes, nos Estados Unidos. Além disso, foi representante do Brasil na OEA e embaixador no Equador, em Israel, em Chipre, no Peru e na extinta Alemanha Oriental.

Embora reunindo recordações e depoimentos pessoais, não se trata de um livro exclusivamente de memórias. O autor oferece ao interessado em política internacional um quadro analítico de temas que estiveram, e muitos ainda estão, na ordem do dia da grande política mundial. Suas re­miniscências do tempo em que servira na ONU são interessantíssimas. A análise do drama do Oriente Médio, que ele viveu de perto como embai­xador em Israel durante 5 anos, conforma um texto atual e imprescindível para a compreensão do problema. Da mesma forma, o leitor encontrará informações e detalhes pouco discutidos, ou mesmo ignorados, sobre a unificação alemã, especialmente sobre a antiga República Democrática Alemã. Na cerimônia de entrega de suas credenciais ao presidente da RDA, o comunista Erich Honecker, Vasco Mariz mencionou a participa­ção da Força Expedicionária Brasileira na Segunda Guerra Mundial. Ho­necker mostrou-se visivelmente surpreendido, pois não sabia que o Brasil lutara contra as tropas nazistas na Itália. Ainda sobre sua atuação na Ale­manha, não se pode deixar de ler, nos Apêndices, às páginas 380/382, o texto intitulado: “O sindicalista Lula na RDA, ou saudades de uma bonita gravata francesa”.

É interessante salientar que vários episódios completamente des­conhecidos da história diplomática brasileira, fatos que, segundo o au­tor, “ainda podem ser considerados confidenciais”, são por ele expostos e esclarecidos. Os acontecimentos descritos às páginas 111/114, sob o título “O dia em que o Brasil salvou o Marechal Tito”, eu nunca os vi re­gistrados em qualquer texto sobre a nossa política externa. No Itamaraty, melhor dizendo, em qualquer chancelaria, por envolverem os negócios diplomáticos interesses e razões de Estado, vigora uma espécie de silên­cio obsequioso, que obriga o diplomata a manter a maior discrição em sua vida pessoal e em sua atuação profissional. Vasco conta como fora espinafrado pelo embaixador brasileiro na Itália, Alencastro Guimarães, porque, cônsul em Nápoles, aceitara o convite do diretor da Ópera local para fazer parte do elenco de La Gioconda, no papel de Alvise Badoero. Vasco cantou e agradou. Aposentado desde os anos 90, declara-se agora à vontade para manifestar-se, como historiador, sobre sua vivência diplo­mática.

Nessa linha, evoca, entre outros episódios, dois delirantes projetos imperialistas do então presidente Jânio Quadros: “abrir um janela para o Caribe”, isto é, provocar uma revolta no Suriname, anexar ao Brasil parte do seu território e comprar a Guiana francesa (págs. 293/296); e, em sua política para a África, “incorporar Angola ao Brasil”. (págs. 171/173). Essas maluquices não prosperaram porque tínhamos à frente do Itamaraty a figura ilustre do notável estadista e grande brasileiro, Afonso Arinos de Melo Franco, que, naquela altura, em plena Guerra Fria, implantara no Itamaraty uma renovada, vigorosa e independente política externa.

Vasco Mariz trabalhou com Roberto Campos ao tempo que este fora embaixador em Washington. Acumulava as funções de direção dos seto­res cultural e de imprensa da embaixada. Nessa situação, foi testemunha e participou ativamente dos esforços da diplomacia brasileira para tentar anular a antipatia que o governo norte-americano, pelas conhecidas ra­zões ideológicas, nutria pelo governo João Goulart. No capitulo intitu­lado “Na Corte do Presidente Kennedy”, Mariz descreve, com detalhes, episódios interessantes sobre a visita oficial do presidente João Goulart, em abril de 1962, aos EUA. Além de uma minuciosa análise das questões que, naquela altura, compunham nosso contencioso político e comercial com os Estados Unidos, o autor comenta os momentos mais importantes dos encontros de Jango com Kennedy, ao mesmo tempo em que traz à luz situações cômicas, que ocorreram nos bastidores dessa polêmica visita presidencial.

Na sequência da narrativa de alguns fatos da política externa bra­sileira que não chegaram, em toda a sua extensão, ao conhecimento do grande público, Vasco Mariz revela detalhes das iniciativas ordenadas pelo governo militar para impedir a concessão do Prêmio Nobel da Paz de 1969 a Dom Helder Câmara. Este é um dos episódios mais tristes, mais lamentáveis, dentre os absurdos e violências perpetrados pela paranóia ideológica da ditadura militar. O autor, à época, era chefe do Departa­mento Cultural do Ministério das Relações Exteriores. Confessa que, por dever de ofício, cumprindo ordens diretas do secretário geral do Itama­raty, embaixador Jorge de Carvalho e Silva, convocara os embaixadores da Noruega, Suécia, Dinamarca e Finlândia, para pedir-lhes “que soli­citassem a seus governos, a título excepcional, que interviessem junto à Fundação Nobel para evitar a escolha”. Dias depois, o Itamaraty fora informado pelos citados embaixadores que seus governos não interferi­riam no assunto. O caso saiu da esfera diplomática e passou diretamente para a presidência da República. As pressões, fortíssimas, passaram a ser Vabis, Ericsson, Facit e Nokia). “A mensagem – escreve Mariz – foi bem entendida nos países escandinavos” e o prêmio foi concedido à Organiza­ção Internacional do Trabalho.

Vasco Mariz é uma pessoa de trato ameno, extremamente gentil, que encanta seus interlocutores. Estas qualidades muito o ajudaram em sua vida profissional e o aproximaram de importantes líderes mundiais e de destacados políticos brasileiros. Vale a pena ler os perfis que ele traça, na presente obra, das personalidades com as quais convivera em quase meio século de vida diplomática, reunidos, sob o título Variações, ao término de cada capítulo.

Escrito em linguagem clara, em estilo elegante, Temas da Política Internacional – ensaios, palestras e recordações diplomáticas, de Vasco Mariz, livro cuja leitura recomendo com prazer, constitui, ao mesmo tem­po, valiosa contribuição à bibliografia brasileira sobre política internacio­nal e sobre a história da política externa do nosso país.

Antônio Celso Alves Pereira – Presidente da Sociedade Brasileira de Direito Internacional e ex-reitor da Uerj.

Acessar publicação original

[IF]

La Geste du Prince Igor | Christiane Pighetti

Obra destinada ao grande público, apresentada e traduzida do russo para o francês com grande maestria, por Cristiane Piqhetti.

Trata-se de um dos documentos mais importantes da literatura medieval Ucraniana, escrito em eslavo eclesiástico por volta de 1185, o poema traz referências a épocas muito mais remotas, tornando-se uma importante fonte para o estudo deste período.

Os documentos mais antigos da literatura ucraniana surgidos em tempo do esplendor político e cultural do Estado de Kiev e do Estado da Galícia e Volínia mostram grande riqueza de formas e possuem elevado valor artístico. São marcados pelo espírito heróico de uma nação que, embora ainda se alimente de antigas tradições eslavas pagãs, com orgulho toma consciência da nova fé cristã.

O original do “Canto sobre a campanha de Igor”, durante vários séculos ficou desaparecido, sendo redescoberto em 1795 pelo Barão Alexij Mussin Púshkin, sendo feita uma cópia com a qual foi presenteada a imperatriz Catarina II. O Barão Púshkin logo se deu conta do valor da obra, traduzindo-o para o russo da época, e tratando de fazer uma edição tipográfica deste documento. Contou com a colaboração dos historiógrafos Malinovski e Ramenski, editando a obra em Moscou, em 1800.

Em 1812, o incêndio ocorrido durante a ocupação Napoleônica em Moscou, destruiu a biblioteca Púshkin, desaparecendo para sempre o manuscrito. Assim para fins de estudo existe somente a copia oferecida a Catarina II, reescrita várias vezes, com todas as implicações e decorrências desta transmissão.

Porém as referências ao “Slovo” em outros documentos da época, atestam sua autenticidade, corroborada por Roman Jakobson ainda em 1948. Atualmente não há ninguém que coloque sob suspeita a certeza de que a obra é de fato do séc. XII e reflete acontecimentos históricos reais.

Trata-se de uma obra que registra o ápice da rica criação literária dos tempos do Principado da Rus´ de Kiev, um paralelo dos poemas épicos do mundo Romano-Greco-Escandinavo, com quem a Ucrânia de então, mantinha estreitas relações.

O poema “Canto sobre a campanha de Igor”, extravasa os limites da literatura Ucraniana, para se tornar uma obra prima da cultura eslava oriental rutena, e um dos tesouros da literatura universal.

Em meados do séc. XI a poderosa e terrível tribo dos cumanos, governada por Khans, invadiu a Ucrânia, denominada então Rutênia, pelas fronteiras do sudeste tendo ocupado dentro de pouco tempo as regiões dos rios Volga e Don, do Mar de Azov e do Mar Negro até o Danúbio.

Em 1185, os príncipes Igor Sviatoslavytch, seu filho Volodymyr Ihorevytch, e o filho menor Oleg Ihorevytch, seu irmão Vsévolod e seu sobrinho Sviatoslaw, empreenderam uma expedição contra os cumanos que eram chefiados pelos Khans Kontchák e Gzá. A expedição terminou em desastre total. Os príncipes rutenos foram cercados, derrotados e caíram prisioneiros. Somente Igor teve a sorte de escapar da prisão. Todos os outros com seus exércitos jamais recuperaram a liberdade, com exceção de Volodynyr que se casou com a filha do Khan Kontchák e voltou à Ucrânia em 1187.

Esta expedição contra os cumanos serviu de tema para a epopéia heróica do “Canto sobre a campanha de Igor”, escrita – segundo novas pesquisas – no séc. XIII por um autor anônimo.

“La Geste du Prince Igor” é um poema heróico, cavalheiresco, fundamentado na honra e na fé, que são os dois grandes princípios da sociedade medieval.

Este poema atinge o nível da genialidade da criação literária. Ele retrata a própria alma do povo ucraniano em estado de permanente angústia, frente a constante ameaça da perda da liberdade, como também atinge o âmago do ser humano em suas complexas relações com as forças transcendentais da natureza e do universo.

Oksana Boruszenko – Universidade Federal do Paraná e Universidade de Kiev. E-mail: boruszenko@yahoo.com.br


PIGHETTI, Christiane (Trad.). La Geste du Prince Igor. Paris: La Différence, 2005. Resenha de: BORUSZENKO, Oksana. Brathair – Revista de Estudos Celtas e Germânicos. São Luís, v.6, n.1, p. 42-43, 2006. Acessar publicação original [DR]

Thor: filho de Asgard | Geraldo Cantarino

Essa fantástica ilha do Brasil, tão estreitamente vinculada a toda mitologia de São Brandão, pertence, com esta à antiga tradição céltica preservada até os dias de hoje. Richard Henning.

Nos bancos escolares, aprendemos que o nome do nosso país, Brasil advém da abundância de determinada madeira existente no litoral, chamada pau-brasil onde se extraia um corante vermelho de grande valor comercial na Europa que entrava no Renascimento, mas ainda respirava ares medievais. Este corante púrpura, como nos esclarece Sérgio Buarque de Holanda na clássica obra da historiografia brasileira Visão do Paraíso, “desde o século IX era conhecido no comércio árabe e italiano sob os nomes de Brasil e verzino” (Holanda, 1994: 173). Desde o Oitocentos, alguns estudos já demonstravam que o nome Brasil não proveio da cor da madeira em brasa, mas teria raízes mais antigas, provenientes de mitos celtas. Constante na cartografia européia dos séculos XIII ao XVI, a fabulosa ilha de Hy-Brazil possivelmente foi inspiração para que o imaginário português preterisse esse nome aos oficiais Vera e Santa Cruz, de caráter mais político e religioso: “primeiro houve o nome, depois o lugar que foi nomeado” (Souza, 2004: 35). As denominações burocráticas cederam lugar à terminologia mítica, apesar de posteriormente alguns autores coloniais acreditarem que este nome teria advindo da madeira homônima, um engano que se perpetua até nossos dias. Durante os anos 1940 a 1960, alguns estudos historiográficos fizeram levantamentos preliminares e algumas conclusões sobre as raízes deste passado filológico (a exemplo de Sérgio Buarque de Holanda e Gustavo Barroso), acabaram não criando outras pesquisas ou influenciando novas perspectivas. Em 2000, em um pequeno verbete para o livro Dicionário do Brasil colonial, o historiador Ronaldo Vainfas afirmou que o vocábulo Brasil teria provindo do imaginário europeu pré-cabralino e que teria sido utilizado pelos portugueses como mito geopolítico. Desta maneira, as referências sobre o tema nunca passaram de pequenas citações ou estudos rápidos, não originando dissertações ou teses, nem mesmo artigos mais detalhados ou a busca de fontes confiáveis nos arquivos europeus.

É neste contexto que foi publicado o livro Uma ilha chamada Brasil, do jornalista Gerlado Cantarino. Aproveitando-se da falta de interesse genérico dos acadêmicos e dentro de uma perspectiva estritamente comercial, Cantarino publicou uma obra que peca pela linguagem extremamente coloquial, pela falta de seriedade documental e pelo grande apelo esotérico e mesmo fantasioso de seu autor.2 Mitos tradicionais do Ocidente, como a Atlântida, a presença de fenícios e vikings na América do Sul3 , entre outros, foram tratados como fatos ou possibilidades, em detrimento da “verdade oficial” mantida pela academia, num tom verdadeiramente conspiratório especialmente pelos antigos escritores de 1850 a 1940. Uma ideologia típica desde o século XIX: tentar demonstrar o verdadeiro passado nacional, originando o que muitos denominam de “Arqueologia Fantástica” ou “Neodifusionismo”, teoria que procurou demonstrar o contato transoceânico entre os europeus e americanos antes das viagens de Colombo e Cabral. Reciclando antigas narrativas de autores coloniais, estes teóricos afirmavam que diversos povos, entre eles hebreus, africanos, escandinavos e fenícios, haviam estado no Brasil e América do Sul há vários séculos. Para isso baseavam-se em supostas inscrições misteriosas encontradas nas florestas ou sertões (na realidade, arte pré-histórica dos indígenas) ou enviadas para os grandes centros (como as famosas inscrições fenícias, que com o tempo provaram ser apenas falsificações)4. Com o início do século XX, todas estas teorias demonstraram ser apenas idéias fantasiosas, sem comprovações arqueológicas e carregadas de preconceito, racismo e intolerância pelo verdadeiro passado brasileiro, o povoamento indígena. A citação de Cantarino do livro Antiga História do Brasil, de Ludwig Schwennhagen – onde afirmava que o sítio de “7 Cidades” no Piauí seria o vestígio de uma antiga cidade fenícia, na realidade, formações geológicas naturais – beira simplesmente o ridículo (Cantarino, 2005: 85-86). A reiteração da famosa pedra da Paraíba (2005: 92-93), supostamente encontrada em 1872, já foi estudada por vários especialistas, tanto epigrafistas quanto historiadores, que demonstraram ser uma fraude realizada no Brasil Imperial. Até nossos dias, existem diversos escritores, quadrinistas e roteiristas de cinema que empregam essas idéias neodifusionistas, procurando convencer o grande público de que este passado mítico realmente existiu. Infelizmente, o jornalista Geraldo Cantarino perpetua esse procedimento, criando obstáculos para que um estudo realmente sério e acadêmico possa ser efetuado sobre as origens celto-irlandesas do nome do nosso país, esse sim passível de estudo e que infelizmente foi tema apenas de abordagens parciais. O caminho para pesquisas futuras está aberto, mas resta o cuidado para os investigadores não serem atraídos para referências enganadoras e sem qualidade, a exemplo do livro Uma ilha chamada Brasil.

O jornalista Geraldo Cantarino se dispôs a desenvolver uma extensa pesquisa sobre as origens celtas do nome Brasil e, como autor da pós-modernidade tanto suas leituras e pesquisas mereciam ser mais densas e profundas como exige o período em questão – há menções à obra de autores consagrados, como Capistrano de Abreu e Gustavo Barroso – e não se fixar em autores praticamente desconhecidos e a panfletos como citados no primeiro capítulo da obra: “(…) e encontrei-me, outra vez, com aunt Caitlín que havia feito uma cópia do material distribuído na palestra de Tralee” (Cantarino, 2004: 19) esquecendo-se de pesquisas já consolidadas como a realizada nos anos 1950 por Sérgio Buarque de Holanda e que se mantém atuais.

Logo no prefácio de Uma ilha chamada Brasil, encontramos alguns problemas que denotam o desconhecimento do autor ao tratar do tema. Na página 13, o autor escreve: “(…)observatórios lunares abandonados que, embora inativos, repousam em isolamento esplêndido ao longo do litoral ocidental celta” (Cantarino, 2004: 13 – grifo nosso). Há aqui uma informação equivocada, que o leitor desconhecendo que os celtas foram povos que habitavam a Europa desde a Ásia Menor (Galácia) até a Irlanda, podem acreditar que só este último país foi um reduto celta, como, atualmente muito esotéricos querem acreditar e, pior ainda, difundir essa falsa idéia. Um outro equívoco ainda relacionado à Irlanda diz que o Brasil deve seu nome à Irlanda (Cantarino, 2004: 14). Existe uma confusão feita pelo autor, pois este nome não está associado ao folclore irlandês, mas sim aos celtas que originalmente habitaram aquele país. Mais grave ainda é observar que estas informações constantes no prefácio da obra foram escritas por um autor escocês!

A narrativa de Cantarino vai se construindo de forma extremamente informal e jocosa utilizando a primeira pessoa do singular, transparecendo que o autor está escrevendo um diário e tratando o leitor como um infante recém alfabetizado, que descobre o prazer de descobrir um novo texto. Há ainda um tom “memorialista” na narrativa extremamente parcial e não condizente com a linguagem jornalística que o autor parece quer empregar em sua obra. Ainda no primeiro capítulo há uma menção aos irlandeses que durante o século XIX migraram para o Brasil fugindo da grande fome. Este episódio foi tema de um artigo intitulado “Cego furor homicida”, escrito pelo editor Christopher Burden e publicado na revista Nossa História. O artigo em questão é muito mais completo e elucidativo do que a descrição de Cantarino e apresenta qual foi a verdadeira razão da presença irlandesa nas terras brasileiras durante o Primeiro Império.

A narrativa que em primeira instância propunha-se a apresentar aos leitores uma abordagem séria das origens celto-irlandesas do nome Brasil vai-se construindo como obra de ficção e não como narrativa jornalística comprometida com a realidade e nem como um relato histórico sério já que o autor utiliza-se de construções condizentes com as narrativas ficcionais:

“Zarpei rumo ao desconhecido. (…) Desviei da correnteza por onde passa a história oficial para percorrer antigos atalhos e rotas marginais, inclusive aquelas por onde fluem as águas mágicas do realismo fantástico. Pelo caminho, fadas, semideuses e figuras mitológicas surgiram na minha frente em aparições virtuais” (Cantarino: 2004, 37).

A jocosidade utilizada pelo autor para tratar de temas que são fontes de estudos como o realismo fantástico e a mitologia de pesquisadores como Fraçoise Le Roux e Christian Guyonvarc’h que dedicaram suas pesquisas para comporem trabalhos detalhados e extremamente sérios sobre a mitologia celta aqui parecem serem estes temas daqueles que insistem em descobrir uma outra verdade que parece se apresentar somente aos esotéricos. Cantarino, a exemplo da máxima da célebre série de TV dos anos 1990 “Arquivo X”, busca a verdade lá fora e não a aprofunda nas obras sérias dedicadas ao tema e nem apresenta novas perspectivas realmente comprometidas com a cientificidade. A descrição apresentada da ilha de Hy-Brasil não aparece como a de um paraíso, mas sim de um lugar recorrente nas narrativas infantis:

“É a morada escolhida por fadas, dragões e deuses aposentados. Ou, ainda, duendes, gnomos e antigas tribos, quando não mais encontram um lugar para ficar no mundo contemporâneo” (Cantarino, 2004: 43).

Afirmando que Hy-Brasil é o local escolhido pelos “deuses aposentados” o autor parece, mais uma vez caracterizar a ilha mítica como um objeto a ser explorado apenas pela ficção não merecendo ser o foco de estudo de historiadores e mitólogos, por exemplo.

Mas, infelizmente os equívocos do autor não transparecem apenas nas análises e interpretações sobre as origens celtas do nome Brasil, pois também ele transmite ao leitor dados errados sobre pesquisadores quando afirma ser paulista a arqueóloga Niède Guidon (Cantarino, 2004: 73). A pesquisadora em questão é francesa e trabalha no Brasil há muitos anos realizando pesquisas no Parque Nacional da Serra da Capivara no Piauí onde luta bravamente contra as intempéries e os parcos recursos governamentais para manter um dos grandes legados do homem pré-histórico brasileiro.

Uma idiossincrasia cometida pelo autor é denominar celta como raça: “(…) definir o que passou a ser chamado Raça Celta” (Cantarino, 2004: 112). Do ponto de vista da Antropologia moderna, o conceito de raças está ultrapassado, só existe uma raça há cerca de 30 mil anos na Terra, o Homo sapiens sapiens. Os celtas podem ser definidos por um conceito etno-lingüístico, como um povo falante de uma mesma língua indo-européia.

O capítulo seis do livro, intitulado “Significado religioso”, se detém a uma longa descrição de narrativas das viagens de São Brandão e sua busca pelo Paraíso. O autor ao apresentar versões da Navigatio não procura analisá-las em profundidade, apresentando ao leitor as impressões sobre a busca do paraíso de Hy-Brasil que foram construídas por poetas desde a Idade Média até o século XIX. Não há análise ou discussão densa acerca das narrativas destas viagens, somente traduções livres e pequenas conclusões inócuas sobre a busca do paraíso terreal, seja pelo santo ou por aqueles que enveredam na leitura.

Há um capítulo dedicado as representações de Hy-Brasil nas diversas artes como sugere o título “Arte e Literatura” onde o autor mais uma vez apresenta uma relação da várias representações que a busca da ilha paradisíaca recebeu desde da Idade Média até a contemporaneidade. Especificamente em um parágrafo Cantarino traça um paralelo entre a ilha de Avalon que, segundo Jean Markale trata-se de “uma ilha maravilhosa da tradição céltica, uma espécie de terra das bem-aventuranças onde há maçãs que dão frutos o ano todo e que explica seu nome derivado de uma palavra galesa e bretã, aval, maçã” (Markale, 1999: 29). O simbolismo da “Ilha das Maçãs” ou o paraíso celta foi bem analisado no artigo “Significados medievais da maçã: fruto proibido, fonte do conhecimento, ilha paradisíaca” de Adriana Zierer. Neste texto, a pesquisadora de estudos célticos faz não só uma análise pormenorizada do simbolismo da maçã nas artes plásticas e na literatura como também as representações de Avalon em diversas narrativas de origem celta e, principalmente no mito arturiano.

O tema das origens celtas do nome Brasil é, ainda, infelizmente pouco explorado por pesquisadores brasileiros, sejam eles historiadores ou críticos literários e, este desinteresse muitas vezes abre precedentes para que diletantes façam pesquisas com qualidade sofrível ou, pior sem qualidade alguma e a divulguem e perpetuem estereótipos e imagens fantasiosas. A obra em questão enquadra-se nesta descrição. Há ainda muito a ser pesquisado tanto sobre as origens celtas do nome da Terra brasilis como das raízes medievais que estão presentes e impregnadas na cultura popular e no cotidiano deste os tempos da colônia e que são constantemente desprezados pelos pesquisadores, que parecem ainda relutar em aceitar que somos fruto de uma mentalidade medieval.

Geraldo Cantarino em sua pesquisa pecou pelo uso excessivo da linguagem coloquial que é inadmissível numa pesquisa mesmo que essa seja de popularização. As descrições tornam a obra ainda mais enfadonha e denotam falta de critério por parte do autor na escolha das suas fontes. Esperamos que os estudantes universitários que ora iniciam suas pesquisas nos estudos celtas (que segundo alguns somente poucos escolhidos merecem realizá-los, o que ao nosso ver é um erro) não se inspirem nesta obra e muito menos a tomem como referência.

Notas

1. A presente resenha recebeu a colaboração do Prof. Dr. Johnni Langer (PD-USP, bolsista da FAPESP). Conceitos e idéias integrantes do texto são de co-autoria do colaborador.

2. Outro autor que recentemente retoma as teorias neo-difusionistas é o explorador norte-americano Jim Woodman, em duas obras: Ancient New World: A Journey Across Medieval América. Xlibris Corporation, 2001 e The ancient inscriptions of Paraguay. Epigraphic Societu, 1989. No primeiro livro (pp. 75-82), o pesquisador analisa o mito da ilha Hy-Brazil e no segundo, supostas inscrições existentes no Paraguai que ele interpreta como sendo de origem Celta. Por sua vez, o francês Jacques de Mahieu interpretava as ditas inscrições como sendo de origem Viking. Na realidade, elas têm origem pré-histórica indígena, sendo, portanto, fantasiosa qualquer outra interpretação. Em uma série de fotografias em um site que atualmente não está mais disponível em conteúdo pela internet (Arthur Franco: A Idade das Luzes e os Megalitos de HyBrasil), o esotérico gaúcho Arthur Franco tentava demonstrar que no Rio Grande do Sul encontravam-se diversos megálitos gigantescos, alguns com até 100 metros de altura, supostamente realizados pelos Celtas em incursões pelo Brasil. Pelo exame nas fotografias, percebemos que se tratavam de formações geológicas naturais, tomadas como artificiais. No Brasil e na América, existem casos de megalitismo, mas de origem indígena com dimensões modestas, sem nenhuma relação com o de origem européia e muito menos Carnac e Stonehenge. Este autor também publicou uma obra de cunho esotérica com conteúdo parcialmente disponível na internet: A idade das luzes. Porto Alegre: Editora Wodan, 1997 (Disponível em: http://www.bibliotecavirtual.pro.br/historia/hebreus4.html Acessado em 20 de setembro de 2006). Outro pesquisador brasileiro que defende a presença Celta no passado brasileiro é Luiz Caldas Tibiriçá, sem nenhuma comprovação científica por parte da comunidade acadêmica. Sobre suas pesquisas ver: http://www.terra.com.br/istoegente/50/testemunha/index.htm . Acessado em 20 de setembro de 2006. A internet ainda disponibiliza vários textos sobre o encontro de inscrições Celtas (ogâmicas) na América, todas sem nenhuma viabilidade científica: Irish in América before Columbus http://www.aislingmagazine.com/aislingmagazine/articles/TAM17/Columbus.html Acessado em 20 de setembro de 2006.

3. Para considerações sobre os Vikings na América do Norte, ver Langer, 2006: 28-30; sobre os navegantes nórdicos no Brasil pré-cabralino, do qual não ocorre nenhuma evidência científica até nossos dias, vide Langer, 2004: 22-25.

4. A respeito da antiga teoria de que navegadores fenícios e hebreus teriam estado no Brasil e do qual não existem comprovações arqueológicas, ver os estudos de Langer, 2002: 87-108; 2003: 75-102. Sobre os conceitos racistas, eurocêntricos e preconceituosos destas antigas teorias, ver Langer, 2001: 222-228.

Referências

BARROSO, Gustavo. O Brasil na lenda e na cartografia antiga. São Paulo: GRD, 2000, p. 97-155.

BURDEN, Christopher. Cego furor homicida. Nossa História 2 (18), 2005.

CARRARA, Angelo Alves. O mistério das inscrições fenícias. Nossa História 1 (7), 2004.

FUNARI, Pedro Abreu. A origem do nome Brasil. Ultratextos: leitura e conhecimento. Disponível em: http://www.ultratextos.com.br/?template=ultratextos&link=exibetexto&id=1170. Acessado em 20 de setembro de 2006.

HOLLANDA, Sérgio Buarque. Visão do paraíso. São Paulo: Brasiliense, 1994, p. 173.

JOFFILY, Geraldo. A inscrição fenícia da Paraíba. Revista de História, USP, 46, 1973.

LANGER, Johnni. As cidades imaginárias do Brasil. Curitiba: Secretaria de Estado da Cultura do Paraná, 1997.

_____ Ruínas e Mitos: a Arqueologia no Brasil Imperial. Tese de doutorado em História pela UFPR, Curitiba, 2001.

_____ Signos petrificados e civilização: a inscrição fenícia da Paraíba e outras questões arqueológicas no Brasil Imperial. Pós-História 10, 2002.

_____ Ciência e imaginação: a pedra da Gávea e a Arqueologia no Brasil Imperial. Habitus 1 (1), 2003.

_____ Vikings no Brasil? Nossa História 1 (3), 2004.

_____ Vikings na América. Desvendando a História 2 (10), 2006.

_____ O porquê de se estudar Celtas e Vikings no Brasil. Necult, 08/07/2006. Disponível em: www.necult.com Acessado em 20 de setembro de 2006.

MAGASICH-AIROLA, Jorge & DE BEER, Jean-Marc. América Mágica. São Paulo: Paz e Terra, 2000, p. 2001.

MARKALE, Jean. Nouveau dictionnaire de mythologie celtique. Paris: Pygmalion, 1999.

SOUZA, Laura de Mello e. O nome do Brasil. Nossa História 1 (6), 2004.

VAINFAS, Ronaldo. Dicionário do Brasil colonial. Rio de Janeiro: Objetiva, 2000, p. 81.

ZIERER, Adriana. Significados medievais da maçã: fruto proibido, fonte do conhecimento, ilha paradisíaca. Mirabilia 1, 2001. Disponível em: www.revistamirabilia.com Acessado em 20 de setembro de 2006.

Luciana de Campos – Professora Mestre. Doutoranda em Letras, UNESP1 fadacelta@yahoo.com.br

CANTARINO, Geraldo. Uma ilha chamada Brasil: o paraíso irlandês no passado brasileiro. Rio de Janeiro: Mauad, 2004. Resenha de: CAMPOS, Luciana de. As raízes celtas do Brasil. Brathair – Revista de Estudos Celtas e Germânicos. São Luís, v.6, n.1, p. 44-49, 2006.

CANTARINO, Geraldo. Uma ilha chamada Brasil: o paraíso irlandês no passado brasileiro. Rio de Janeiro: Mauad, 2004. Resenha de: CAMPOS, Luciana de. As raízes celtas do Brasil. Brathair – Revista de Estudos Celtas e Germânicos. São Luís, v.6, n.1, p. 44-49, 2006. Acessar publicação original [DR]

YOSHIDA Akira (Aut) et ali, Thor: filho de Asgard (T), Panini Comics (E), LANGER Johnni (Res),  Brathair (Btr), Representações (l), Thor, História em Quadrinhos

Johnni Langer – Pós- doutorando em História pela USP, bolsista da FAPESP. E-mail: Johnnilanger@yahoo.com.br


YOSHIDA, Akira et alli. Thor: filho de Asgard. São Paulo: Panini Comics, 2005. Volume 1-12. Resenha de: LANGER, Johnni. As representações do deus Thor nas HQs. Brathair – Revista de Estudos Celtas e Germânicos. São Luís, v.6, n.1, p. 50-54, 2006. Acesso apenas do link original [DR]

Les Lacustres. Archéologie et mythe national | Marc-Antoine Kaeser

A coleção “Le savoir suisse” (www.lesavoirsuisse.ch ) conta atualmente 34 títulos dedicados a tornar acessíveis ao grande público as pesquisas universitárias da área francófona suíça, com temas históricos e questões pertinentes à identidade nacional da Confederação Helvética – mas, por estranho que pareça, não há ainda um volume dedicado aos helvécios. A presente obra, n. 14 da coleção, tem por objetivo refazer e criticar o mito da origem dessa mesma identidade nacional: os povos lacustres, os habitantes pré-históricos cujas características peculiares teriam marcado o ponto de partida da cultura alpina nessa região de montanhas e lagos que hoje se conhece pelo nome de Suiça.

Marc-Antoine Kaeser tem um perfil que o assinala como um cientista que há tempos vem se debruçando sobre o tema: entre suas publicações estão as que versam sobre a ideologia do suposto pacifismo lacustre (1997), a busca de antepassados operacionais (1998), o mito do fantasma lacustre (2000), as representações coletivas e construção da identidade nacional (2002) – temas que se destacam nos títulos que já publicou, e que mostram uma intenção clara de corrigir o discurso e a mentalidade políticas alimentadas por teorias científicas mais idealistas do que realistas. A frase com que abre este volume é bem explícita: “Há um século e meio a aldeia lacustre ocupa um lugar privilegiado na representação coletiva do passado pré-histórico da Suíça” (p. 9). E, contudo, hoje em dia os suíços se perguntam: esse povo lacustre existiu mesmo, dessa maneira como nos descrevem os historiadores? E eles são de fato os nossos antepassados? A resposta vem logo (ib.) radical: “A arqueologia contemporânea responde simplesmente com uma negação categórica – porém circunstanciada”. De fato ao longo do livro M.A. Kaeser tempera bastante essa negação: os povos pré-históricos alpinos não viviam em aldeias lacustres de palafitas, mas as povoações construídas nas margens dos lagos tinham algumas casas edificadas sobre postes dentro de água. Não existiram aquelas grandes plataformas que avançavam lago adentro, suportadas por colunas de madeira, e por sua vez suportando toda a aldeia. No sentido tradicional do termo não houve povo lacustre nem civilização lacustre entre as montanhas alpinas, mas houve uma população dispersa e variada, subsistindo com diversos tipos de economia além da pesca no lago, que construiu aldeias junto aos lagos – não sobre eles.

O autor passa a descrever a origem e evolução da “mitologia nacionalista”, começando pela grande seca de 1853/54 que, tendo posto a descoberto extensos trechos nas margens dos lagos, permitiu aos estudiosos identificar e reconstituir as populações ditas lacustres; e coube ao Presidente da Associação dos Antiquários de Zurique, Ferdinand Keller, iniciar uma série de publicações que constituíram o início da construção desse mito da origem nacional suíça. Numa época em que, após os tumultos das invasões francesas, a consciência nacional se afirmava por toda a Europa, a descoberta de que a Suíça também tinha um passado pré-romano, e que esse passado era digno de memória, dava aos suíços antepassados dos quais podiam se orgulhar. Daí até à representação gráfica idealizada das aldeias lacustres foi um passo. Kaeser ilustra a sua obra com muitos desenhos desse período, quando os “proto-helvécios” apareciam como vivendo em paz e harmonia com a natureza. Inspirados em Rousseau os historiadores suíços discípulos de Ferdinand Keller repassaram para esses ancestrais imaginários as virtudes que os suíços contemporâneos se atribuem: austeridade, pureza, não contaminação pelos males da civilização, cultivo da paz; o povo lacustre teria ainda sido o criador da linguagem, e, portanto, seria a sociedade humana mais antiga – um oásis de tranqüilidade no meio do mundo agitado (p. 62), um paraíso perdido para os demais, mas preservado para os suíços.

O autor vai descrevendo a construção popular dessa identidade nacional, mostrando o papel político da arqueologia. Contudo na década de 1920 os arqueólogos alemães, na seqüência dos trabalhos de Hans Reinerth, iniciaram o combate à “ideologia lacustre suíça”, negando a originalidade dessa sociedade e até sua existência; os suíços viram na destruição da representação dos lacustres uma agressão não só à pré-história nacional, mas à própria identidade nacional suíça, e, portanto, um atentado perpetrado pelo imperialismo alemão, secundado pelas ambições nazistas. A reação nacionalista não se fez esperar, mas a retomada das pesquisas arqueológicas sob outras perspectivas acabou dando razão, parcial, às críticas. Concluiu-se que os povos pré-históricos que ocuparam o atual território da Suíça viviam em diversos tipos de meios físicos (não só nos lagos), portanto em culturas diferenciadas (não homogêneas), e apenas alguns deles construíram algumas casas sobre plataformas de palafitas. As pesquisas arqueológicas de Emil Vogt na década de 1950 estabeleceram novos parâmetros de investigação que foram se afirmando até hoje, e que o autor vai apresentando numa narrativa acessível mesmo para quem não conhece arqueologia nem está a par dos embates doutrinários do nacionalismo suíço; mapas, gráficos, uma breve cronologia (desde o fim da glaciação de Würm até à submissão dos helvécios em 58 a.C.) além de uma bibliografia sucinta ajudam o leitor a acompanhar a argumentação de Marc-Antoine Kaeser.

A obra termina com algumas considerações e retrospectivas: por um lado o “mito da civilização lacustre” persiste, mas, menos ingênuo e menos “crença” adaptou-se eficazmente a idéias recentes incarnando o ideal de uma Suíça “harmoniosa, pacífica, igualitária e solidária”: mais ainda, a aldeia lacustre passou a ser uma referência para a doutrina ecológica (p. 132). Por outro lado, a arqueologia tomou suas distâncias com respeito a essa representação coletiva: “a arqueologia deve reconhecer e assumir o fato de que a interpretação do passado comporta quase inevitavelmente uma dimensão ideológica”; porém onde essas representações incluem visões errôneas e imaginações fictícias o arqueólogo tem obrigação de intervir e desmenti-las. Deve fazê-lo, contudo, de maneira pontual, e não atacar o mito como um todo, pois este é um saber que dá significado ao presente. O arqueólogo, ao contrário, deve abster-se do presente e dos saberes não científicos “para interrogar e compreender o passado” (p. 133).

João Lupi – Departamento de Filosofia UFSC. E-mail: lupi@cfh.ufsc.br


KAESER, Marc-Antoine. Les Lacustres. Archéologie et mythe national. Lausanne: Presses polytechniques; Universitaires romandes, 2004. Resenha de: LUPI, João. Povos lacustres: arqueologia, história ou mito? Brathair – Revista de Estudos Celtas e Germânicos. São Luís, v.6, n.1, p. 55-56, 2006. Acessar publicação original [DR]

Ritual and Domestic Life in Prehistoric Europe | R. Bradley

O conceito de “ritual” tem sido largamente debatido por antropólogos desde a criação da Antropologia como disciplina. Em arqueologia, o âmbito do ritual, bem como aquele da religião, foi, até recentemente, considerado como vago, impreciso, irracional e incerto, e, por conseguinte, amplamente evitado por grande parte dos arqueólogos. Em verdade, ritual era mais freqüentemente empregado sem claros critérios e aleatoriamente para nomear estruturas e achados cuja função era, a princípio, obscura para os arqueólogos, a ponto de se tornar “anedota” – tudo o que não tinha função prática aparente, passava, então, a ser designado como “ritualístico” (cf. Orme 218-19; Whitehouse 1996). A década de 90 trouxe, porém, um largo manancial de estudos, sobretudo na academia de língua anglo-saxã, preocupados com questões referentes à religião e às formas rituais, visando “reabilitar” o âmbito do ritual para a pesquisa acadêmica, rompendo com a visão do sagrado como epifenômeno e demonstrando sua relevância para a interpretação da cultura material. Entre os préhistoriadores, destacou-se sobremaneira o trabalho de Parker Pearson (1996) [1], que descortinou novas possibilidades de análise, tornando-se grande divisor de águas. Seguindo a linha de análise apontada por Parker Pearson, a tese de doutoramento de J.D. Hill (1995) tornou-se, sem sombra de dúvida, um marco no campo. Hill questionou profundamente os modelos de análise de hillforts para os assentamentos da Idade do Ferro em Wessex (Sul da Inglaterra). Refutando a idéia desses assentamentos como centros controladores da produção e de redistribuição nessas sociedades, propôs ele que tais assentamentos eram, em verdade, centros cerimoniais. Isto porque os depósitos em poços/covas nos assentamentos eram resultado de rituais e não de restos de lixo residencial, de modo que tais depósitos constituíram vias de ritualização da vida cotidiana.

É justamente na trilha indicada por Hill, que Bradley (doravante referido como B.), desenvolve seu Ritual and Domestic Life in Prehistoric Europe. Rompendo com a visão bipolar de “sagrado” x “profano”, “irracional” x “racional”, procura B. demonstrar a profunda relação entre o sagrado e a vida cotidiana, entre práticas rituais e a vida nos assentamentos da Europa pré-histórica desde o Neolítico até a Idade do Ferro. Fazendo uso dos trabalhos de Bell (1992) e de Humphrey e Laidlaw (1994), prefere ele, tal como Hill, o uso do conceito de “ritualização” ao de “ritual”, pois que se trata de prática, que, como define Bourdieu (1977), consiste em habitus, isto é, um conjunto de disposições habituais que define e in-forma as convenções sociais. Tal fornece ao pesquisador meios de compreender a performance ritual não como algo distante e/ou a parte do cotidiano, mas sim como permeando todas as instâncias da vida de uma comunidade.

Para tanto, B. estrutura seu argumento em sete capítulos, organizados em duas partes – “Parte 1 – a importância das coisas comuns” (capítulos 1 a 3) e “Parte 2 – onde incide a ênfase” (capítulos 4 a 7). Parte 1 consiste, em verdade, no desenvolvimento do artigo “A life less ordinary: the ritualisation of the domestic sphere in later prehistoric Europe” publicado por B. em 2003, e originalmente apresentado como palestra em Cambridge em 2002. No capítulo 1, B. define a problemática e abordagem teórica adotada no livro, propondo que, ao invés da tradicional distinção entre sítios sagrados e assentamentos, encontra-se, na Europa pré-histórica, uma união desses âmbitos. No capitulo 2 “A consagração da casa”, ele aponta como aspectos da vida doméstica (e, sobretudo, das estruturas de habitat) da Europa pré-histórica estão marcados por um significado ritual que os distingue e torna não-ordinários, a ponto de em Heuneburg o local de uma habitação de alto status ter sido utilizado como base para a construção de um montículo funerário (p. 57). No capitulo 3 “Uma questão de Cuidado”, ele demonstra como “na pré-história, o ritual deu à vida doméstica sua força, e [como], em retorno, a vida doméstica proveu uma organização de referência para rituais públicos. [Donde,] ritual e vida doméstica (…) formavam duas camadas que parecem ter sido precisamente superimpostas” (p.120).

A parte 2 procura, então, pontuar: 1) os contextos e locais onde tal superposição pode ser encontrada: agricultura (cap. 4), enterramentos, depósitos votivos e metalurgia (cap. 5); e 2) as performances de rituais públicos e rituais domésticos (cap.6). Neste último, B. mostra ser impossível traçar uma distinção entre oferendas rituais e o conjunto doméstico, posto que as atividades em assentamentos, monumentos e santuários não estavam dissociadas e seguiam o mesmo padrão.

A título de conclusão, o capítulo 7 desvenda novos pontos a serem abordados em pesquisas futuras seguindo esta forma de abordagem. Primeiramente, a transformação da relação homem-ambiente e da noção de propriedade com o desenvolvimento do processo de domesticação e sedentarização das sociedades pré-históricas européias. Depois, a inter-relação entre assentamentos, monumentos e santuários, a construção de enterramentos sobre assentamentos e/ou terras aráveis nas Ilhas Britânicas (no continente, ao contrário, os enterramentos encontram-se em terras não-aráveis), e o significado dos celeiros e poços de estocagem de alimentos, bem como sua relação com o sagrado, isto é, com a arquitetura de certas fontes sagradas e com os enterramentos em poços (muitas vezes realizados em antigos poços de estoque de grãos, haja vista os achados de Danebury). Finalmente, alerta ele para a necessidade de futura reflexão acerca das categorias teóricas empregadas para o estudo tanto da esfera ritual quanto da doméstica.

B. vem, com maestria, unir pontos que têm sido amplamente debatidos para o estudo das sociedades “pré-históricas” européias na academia de língua inglesa, a saber: 1) entender que ritual não se encontra vinculado tão somente à religião, mas que permeia toda a vida de uma sociedade; 2) a necessidade de compreender que grande parte dos achados arqueológicos de que dispomos advêm de contextos rituais (não somente em santuários e enterramentos, mas em fundações de casas, atividades artesanais, poços de estocagem e extração); e 3) a necessidade de abandonarmos a lógica simplista do “utilitário” x “simbólico” na interpretação desses achados.

Eis, pois, que uma nova forma de abordagem se consolida, oferecendo-nos a possibilidade de compreender as estruturas de assentamentos através de um viés menos simplista, menos corriqueiro, ressaltando, no dizer de B. (2003), “uma vida menos ordinária”.

Nota

1 Apesar de só ter sido publicado em 1996, este trabalho circulou entre os colegas ingleses desde 1990, causando grande impacto (Woodward 2002: 71).

Referências

BELL, C. Ritual Theory, Ritual Practice. New York/ Oxford: Oxford University Press, 1992.

BOURDIEU, P. Outline of a Theory of Practice. Cambridge: Cambridge University Press, Cambridge studies in social anthropology – 16, 1977.

BRADLEY, R. A life less ordinary: the ritualisation of the domestic sphere in later prehistoric Europe. Cambridge Archaeological Journal 13 (1), 2003, pp. 5-23.

HILL, J.D. Ritual and Rubbish in the Iron Age of Wessex: a Study on the Formation of a Specific Archaeological Record. Oxford: Tempus Reparatum, BAR British Series 242, 1995.

HUMPHREY, C. & LAIDLAW, J. The Archetypal Actions of Ritual: A Theory of Ritual Illustrated by the Jain Rite of Worship. Oxford: Clarendon Press, 1994.

ORME, B. Anthropology for Archaeologists: an Introduction. London: Duckworth, 1992, Chap. 5, pp.218-254.

PARKER PEARSON, M. Food, fertility and front doors in the first millennium BC. In: CHAMPION, T.C. & COLLIS, J.R. (eds.) The Iron Age in Britain and Ireland. Sheffield: University of Sheffield; J.R. Publications, 1996, pp.117-129.

RENFREW, C. (ed.) The Archaeology of Mind. Cambridge: Cambridge University Press, New Directions in Archaeology, 2001.

WHITEHOUSE, R.D. Ritual objects – archaeological joke or neglected evidence? In: WILKINS, J.B. (ed.) Approaches to the Study of Ritual. London: Accordia Research Institute/University of London, 1996, pp. 9-30.

WOODWARD, A. Sherds in Space: pottery and the analysis of site organisation. In: HILL, J.D. & WOODWARD, A. Prehistoric Britain: the Ceramic Basis. Oxford: Oxbow, Prehistoric Ceramics Research Group/Occasional publication 3, 2002, pp. 62-74.

Adriene Baron Tacla – Doutoranda em Arqueologia St Cross College, Oxford. E-mail: adrienebt@yahoo.com.br


BRADLEY, R. Ritual and Domestic Life in Prehistoric Europe. London: Routledge, 2005. Resenha de: TACLA, Adriene Baron. Práticas Rituais e Assentamentos Pré-históricos na Europa. Brathair – Revista de Estudos Celtas e Germânicos. São Luís, v.6, n.1, p. 57-59, 2006. Acessar publicação original [DR]

Bruxaria e Superstição num país sem caça às bruxas / José P. Paiva

As práticas mágicas no Brasil foram até agora bem pouco exploradas, o que não acontece com relação à Europa, onde o tema tem sido insistentemente trabalhado. Uma provável razão para isso pode ser encontrada no texto do Professor Pedro Paiva, da Universidade de Coimbra, que parte de uma problemática interessante: ele quer saber o porquê de em Portugal, apesar de encontrarem-se reunidas todas as condições para a deflagração de uma violenta “caça às bruxas”, esta efetivamente não ocorreu. C) problema colocado é ousado e interessante, sobretudo porque inverte expectativas alimentadas por tantos trabalhos historiográficos que enfatizam a violência deste processo em várias partes da Europa.

O estudo parte da constatação de que em Portugal houve “dezenas de milhar” de denúncias de práticas mágicas e supersticiosas consideradas ilícitas; que estas eram muito semelhantes às perseguidas no resto da Europa; que os Tribunais inquisitoriais, episcopais e régios tinham competência e meios para perseguir seus agentes (feiticeiros, bruxos, curandeiros); que os doutos conheciam bem a doutrina do diabolismo que inspirou grande parte da repressão às bruxas em outros contextos e que estes eram considerados os pré-requisitos necessários para que a eclosão da repressão aos agentes mágicos ocorresse, como de fato ocorreu na Europa Central e do Norte entre os inícios do século XVI e final do XVII.

Como o Brasil, à época, era simplesmente a América portuguesa, as respostas encontradas por ele para a brandura da repressão às práticas mágicas servem também para explicar o caso deste, apesar das peculiaridades da situação colonial.

Para ele, a brandura da repressão portuguesa pode ser localizada na confluência de uma série de fatores, dentre eles, a formação intelectual conservadora, de cunho Tomista, predominante ali, que não concedia ao diabo a relevância dada por outras tradições teológicas e que resultava em uma menor difusão e utilização dos tratados de demonologia. Este elemento seria responsável, porém, pela manutenção da forte crença em poderes sobrenaturais por um tempo maior, pois, até meados do século XVIII, não permitiu a penetração do pensamento científico, responsável pela consolidação de uma doutrina totalmente cética em relação à existência de fenômenos como a bruxaria.

Outro fator ao qual Paiva atribui importância seria o poder e solidez da Igreja, pois, em Portugal, esta não teria passado pelas crises vividas em quase toda a Europa durante o Antigo Regime. A tradição antijudaica também seria um fator explicativo, pois a canalização das atenções do principal agente repressor das práticas mágicas para as atividades dos cristãos novos teria reduzido a severidade para com estas. Ele realça ainda o esforço de evangelização, principalmente após Trento, voltado para as culturas populares. A Igreja portuguesa passou a editar com freqüência os catecismos, a colocar em prática as visitas pastorais recomendadas, a realizar missões, a estimular a confissão e a se preocupar mais com as prédicas dos sermões. Tudo isso passou a ser feito em um ritmo cada vez mais acelerado, além de passarem a ler, durante as missas, as normas inscritas nas Constituições diocesanas. Enfim, encetaram uma vasta campanha visando atender às recomendações feitas pelo Concilio de Trento.

O último aspecto considerado por Paiva como importante para explicar a brandura da repressão portuguesa, se localizava não nos inquisidores, mas nos próprios acusados, pois, segundo ele, para os rústicos era inconcebível realizar um pacto com o diabo e renegar o seu Deus, dois dos elementos indispensáveis à condenação à pena capital: a fogueira. Sua explicação para isto é de que a crença em Deus e a aversão ao Diabo estariam profundamente enraizadas na crença popular.

Paiva afirma que apesar de não ter havido caça às bruxas em Portugal, isso não significa que não tenha ocorrido “um controlo dos agentes de práticas mágicas”, resultando num número elevado de condenações. Para ele, a Igreja e a Inquisição, que se ocuparam destas questões, não as colocaram em posição central e as reflexões mais profundas produzidas sobre o tema versam sobre a doutrina do pacto diabólico, que em última instância, definia se a ação era herética ou não. A heresia era o que interessava e que definia a gravidade do fato.

Analisando o relativo ceticismo das elites intelectuais portuguesas ele diz acreditar que este “decorria de uma interpretação das limitações do poder do Diabo face à omnipotência divina” ao que “Juntava-se uma sensação de proteção divina e eclesial, face aos poderes do diabo e de seus aliados”. A conseqüência desta postura foi não ter surgido em meio às elites portuguesas reações de pânico e pavor tão comuns em outros países, o que ele atribui à confiança dos fiéis nos remédios que a Igreja disponibilizava para o combate destes males.

Um diferencial entre o que ocorria na Metrópole e o que se passava na colônia americana é que a cristianização ali já tinha alcançado um patamar de aceitação bastante elevado, apesar da imperfeição da catequese realizada até então.

A inexistência de luta entre duas concepções cristãs — popular e erudita – não exigiu um aprofundamento da pregação contra o demônio, coisa, aliás, colocada em prática de maneira muito freqüente na colônia para atemorizar os negros e índios e induzi-los a buscar remédio para sua salvação na doutrina da Igreja.

Apesar da perseguição aos mágicos não ter sido colocada como prioridade durante os séculos XVI e XVII, não tendo gerado, portanto, uma corrente persecutória muito acirrada em direção a eles, o assunto foi colocado sistematicamente em discussão pelos Editos da Fé. Esta colocação se devia à situação vivida em outros locais onde a insegurança foi maior devido à maior penetração da reforma protestante, gerando uma intolerância e uma severidade sem limites e onde os soberanos encontravam resistências à implantação de seu poder.

A crença na existência e presença de bruxos, feiticeiros, curandeiros e supersticiosos, em Portugal, é comprovada pelo número de denunciados por essas práticas ao Santo Ofício, indicando a incidência da mentalidade ligada ao sobrenatural e às explicações mágicas do mundo vigentes no restante da Europa e territórios freqüentados pelos europeus. O que muda é a relaüva tranqüilidade com que as autoridades reagiam a elas, deixando sem investigação e castigo uma parte considerável das pessoas denunciadas.

Apesar da brandura, lembra Paiva, alguns momentos de pico podem ser observados com relação à repressão às práticas mágicas em Portugal. Observa que a partir de 1620 passa a haver um interesse maior por estes casos, resultando em uma elevação do ritmo de repressão, mas que após a Restauração ele teria sido estancado.

Aponta ainda dois outros momentos de intensificação: um instalado a partir de 1680 e outro a partir de 1710, este mais voltado para a repressão de curas supersticiosas. De acordo com os dados de sua pesquisa (ele trabalhou o período compreendido entre 1600 e 1774), a maior parte dos mágicos processados pelo Santo Ofício era de origem rural e as principais acusações que pesavam sobre eles eram de práticas curativas e, em menor escala, de malefícios. Os de origem urbana, minoritários, eram normalmente acusados de inclinar vontades e adivinhação.

Em decorrência destes dados o autor se lançou à análise microscópica de uma paróquia rural: São Martinho do Bispo, passando pelo levantamento de dados geográficos e econômicos da localidade, por uma tentativa de reconstrução do cotidiano daquela aldeia e fechando com uma tentativa de análise da dinâmica de uma acusação de bruxaria. Apesar de ser um capítulo que se propunha a dar uma idéia do padrão dos locais onde casos de bruxaria poderiam ter eclodido, não se localiza nele o ponto forte do livro. Seu maior mérito é o de encontrar uma explicação plausível para a convivência relativamente pacífica, ocorrida em Port ugal, entre uma legislação altamente repressiva e uma ação relativamente benevolente de todas as instâncias que possuíam foro sobre a questão – inquisitorial, eclesiástica e real — com relação aos agentes de práticas mágicas.

Helen Ulhôa Pimentel – Centro Universitário de Brasília (UniCEUB).


PAIVA, José Pedro. Bruxaria e Superstição num país sem caça às bruxas. 1600- 1774. 2a ed. Lisboa: Notícias, 2002, 397p. Resenha de: PIMENTEL, Helen Ulhôa. Textos de História, Brasília, v.14, n.1/2, 2006. Acessar publicação original. [IF]

Economia internacional: teoria e experiência brasileira | Renato Bauman e Otaviano Canuto || Organizações internacionais: história e práticas | Mônica Hers e Andrea Ribeiro Hoffmann || Teoria das relações internacionais: correntes e debates | João

Não se faz necessário grande exercício analítico para perceber que a área de Relações Internacionais no Brasil sofreu um importante processo de evolução nos últimos quinze anos. De uma rápida leitura dos jornais diários, até um passeio em qualquer grande livraria dos centros comerciais das metrópoles brasileiras, percebe-se ao mesmo tempo o aumento da atenção da sociedade pelos temas atinentes da disciplina e o nível variado de relevância e qualidade de certas reflexões.

Esses dois fenômenos foram acompanhados de um acontecimento marcante no ensino de Relações Internacionais no país: a explosão dos cursos de graduação no país, notadamente na região sudeste e sul. Esse movimento, por seu turno, também significou na área do ensino uma pulverização e falta de consistência disciplinar no tratamento da literatura reverberada pelas dezenas de programas que foram criados e sustentados sem uma boa literatura de apoio. Leia Mais

Botany Bay: Where histories meet – NUGENT (PHR)

NUGENT, Maria. Botany Bay: Where histories meet. Sydney: Allen and Unwin, 2005. 156p. Resenha de: MURRAY, Lisa. Public History Review, v.12, 2006.

When I was asked to review Botany Bay: where histories meet, I readily agreed. I was keen to read it: it had received from the Australian Historical Association the inaugural Allan Martin Award for innovative research which makes a significant contribution to Australian history. From all accounts, including the five-star quotable quotes on the back cover by Ann Curthoys, Greg Dening and Bain Attwood, it was a good read. And this review, with its necessary deadline, gave me the perfect excuse to queue-jump the book to the top of my tottering ‘to read’ pile that forever grows beside my bed.

But I approached the actual reading with some trepidation. You see, the only ‘spare’ time I had to read this promising book was on my daily train ride to the city. Botany Bay: where histories meet might be a worthy recipient of the Allan Martin Award, but could it compete with and (more importantly) capture my attention from the inevitable distractions of the commuter train: the hot, overcrowded carriage with standing room only; the boisterous high school students conversing loudly in the vestibule; or the snatches of one-sided mobile conversations about Saturday night’s exploits, the awful day at work or ‘who’s going to pick up the milk’? I needn’t have worried. Maria Nugent is blessed with a clear writing style, that makes the complex seem naturally simple, and an ability to meld theoretical discussions with narrative drive. I was captivated.

As the title and the illustrated cover of the book suggest, Nugent presents the layered histories of Botany Bay. The narrative is structured thematically and roughly chronologically, covering the major ‘events’ and urban development that have occurred at and around Botany Bay. Nugent charts the bay’s transformation from sandy ‘wasteland’ for social outcasts to tourist destination, the emergence of and contestation over the Aboriginal reserve and more recent impacts inflicted by suburbanisation and industrial development. She contests the historiographical tradition that Aboriginal people quickly disappeared from the landscape of Botany Bay. A common thread running through the narrative is that there has always been a permanent Aboriginal population living at Botany Bay.

This straightforward structure belies the subtlety in which Nugent presents the historical narratives of Botany Bay. She is concerned not so much with the events themselves than with the stories that have been told and re-told about Botany Bay. She presents the history of a landscape and illustrates how competing stories and histories define a place and its meaning/s in communities, be they local, regional or national. Throughout the book there is an emphasis upon names: the naming and re-naming of the landscape; who is named in memorials and histories; who is remembered and who is not. Such namings, Nugent argues, are important for what they reveal about contemporary historiographical understandings and political needs. Botany Bay: where histories meet is not just a local history. It is also a history about landscape, place-making, memorialisation, historical remembrance, myth-making and national identity.

To some this may sound dry and theoretical but the narrative is driven by the people and their stories. Oral histories and memories feature throughout the book. It is a compelling read. The book is well illustrated with images placed beside the relevant text rather than being presented in plates. The extended captions reinforce Nugent’s points and enhance the overall presentation of the argument.

Botany Bay: where histories meet presents several histories all at once. First, it is a history of a place. Second, it is the history of people’s connection to a place. And third, it is the story of the formation and transformation of historical remembrance of a place. And it succeeds on all levels. This book should become a standard Australian history text in schools and universities and it deserves to be taken up by the general reading public.

Lisa Murray – Research historian at the Sydney City Council.

Acessar publicação original

[IF]

 

Showing off: Queensland at World Expositions 1862 to 1988 – McKAY (PHR)

McKAY, Judith. Showing off: Queensland at World Expositions 1862 to 1988. Rockhampton; South Brisbane: Central Queensland University Press; Queensland Museum, 2004. 128p. Resenha de: SCHAMBERGER, Karen Liza. Public History Review, v.12, 2006.

From axe heads floating in mercury to the night-time ‘light fantastic’ parade, this book traces Queensland’s official contribution to twenty-three world expositions from 1862 to 1988. Grand events and novel presentations contrast with economic struggle and environmental destruction, all for government propaganda agendas to attract the right kind of British settlers, capital, trade and eventually tourists. Complemented by numerous illustrations which are rich in detail, this is the first publication to provide a comprehensive account of Australian involvement in world expositions. As such it provides an important official historical overview. And McKay ‘encourage[s] others to explore this rich and rewarding topic’(p2).

The ‘era of expositions’ coincides with the period of industrialisation, internationalisation and modernisation which provided world expositions with the rhetoric of progress. Queensland’s contribution to expositions is presented in chronological order through seven thematic chapters. The first chapter provides an overview of the changing fortunes of the state and its place in the world: the transition from British colony to Australian state; the rise and fall of industries and the economy; the exploitation of resources; the ebb and flow of trade, people and investment; and a later focus on relationships with the Asia-Pacific region.

The next six chapters are arranged according to the ways in which expositions represent Queensland’s changing self-image and the purposes these projections of identity have served at specific times. To begin with, Queensland portrayed itself as a resource-rich frontier to attract British settlers, then as a tropical paradise – a land with limitless mineral wealth – a farmer’s paradise and more recently as a tourist attraction and place of leisure. McKay documents the innovations and the determination to participate in world expos despite difficulties of transport, drought and economic downturn, so important was their propagandising function. As with expositions themselves, there is a distinct theme of progress throughout the book culminating in the exposition in 1988 hosted in Brisbane.

McKay joined the Queensland Museum South Bank as a curator in 1988 and was able to observe Brisbane’s World Expo of that year. The book began as a doctoral thesis for the University of Queensland but was extended with the support of the museum when she was awarded the Queensland Smithsonian Fellowship in 2001. The fellowship allowed McKay to conduct her research in American, British and Australian libraries and archives.

Thus McKay’s sources are varied but she is largely reliant on official records. Her sources include: the catalogues of various expositions, government papers and manuscripts, speeches and media coverage. They do not, however, necessarily provide material for an analysis of the forces behind expositions. Nor do they distinguish between formative influences or the legitimisation of these events. McKay does treat most of the sources critically and succeeds in pointing out their flaws and blatant propaganda up until the Brisbane Expo of 1988, though McKay portrays this expo in a highly positive light: it ‘brought many thousands of interstate and overseas visitors to Queensland’ and benefited local businesses (pp14-15). One of her few criticisms of Expo ‘88 concerns the ‘modest offering’ of the Indigenous Communities of Queensland display (p108).

Otherwise, McKay only mentions other sensitive issues in passing, such as the forcible clearance of old industrial and working-class residential areas which made way for the new, modern Cultural Centre and the ‘magnificent South Bank Parklands’ (p15). Who really benefited from this: a conservative elite with business interests or the general population? The long-term benefits of the Expo promised by the Bjelke-Petersen government are not assessed. That the expo was an intensely local affair with Brisbane residents averaging 7.8 visits each compared to other exposition cities, where the average was two or three repeat visits, is also left unsaid. Brisbane appears to have demonstrated its capacity to put on a show to its own population. Was it really as successful in bringing foreign tourists and investment as the media and the government claimed? Despite providing an overly rosy picture of the success of the Brisbane expo of 1988, Showing Off is a valuable, well illustrated and comprehensive examination of the history of Queensland through its contribution to world expositions. Hopefully this book will inspire further research into Queensland’s and Australia’s contribution to world expositions.

Karen Schamberger – Assistant curator at the National Museum of Australia, Canberra.

Acessar publicação original

[IF]

 

Craking Awaba: Stories of Mosman and Northern Beaches Comunities During the Depression – HAMILTON (PHR)

HAMILTON, Paula. Craking Awaba: Stories of Mosman and Northern Beaches Comunities During the Depression. Mona Vale, Sydney: SHOROC Council Libraries, 2005. 160p. Resenha de: LUDLOW, Christa. Public History Review, v.12, 2006.

The introduction to this attractively produced book states: Oral histories can sometimes give us information about events which have not been recorded in official publications but they are far more valuable for what would never otherwise be known to posterity, the intimacies and everydayness of people’s lives and the feelings they had about life in this period from their own point of view.

Cracking Awaba does examine the ‘everydayness of people’s lives’ but it does so for a specific group of people, those who lived in an area which at the time had its own distinct character. In the 1920s and 1930s Sydney’s Northern Beaches were difficult to get to from the city and its inhabitants needed a certain amount of self reliance. The Sydney Harbour Bridge did not open until 1932. Internally, the suburbs were linked by the opening of the Spit Bridge in 1924. While Manly could be reached by ferry and was a popular day trip and even holiday location, large parts of other areas such as Clareville, Narrabeen, Avalon and Pittwater were mainly bush, with houses scattered miles apart.

There was variety however: Mosman and Manly were suburban, and had been so since the nineteenth century, while other areas were largely undeveloped. Pittwater featured farming properties, Clareville and Newport were popular for holiday cottages and Narrabeen had a camping area.

The first chapter of the book, suitably, focuses on how the landscape shaped the inhabitants’ experiences. The interviewees recall their childhoods boating on the Narrabeen Lakes, stealing fruit, driving billy carts down Mosman’s steep hills, picking flowers and blackberries, visiting the market gardens and just wandering in the bush. Many interviewees remember the delight of the views of the harbour: I was right up on the very top and we could see way up the coast, north looking north, and of course, way looking south, the heads and everything else — it was really something… And of course being so close to the ocean shaped their lives. This was a time when Sydney’s beach culture and the cult of the lifesaver was at its height. In the 1930s the Port Jackson and Manly Steamship Company built a large bathing area in Manly Cove near the ferry wharf with water wheels, pontoons, diving towers and slippery dips which the Company described as the finest swimming pool in Australia. But the interviewees recall the community aspects of the culture – learning to swim at the local rock pool, the camaraderie at the surf club, the administrative work involved in maintaining the club paperwork, the attractions of the celebrity swimmers who would visit the pools. Fishing and prawning supplemented the family income. Many children were at home in boats and went out on their own on the Lakes or Pittwater, where in the words of one interviewee: ‘if we capsized, well there we stayed until we were rescued’.

The book began as an oral history project on the 1930s for Sydney’s northern beaches suburban councils. As the book focuses on the Depression era, stories of hardship, making do, hard work and sacrifice feature among the tales of games, outdoor activities, social events and school lessons.

Because most of the memories are childhood to early adult, as the author notes, they are tinged with nostalgia or at least recall childhoold as a golden era, where hardship was generally at one remove from their direct experience. The changes brought by the Depression were more fully realized by their parents. The realities of life did, however, hit home when individuals had to leave school because their parents couldn’t afford to send them to high school, or had to leave their home when the bank foreclosed on it.

Here the author skillfully juxtaposes the differing life experiences, avoiding what might be just another trite account of the Great Depression. Evidence of social and economic relationships are teased out through the eyes of the interviewees. Camps sprang up around the bays and beaches, even in the midst of the suburbs, forcing a realization of the scale of the disaster. Some found work labouring for the wealthy inhabitants of Palm Beach in their houses and gardens.

Families sometimes had one member who was better off and was willing to support the others for a time. Children and teenagers of such families were expected to work somehow to support the family. One resourceful interviewee who lived in Warriewood during the Depression caught funnel web spiders for the Commonwealth laboratories at sixpence a spider, then turned his hand to catching red-bellied snakes to sell the skins. He must have had nine lives.

These memories are supplemented with numerous photographs of people and places, some supplied by the interviewees themselves. It is perhaps by looking at an image and then reading the story to which it relates that the value of oral history best comes across to the reader. Many such photographs would be meaningless or misleading without the commentary about the family and social relationships, economic situations and anecdotes behind them. In documenting the Northern Beaches at this time before they became fully suburbanized, the author has recorded memories of a part of Sydney’s past that is hard to imagine now. Land which is today just seen as real estate is rendered part of the landscape of memory, much of which now only lives on in memory and in this enlightening book.

Christa Ludlow – Historian and writer. She was involved in establishing the Police and Justice Museum in Sydney and has worked in heritage.

Acessar publicação original

[IF]

 

Archives: Recordkeeping in Society – McKEMMISCH et al (PHR)

McKEMMISCH, Sue; PIGGOTT, Michael; REED, Barbara; UPWARD, Frank (Ed). Archives: Recordkeeping in Society. Charles Sturt University/Centre for Information Studies, 2005. 247p. Resenha de: SASSOON, Joana. Public History Review, v.12, 2006.

Writing about memory is a popular topic for historians. Public History Review volume 10 had the title Remembering and Forgetting. Historians now recognise museums as memory institutions, with an analytical focus on the exhibition as a representation of contemporary ideas. In order, however, to penetrate the exhibition, the historical processes of collecting, preserving and documenting need to be understood. This kind of archaeology of exhibitions requires a sound understanding of internal institutional processes. To take this further, what is missing in stories historians tell using archival institutions is the purposeful interaction with the histories of that very long food chain of creating and preserving records. Ultimately, historical stories can be enriched through understanding the institutional processes through which historians’ ‘food’ is produced.

If you believe that archives are simply storehouses of raw material, and that archivists are the passive keepers of historical records, then this is definitely the book for you. A whole new world will be opened up. Archival materials and institutional practice are situated firmly within the core of the craft of history, and it can be argued that to undertake sound historical research requires understanding the theoretical framework of archival practice, the processes and power of the recordkeepers and the contexts, functions and nature of the original records. To this end, Archives: Recordkeeping in society introduces readers not only to a theoretical understanding of what the raw materials of history are and how they come into being, but also the conceptual frameworks which shape what recordkeepers do with them. In doing so, this book draws on a wide international archival literature, presenting the arguments in clear and comprehensible prose, through authors who have international reputations. Leia Mais

The Powerhouse Museum and its Precursors 1880-2005 – DAVISON; WEBBER (PHR)

DAVISON, Graeme; WEBBER, Kimberley (Ed). The Powerhouse Museum and its Precursors 1880-2005. Sydney: Powerehouse Publisching; University of NWW Press, 2005. 288p. Resenha de: SCORRANO, Armanda. Public History Review, v.12, 2006.

The Powerhouse Museum was conceived by the trustees of the Australian Museum in 1878. By 1880, Australia’s first Technological and Industrial Museum was open to the public. Over the next 125 years, the museum experienced various metamorphoses and name changes, most notably its transformation into the Powerhouse Museum which opened during Australia’s Bicentenary in 1988. On the 125th anniversary of the birth of this world-renown museum comes Yesterday’s Tomorrows: the Powerhouse Museum and its precursors 1880-2005, edited by eminent urban and public historian Graeme Davison and Powerhouse Museum curator of social history Kimberley Webber.

This visually appealing book approaches the history of the museum from a thematic perspective, focusing on innovative exhibitions and bold personalities that have peppered the museum’s past. Broken into three sections – ‘Visions’, ‘Stories from the Collections’, and ‘Tomorrows’ – this collection of essays covers a broad spectrum of topics in the museum’s history. Quirky stories of past curators and popular objects ensure an entertaining read, with copious images providing engaging illustrations of bygone days. The book positions the Powerhouse Museum as an innovative educational institution providing a window on cutting-edge technological advances, bringing the world of technology to the everyday visitor. The history of the museum is dealt with in sufficient detail to ensure the general reader gains a comprehensive understanding of the vision, struggles and triumphs of this pioneering institution. Leia Mais

Itinerarios y enseñanza de la memoria urbana de Mérida – ARANGUREN (RTDCS)

ARANGUREN, Carmen; ANTÚNEZ, Ángel (coords). Itinerarios y enseñanza de la memoria urbana de Mérida. Niria Suárez y Marleny Rivas; Joel Mejía; Claudio Briceño M; Amneris Guerrero; Elizabeth Marín. Mérida: Universidad de Los Andes. Consejo de Publicaciones. Consejo de Desarrollo Científico, Humanístico y Tecnológico. Consejo de Estudios de Postgrado, 2006. Resenha de: ARANGUREN, Carmen Aranguren. Revista de Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales, Mérida, n.11, p.317-322, ene./dic., 2006.

 

La ciudad, nuestra ciudad, la ciudad de Mérida y sus trayectos ciudadanos, nos convocan a escribir esta obra inscrita en la línea de investigación Conocimiento y enseñanza de la ciudad del Grupo de Investigación Teoría y Didáctica de las Ciencias Sociales de la Facultad de Humanidades y Educación de la Universidad de Los Andes, bajo la coordinación de quien suscribe. En su discurrir, se conjuga la participación de especialistas externos que junto a nosotros concentraron múltiples esfuerzos e ilusiones con la idea de ofrecer una visión global y pluridisciplinaria de recorridos urbanos, centinelas de memorias y testimonios de querencias, avatares, costumbres, recuerdos, utopías y realidades a veces dolorosas, como tantas otras lo han sido también de satisfacciones para un colectivo urbano en búsqueda de su identidad simbólica.

En este contexto de aciertos y limitaciones, nos hemos posicionado para interrogar a la ciudad de Mérida sobre sus itinerarios donde coexisten –lo hemos constatado– diferentes sujetos, acontecimientos, saberes, espacios y memorias en constante deambular, como un enorme relato de la vida urbana inscrito en un cúmulo de significados que transitan a las identidades múltiples. Si percibimos la ciudad más allá de su obra física podemos aprehender la imagen que proyecta su luz, sus texturas, sus sonidos, sus colores, sus contrastes; nos referimos a los secretos que guardan el andar de la gente entre los cambios y las persistencias del espacio urbano.

Los artículos de este libro se centran en el estudio de los distintos escenarios que conforman la base estructural de la ciudad, considerando su ilación con el mundo de las representaciones colectivas y la construcción de significados presentes en el orden fundante de las prácticas sociales, de las ritualidades y de los espejismos míticos que se tejen durante el convivir y la apropiación de la ciudad.

En el primer capítulo, Múltiples miradas al conocimiento de la ciudad, Carmen Aranguren, reflexiona sobre la urbe como objeto de saber que admite distintos enfoques teóricos y metodológicos para una aproximación a su existencia como construcción social, haciendo especial énfasis en las concepciones de ciudad que recorren diversos tiempos y su posibilidad de interpretación en un marco científico que se resiste a la visión unívoca de la realidad; bajo este supuesto se ubica el objeto de estudio en el ámbito de una ciencia sometida a permanente revisión como lo exige la dialéctica de la complejidad urbana.

Niria Suárez y Marleny Rivas en Región y Ciudad: aspectos socio-históricos, culturales y educativos de la sociedad merideña, analizan, desde una perspectiva global e interdisciplinaria, el recorrido de la ciudad de Mérida a lo largo del tiempo histórico que le pertenece. Para las autoras, es de particular importancia investigar el concepto histórico de región articulado a las expresiones del pensamiento local y del patrimonio cultural; plantean, cómo las instituciones socioeducativas han sido determinantes en la formación de la identidad cultural merideña.

Lo primero a destacar, según Joel Mejías, en Una visión geográfica de la ciudad de Mérida, es entender que el espacio urbano no es sólo el territorio físico sino el escenario de representación del poder que decide los usos, el ordenamiento social y el diseño de los linderos. El espacio de la geografía urbana permite testimoniar los recursos, las debilidades del ambiente y los peligros que representa la energía de la naturaleza no canalizada para el bienestar de los habitantes de la ciudad. Se alude al entorno agrario productivo de Mérida y se alerta sobre las consecuencias que puede tener el olvido de los riesgos presentes en la meseta donde se asienta esta ciudad.

En el capítulo cuarto, Claudio Briceño Monzón aborda la Evolución político-territorial de Mérida: tradición y vigencia en una aproximación a los distintos entramados del poder que, desde el período colonial impusieron un orden urbano con base en un sistema de jerarquías sociales, determinante en el modo de vida de la ciudad.

El autor realiza una descripción de las transformaciones geohistóricas de Mérida sustentada en criterios políticos, jurídicos y administrativos. Deja establecido que la ciudad es el centro del poder, y su función principal es de carácter político; allí se instala la capital y residen las instituciones públicas cuyo rol es gobernar en nombre del Estado.

Amneris Guerrero se ocupa del Proceso socioeconómico y sus implicaciones en un apretado resumen que parte de la heterogeneidad en la composición social y organizativa de la ciudad. Aquí, se esbozan las relaciones asimétricas de la sociedad merideña asentadas en la desigualdad de las condiciones de vida de la población y en el acceso sesgado a los recursos económicos y simbólicos. Refiere la limitación de fuentes de trabajo que genera desempleo y aumento de la economía informal. Entre los problemas sociales destaca la autora la incidencia en el consumo de drogas, los suicidios y los casos de Sida, preferentemente entre la población joven de la urbe. A la par, señala la potencialidad de los recursos humanos que posee la ciudad en el plano científico y tecnológico que representan valiosas aportaciones al sector productivo.

Ángel Antúnez, asume en Letras merideñas: una página en la cultura nacional, la tarea de indagar la producción literaria de escritores que han volcado ideas, rimas y sentimientos en la práctica escritural sobre la ciudad. Estos discursos, plenos de lírica, convocan a las gentes, a los ríos y a las montañas que circundan la ciudad para el goce de su fuente lúdica y estética. De manera vital y contrapuesta a la visión de la urbe problemática, pareciera que el autor quiere homenajear al Parnaso, morada de Apolo y de las musas, por su símil con la sierra merideña inspiradora de poetas itinerantes. La intención, me parece, es atrapar instantes efímeros del placer de disfrutar la otra cara de la urbe: aquella imagen que «es soporte simbólico y real donde se objetiva la escritura en la palabra que se pronuncia y en la que se silencia; en la lectura de sus modos de comunicar las ideas y las emociones; en la urbe imaginada y recreada». Así concibe Ángel –entrañable compañero de andanzas intelectuales y artesanales–, el acervo cultural de Mérida que guarda la impronta de una historia social imperecedera.

Con el propósito de armonizar las manifestaciones del patrimonio tangible y simbólico, Elizabeth Marín en el texto Ciudad y patrimonio: hacia la interacción del patrimonio artístico y arquitectónico de la ciudad de Mérida, elabora un estudio afirmativo de la imbricación del sujeto-ciudadano con las expresiones emblemáticas que otorgan un sentido estético a los bienes patrimoniales de la urbe, a la vez que representan construcciones valorativas del comportamiento ciudadano.

En esta visión, la ciudad es susceptible de convertirse en una obra de arte que exige para su lectura respeto, conocimiento, crítica y sensibilidad. La autora recorre los espacios históricos, sociales y culturales donde se fundan, transforman y consolidan los íconos públicos de la Mérida Serrana; Mérida Universitaria; Mérida Turística; Mérida de los Merideños; Mérida, Ciudad de los Caballeros, enunciaciones que recoge en su discurrir sobre la ciudad patrimonial.

Cierro el último capítulo del libro con el título La ciudad y su enseñanza: hacia una didáctica urbana, donde la búsqueda de una pedagogía ciudadana atribuye al aprendizaje social el protagonismo en la apropiación de significados presentes en los valores y saberes de los procesos urbanos. Dentro de la perspectiva teórico-didáctica aludimos a la enseñanza de la ciudad en las prácticas educativas y socioculturales como propuesta para el resguardo de la memoria urbana en la formación de identidades.

Esta idea transita el contenido del tema al hablar de cultura urbana como creación objetiva y subjetiva de los ciudadanos que adscriben el sentido de pertenencia colectiva a un determinado modo de vida.

La ciudad también se construye en el discurso y en la práctica educativa, pues de manera simbólica y textual, refiere su imagen en un saber que consolida conocimientos, representaciones y actitudes en los modos de interactuar con la ciudad.

Proponemos, finalmente, algunas orientaciones que pueden contribuir a la búsqueda de alternativas en la enseñanza de la urbe.

Carmen Aranguren R.

Acessar publicação original

[IF]

Fronteiras: paisagens, personagens, identidades – GUTIÉRREZ et al (RBH)

GUTIÉRREZ, Horacio; NAXARA, Márcia; LOPES, Maria Aparecida (Org.). Fronteiras: paisagens, personagens, identidades. São Paulo: Olho d’Água, 2003, 300p. Resenha de: NISHIKAWA, Reinaldo. Revista Brasileira de História, São Paulo, v.26, n.51, jan./jun. 2006.

Podemos entender as complexidades que a palavra “fronteira” pode conter se sua própria constituição se dá muitas vezes em termos historicamente mutantes, difusos, cercada de especificidades? Ou sucede o inverso: as fronteiras se formam por processos semelhantes em lugares diferentes? Essas questões são tratadas na coletânea Fronteiras: paisagens, personagens, identidades, organizada pelos professores Horácio Gutiérrez, Márcia Naxara e Maria Aparecida Lopes. Ao privilegiar as três Américas como escopo (portuguesa, espanhola e inglesa), os autores que compõem o livro demonstram que muitas imagens criadas no “Novo Mundo”, em particular nas áreas de fronteira, esse espaço considerado demograficamente vazio e que acabou se tornando uma forma de legitimar a conquista, já não podem ser tomadas como corretas. A colonização entendida como um processo e as fronteiras como parte central desse processo são as linhas mestras seguidas no livro.

Os autores se comprometem a estudar as fronteiras, provando ser esta uma vertente importante para se entender os complexos mecanismos criados pela aproximação cultural dos diversos povos que conformam o mosaico americano. O estudo, composto por onze artigos, constitui um espaço de discussões para essa diversidade. O livro foi dividido em dois momentos que estão ligados entre si. A primeira parte é dedicada a pensar nas fronteiras como fundadoras de identidades, e segunda, a entender como essas fronteiras transformam as paisagens e os personagens tocados nesse processo.

Considerando que a maioria do território americano começou sua colonização pelo litoral, a expansão para o far west tornou-se um terreno propício para a criação de mitos embasados por ícones criados nessa expansão. As novas fronteiras trouxeram à tona personagens importantes nas suas conquistas. Temos o pioneer americano, o bandeirante brasileiro e o gaucho argentino, personagens que estão intrinsecamente ligados à expansão territorial. Entretanto, essa marcha implicou uma série de contrastes necessários para legitimar a presença do colonizador em terras estranhas. A presença do outro significava, em essência, um contato cultural, social, político e econômico de transformações irreversíveis. O livro em suas várias abordagens estuda esses impactos e procura entendê-los como um processo que engloba as Américas em suas diversas realidades.

A existência de “terras livres” nas Américas foi a justificativa encontrada por diversos colonizadores para legitimar as conquistas. Os artigos publicados neste livro nos mostram que a fronteira significa mobilidade e fluidez, e que não houve apenas uma única noção de fronteira na história das Américas, mas várias. Nos últimos séculos, o continente latino-americano possuía fronteiras diversas, as produtivas (a pecuária, a de metais preciosos), as fronteiras agrícolas (açúcar, café, algodão), e junto a elas, as fronteiras militares, de poder, bem como as lingüísticas e culturais. Essa pluralidade implica entender o longo processo de formação das fronteiras, das identidades criadas no transcurso do tempo e os personagens que se fixaram nessas fronteiras, e transformaram as paisagens existentes nesse caminho.

Os artigos que compõem a obra dão destaque também à importância dos povos “conquistados” e da influência mútua que os povos mantiveram com os colonizadores. Mesmo de uma forma desigual e arbitrária, os habitantes das Américas conseguiram impor certas práticas, certas influência e costumes, o que nos leva a um outro tópico.

Pensar no outro, naquele que faz parte do processo e que muitas vezes é esquecido tornou-se uma porta rica de entrada para o estudo da história e para os historiadores interessados em saber muito mais do que apenas compreender fronteiras como sinônimo de recorte espacial, ou como limites unicamente geográficos. O estudo das fronteiras demonstra que sua complexidade e suas implicações não podem passar despercebidas aos historiadores, uma vez que foram essas fronteiras que muitas vezes moldaram a identidade, as paisagens e a economia dos povos que aqui habitam. Para a compreensão de todos os meandros dessas fronteiras, os autores utilizaram, como seria necessário, variadas fontes de análises, que podem exemplificar-se no estudo de poemas, fotografias, pinturas, e até jornais, textos e relatos, prova de que a história não é estática e nem seus interlocutores.

É interessante perceber o quão ligados estão a fronteira e o sertão, ou o lugar considerado sertão enquanto uma construção histórica. As fronteiras vão ganhando especificidades e legitimidades dependendo de onde se origina tal conceito, e vários artigos que compõem o livro conseguem vislumbrar múltiplas gamas nas diversas regiões das Américas. O livro endossa a importância das transformações econômicas, políticas e sociais relacionadas ao momento em que as fronteiras são criadas e transformadas pela ação do homem.

Em alguns artigos publicados nos últimos tempos, os autores afirmam que a questão da fronteira não é tão discutida na historiografia latino-americana quanto na norte-americana, desconsiderando, segundo esses historiadores, o papel das fronteiras como formadoras das identidades criadas na América Latina. Talvez a publicação deste livro venha a dar resposta a essa afirmação, e demonstrar o interesse dos historiadores latino-americanos para a questão das fronteiras e suas implicações.

Ao fecharmos o livro, temos a impressão de que percorremos os quatro cantos das Américas (Estados Unidos, México, Caribe, Chile, Argentina, Uruguai e o Brasil) e conseguimos entender por que situações tão díspares quanto as colonizações portuguesa e inglesa, por exemplo, acabaram por percorrer o mesmo caminho em direção ao Oeste na tentativa de formar suas fronteiras. Os autores conseguiram mostrar que a conquista territorial nas Américas foi feita com sorrisos, e principalmente com muitas lágrimas. O livro, sem dúvida, vale um bom curso de História.

Reinaldo Nishikawa – USP

Acessar publicação original

[IF]

Jesuítas e inquisidores em Goa – TAVARES (RBH)

TAVARES, Célia. Jesuítas e inquisidores em Goa. Lisboa: Roma Editora, 2004, 298p. Resenha de: FRANCO, José Eduardo. Revista Brasileira de História, São Paulo, v.26, n.51  jan./jun. 2006.

Em torno da complexa problemática da Inquisição moderna no quadro da história cristã ocidental paira um amontoado de noções, visões, imagens, umas distorcidas, outras ambíguas, a maioria delas hipertrofiadas. Estas percepções resultam de ilações simplistas, de associações temáticas e institucionais imprecisas, e ainda de muitos juízos que desconsideram o contexto mental do tempo histórico em que emergiu e vigorou o Santo Ofício como máquina judicial poderosa ao serviço da Igreja e dos poderes políticos que exigiram e subvencionaram a sua erecção.

Entre essas visões cristalizadas e “pré-conceitos” acríticos podemos recordar alguns dos mais recorrentes que não são mais do que o produto de intensivos tempos de propaganda e polémicas que teceram uma “lenda negra” do Santo Ofício e de instituições que colaboram ou conviveram com este tribunal. Essa marcante cultura de propaganda e polémica deu origem a avaliações desfasadas na integração e valorização da Inquisição naquilo que podemos chamar a história universal da repressão.

Eis algumas dessas hiper-focalizações. A exagerada concentração dos juízos em torno dos tribunais da Inquisição ibéricos como sendo muito mais temíveis, violentos e repressivos do que os seus pares de outros países católicos europeus, visão apriorística que tornou os outros tribunais aparentemente mais benignos e mais inofensivos. A excessiva valorização dos tribunais do Santo Ofício como as instituições judiciais que mais usavam de métodos repressivos violentos e atrozes, esquecendo-se que no mesmo período histórico as instituições judiciais do Estado usavam paralelamente de práticas e métodos repressivos tanto ou mais injustos e esmagadores. E ainda a hiper-focalização da atenção crítica nas formas institucionais de Inquisição católica, sonegando-se ou obnubilando-se que nas sociedades protestantes e em sociedades e culturas estruturadas por outros sistemas religiosos também coexistiram e se desenvolveram, naquela mesma época, sistemas e formas de controlo com semelhante grau de vigilância repressiva.

Além destas percepções simplificadas e hiper-focalizadas nos Tribunais da Inquisição católicos, sedimentou-se uma visão mitificada que merece especial menção no quadro da apresentação deste livro. A associação íntima entre Inquisição e a Companhia de Jesus, ou se quisermos, a ideia da jesuitização da Inquisição. Ou seja, a tese de que sempre existiu uma cumplicidade plena entre os Jesuítas e a Inquisição, uma aliança terrível para a ruína do país, para opressão do povo e para o retrocesso do Estado. Esta ideia foi desenvolvida em Portugal pela literatura antijesuítica produzida sob os auspícios do marquês de Pombal e, em particular, ficou bem patente no novo regimento pombalino da Inquisição publicado em 1774, o qual se apresentava como o antídoto desse jesuitismo inquisitorial.1 Essa visão do jesuitismo inquisitorial foi muito reproduzida e propalada pela propaganda antijesuítica ao longo do século XIX e primeiras décadas do século XX. Os Padres da Companhia eram vistos como os mais impiedosos conspiradores contra as liberdades do povo, sendo a sua Companhia uma máquina de guerra lançada contra a nação portuguesa, tendo sido a Inquisição uma criação sua (um decalque judicial da estrutura da Ordem de Loyola). A Companhia de Jesus a teria imposto ao país, e no país se desenvolveu e perdurou sob o controlo férreo da Ordem de Loyola.2

Especialmente a Inquisição atrai com um magnetismo extraordinário, como nenhuma outra instituição, a projecção dos nossos juízos mais recriminadores. No seu repúdio não deixamos de projectar, como que se de uma deflagração do inconsciente se tratasse, os nossos medos e angústias. Nela projectamos o receio bem nosso do regresso dos tempos da tirania, da repressão social, da ausência de liberdade enquanto valor mais caro ao ser humano, o que mais o realiza e o que mais o torna autêntico.

A emergência da Inquisição Moderna, com todo o seu aparato repressivo e a sua ambição omni-controladora desde as práticas sócio-culturais e comportamentais externas até ao fundo mais secreto das consciências, pode ser entendida como uma reacção exacerbada e violenta à fractura crescente que se começou a operar na modernidade entre a esfera espiritual e a esfera secular temporal. As instâncias estruturantes e garantes do regime político-social e mental de Cristandade impuseram um organismo de controlo para fazer face às consequências da ameaça real da perda progressiva do poder unificador do religioso que tudo tecia — as atitudes, os pensamentos, os valores, as opiniões, os afectos — sob um mesmo horizonte de sentido.3

Pensamos ser fundamental reflectir a expansão dos tribunais da Inquisição como reacção poderosa a uma revolução de mundividências que a modernidade trouxe consigo como ponto de chegada de um longo período de gestação medieval da reflexão sobre o homem, o cosmos, a deriva da história e sobre a própria Igreja e o seu julgamento enquanto herdeira (fiel ou infiel) do legado de Cristo. A valorização antropologizante do indivíduo e das suas possibilidades e faculdades de iniciativa e de pensamento, a construção (proporcionada pelas viagens marítimas dos portugueses e espanhóis) da ideia de universalidade e da complexa diversidade cultural, étnica e religiosa do mundo, e paralelamente a agudização de uma consciência histórica teleológica de matriz apocalíptica acentuaram e hegemonizaram a posição dos sectores que alimentavam a tentação uniformizadora de um sistema de ortodoxia doutrinal que o catolicismo da Contra-Reforma enfatizou até ao extremo da intolerância mais anticristã que alguma vez se conheceu na História da Igreja.

Por outro lado, o projecto de constituição de uma instituição judicial com carácter centralizado foi muito desejado por alguns príncipes católicos. Em particular, destacaram-se neste processo os monarcas das coroas ibéricas da época em que curiosamente prosperava o Renascimento e o Humanismo. Esses movimentos culturais que abriram as portas do mundo moderno suscitaram da parte dos “profetas” do puritanismo e da ortodoxia mais vigilante a crítica ao paganismo que teria tomado conta de alguns dos mais destacados produtores culturais dentro da própria cristandade, muitas vezes a expensas dos próprios príncipes eclesiásticos, seus mecenas. Essa onda de “paganização” que invadia os próprios antros da Igreja significou para muitos o prelúdio da vinda do Anticristo e a aceleração do epílogo desastroso da própria história que seria coroada com um severo juízo final, como asseveravam as profecias antigas.

Só na complexidade sócio-mental do dealbar da modernidade é que se pode entender plenamente as razões de fundo que levaram à montagem de um tribunal dessa natureza e dessa dimensão. No fundo, a criação de um tribunal desse género no seio da cristandade moderna traduz a dificuldade dessa mesma cristandade em lidar com a emergência cada vez mais palpável, diversificada e concorrencial do Diferente, quer o Diferente interno (judeus, protestantes, esotéricos…), quer o diferente que se apresentava nos limites das suas fronteiras (gentios, infiéis…).4 Essa “perigosa” aparição e afirmação do Outro, enquanto radicalmente diferente do Nós, como colectividade grupal, étnica, cultural, religiosa ou doutrinal fez tremer a cristandade de tradição medieval que ficou possuída pelo medo de que o seu edifício sócio-religioso e mental fosse seriamente corroído. A Inquisição é a face mais agressiva e violenta desse medo.

No que a Portugal diz respeito, o empenho diplomático de D. João III e dos seus sucessores, à semelhança do que tinham feito os vizinhos reis católicos de Espanha, conseguiu que fosse instalado e subsidiado no país e no ultramar, com a legitimação suprema do poder papal através de bulas, breves e privilégios de vária ordem, a imensa rede de vigilância activa do Tribunal do Santo Ofício e dos seus tentáculos com uma eficácia repressiva sem par na história deste reino. O projecto bem-sucedido de imposição dessa instituição judicial sobre as instituições e forças vivas seculares e religiosas do país não deixou de transportar consigo, para além do desejo de “purificação” doutrinal e moral, o desiderato íntimo de o emergente Estado moderno português possuir uma instância de controlo da consciência colectiva para serviço de um ideário centralizador do poder monárquico que pretendia reforçar-se perante os outros pólos de poder.

De facto, o controlo social, mental, comportamental generalizado através da montagem de uma teia de medo por toda a monarquia, embora sustentada sobre pilares de ordem teológica, não deixou, por isso, de servir de algum modo o ideário centralista monárquico, que assim passou a usufruir de um poderoso instrumento de regulação das formas de pensar, de agir, de manifestar-se publicamente… Também aqui a questão económica não foi uma questão de somenos importância. A prática do confisco de bens permitiu a transferência de capital de bolsos dos investidores e produtores de riqueza para elites de poder tradicionais e para a própria instituição estatal que passavam por dificuldades de adaptação numa época de revolução das fontes clássicas de enriquecimento.5 Da Inquisição, o Estado centralizado moderno e a elite que o sustentava tiraram benefícios em termos de controlo do capital crítico e do capital a ele inerente de desestabilização social, favorecendo a sedimentação de um comportamento colectivo domesticado através de uma implacável pedagogia do medo que veio substituir a genuína pedagogia evangélica da misericórdia como denunciava na cara e na casa do Santo Ofício de Lisboa, Fernando Oliveira (c.1507-c.1582), uma das figuras mais notáveis e originais do humanismo português.6

A realidade histórica é sempre mais complexa do que aquilo que a fazem as simplificações muitas vezes maniqueístas dos nossos juízos. E quando da Inquisição e dos Jesuítas se trata, tanto mais vasta e impetuosa é a tentação simplificante das nossas conclusões.

Mas acima de tudo, o terreno historiográfico do estudo das questões inerentes ao Tribunal do Santo Ofício é aquele em que as análises mais podem correr o risco de serem enfermadas pela paixão do historiador de hoje e pelas marcas da sua mundividência, isto é, do seu horizonte mental e ideológico. Trata-se, com efeito, de um terreno altamente movediço.

A complexidade da análise da problemática que representa a história da Inquisição deve considerar como tarefa crítica preliminar a integração da configuração institucional desse tribunal e da compreensão da sua larga base de apoio sociológico no contexto e na mentalidade do tempo e da sua avaliação no quadro da história comparada das instituições. O esforço de interrogação e de complexificação que o conhecimento histórico exige para abrir horizontes mais largos de compreensão não nos deve impedir, todavia, como pessoas do século XXI, de repudiar e de lamentar a desumanidade que semelhantes instituições promoveram. Mas ficar por aí e não procurar o distanciamento que se exige para fazer uma história complexizante, é acrescentar pouco à construção do conhecimento histórico que deve ser “esse conhecimento das sociedades vivas, nunca o seu julgamento e enquadramento doutrinário”.7

A história é um campo de conhecimento sempre em construção. Para tal urge perfilar cada vez mais corajosamente uma história aberta capaz de integrar e usufruir sem preconceitos dos contributos de outras áreas de conhecimento que possam levá-la mais longe na percepção do homem e do seu percurso através do tempo. A história joga o seu futuro precisamente nesta atitude “ecuménica” de saber aceitar e lidar com os métodos e conteúdo das outras ciências humanas e sociais. Assim a história poderá realizar o sonho de Fernand Braudel que idealizava a disciplina historiográfica como o ponto nodal, o lugar de cruzamento, onde se poderá realizar melhor a síntese interdisciplinar no quadro alargado das ciências do homem.

O historiador é por excelência aquele que deve ter a consciência “antidogmática” de que as suas conclusões são passíveis de serem reformuladas e que os seus juízos são transitórios. A história que ele constrói deve estar sempre aberta a novas abordagens que fazem da historiografia uma realidade dinâmica e aberta. É, por isso, tão actual e tão extraordinária a definição daquela que deve ser a melhor atitude do historiador perante o seu métier e perante os resultados da tecelagem da história estabelecida por Vasco de Magalhães Vilhena há quase cinquenta anos:

Ser historiador, é repudiar a falsa segurança, a certeza tranquila; é nunca renunciar a um íntimo recomeço, jamais desertar da obrigação de um perpétuo reajusto fundamentado que responda a necessidades novas de inteligibilidade. O historiador tem hoje, como nunca tivera até agora, a consciência de não criar para a eternidade … Só há história do imperfeito, do inacabado, do que tende incansavelmente a superar-se. Na medida em que é possível restituí-lo, o “passado” que é ainda presente, sempre se reconstrói.8

A tese de doutoramento de Célia Cristina Tavares que aqui é publicada na íntegra em forma de livro é exemplar à luz daquilo que se espera de um historiador contemporâneo, sério e aberto ao trabalho interdisciplinar. Ousando abordar um objecto difícil e complexo como a Inquisição de Goa na sua relação de colaboração/conflito com os Jesuítas e com outros actores em presença na construção da sociedade cristã goesa, a historiadora oferece uma abordagem inovadora, mostrando as diferentes faces da problemática em questão e, especialmente procurando desconstruir as visões simplificantes que chegaram até nós. As questões estão bem colocadas e a autora procura dar, de diferentes ângulos de visão, um panorama das instituições em estudo de uma forma arguta e com notável espírito se síntese. Assim, Célia Tavares apresenta-nos vários quadros problemáticos que permitem abrir um novo horizonte de compreensão da cristandade indiana: as diferentes metodologias e modelos pastorais em confronto, as divergências existentes entre as ordens religiosas, as visões exógenas das práticas institucionais e sociais da Inquisição. Procura, de um modo sagaz, analisar a formação da lenda negra do Santo Ofício através de narrativas de viagens, os conflitos entre a Inquisição e a Companhia de Jesus e a colaboração dos Jesuítas com a Inquisição, os conflitos no próprio seio da Inquisição e no seio da própria Ordem de Santo Inácio…

Escrita de uma forma elegante e clara, mas sem descurar o rigor, este livro, apesar de ter sido elaborado para servir de prova de doutoramento, apresenta-se de leitura agradável capaz de encantar um público mais alargado que não só os especialistas na matéria, que muito poderá usufruir com esta síntese bem elaborada e documentada de aspectos importantes da presença portuguesa no Oriente.

A leitura desta obra aguça-nos a consciência de que a verdade histórica é uma verdade sempre em construção,9 uma verdade inacabada que cada geração faz e refaz à luz dos seus quadros epistemológicos e dos seus métodos e interesses científicos próprios.

Ao concluir a leitura deste livro que o leitor agora tem entre mãos fiquei com o sabor estimulante de que “a história permanece paixão, empenho e deslumbramento”.10 Por isso, a história enquanto ciência do passado continua com muito futuro.

Notas

1 Cf. FRANCO, José Eduardo; ASSUNÇÃO, Paulo de. Metamorfoses de um polvo: religião e política nos regimentos da Inquisição Portuguesa (séculos XVI-XIX). Lisboa, 2004.

2 Para uma desconstrução desta imagem perfeita da cumplicidade entre os Jesuítas e a Inquisição ver FRANCO, José Eduardo. “Jesuítas e Inquisição: cumplicidades e confrontações no Brasil e no Oriente (Sécs. XVI-XVII)”, in Relações Luso-Brasileiras. Revista Convergência Lusíada, v.19, 2002, p.220-34; e FRANCO, José Eduardo; VOGEL, Christine. Monita Secreta (Instruções secretas dos Jesuítas): história de um manual conspiracionista. Lisboa: Roma Editora, 2002.

3 Cf. MOURÃO, José Augusto. “Da funesta liga do trono e do altar — A afecção (anti)clerical”, in ABREU, Luís Machado de; MIRANDA, António José Ribeiro (Coord.) Actas do colóquio sobre Anticlericalismo Português: história e discurso. Aveiro, Centro de Línguas e Culturas da Universidade de Aveiro, 2001. p.27.

4 Ver BETHENCOURT, Francisco. “Rejeições e polémicas”, in AZEVEDO, Carlos Moreira (Dir.) História religiosa de Portugal. Lisboa: Círculo de Leitores, 2000. p.49ss.

5 Cf. TORGAL, Luís Reis. A Inquisição: aparelho repressivo e ideológico do Estado. Separata da Revista Biblos, Coimbra, n.51, 1975, p.637; e COELHO, António Borges. Cristãos-novos judeus e os novos argonautas, Lisboa: Caminho, 1998.

6 Cf. FRANCO, José Eduardo. O mito de Portugal: a primeira História de Portugal e a sua função política, Lisboa: Roma Editora, 2000. p.57.

7 MACEDO, Jorge Borges de. “Dialéctica da sociedade portuguesa no tempo de Pombal”, in Como interpretar Pombal? Lisboa/Porto: Edições Brotéria e Livraria A.I, 1983. p.16.

8 VILHENA, Vasco de Magalhães. Filosofia e história, Separata do capítulo publicado em Panorama do pensamento filosófico. Lisboa: Cosmos, 1956. p.181-2.

9 Cf. GOODMANN, Nelson. Modos de fazer mundos. Porto: Edições Asa, 1995.

10 ALMEIDA, A. A. Marques de. “A escrita da história: questões de teoria e de problematização”, in Clio, v.5, 2000, p.17.

José Eduardo Franco – Centro Faces de Eva – Faculdade de Ciências Sociais e Humanas – Universidade Nova de Lisboa.

Acessar publicação original

[IF]

Nosotros vamos a estar acá para siempre. Historias tobas – GORDILLO (IA)

GORDILLO, Gastón. Nosotros vamos a estar acá para siempre. Historias tobas. Gastón Gordillo. Buenos Aires: Biblos, 2005. 222 p. Resenha de: CARRERA, Vleria Iñigo. Intersecciones en Antropología, Olavarría, n.7, ene./dic., 2006.

El “rescatar para la posteridad” la experiencia de pueblos exóticos “condenados a la extinción” ha sido asumido históricamente como postulado en la producción de conocimientos en antropología, reproduciéndose (ingenuamente, quizás, pero hasta qué punto es la pregunta) en ciertas construcciones académicas actuales. Sobre este postulado se han sustentado en gran medida las tradiciones de estudios antropológicos en la región del Gran Chaco, habiendo derivado en la elaboración de ficciones etnográficas que terminan por hacer abstracción de las condiciones sociales e históricas que subyacen a la producción de las formas de la conciencia que pretenden aprehender. Abstracción que suele ir de la mano con un desligamiento de cualquier tipo de compromiso real con la práctica de esos pueblos.

Si atendemos a la trayectoria etnográfica de Gordillo, no me parece descubrir ningún secreto al afirmar que se ubica en el extremo opuesto a aquella tradición disciplinar. Lo cual queda claramente evidenciado en la obra que aquí nos ocupa. Nos hallamos ante el despliegue de la historia de la gente toba (qomle’ec) del noroeste de Formosa, tal como ellos la recuerdan. A lo largo de las páginas se suceden relatos referidos a: las antiguas prácticas de subsistencia asociadas al monte, los enfrentamientos con el ejército, la colonización criolla en sus territorios, la evangelización anglicana, las migraciones laborales a los ingenios azucareros de Salta y Jujuy, los cambios en el curso del río Pilcomayo, las formas actuales del trabajo asalariado y la lucha por la propiedad de la tierra. Son estas distintas experiencias, que han marcado profundamente la historia de estos grupos y configurado sus prácticas cotidianas, las que, ordenadas de acuerdo a una cronología temporal, configuran el esqueleto del trabajo.

Producto de quince años de investigación entre los tobas del oeste formoseño, sustentado en un extenso trabajo de campo y en una importante investigación histórica, y fundamentalmente, producto de un comprometido proceso de reconstrucción de la memoria social, el trabajo claramente se distancia en varios sentidos y de manera crítica de aquellas invenciones literarias ficcionales. Quisiera comenzar esta reseña entonces destacando sus méritos.

Un primer aspecto destacable es la explicitación de las relaciones de producción que subyacen a la producción de los relatos. En la introducción misma el autor explicita el objetivo de este proyecto de recuperación de la memoria histórica: que las comunidades tobas cuenten con un registro escrito de su pasado accesible tanto a las propias comunidades como a un público general. Objetivo compartido y acordado, en tanto la necesidad de escribir la propia historia constituye a la vez un interés y una demanda de las propias comunidades tobas. Y objetivo claramente político, en tanto esa historia propia es pensada como instrumento que contribuya a un análisis de las fuerzas que han creado el presente y a una producción crítica de las futuras condiciones de vida. Es entonces en función de lo que está en juego en el presente que debemos leer las representaciones de su pasado a las que dan forma los tobas.

Al encarar una demanda, reconocida y problematizada como tal de manera conjunta, Gordillo avanza en la producción de relatos que dan cuenta de la manera en que recuerdan y se representan el pasado. La forma que adopta esta narrativa histórica es una en la que son protagonistas tanto la numerosa gente toba que ha acompañado al autor en sus viajes etnográficos y producciones científicas, como el propio autor, al que le cabe la selección, edición y organización de los relatos en base a criterios que buscan ser fieles a las experiencias de la gente, así como la articulación y contextualización de esos relatos a partir de introducir ciertos elementos que hacen inteligible, anclan y problematizan lo narrado en tanto aparente reflejo de una realidad transparente. Al desnaturalizar, vuelve necesarias las prácticas y experiencias de los tobas, liberándolas de arbitrariedad sin justificarlas, al reconstruir las condiciones materiales que las determinan.

Aquí se revela un segundo aspecto valedero del trabajo. Y esto en un doble sentido. El primero de ellos: Gordillo hace gala de una fuerte base documental. Los documentos que aporta, producidos por exploradores y misioneros dando cuenta de su propia experiencia con los tobas, posibilitan un juego de ida y vuelta con los relatos de los narradores. Por otro lado, acostumbrados a encontrarnos con magras producciones que se restringen a una mera representación de la voz de los otros, basadas en el imperativo autoimpuesto de recuperar el “punto de vista del nativo” (históricamente parte del programa de la construcción de conocimiento antropológico), gratifica enfrentarse a un texto que supera esa operación naturalizadora. Así, a diferencia de otros (gran parte) de los antropólogos, que parecen imaginar que la historia misma les es relatada por boca de los sujetos entrevistados, a la manera de una “verdad revelada”, Gordillo nos muestra cómo se puede realizar un trabajo serio sobre la memoria. Y, ¿de qué forma lo hace? Al no caer en una pretensión mimética con los sujetos; pretensión científica y políticamente peligrosa en tanto voluntarista, ingenua y fundada en una falsa equiparación de saberes. Al no verse obligado a detenerse y aceptar sin discusión lo que los tobas se representan acerca de su práctica real, evidenciando “olvidos” y tensiones existentes en los relatos sobre determinados hechos, propiciando el recuerdo de otros aspectos de esos mismos hechos.

Hechos de un pasado reciente (pero no tan sólo) que nos ponen frente a otro de los aspectos saludables del texto: el trabajar sobre un tiempo histórico. Lejos de constituir un muestrario descriptivo y desarticulado de relatos exotizados y divorciados de la materialidad de las experiencias concretas de las personas, los relatos que conforman el libro refieren a las trayectorias sociales, laborales, territoriales de las comunidades. En este sentido, el trabajo revela un distanciamiento de las producciones académicas que mencionara inicialmente de “rescate etnográfico” de “poblaciones arcaicas” a partir de sus narrativas “míticas” en tanto locus privilegiado de la conciencia de estos “otros”, que niegan todo otro tipo de narrativas y, al hacerlo, legitiman los presupuestos de irracionalidad de esos pueblos desde los que son interpelados por la narrativa historiográfica del poder. Contribuye así a la crítica, siempre necesaria, de la imagen ilusoria del indígena del Gran Chaco cargada de esencialismo y ahistoricidad. Imagen persistente no sólo en la academia sino también en el discurso y la práctica de organismos gubernamentales y de medios masivos de comunicación.

Continuando con el trasfondo teórico-metodológico, el trabajo busca superar la distinción entre memoria e historia, y las antinomias construidas en torno a esa distinción (cultural/histórico, subjetivo/objetivo, entre otras posibles). Excedería ampliamente los límites de esta reseña (y tampoco se encuentra entre los propósitos del libro) ahondar en el debate acerca de las posibles convergencias y divergencias entre la memoria y la historia, en tanto formas del conocimiento del pasado. Sí decir que el trabajo aporta a una saludable ruptura con distinciones que terminan por ser abstractas, bizantinas y estériles si se las abstrae de prácticas etnográficas concretas.

Por último, la reconstrucción de la memoria sobre las trayectorias sociales de los tobas contenida en este trabajo nos conduce necesariamente a formularnos de manera reflexiva las siguientes preguntas respecto de una propuesta etnográfica de esta naturaleza: ¿qué recordar?, ¿cómo recordar?, ¿para quién recordar?, ¿cómo transmitir?, y ¿por qué transmitir?

Recuperando un terreno de discusión abierto por el libro, esto es, la cuestión de la subjetividad en la dinámica de la producción de conocimientos de lo social (la del etnógrafo y la de los sujetos con los que desarrolla su trabajo), ¿es posible dar cuenta de una memoria social sumando relatos individuales? En otras palabras, ¿puede identificarse la memoria colectiva con una condensación de memorias individuales?; y más aún, ¿cuál es la validez del establecimiento de una relación directa entre cantidad de subjetividades y grado de representatividad? Sin correr grandes riesgos, podemos afirmar que existen configuraciones de la memoria características de cada sociedad, y al interior de estas configuraciones, variaciones individuales sobre las experiencias colectivas; y que, por otra parte, distintos puntos de vista individuales no conforman distintas subjetividades sociales. La memoria colectiva no es nunca unívoca, sino que se trata de una memo ria dinámica, contradictoria, que revela ambigüedades, continuidades y discontinuidades. ¿Cómo dar cuenta de la heterogeneidad de voces y a la vez del carácter social de la memoria? El autor sostiene que distintas personas recuerdan un mismo evento de forma diversa y, frente a esto, su intento por capturar esa heterogeneidad de voces en la pretensión de una construcción intersubjetiva conjunta que resulte de relaciones sociales históricamente determinadas.

Caben aquí dos señalamientos, a modo de interrogantes que el libro pone en juego. Por un lado, tratándose de un interés compartido y coparticipado, ¿cómo avanzar en la generación de instancias colectivas de activación de la memoria, más acordes tal vez a la construcción de un nuevo saber crítico, que trascienda la producción de relatos individuales que confluyen en una visión acordada del pasado? Por otro lado, reconociéndose el autor en la particularidad de su lugar, poniéndolo en tensión frente al conocimiento y la práctica de los sujetos interpelados, asumiendo que no es un sujeto neutro, entre otras cosas porque, al igual que aquellos, habla desde algún lugar desde el cual es visibilizado, no pretendiendo posicionarse en una ficticia situación de equidad ni involucrarse en un juego de interpretaciones, ¿cómo avanzar en la problematización de las relaciones de poder que se juegan en el proceso etnográfico, y más específicamente, en la transcripción y objetivación de experiencias etnográficas colectivas en un registro textual individual?

Preguntas que revelan los riesgos que se corren al hacer un trabajo de esta naturaleza. Lo cual no quiere decir que no valga la pena correrlos. Parafraseando a Marx los antropólogos no han hecho más que interpretar al mundo de diversas maneras, pero de lo que se trata es de transformarlo. En este sentido, Gordillo, en tanto etnógrafo, y su texto, en tanto producto, toman el camino más inteligente de entre aquellos posibles, aportando a la construcción de un conocimiento socialmente relevante y políticamente implicado que encuentra variadas instancias de validación. Dejándonos una pregunta final: ¿cuáles son las potencialidades y cuáles los límites de un proceso de reconstrucción de la memoria social en relación con la producción de una historia crítica de los procesos vividos?

Valeria Iñigo Carrera – Valeria Iñigo Carrera. Instituto de Ciencias Antropológicas, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Jerónimo Salguero 733, 5 B, (1177) Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina. E-mail: valsic@yahoo.com

Acessar publicação original

[IF]

 

Memorias de Villa Clara – FREIDENBERG (IA)

FREIDENBERG, Judith Noemí. Memorias de Villa Clara. Buenos Aires: Antropofagia, 2005. 80 pp. ISBN 987-21397-9-6. Resenha de: DUPEY, Ana María. Intersecciones en Antropología, Olavarría, n.7, ene./dic. 2006.

Una cuantiosa bibliografía desde diversas disciplinas focaliza el estudio de la memoria como un componente constitutivo de los procesos de identificación personal y social. En el marco de esta área de reflexión Judith Freidenberg en su libro “Memorias de Villa de Clara”, realiza una doble contribución original. Por un lado, explicita cómo se trama y desarrolla socialmente el procesamiento de la reconstrucción del pasado vivido y experimentado por los pobladores de una comunidad localizada en la provincia de Entre Ríos, Argentina y por otro, cómo se plasman los productos, que resultan de esos procesos, y qué usos sociales se les asignan, en particular en el campo de la comunicación y la educación.

La singularidad de la obra radica, en que su autora ha trabajado con tres clases de registros oral, escrito y de los objetos, que son individualizados en capítulos distintos pero que entablan una relación dialógica entre ellos. El primero de los registros, es el verbal, resultado del entramado de un conjunto de voces, en clave polifónica, que cuentan la historia de Villa Clara a través de la vida cotidiana del trabajo y de la familia y el desarrollo de las instituciones de la vida colectiva. Dicho entramado oral, producto de las historias de vida narradas por los pobladores, es trasladado a la escritura. La textualización se procesa de dos modos diferentes: el constituido por la multiplicidad de las voces individuales de los pobladores, y el elaborado por la autora que resalta el carácter plural del tejido de la memoria de Villa Clara, indicando el peso de la opinión de los pobladores en los consensos y disensos con respecto a lo relatado. Esta operación de textualización se complementa con material visual (fotos y copias de documentación escrita) que buscan hacer presentes marcos de referencias temporales, espaciales y sociales, distantes para los lectores. Pero, también, la vivencia íntima y subjetiva de lo relatado como ilustra la inclusión de fotografías de manuscritos personales.

La segunda sección del libro ofrece un itinerario de los acontecimientos que han quedado fijados por medio de la escritura en documentos históricos y obras de investigación histórica, que se encuentran en los archivos de la comunidad de Villa Clara. La comparación de este recorrido con respecto al anterior echa luz sobre las diferencias acerca de lo que retienen del pasado los actuales pobladores de Villa Clara, con respecto a aquellos hitos de la historia de Villa Clara, que merecieron fijarse en documentos escritos y se relacionan con el desenvolvimiento de la vida institucional y del ámbito público de la comunidad.

Un tercer contrapunto sobre los registros de la memoria antes referidos surge de la puesta en escena de la memoria de Villa Clara a través de los objetos reunidos en una institución pública comunitaria: el Museo Histórico Regional de Villa Clara. La autora nos ofrece una visita guiada visualmente de la exposición. Textos y fotografías se articulan en una solución de contigüidad para acercar al lector a la memoria que actualiza el museo. Esta última por las elecciones de los objetos a exhibir, los agrupamientos a los que se los someten, y los rótulos que se le asignan se repliega sobre acontecimientos institucionales y de la vida privada y pública de los colonos inmigrantes; poniendo acentos diferentes con respecto a la memoria desarrollada a partir de los registros orales en la que se resalta la continuidad entre la vida de campo y la ciudad, las vinculaciones entre los distintos sectores sociales (profesionales y campesinos) y la riqueza de la dinámica de las interrelaciones multiétnicas. La exhibición del museo se concentra, mayormente, en la vida de los pobladores de la ciudad de origen migratorio, en el desenvolvimiento de las instituciones (más próxima al registro histórico) identificando la historia de Villa Clara con la de los inmigrantes.

Pero la originalidad del trabajo de la Dra. Judith Freidenberg no sólo radica en poner en relación dialógica registros tan diversos sobre la memoria social de Villa Clara, sino en el proceso metodológico que ha llevado a cabo para acceder a una muestra representativa de los residentes de Villa Clara, mediante el mapeo etnográfico de la ciudad, y la presentación pública de las historias contadas por los residentes para su evaluación por parte de la audiencia y su reprocesamiento. Ha tensionado a través de la puesta en escritura tres clases de registros de la memoria de Villa Clara poniendo de manifiesto voces intimistas, públicas, esperanzadas, desilusionadas, conciliadoras, disidentes, nostálgicas, que dan cuenta de la vida cotidiana pero también de acontecimientos extraordinarios de allí que el plural expresado en el título de la obra y en la foto que lo acompaña indican una anticipación cumplida. Asimismo, el libro opera no sólo como un vehículo de comunicación de información sino como una herramienta de apropiación del saber del pasado y del saber hacer el pasado, de la cual pueden surgir múltiples e inéditos usos sociales.

Pero “Memorias de Villa Clara” también es un instrumento para quienes se interesan por la práctica antropológica en relación con la gestión comunitaria de temas como la memoria y el patrimonio, porque permite acceder al producto de una experiencia concreta llevada a cabo por una especialista que no sólo posee una dilata experiencia en la materia sino que, también, ha reflexionado y reflexiona acerca de la misma. Es una obra que interpela a los profesionales de las Ciencias Antropológicas a sumarse al debate sobre los desafíos de cómo llevar al campo de la gestión el saber disciplinario y cómo este último, al mismo tiempo, se potencia.

Ana María Dupey – Ana María Dupey. Sección Folklore, Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano. E-mail: ana@bibapl.edu.ar

Acessar publicação original

[IF]

 

Global Archaeological Theory. Contextual Voices and Contemporary Thoughts – FUNARI et al (IA)

FUNARI, Pedro Paulo A.; ZARANKIN, Andrés; STOVEL, Emily. (Ed.). Global Archaeological Theory. Contextual Voices and Contemporary Thoughts. Nueva York: Kluwer Academic/ Plenum Publishers, 2005. Resenha de: GNECCO, Cristóbal. Intersecciones en Antropología, Olavarría, n.7, ene./dic., 2006.

Global archaeological theory reúne veinte artículos (además de la introducción y la discusión) teóricos sobre distintos temas y campos de intervención de la arqueología actual; nueve de ellos fueron publicados (en español y portugués) hace siete años en las memorias de la I Reunión Internacional de Teoría Arqueología en Suramérica. Si consideramos que quince de los veinte artículos fueron escritos por arqueólogos suramericanos hay que empezar por señalar que este es un libro singular (y atrevido) porque por primera vez una editorial prestigiosa y de amplia circulación internacional publica (en inglés) un libro de teoría arqueológica dominado, por lo menos demográficamente, por intelectuales no metropolitanos y no anglo-parlantes.

Puesto que las virtudes y defectos del libro son globales (como su título), es decir, de la totalidad del texto y no de la particularidad de los artículos que contiene, sólo haré alusiones generales; en cualquier caso no tendría sentido presentar los argumentos básicos de cada uno de los artículos (lo que hacen las reseñas convencionales sobre libros colectivos) porque esa tarea ya fue hecha por los editores en la Introducción. Además, mi labor de reseñista se ve limitada (y alterada, seguramente) por el hecho de que el libro ya incluye una buena reseña (la Discusiónque cierra el volumen, escrita por Matthew Johnson) que ofrece argumentos que comparto. Aunque mi lectura del libro editado por Funari, Zarankin y Stovel no escapa de los prejuicios producidos por la maldición intertextual espero discutir asuntos que Johnson no cubrió o apenas mencionó al pasar.

La importancia del libro descansa en (a) su amplitud temática y variedad de puntos de vista teóricos, lo que pone en evidencia la apertura de la arqueología contemporánea, y (b) en el hecho de que fue concebido y producido desde un lugar no tradicional de enunciación (que podemos llamar periférico). Los dos aspectos están interrelacionados porque la apertura arqueológica no sólo es disciplinaria (lo que permite interpretaciones diferentes, originales y creativas) sino también política (lo que hace posible una participación más amplia y horizontal de distintos actores en la producción, circulación y consumo de discursos arqueológicos). Este libro es producto de esa apertura; sin embargo, un texto que se auto-inscribe en el descentramiento de la producción discursiva y que se ufana de presentar «una mirada desde la periferia» debería ser sensible a los actos simbólicos. El hecho de que los artículos que preceden y anteceden a los demás (encerrándolos entre sus brazos protectores) hayan sido encargados a dos prominentes arqueólogos ingleses (Thomas y Johnson), identificados con las tendencias más críticas y reflexivas de la arqueología contemporánea, puede ser leído como una suerte de bendición que las autoridades establecidas (no importa que tan iconoclastas sean o, para ser más justo con la historia, hayan sido) otorgan, benévolamente, a la madurez de la teoría arqueológica periférica. Quizás Johnson comparta este comentario si llega a leerlo, aunque lo dudo (no dudo que lo comparta, aunque también, sino que lo lea; bien sabemos que nuestra principal desventaja -¿desventaja?- es escribir en español, un idioma apenas vernáculo en el mundo del colonialismo académico); de lo que sí estoy seguro es que comparte conmigo (aunque debería decir, mejor, que comparto con él para respetar la precedencia intertextual) la idea de que los editores hacen sobre-valoraciones indebidas que configuran un horizonte moral que no se realiza, por lo menos no en este libro.

La Introducciónresalta dos asuntos (el compromiso político y la acción crítica) que no están cubiertos por todos los artículos o que sólo son mencionados marginalmente por algunos; este hecho produce una afirmación exagerada que milita en contra de la integridad teórica y de la originalidad del libro y de su capacidad de convertirse en un punto de inflexión en la abundante literatura teórica en arqueología (cada vez más numerosa y cada vez menos original). La “posición política crítica”, que los editores presentan como una de las características más importantes de la arqueología progresista (los editores la llaman «postprocesualista » pero ese término es demasiado general, impreciso e indigno de una ortodoxia que debería garantizar, por lo menos en el generoso universo de la nominación, la sucesión crítica de una heterodoxia esperada que habría de llamarse, pedregosamente, post-postprocesualismo), no aparece en varios artículos (la mayoría) que sólo (¿sólo?) discuten asuntos disciplinarios, aunque con gran sofisticación teórica. Este hecho podría acomodarse señalando que algunos artículos son sensibles a la consciencia política y, quizás, al compromiso político (los textos de Ana Cristina Piñón Sequeira y Lúcio Menezes Ferreira, por ejemplo); el llamado post-procesualismo, después de todo, es un bazar inmenso y desigual que agrupa perspectivas variadas, muchas de las cuales no se han preocupado por la dimensión política de su discurso en el presente y el futuro aunque se hayan preocupado por la política en el pasado.

La otra afirmación exagerada es consecuencia de la primera: no entiendo el énfasis en acción crítica, señalado por los editores como una característica saliente del libro (es decir, de los artículos que lo componen). El énfasis en acción es una herencia del materialismo histórico, incapaz de concebir la práctica por fuera de la transformación que pone en movimiento. Si por acción los editores entienden el compromiso y la conciencia política (como mi lectura de la Introducción me lleva a creer) entonces lo menos que puedo decir es que la mayor parte de los artículos hace caso omiso del horizonte praxeológico. ¿Cuál es el propósito y el sentido de hablar de acción si sólo queda enunciada? Una posibilidad, que no hacen explícita los editores, es que la idea de acción abordada en los artículos provenga de la perspectiva de agencia, tan popular en la arqueología contemporánea. Las teorías centradas en agencia recuperan (o adoptan por primera vez) la centralidad del individuo en la red de significaciones que llamamos cultura y su capacidad de transformarla continuamente. Las dos ideas son en apariencia similares (al fin y al cabo las teorías sobre agencia reconocen una deuda genealógica con el materialismo histórico) pero las separa una diferencia prominente: mientras la concepción marxista de la acción es política en el presente las perspectivas de agencia en arqueología son, generalmente, política en el pasado (es decir, política desde una perspectiva disciplinaria auto-contenida, no contextual). Algo similar pasa con la significación otorgada a la crítica. Si los artículos del libro tienen una perspectiva crítica ésta es disciplinaria en el sentido de que buscan expandir los límites de las interpretaciones arqueológicas, constreñidos por la estrechez de la mirada científica; su dimensión crítica, sin embargo, no es contextual. De cualquier manera, entonces, el énfasis en acción y crítica es exagerado o sólo enunciativo; como agenda es fundamental, como señalaré enseguida, pero no se desarrolla en este libro.

La Introducción, que expresa el propósito deliberado de los editores (y, uno podría esperar, también de los autores de los artículos, aunque este no es el caso) señala que la mirada desde la periferia, que este libro representa de una manera casi fundacional en términos de su aparición en el mundo académico metropolitano, es fundamentalmente crítica porque “las experiencias y condiciones críticas engendran pensamiento crítico”. Puesto que la afirmación no tiene solidez lógica (muchas condiciones críticas no generan pensamiento crítico; la marginalidad no siempre es sinónimo de reflexividad y de consciencia) habría que decir, mejor, que las propuestas desde la periferia deben ser críticas. ¿Por qué?; ¿cuál es el sentido de este imperativo moral? La conciencia periférica (a pesar de las críticas que pueda hacerse al modelo centro-periferia por ingenuo y poco realista en su análisis de la producción y reproducción cultural) es política y resulta básica en los procesos de descolonización. ¿Es crítica, reflexiva y contestataria la producción cultural periférica? No siempre; mucha producción periférica, como es el caso de varios artículos de este libro, no se aparta de la complacencia que caracteriza el consenso disciplinario edificado en los centros metropolitanos. ¿Debe ser crítica, reflexiva y contestataria la producción cultural periférica? Este ya es otro asunto (situado, cómodamente, en el pantanoso terreno del moralismo) y la respuesta exige un contundente sí porque la conciencia periférica debe llevar a entender (y contestar) la condición colonial contemporánea. Este libro, concebido y producido desde un lugar no tradicional de enunciación (lo que lo situaría, de entrada, en una posición privilegiada para el ejercicio crítico), poco contribuye a la descolonización de la disciplina y de las sociedades cuya historia (y con ella su identidad y su proyecto de vida) fue conculcada por el aparato cronopolítico occidental (del cual la arqueología forma parte prominente); aunque es cierto que no tendría porque haberlo hecho (no todos los arqueólogos están interesados en los proyectos descolonizadores) resulta paradójico que aparezca como un propósito de los editores.

Hasta ahora he dicho lo que el libro no es y quizás esa perspectiva pueda ser vista como malintencionada: siempre es posible esperar más de algo porque el universo del deber ser es un inmenso campo abierto en el cual cabe de todo, incluso lo menos indicado; siempre es posible esperar que algo sea como se quiere, no como realmente es. Lo que he dicho que el libro no es, sin embargo, está basado en lo que los editores señalaron como el horizonte moral de su trabajo y en mínimos esperados de una enunciación hecha desde la periferia. Hecha esta observación ahora diré lo que el libro es. Muchas reseñas terminan pareciéndose al libro de balances contables de una empresa manejada con rigor y con cierta posibilidad de éxito: las pérdidas no son mayores que las ganancias. Esta reseña no es distinta porque crea que la excepcionalidad es innecesariamente iconoclasta ante los ojos canónicos (lo que neutraliza su efecto) ni porque piense que el ejercicio crítico se ve mejor servido en la apología que en la denostación (lo que puede resultar complaciente) sino porque este libro es un objeto importante por dos razones. La primera ya la dije, pero la usé para argumentar sobre su carencia; así que la repetiré, pero mostrando su bondad: este libro contribuye a descentrar la producción de los discursos arqueológicos. Los editores del libro lo inscriben, con razón, en la tradición que inauguró la propuesta abierta y pluralista del WAC, es decir, el descentramiento disciplinario desde los centros tradicionales de enunciación (Europa occidental y Estados Unidos) hacia varios otros lugares, no sólo geográficos (como América Latina) sino también culturales (como los movimientos sociales). El descentramiento contesta la vieja idea de que las colonias producen la cultura mientras la metrópoli produce los discursos intelectuales que la interpretan, auto-asumiéndose como el único lugar legítimo de enunciación. El resultado de esa idea fue un patético colonialismo académico que devaluó las posibilidades locales de formación y de interlocución. Por eso es refrescante para la arqueología que su horizonte de producción se expanda y que aumenten las propuestas de interpretación que involucran nuevos actores. En el mundo multicultural, que organiza la sociedad en marcos de diferencia más rígidos y circunscritos que durante la modernidad, el espectro arqueológico está siendo ampliado y los lugares de su enunciación desplazados y contestados. Aunque el multiculturalismo es el signo de los tiempos el pluralismo (definido como la expresión horizontal de la diferencia) es una moneda de poco uso que debe ser construida, promovida, discutida y consensuada constantemente, muchas veces en medio del conflicto productivo; la enunciación desde la periferia (como la que hace este libro) apuesta por la utopía pluralista y por sus posibilidades de realización.

La segunda razón es de índole académica, pero no por ello menos importante. Los artículos del libro se inscriben en la batalla (que unas veces parece ganada, como cuando aparecen textos como este, y otras perdida, como cuando contemplamos la falta de creatividad e imaginación de la producción arqueológica dominante, por lo menos en términos estadísticos) entablada contra la rigidez y la predictibilidad de la ortodoxia eco-funcionalista; varios de ellos hacen propuestas inteligentes y originales que abren las fronteras de la interpretación.

Global archaeological theory debe ser leído por lo que propone, por lo que logra e, incluso, por lo que deja de hacer. No es frecuente que libros así aparezcan en la literatura arqueológica mundial. No es una ingenuidad chauvinista creer que señala un camino abierto en el cual la dominación y la arrogancia de la arqueología metropolitana sea enfrentada, cuestionada y debatida.

Cristóbal Gnecco – Cristóbal Gnecco. Departamento de Antropología, Universidad del Cauca, Colombia. E-mail: cgnecco@unicauca.edu.co

Acessar publicação original

[IF]

História da América: ensino, poder e identidade / Maria de Fátima Sabino

No momento em que a ANPUH (Associação Nacional de História) elege como tema para a edição nº 48/2004 a “Produção e divulgação dos saberes históricos e pedagógicos” e a ANPHLAC (Associação Nacional de Pesquisadores de História Latino-Americana e Caribenha) dedica a edição nº 4/ 2005 de sua revista à questão do ensino de História da América, o livro organizado por Maria de Fátima Sabino Dias oferece uma relevante discussão sobre o ensino de História e, particularmente, o ensino de História da América Latina.

O livro é o resultado de pesquisas realizadas a partir do intercâmbio de professores e alunos da Universidade Federal de Santa Catarina/Colégio de Aplicação e da Universidad Nacional de Córdoba/ Escola Superior de Comércio Manuel Belgrano, no âmbito de um acordo de cooperação Brasil-Argentina.

Com apresentação de Maria Lígia Coelho Prado, os sete artigos apresentados discutem, a partir da ótica de professores brasileiros e argentinos, temáticas que tomam como pano de fundo a maneira como nos olhamos e, ao mesmo tempo, representamos o outro.

Preocupados com as discussões acerca das “semelhanças e diferenças” entre o ensino de História da América Latina no Brasil e na Argentina, os autores entrecruzam temáticas como material didático e organização curricular nos dois países; intercâmbio discente; Mercosul; formas da história nacional ser contada e o processo de militarização presente na história recente dos dois países.

As semelhanças observadas pelos autores, entretanto, não nos une, pelo contrário, contribuem de maneira decisiva para o nosso distanciamento. Uma delas é a nossa dificuldade em nos reconhecermos como latino-americanos.

No artigo “Trilhando caminhos diferentes…”, Maria Sílvia Cristofoli toma como base a historiografia argentina que discute o sentimento “pouco americanista” do argentino, uma identidade nacional construída a partir de Buenos Aires e que remonta a imagens forjadas anteriormente à criação do Estado Nacional. Juan Batista Alberdi, membro da geração de 1837, definia os argentinos como “europeus nascidos na América”. Num segundo momento, ao entrevistar professores argentinos, a autora descobre que, para pelo menos um deles, o latinoamericano é o índio. Para o mesmo professor, a maioria da população (com a qual ele se identifica) de Córdoba é composta por italianos vindos do Piemonte.

Essa Argentina branca, européia e civilizada, nos moldes imaginados pelo presidente Domingos Sarmiento no século XIX, tem implicações diretas sobre a forma como o argentino se vê e, a partir daí, se diferencia. No artigo intitulado “ Inclusiones y exclusiones em modos de contar la historia da Argentina”, Sílvia Finocchio salienta as narrativas didático-nacionais que negam a história de índios, afrodescendentes, mulheres e outros grupos marginalizados. Ao discutir a permanência da auto-imagem do “mais europeu entre os americanos”, também observa as mudanças advindas do final do regime militar, dentre elas, a descentralização dos currículos escolares que, segundo a autora, permitiu uma ampliação, ainda que tímida, das temáticas e abordagens, rumo à diversidade.

No caso do Brasil, o artigo “Nacionalismo e estereótipos”, de Maria de Fátima Sabino Dias, nos dá conta das semelhanças que nos distanciam. Analisando a História da América nos livros didáticos brasileiros dos anos 50, momento de inserção da História da América na estrutura curricular, a autora identificou, nas histórias contadas, as Guerras do Prata como o momento de nossa maior proximidade. Proximidade tensa, fruto dos “desvarios imperialistas de Solano Lopez” e de interesses comuns momentâneos. Sobra um passado précolonial comum, proveniente de uma visão eurocêntrica que elegeu Maias, Incas e Astecas como os povos mais importantes deste passado, e alguns heróis como Simon Bolívar e Francisco Miranda, representantes de um tempo de glória, porém morto.

Paralelamente a este olhar em direção aos latino-americanos, segundo Maria de Fátima Sabino Dias, construiu-se a idéia de americano como sinônimo de estadunidense. No desejo de incorporar-se rapidamente à marcha do progresso, “(…) o Brasil não reconheceu as outras nações latino-americanas como referência para a construção de uma auto-imagem positiva” (p.59).

Este não reconhecimento pode ser analisado a partir da experiência no ensino de História da América Latina, o que faz Ivonete da Silva Souza, no artigo “Estudos latino americanos”. O encontro professor-aluno ocorre em meio a experiências e idéias cristalizadas no senso comum (e na própria escola). A autora, também professora, ao narrar sua experiência na docência de História da América, no Ensino Básico, nos relata a dificuldade dos alunos em criar um “raciocínio específico” para a disciplina. Ainda segundo a professora, os alunos carregam o pré-concebimento de uma história que se equilibra entre o reflexo da Europa, e/ou, “a mesma coisa que história do Brasil, só que em outro lugar”.

Outra possibilidade viabilizada pelo livro a respeito da maneira como nos vemos, é a forma como nos estranhamos. No artigo “Interculturalismo e educação”, Maria José Reis recolheu depoimentos de alunos intercambistas brasileiros e argentinos. Chama a atenção, mais do que os relatos da experiência e as eventuais queixas, as surpresas positivas, já que elas se fundamentam numa expectativa que diverge do ocorrido.

Para alguns alunos argentinos, a surpresa foi perceber “que aqui é tudo normal”: “(…) Eu gostei do intercâmbio porque eu pensava que no Brasil não tinha nada sério” (p.83).

Esta imagem carnavalizada sobre o Brasil, “terra de samba, praia e futebol”, lugar de democracia racial, onde as pessoas trabalham pouco e são felizes, se contrapõe à surpresa dos alunos brasileiros ao constatarem “que os argentinos são amigáveis” (p.81-82).

Estas expectativas mutuamente estereotipadas guardam uma relação direta com tensões militares do passado (o Brasil como grande ameaça imperialista) e rivalidades esportivas do presente, mas também com a busca histórica por um referencial externo a nós, capaz de nos afastar da pecha de “latino-americanos”.

Quanto à história recente dos dois países, o período de militarização/desmilitarização é compreendido como ponto de aproximação para compreendermos as relações mantidas com o capital internacional, as reações aos regimes e a ação das políticas de repressão sobre o ensino de história.

Embora não seja possível mensurar a barbárie apenas pelo número de mortes que ela deixa, é possível afirmar que a ditadura na Argentina deixou marcas mais profundas na sociedade. O número de mortos e desaparecidos, a força das Mães da Plaza de Mayo, a Guerra das Malvinas e as sucessivas crises econômicas, sem precedentes na história nacional, compõem um ambiente de mobilização nacional recorrente. Este “patriotismo” foi observado por alunos brasileiros e discutido no artigo já citado sobre “Interculturalismo e educação”: “(…) Outro aspecto lindo é que é (o povo argentino) um povo que luta pelos seus direitos. Claro, aqui nós também fizemos passeatas e manifestações, mas lá é diferente. Sinceramente, não sei bem o que me faz ter essa impressão” (p. 82) No artigo “Ensenanza de História de América”, Nancy Aquino, Dante Bertone e Susana Ferreyra observam a recorrência daquilo que foi denominado como “nova história política” nos currículos das escolas argentinas após 1985. Esta nova postura permitiu uma aproximação em relação aos países vizinhos, que sofreram agruras similares, e uma espécie de identidade construída a partir do sofrimento. Ainda que esta visão de “veias abertas” possa ser criticada como passiva e redutora de uma realidade dinâmica, neste caso ela permite o reconhecimento como latino-americano a partir de uma postura identitária articulada à noção de independência política e econômica, com raízes compartilhadas por um passado diverso em sua dinâmica, mas com similitudes políticas, culturais e econômicas.

Ainda em relação aos militares, o artigo “América Latina – Ensino e Poder”, de Marise da Silveira Veríssimo, toma como base documentos expedidos por governos militares no Brasil e na Argentina com o intuito de intervir no ensino de História.

Documentos nacionais, como o que tornou o ensino de Educação Moral e Cívica obrigatório ou o Decreto Lei 660 de 30/06/1969 que aprovou a Convenção sobre o ensino de História, são articulados à documentos interamericanos, como o Estatuto do Instituto para o Ensino de História das Repúblicas Americanas, com o propósito de discutir uma preocupação transnacional em relação à forma como a história deveria ser ensinada. O Instituto tinha como função primeira, segundo o artigo 1º, “Efetuar a revisão dos textos adotados para o ensino em seus respectivos, a fim de depurá-los de tudo quanto possa excitar, no ânimo desprevenido da juventude, a aversão a qualquer povo americano” (p.104). A autora enfatiza ainda a dimensão interamericana do documento que “(…) propõe ensinar aos alunos americanos que, apesar de suas identidades nacionais, eles fazem parte de um grande continente no qual está arraigada a paz, o reconhecimento e o respeito à alteridade..” (p.112) Estas preocupações das ditaduras argentina e brasileira com relação ao ensino de História dão a dimensão de sua potencialidade, em regimes de exceção ou não. Entretanto, a partir destas considerações, Marise da Silveira Veríssimo força um paralelo entre “interamericanismo militar para a educação” e as formas de integração educacional, no contexto do Mercosul.

A partir do documento “O Ensino de História e Geografia no Contexto do Mercosul” (1997), a autora discute as formas diversas em que, em tempos também diversos, essa integração pode ocorrer. Contudo, seria melhor evitarmos comparações que coloquem num mesmo espectro o militarismo brasileiro e argentino e períodos posteriores, ainda que estes sejam passíveis de duras críticas.

Por fim, é importante frisar que as discussões que perpassam o livro articulam-se à construção do Mercosul, já que uma área de livre comércio pode/deve ser uma área de livre circulação de pessoas, espaço de aproximação, reconhecimento e formulação de uma identidade regional a partir do que nos une.

Marcelo Cheche Galves – Mestre em História Social pela Universidade Estadual Paulista. Professor Assistente do Departamento de História e Geografia da Universidade Estadual do Maranhão (UEMA) marcelogalves@cecen.uema.br.


DIAS, Maria de Fátima Sabino (org). História da América: ensino, poder e identidade. Florianópolis: Editora Letras Contemporâneas, 2004. 126p. Resenha de: Outros Tempos, São Luís, v.3, p.229-233, 2006. Acessar publicação original. [IF].

A misteriosa chama da Rainha Loana. Romance ilustrado | Umberto Eco

ECO, Umberto. A misteriosa chama da Rainha Loana. Romance ilustrado. Rio de Janeiro: Record, 2005. Resenha de: NEVES, Lucilia de Almeida. CLIO – Revista de pesquisa histórica. Recife, v.24, n.1, p.307-311, jan./jun. 2006.

Acesso apenas pelo link original [DR]

João Goulart: entre a memória e a história | Marieta de Moraes Ferreira

FERREIRA, Marieta de Moraes (Coord.). João Goulart: entre a memória e a história. Rio de Janeiro: Editora FGV, 2006. Resenha de: MONTENEGRO, Antônio Torres. CLIO – Revista de pesquisa histórica. Recife, v.24, n.1, p. 313-317, jan./jun. 2006.

Acesso apenas pelo link original [DR]

Los Incas del Cuzco. Siglos XVI-XVII-XVIII – ROWE (C-RAC)

ROWE, John Howland. Los Incas del Cuzco. Siglos XVI-XVII-XVIII. Cusco: Instituto Nacional de Cultura; Multi; Imprenta Edmundo Pantigoso EIRL, 2003. 417p. Resenha de: OCHOA, Jorge A. Flores. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.37, n.2, P. 269-271, dic. 2005.

Con el título de Incas del Cuzco. Siglos XVI-XVII-XVIII, se presenta esta antología de investigaciones realizadas por el Dr. John Howland Rowe. Así culmina la tarea de alcanzar al público cuzqueño muestra de su vasta y valiosa producción intelectual, que durante años estuvo dirigida a investigar aspectos poco tocados, o ignorados, por otros investigadores de los incas preinvasión, como de los que continuaron con la tradición incásica, ya viviendo bajo el gobierno colonial de los siglos XVII y XVIII. La selección es decisión del Dr. Rowe, a base de la propuesta que le presenté. La antología tiene su sello, mostrando que uno de los temas principales de su preocupación intelectual fueron los incas. Es el interés que lo trajo al Cuzco, a donde llegó a comienzos de la década de los años cuarenta del siglo pasado. Desde entonces se convirtió, durante casi cincuenta años, no en visitante temporal o estacional de nuestra ciudad, sino residente, que se ausentaba por meses para ocupar su cátedra en la University of California en Berkeley. Allí capacitó y formó legión de estudiosos que dedicaron su afán a la investigación de los andes centrales, unos dedicándose al trabajo arqueológico, otros al etnológico y también a la etnohistoria, aunque es frecuente que combinen todas esas tácticas. Sus discípulos forman importante conjunto de estudiosos con prestigio logrado por la calidad de sus investigaciones del antiguo Perú.

Así como formó especialistas en los andes desde su posición académica en Estados Unidos, aquí en el Cuzco fue guía permanente para estudiantes, jóvenes que preparaban tesis de grado. Los comentarios, a los trabajos que le pedían leer, fueron siempre estimulantes, animando al trabajo serio, que estuviera lejos de la fácil publicidad. También ejerció docencia no en el aula, sino de manera informal, individual, coloquial, que es muy fructífera. Dejó profunda huella en todos los que tuvieron el privilegio de acceder a sus enseñanzas.

Su contribución al desarrollo científico cuzqueño, merece valoración especial. Señalemos parte de ella. Fue fundador de la Sección de Arqueología en la Universidad Nacional de San Antonio Abad en 1946, siendo muy joven, casi estudiante universitario. Las clases se iniciaron el 14 de julio de 1946. San Antonio Abad fue la primera universidad nacional que incluyó el estudio de esta ciencia e inició su enseñanza universitaria. Entre los primeros alumnos estuvieron Luisa Béjar Núñez del Prado, Oscar Núñez del Prado, Gabriel Escobar, Carlos Kalafatovich, Guillermo Fuentes Díaz. Funcionó hasta 1948, cuando el dictador Odría nombró una Comisión Reorganizadora de la Universidad, que intentó clausurarla, trasladándola a la Facultad de Letras, donde funcionó como Sección de Historia y Antropología.

El Dr. Rowe también tuvo a su cargo la Dirección del Museo e Instituto Arqueológico -ahora Museo Inka-. Inició la catalogación científica, organizó la administración, dando énfasis a la biblioteca, a la que dotó de valiosa colección de libros. Hasta ahora se utiliza el libro de registro hecho de su puño y letra.

Con el Dr. Rowe comienza la arqueología científica en el Cuzco. Abrió el inmenso capítulo de lo pre-inca, puesto que hasta entonces todo vestigio arqueológico era considerado inca. Este capítulo comenzó con el descubrimiento del asentamiento de Chanapata, que dio origen al estilo cultural del mismo nombre. Mediante excavaciones precisó la existencia de lo inmediato a lo inca imperial, que bautizó como Killki. Con estas y otras evidencias, diseñó la primera secuencia del desarrollo cultural del valle del Cuzco, como expuso en su conocido libro An Introduction to the Archeology of Cuzco, publicado en 1944, que además incluye el plano del Qorikancha, que posee vigencia a pesar del tiempo transcurrido desde entonces. Este libro, no traducido aún al castellano, es fundamental para quienes trabajan en la arqueología del Cuzco. Vale aquí hacer presente una posición del Dr. John Howland Rowe. No es partidario de publicar libros, considera que la mejor contribución se halla en los artículos científicos, que dan a conocer los últimos avances de la investigación científica. El aporte que se realiza de esta manera responde mejor a la velocidad con que avanza el conocimiento científico.

Su contribución al conocimiento del Tawantinsuyu, ha merecido el reconocimiento del gobierno peruano, que le ha conferido la Orden del Sol, la más alta condecoración con que se honra a quienes contribuyen de manera significativa con el país. Por la misma razón la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cuzco le confirió el grado de Doctor Honoris Causa y le nombró Profesor Honorario. Siguiendo el antiguo dicho, nuestro centro de estudios se honró honrando.

El tiempo que pasaba en el Cuzco, estaba totalmente dedicado a la investigación, sea realizando exploración de sitios arqueológicos, cuando no excavaciones, revisando colecciones, buscando documentos en el Archivo Histórico. “Los papeles”, como decimos a la documentación histórica, son de su permanente interés. Recordemos -por ejemplo- que cuando el Dr. Sergio Quevedo Aragón fue Presidente de la Comisión Reorganizadora de la Universidad, le comunicó al Dr. Rowe que en el rectorado había unos papeles antiguos. De inmediato el Dr. Rowe se interesó por ellos. Contaba el Dr. Quevedo que al ingresar al rectorado encontró al Dr. Rowe sentado en el piso, revisando los documentos. Muy contento le comunicó que era nada menos que el expediente del juicio que José Gabriel Thupa Amaro sostuvo con los Betancourt. Documento importante que está intercalado con pinturas de escudos de armas, todo el gran valor para conocer más del caudillo del movimiento nacionalista del siglo XVIII.

El tiempo que pasaba en el Cuzco, aunque corto para sus múltiples propósitos, no impedía que aceptara participar en la vida intelectual del Cuzco, ofreciendo conferencias, que siempre tuvieron nutrida y atenta audiencia. Junto con su esposa, la Dra. Patricia J. Lyon, fueron activos participantes en los Tinkuy, el Encuentro Anual que organiza el “Centro de Estudios Andinos Cuzco”, en el mes de agosto, desde hace veinticinco años. Varios trabajos que forman parte de la presente antología originalmente fueron ponencia que presentó en los Tinkuy.

La búsqueda de información en el Archivo Histórico, la combinaba con salidas de campo, para cotejar y verificar la información escrita con las evidencias arqueológicas. Para estas excursiones invitaba a estudiantes o jóvenes graduados, que aprendían en el campo la importancia de la información escrita, que permitía conocer mejor lo que se visitaba y el valor de recorrer los sitios arqueológicos de inmediaciones del Cuzco.

Los trabajos, especialmente los de los últimos años de su residencia en nuestra ciudad, estuvieron dirigidos a la investigación histórica de los incas. Me permitiría llamarlo al estudio etnohistórico de los incas, aunque creo que el Dr. Rowe no compartiría completamente este punto de vista. Sin embargo, es innegable que su formación antropológica era la que le permitía tener el conocimiento detallado que tiene de los incas, desde los de los siglos XV y XVI preinvasión, a los que vivieron ya bajo el doloroso gobierno colonial de los siglos XVII y XVIII.

Considero que esta preferencia temática es la que primó para que eligiera sus trabajos que tienen que ver con la perspectiva cultural e histórica de los incas, sin incluir ninguno de los que son estrictamente de tipo arqueológico. La distribución, agrupándolos en tres capítulos, con que se los presenta en esta compilación, sigue su preferencia, considerando grandes temas culturales, antes que siguiendo un orden de sentido cronológico. En la Primera Parte trata de la Historia y Organización Social, preinvasión. Resalto, en forma arbitraria, el de los grados de edad, porque su tratamiento muestra cómo se analiza un tema que es clásico en los estudios antropológicos. Aportes significativos son los incas no reales, que ayudarán a entender reclamos modernos de filiación incásica. La constitución Inca es de singular importancia para comprender la forma como estuvo organizada la ciudad del Cuzco. El “misterio” de Machupiqchu, que ha dado lugar a tanta lucubración, es mostrado con coherencia, tanto en la persona de su constructor como del sentido y función que tuvo.

La religión es el tema central de la Segunda Parte. Siendo importante en las antiguas civilizaciones clásicas, lo fue igualmente entre los incas, que fue sociedad de grandes manifestaciones religiosas. Es de mención especial el que trata el origen del culto al Dios Creador, tanto por esclarecer su existencia, como porque forma parte de un permanente debate. Se complementa con el análisis de las oraciones con que se dirigían al Creador.

En la Tercera Parte los trabajos van dirigidos a delinear lo que denomina el Movimiento Nacionalista Inca en la Colonia. Expone una propuesta original del Dr. Rowe. Resumiendo en pocas líneas, considera que lo Inca, como cultura, sentimiento e ideología, no desapareció con la invasión española y la posterior imposición del gobierno colonial. Los incas continuaron su tradición, desarrollando una cultura de resistencia, que puede ser verificada en el presente. La cultura Inca continuó asumiendo nuevas formas de organización social, con fuerte sentido del ser Inca, que devendría en verdadera ideología. Se manifiesta en varias formas, como la creación estética plasmada, por ejemplo, en los retratos de los nobles incas o arte visual en los qeros, los polícromos vasos rituales Inca de los siglos XVII y XVIII. El nacionalismo Inca inspiró los movimientos de la liberación del siglo XVIII, que llegaron al clímax con José Gabriel Thupa Amaro, quien dirigió la mayor rebelión de toda América contra el gobierno colonial.

En la publicación se conserva la bibliografía de cada trabajo, para evitar confusiones u omisiones que pudieran ocurrir al fundirlas en una bibliografía general. Por expresa disposición del autor, reiterada por su esposa la Dra. Patricia J. Lyon, los nombres propios de etnias, grupos, individuos, lugares y de otro tipo, conservan la escritura de los originales. Resalto la de palabras sujetas a controversia como Inca escrito con “c” en lugar de “k” y Cuzco con zeta. Subrayo que el Dr. John H. Rowe tiene suficiente solvencia académica y usa argumentos científicos que respaldan su decisión para la forma de escribir las palabras quechua y del español de los siglos que investiga.

Hago mención especial a la decisión del Dr. John Howland Rowe de permitir la publicación de esta antología como una pequeña parte de su gran producción bibliográfica. Espero que en un futuro cercano haya otras

con las investigaciones de la arqueología del Cuzco. El reconocimiento especial es también porque tuvo ofertas de universidades y editoriales de Lima, para publicar una selección de sus trabajos, las que siempre rechazó, porque su decisión fue que un libro de ese tipo debía ser publicado en el Cuzco. Ahora que se hace realidad su deseo, deseamos compartirlo por quienes tenemos el privilegio de conocerlo y esperábamos ver publicada parte de su extraordinaria labor. Es también un homenaje a los incas y a la ciudad que tanto quiere el Dr. Rowe, hecho realidad gracias al consentimiento y colaboración de la Dra. Patricia J. Lyon, compañera de actividad y afanes científicos, así como de su hija, la investigadora de tejidos andinos, Ann Pollard Rowe. Les agradecemos por su comprensión y colaboración, puesto que sin su apoyo no hubiera sido posible que este libro sea realidad. Nuestro agradecimiento al Dr. Jorge Villafuerte Recharte, Director del Instituto Nacional de Cultura Región Cuzco, por decidir la publicación, así como a Percy Ardiles, Director de Actividades Culturales del INC por el esfuerzo y dedicación puestos para que culmine el proyecto de Los Incas del Cuzco. Siglos XVI-XVII-XVIII.

Comentario de Jorge A. Flores Ochoa – En el prólogo del libro en comento. Cuzco, mayo del 2003. Centro de Estudios Andinos. Cuzco, Perú.

Acessar publicação original

[IF]

Os exuberantes anos 90 | Joseph E. Stiglitz

Em Os exuberantes anos 90 Joseph E. Stiglitz traça uma interpretação do grande boom e da subsequente retração da economia norte-americana durante a década de 1990. Trata-se preponderantemente de uma interpretação econômica, sob viés keynesiano, escrita em linguagem simples, sem gráficos nem tabelas, nem pretensões teóricas elevadas. Pelo contrário, Stiglitz quer escrever ao grande público, divulgando uma visão crítica e mais alternativa, que destaque não apenas os pontos positivos da década- que de fato existem, para ele, sob o ponto de vista da abundância material, para os EUA – mas principalmente as contradições do período, que em geral despertou apenas muito otimismo, e consequentemente muita ladainha laudatória.

De fato, o objetivo é menos perscrutar as causas do vigoroso crescimento econômico da economia norte-americana mas sim quais teriam sido as “sementes da destruição”- segundo sua própria expressão- da subseqüente queda, proporcional àquele crescimento, que jogou por terra a hipótese do desaparecimento dos ciclos dada uma suposta “nova economia da informação”. Para Stiglitz, as bases sobre as quais se apoiou a “exuberância irracional” econômica dos anos noventa nos Estados Unidos foram débeis, instáveis. As tintas com que os grupos e interessados as pintaram não passavam de véus míticos; suas justificativas de que passariam a trazer crescimento econômico e distribuição de riqueza de modo perene, erradas. Leia Mais

A Economia das fraudes inocentes: verdades para o nosso tempo | John Kenneth Galbraith

John Kenneth Galbraith pertence a uma geração de economistas que marcou o século XX. Intelectual controverso, escreveu uma vasta obra na qual constam O Novo Estado Industrial e A Era da Incerteza, entre outros. Quase centenário, Galbraith encontra alento para mais um livro: A Economia das fraudes inocentes.

A princípio, o livro parece leve. São apenas 84 páginas, na edição brasileira. Onze capítulos, uma introdução e uma conclusão. Nem um gráfico. Nem uma tabela. Nem um fluxograma. Nenhuma nota de referÍncia [1]. A leitura é fácil, didática, quase sequencial. Parece-se com um livro mais despretensioso da obra de Galbraith (como Economia, Paz e Humor), mas, a certa altura, alto lá! Deparamos com o seguinte trecho:

“O sistema econômico praticado por todos os países economicamente adiantados do mundo e, em formas mais difusas, pelos demais- com exceção da Coréia do Norte, de Cuba e, formalmente, mas não de fato da China- confere o mais alto poder econômico àqueles que dominam as indústrias, os equipamentos e as terras de maior importância (p. 18). ” Leia Mais

Excavating Jesus: Beneath the Stones, Behind the Texts – CROSSAN (RHAA)

CROSSAN, John Dominic; REED, Jonathan L. Excavating Jesus: Beneath the Stones, Behind the Texts: Revised and Updated. Sn.: Harper Collins,  2009. 368p. Resenha de: FUNARI, Pedro Paulo A. Revista de História da Arte e Arqueologia, Campinas, n.5, dez., 2005.

Paulo Paulo A Funari

Acesso somente pelo link original

Los Cazadores Después del Hielo – MASSONE (C-RAC)

MASSONE, Mauricio. Los Cazadores Después del Hielo. Santiago: Centro de Investigaciones Diego Barros Arana, 2004; pp. 173, Santiago. Resenha de: PÉREZ, Christian García.. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.37, n.2, p.272-274, dic. 2005.

Después del retiro de los hielos durante el Pleistoceno final y antes de que se formara completamente el estrecho de Magallanes por el alza de los niveles marinos, animales y seres humanos alcanzaron Tierra del Fuego y dejaron trazas materiales de su paso en la cueva de Tres Arroyos 1, ubicada en el norte de la actual Isla Grande. Hasta esta apartada región arribó, en 1981, el arqueólogo Mauricio Massone Mezzano, entonces parte del Instituto de la Patagonia, con la esperanza de elegir un área de la isla y un tema de investigación. Estas tareas lo llevaron a realizar prospecciones en la estancia Tres Arroyos, cerca de la localidad fronteriza de San Sebastián, lugar que le depararía años de fructíferas investigaciones, cuyos resultados más importantes se entregan en el libro que aquí reseñamos.

Organizada en diez capítulos, esta obra es el resultado de la tesis de Magíster en Arqueología (Universidad de Chile) del autor, quien a través de sus páginas nos presenta las evidencias e interpretaciones que señalan que los materiales arqueológicos de Tres Arroyos 1 son una manifestación cultural de la modalidad de cazadores tempranos, denominada Fell 1, originalmente descubierta en la zona volcánica oriental de Pali Aike por Junius Bird y más tarde en la provincia de Última Esperanza por Hugo Nami.

Tal como se explica en el capítulo I, las excavaciones arqueológicas llevadas a cabo en 1983 y más tarde en 1986 en Tres Arroyos 1, proporcionaron al autor las primeras dataciones radiocarbónicas para un contexto arqueológico de cazadores tempranos en Tierra del Fuego, así como evidencias que podían relacionarlo con otros sitios arqueológicos de Patagonia meridional. De paso, los resultados obtenidos renovaron el interés por discutir el cambio cultural y la continuidad, en un ambiente donde la existencia de un antes y un después en la formación del estrecho y de la isla de Tierra del Fuego, ofrece un laboratorio para la puesta a prueba de diferentes hipótesis.

Producto de la importancia de los hallazgos y comprendiendo que había pesquisado los restos materiales de una antigua curva en el tiempo, el autor interrumpió los estudios de campo por diez años, a la espera de constituir un proyecto de investigación integral sobre el hombre temprano y el paleoambiente, reunir un equipo de investigadores y gestionar los recursos necesarios. Dicho proyecto, que fue llevado a cabo entre 1996 y 1999, generó resultados que permitieron no sólo entregar una interpretación del contexto de la ocupación inicial del sitio, sino también inscribirlo dentro del proceso de poblamiento temprano de América y puntualmente de Patagonia, tal como se expone a lo largo de toda esta obra.

Una muestra del papel que le caben a las ocupaciones tempranas de Tres Arroyos 1 en el proceso del poblamiento inicial del territorio patagónico, puede obtenerse de la lectura del capítulo 2, donde se ofrece al lector una actualizada síntesis de la historia de la investigación paleoambiental y arqueológica del Pleistoceno final en Magallanes y Tierra del Fuego, con especial referencia a la modalidad de cazadores tempranos Fell 1. De particular interés para el autor son los avances en la investigación arqueológica y paleoambiental de la zona durante la década de los ochenta y noventa del siglo recién pasado, debido a que permitieron el planteamiento de nuevos temas de investigación, como la exploración de la presencia de fauna pleistocénica extinguida y grupos paleoindios en Tierra del Fuego. Sin embargo, el escaso acercamiento existente entre los estudios paleoambientales y arqueológicos, hacía necesario establecer puentes que aproximaran ambos conocimientos con el objeto de emprender la exploración del poblamiento temprano de la región, labor que llevaría a cabo el autor con su proyecto de investigación entre los años 1996 y 1999 sobre “Hombre temprano y paleoambiente en Tierra del Fuego”.

Una revisión de las posiciones teóricas y de los conceptos utilizados en la arqueología americana en la investigación del poblamiento temprano del continente, se entrega en el capítulo III, con el objeto de situar la discusión acerca de este proceso en Tierra del Fuego. Teniendo presente que las ocupaciones humanas de las que trata esta obra se circunscriben al período anterior a la formación del estrecho de Magallanes, en algún momento de la transición Pleistoceno-Holoceno, la elección del autor de algunos tópicos teóricos resultan interesantes de considerar, debido a que plantean nuevas interrogantes para futuras investigaciones. Entre estos destacan la discusión en torno a si el poblamiento de Tierra del Fuego resultado del arrinconamiento de las poblaciones en el extremo del mundo o de la elección a través de decisiones adaptativas, o si las ocupaciones de Tres Arroyos 1 se inscriben en la dinámica de territorios de borde.

Considerando que el objetivo central de este libro es dar cuenta del contexto cultural y paleoambiental de las primeras ocupaciones del sitio Tres Arroyos 1, en el capítulo IV, el autor expone sus objetivos específicos de investigación, su estrategia de estudio y la conformación de un equipo multidisciplinario que estuvo a cargo del análisis e interpretación de los materiales culturales y de la evaluación de las condiciones paleoambientales, elementos que le permitieron a la postre plantear dicho contexto en este libro.

El capítulo V sobre los cazadores tempranos de Tres Arroyos 1, constituye la exposición sintética de los antecedentes ambientales y culturales relacionados a las ocupaciones tempranas del sitio, los que son más tarde expuestos con mayor detalle por el autor. Particularmente, los datos arqueológicos aquí presentados sobre fogones, artefactos líticos y óseos, restos faunísticos y de materiales colorantes, sus características y el conjunto de dataciones radiocarbónicas a los que están asociados, constituyen el núcleo de la argumentación en relación a su participación en la modalidad cultural de cazadores tempranos Fell 1.

El capítulo VI, titulado “En torno al fuego”, presenta un análisis espacial intrasitio basado en cinco estructuras de combustión registradas en Tres Arroyos 1, el que sin duda representa el aspecto más relevante y novedoso del libro. Relevante, por los alcances interpretativos que su ejercicio permitió al autor, así como por la información inédita que se entrega, y novedoso, debido a que los análisis de las plantas de excavación de los fogones tienen el mérito de ensayar una metodología imaginativa (definiendo áreas de influencia cercana, radios intermedios y zonas alejadas), para vislumbrar qué tipo de actividades se llevaron a cabo en torno al fuego y cómo se estructuran espacialmente los restos culturales en relación a cada uno de los fogones. Los análisis espaciales en los planos vertical y horizontal de los materiales culturales asociados a las estructuras de combustión, plantean, a su vez, elementos para discutir la conservación y alteración de los depósitos, las asociaciones de artefactos y basuras con los fogones, así como vislumbrar muy someramente la segregación de actividades temporalmente diferenciadas y múltiples ocupaciones, aun cuando el autor descarta la posibilidad de identificar eventos singulares en el tiempo. Finalmente, estos análisis son complementados con la integración y comparación con datos arqueológicos sobre los fogones de otros sitios tempranos participantes de la modalidad cultural Fell 1, como son Fell, Pali Aike, Cueva del Medio y Lago Sofía 1, ofreciendo la posibilidad de observar similitudes y diferencias en estos rasgos arqueológicos.

En el capítulo VII, se exponen los resultados de los análisis de los artefactos líticos y óseos, así como de restos de colorantes. De particular importancia resultan los análisis de la industria lítica, labor realizada por el arqueólogo Donald Jackson, debido no sólo a que proporcionan antecedentes sobre fragmentos de puntas del tipo cola de pescado (reconocidas como indicadores diagnósticos del Paleoindio sudamericano y de la modalidad cultural Fell 1), sino que muestran la presencia en las ocupaciones de aprendices de talla lítica y la utilidad del análisis de remontado de piezas líticas para la inferencia de las actividades en el espacio interior del alero.

Igualmente importante, la información respecto a los artefactos óseos, muestra una temprana producción de adornos, como cuentas de collar, lo que, sumado al registro de colorantes, ofrece una mirada a posibles prácticas de ornamentación, las cuales tendrían entonces una larga presencia en la zona.

El capítulo dedicado a los materiales arqueológicos no sólo informa y discute la organización espacial de los materiales al interior del sitio, sino también los pone en el contexto de los datos arqueológicos obtenidos en otros sitios relacionados a la modalidad Fell 1 de Magallanes y de la provincia de Santa Cruz en Argentina, ofreciendo de esta manera una visión general de las similitudes y diferencias en la cultura material de estas poblaciones.

Por otra parte, el capítulo VIII, donde se exponen los resultados de los análisis faunísticos, no sólo resulta interesante por la presencia de fauna extinguida, como el caballo (Hippidion saldiasi) o el milodón (Mylodon sp.), sino también por la presencia de otros animales menos conocidos pero igualmente extinguidos, como una especie de zorro (Dusicyon avus) y un camélido de mayor tamaño que el guanaco actual (Paleolama sp.). En este sentido, resulta muy valiosa la presentación de fechas taxón en varias de estas especies, debido a que permiten precisar no sólo su relación con el contexto cultural, sino también su posición cronoestratigráfica en Tierra del Fuego. Igualmente interesante resulta la discusión con respecto a la posibilidad de caza del milodón, que se opone a otras opiniones (como la de Saxon y Borrero) y plantea una alternativa de caza y consumo de este animal.

En el siguiente capítulo IX, una vez que se ha revisado los antecedentes arqueológicos de Tres Arroyos y las posibles relaciones con otros sitios de Patagonia meridional, se da cuenta de los elementos que componen la tradición cultural Fell 1 en Magallanes y Tierra del Fuego. Probablemente, este es otro de los grandes méritos de este libro, el definir geográfica, temporalmente y materialmente una tradición cultural temprana de cazadores recolectores en Patagonia y Tierra del Fuego.

La definición de esta unidad cultural, más allá de las diferencias de los contextos arqueológicos, permite generar expectativas sobre el registro arqueológico, así como plantear nuevas hipótesis sobre diferentes aspectos de esta tradición cultural que deberían incidir, desde mi opinión, en la incorporación y explicación de la variabilidad de estas poblaciones tempranas, tema que no es abordado en este libro.

Finalmente, en el capítulo X se exponen las proyecciones futuras de investigación, particularmente relacionadas con la investigación de temas sobre los cuales no se dispone de mucha información en la actualidad, tal como la complementación alimenticia por medio de la recolección de vegetales y moluscos, el papel de los roedores en la dieta, la necesidad de contar con sitios abiertos que muestren la variabilidad de las actividades de las poblaciones tempranas, la discusión de cuáles son los criterios para abordar el poblamiento de una zona de borde, la necesidad de contar con técnicas de excavación y registro de grano fino que puedan ser comparables, etc.

Tal vez el único tema futuro no sugerido por el autor sea el relacionado a la calibración de las dataciones radiocarbónicas con el objeto de normalizar el tema de la temporalidad en los estudios de la prehistoria patagónica. En síntesis, se trata de una obra que expone claramente los procesos naturales y culturales que han actuado en la formación del sitio de Tres Arroyos 1, entregándonos los elementos para juzgar como lectores los alcances de las interpretaciones del autor. En este sentido, constituye un aporte al conocimiento y discusión sobre las poblaciones de cazadores recolectores tempranos de Patagonia, así como del poblamiento americano. Sólo resta felicitar al autor por su trabajo y recomendar la lectura de esta obra a todos aquellos interesados en el proceso de poblamiento humano de este confín de la Tierra.

Christian García Pérez – Programa de Magíster en Antropología, Universidad de Tarapacá-Universidad Católica del Norte, Arica, Chile. E-mail: korgull69@yahoo.es

Acessar publicação original

[IF]

 

Visões do feminino: a medicina da mulher nos séculos XIX e XX | Ana Paula Vosne Martins

O livro de Ana Paula Vosne Martins despertou minha atenção em função do interesse que tenho mantido na pesquisa da metodologia, da epistemologia e da história da ciência de um modo geral. De forma específica, o livro trata desses temas voltados para o caso de duas especialidades da medicina, tais sejam, a ginecologia e a obstetrícia. Fortemente apoiada em uma metodologia foucaultiana, bem como em uma literatura contemporânea sobre a história cultural do corpo, a Autora discorre sobre o modo como a comunidade científica em geral e a medicina especializada, de modo particular, produziram um vasto arsenal de representações da mulher, que trataram de reduzir a mulher a um corpo problemático, em contrapartida à racionalidade atribuída ao homem.

A História e a Cultura universal têm muitos exemplos de valorização da figura feminina. De Helena, passando por Joana d’Arc, ou por Inês de Castro, até Maria Bonita, muitas foram as mulheres que povoaram o imaginário de histórias e lendas. Em Homero ou em Cervantes, em Luis de Camões ou Emile Zola a mulher aparece sempre com destaque. Lendas, deusas e mitos femininos estão por toda parte e em todos os tempos. Recentemente, na literatura, Dan Brow popularizou, novamente, o mito do sagrado feminino em seu best seller “O Código da Vinci”, que destaca o culto e a defesa de Madalena. Ainda mais forte é a impressão de Lewis Munford, em “A Cidade na História”, que confere à mulher o poder de uma revolução fundamental no processo civilizatório da humanidade. Segundo o Autor, na revolução agrícola, que marca a passagem do homem de nômade para sedentário, antes de todas as histórias escritas (há cerca de 12.000 anos), a mulher teria sido a grande responsável pela descoberta do ciclo de crescimento dos vegetais. A mulher, afeita às tarefas mais lentas, como o cuidado com os recém nascidos, mais do que o homem, veloz caçador e guerreiro, teve tempo para o cultivo de plantas, sendo essa revolução antes uma revolução sexual. É inegável a contribuição feminina em toda a história. Leia Mais

Monte Verde. Un Asentamiento Humano del Pleistoceno Tardío en el Sur de Chile – DILLEHAY (C-RAC)

DILLEHAY, Tom. Monte Verde. Un Asentamiento Humano del Pleistoceno Tardío en el Sur de Chile. Santiago: Colección Serie Universitaria, LOM Ediciones, Universidad Austral de Chile, 2004. 173p. Resenha de: POLITIS, Gustavo G. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.37, n.2, p.275-276 dic. 2005.

Este libro es una síntesis de las investigaciones llevadas a cabo por Tom Dillehay y un numeroso grupo interdisciplinario de científicos en el sitio Monte Verde, en el sur de Chile. Es la versión reducida de los dos volúmenes publicados en inglés por la Smithsonian Institution Press en 1989 y 1997. Ambos volúmenes causaron un alto impacto en el debate sobre el poblamiento americano y sentaron las bases para una renovada discusión que giró sobre dos ejes: una antigüedad mayor a 12.000 años a.p. y una forma de vida distinta de la inferida para los cazadores Clovis. Si bien para el primer tema ya habían suficientes datos de otros sitios como para proponer una antigüedad pre-Clovis en América del Sur (como lo refleja una discusión ya clásica, ver por ejemplo Bryan 1973, 1975; Bryan et al. 1978; Cardich et al. 1973; Haynes 1974; Lynch 1974; Ochsenius y Gruhn 1979); el segundo aspecto tuvo un aporte significativo con los datos obtenidos en Monte Verde. En este sitio se evidencia que hace unos 13.000 años a.p. algunos de los grupos humanos que habitaban América del Sur tenían una economía generalizada basada tanto en la recolección de plantas como en la caza de grandes animales. Y que además ocupaban sus campamentos durante períodos mucho más largos que los inferidos para otros sitios contemporáneos.

Los dos volúmenes en inglés estuvieron acompañados de un duro debate en diferentes ámbitos (congresos, revistas científicas de primer nivel, ver por ejemplo entre muchos otros, Adovasio y Pedler 1997; Anderson 1999; Fiedel 1999; Meltzer 1999; West 1993) y hasta se organizó una visita de expertos al sitio que pretendió resolver la polémica in situ y llegar a una especie de acuerdo final (ver Gore 1997; Meltzer et al. 1997). Como ya he expuesto en otro artículo (Politis 1999) la sola opinión de un puñado de expertos no parece ser la manera más adecuada de validar hallazgos ni de confirmar hipótesis. El consenso sobre la aceptación de las hipótesis y modelos propuestos por Dillehay y colaboradores debe llegar de la lectura detallada, objetiva y desapasionada de las evidencias, las que, afortunadamente están pormenorizadas en los dos volúmenes en inglés y resumidas en el texto en castellano.

Sin embargo, una de las principales discusiones se produjo cuando Fiedel (1999), luego de una lectura crítica del segundo libro (el de 1997), notó una serie de inconsistencias que lo llevaron a plantear serias dudas sobre el sitio y a reactivar nuevamente el debate. Debido a esto, Dillehay, Collins y el resto de los investigadores del proyecto se dieron cuenta que las correcciones que los diferentes autores de los capítulos habían realizado a las pruebas de imprenta, en el examen final del libro, nunca habían sido incorporadas a la versión impresa. Afortunadamente, Smithsonian Institution Press publicó un tercer texto de “Erratas” en donde se subsanaron más de 950 errores grandes y se clarificaron las principales dudas de Fiedel.

En el libro en español, objeto de este comentario, se explica todo este proceso y, aunque el detalle de la información presentada es mucho menor, se aclaran los principales errores que tenía el segundo volumen. Ese es uno de los aportes originales de la obra ya que presenta un producto compacto, resumido y corregido de los dos libros originales en inglés. La otra contribución de esta síntesis en castellano es que pone a disposición de un público más amplio la información relevante del sitio y las hipótesis centrales generadas por el equipo multidisciplinario de investigación. Esto entonces tiene un doble valor: llegar más allá de los especialistas (lo que es cada vez más necesario en la arqueología contemporánea) y a la vez poner en español, a disposición de estudiantes e investigadores, los resultados obtenidos en uno de los sitios más importantes para discutir el poblamiento americano.

Este libro resume los aspectos más relevantes de Monte Verde: los patrones arquitectónicos, los rasgos culturales, los análisis líticos y faunísticos, el paleoambiente y la cronología. De esta manera, se puede acceder a descripciones relativamente completas y amenas sin tener que internarse en los capítulos originales de los volúmenes en inglés que, a veces, son demasiado detallados y asequibles sólo para superespecialistas.

Otro punto importante del libro es que está muy bien ilustrado. Las fotos son abundantes, a color y se notan muy bien los detalles. Esto es particularmente significativo en un sitio como Monte Verde, con un registro atípico, porque permite evaluar las características de los rasgos arquitectónicos, del material lítico y de los instrumentos de madera. Así, las ilustraciones son de gran ayuda para que el lector pueda evaluar por sí mismo las interpretaciones de Dillehay y colaboradores. Hay también mapas, perfiles y croquis que completan la información presentada. Por último, debe remarcarse que la traducción y edición en español de esta síntesis estuvo a cargo de la arqueóloga uruguaya Cecilia Mañosa, quien figura como colaboradora. El trabajo de Mañosa es muy bueno y el texto no tiene errores. La lectura es ágil y se han traducido adecuadamente los términos técnicos que frecuentemente se prestan a confusión.

Para terminar con esta reseña deseo expresar que quienes quieran conocer en detalles aspectos específicos de la investigación de Monte Verde deben ir a los dos volúmenes en inglés. Este libro en español no los reemplaza. Sin embargo, es una muy buena síntesis de uno de los sitios más importantes para entender el poblamiento americano. Y el hecho de que esté en español y en un lenguaje ameno y accesible permite su discusión en clases y lo proyecta hacia un público más amplio. De alguna manera, contribuye a disminuir esa brecha que existe entre América del Norte y América del Sur en la generación, difusión y validación de la información arqueológica.

Referencias

Adovasio, J. y D. R. Pedler 1997 Monte Verde and the antiquity of humankind in the Americas. Antiquity 71:573-80.

Anderson, D. 1999 Monte Verde and the way american archaeology does business. Discovering Archaeology 1 (6). Special report 19-20.

Bryan, A. 1973 Paleoenvironmental and cultural diversity in Late Pleistocene South America. Quaternary Research 3:237-256.

Bryan, A. 1975 Paleoenvironmental and cultural diversity in Late Pleistocene South America. A rejoinder to Vance Haynes and a reply to Thomas Lynch. Quaternary Research 5:151-159.

Bryan, A., R. Casamiquela, J. M. Cruxent, R. Gruhn y C. Ochsenius 1978 An El Jobo mastodon kill at Taima-taima, Venezuela. Science 200:1275-77.

Cardich, A., L. A. Cardich y A. Hajduk 1973 Secuencia arqueológica y cronología rediocarbónica de la Cueva 3 de Los Toldos (Santa Cruz, Argentina). Relaciones de la Sociedad Argentina de Antropología 7 (n.s.):85-123.

Dillehay, T. 1989 Monte Verde. Late Pleistocene Settlement in Chile. Volume 1. Paleonvironment and Site Context. Smithsonian Institution Press, Washington and London.

Dillehay, T. 1997 Monte Verde. A Late Pleistocene Settlement in Chile. Volume 2. The Archaeological Context and Interpretation. Smithsonian Institution Press, Washington and London.

Fiedel, S. 1999 Artifact provenience at Monte Verde: Confusion and contradictions. Discovering Archaeology 1(6). Special Report: Monte Verde Revisited: 1-12.

Gore, R. 1997 The most ancient americans. National Geographic 192:92-99.

Haynes, C. V. 1974 Paleoenvironment and cultural diversity in the Late Pleistocene South America: A reply to A. L. Bryan. Quaternary Research 4:378-382.

Lynch, T. 1974 Early man in South America. Quaternary Research 4:356-377.

Lynch, T. 1990 Glacial-age man in South America: A critical review. American Antiquity 55:12-36.

Meltzer, D. 1999 On Monte Verde. Discovering Archaeology 1(6). Special Report: Monte Verde Revisited: 16-17.

Meltzer, D., D. Grayson, G. Ardila, A. Barker, D. Dinkauze, C. V. Haynes, F. Mena, L. Núñez y D. Stanford 1997 On the Pleistocene antiquity of Monte Verde, Southern Chile. American Antiquity 62:659-63.

Ochsenius, C. y R. Gruhn, editores 1979 Taima-taima. A Late Pleistocene Paleo-Indian kill site in Northwestern South America -Final Reports of the 1976 Excavations-. South American Quaternary Docummentation Program. República Federal Alemana.

West, F. 1993 Review of palaeoenvironment and site content at Monte Verde. American Antiquity 58:166-167.

ANDROS IMPRESORES www.androsimpresores.cl

Gustavo G. Politis – CONICET- Universidad Nacional del Centro de la Pcia. de Buenos Aires y Universidad Nacional de La Plata, Argentina. E-mail: gpolitis@fcnym.unlp.edu.ar

Acessar publicação original

[IF].

 

Ensaios históricos – MARIZ (RIHGB)

MARIZ, Vasco. Ensaios históricos. Rio de Janeiro: Francisco Alves, 2005. Resenha de: PEREIRA, Paulo Roberto. Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, v.166, n.429, p.229-231, out./dez., 2005.

Paulo Roberto Pereira – Doutor em Letras pela UFRJ. Professor de Literatura Brasileira na UFF. Ensaista e crítico literário.

Acessar publicação original

[IF]

Fotografia e antropologia: olhares fora-dentro – ANDRADE (RIHGB)

ANDRADE, Rosane. Fotografia e antropologia: olhares fora-dentro. São Paulo: Estação Liberdade; Education, 2002. Resenha de: KNOX, Winifred. Revista do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro, Rio de Janeiro, v.166, n.429, p.233-234, out./dez., 2005.

Winifred Knox – doutoranda do Programa de pós-graduação em Ciências Sociais da Universidade Federal do Rio Grande do Norte. Professora da Universidade Potuguar em Natal, RN (UnP).

Acesso apenas pelo link original

[IF]

 

Arqueologia de La Represión y la Reistencia en América Latina 1960 – 1980 – FUNARI (CL)

FUNARI, Pedro Paulo A.; ZARANKIN, Andrés. (Org). Arqueologia de La Represión y la Reistencia en América Latina 1960 – 1980. Córdoba: Encuentro Grupo Editor, 2006. Resenha de: MILHEIRA, Rafael Guedes. Cadernos do LEPAARQ – Textos de Antropologia, Arqueologia e Patrimônio, Pelotas, v.2, n.4, ago./dez., 2005.

O livro Arqueologia de la Represión y la Resistencia en América Latina 1960 – 1980, editado pelos arqueólogos Pedro Paulo Funari e Andrés Zarankin, retoma uma discussão importante para a história contemporânea da América, pois trata de um momento histórico que não deve nunca ser esquecido, mas contrariamente a isso, sempre recordado e refletido.

O título do livro sintetiza com precisão o seu conteúdo, visto que a repressão e resistência são faces opostas de uma mesma moeda; são forças que se equivalem num sistema dialético e conflitivo, mas que, na visão dos autores, não podem ser simplesmente pensadas como um mero exercício retórico, pois são forças que ainda competem na atualidade e são responsáveis pela estruturação de parte das relações sociais vigentes. Nesse sentido, as forças políticas e os conflitos sociais, além de objeto de estudos da arqueologia, que visa à análise das práticas sociais a partir da materialidade, devem ser temas de reflexão dos pesquisadores com base na explicitação de suas posturas políticas.

Os nove capítulos do livro retratam experiências arqueológicas e históricas, relacionadas aos períodos ditatoriais e repressores, desenvolvidas em vários países da América Latina, a saber: Bolívia, Venezuela, Brasil, Argentina, Uruguai, México e Colômbia. Nota-se uma preocupação constante dos autores em relatar, mesmo que brevemente, o contexto histórico-político dos países quando da instauração dos regimes repressores, bem como apresentando a estruturação das resistências políticas.

O primeiro capítulo, escrito por Roberto Rodriguez Suárez, relata a experiência arqueológica relacionada à busca dos restos corporais do General Che Guevara e companheiros na Bolívia. O autor enfatiza os caminhos metodológicos, envolvendo técnicas apuradas de campo para identificar a localidade das covas comuns dos guerrilheiros.

O texto de Rodrigo Navarrete e Ana Maria López é um estudo sobre os grafismos do Cuartel San Carlos – Venezuela. As paredes, tetos e chão do quartel serviram de mural para as representações gráficas do cárcere de presos políticos daquele país e permitem compreender o imaginário a partir de uma perspectiva material do regime político-repressor do estado.

Patrícia Fournier e Jorge Martinez Herrera refletem sobre o massacre da “Plaza de las Tres Culturas”, ocorrido no ano de 1968 no México, quando centenas de civis em passeata foram assassinados a queima roupa pelo governo dez dias antes da abertura das olimpíadas. Muitas vítimas desse massacre ainda estão desaparecidas, sendo necessários projetos que envolvam arqueologia, antropologia forense, história e direitos humanos para averiguar com maior precisão o genocídio cometido.

Carl Henrik Langeback trata de um estudo voltado para os aspectos epistemológicos e políticos da disciplina arqueológica na Colômbia. A reflexão teórica emerge da comparação entre o conhecimento arqueológico produzido pelos arqueólogos, tido no texto como classificatório e desprovido de significado de memória e, por outro lado, pelos intelectuais de esquerda, que sem base no registro arqueológico produziram conhecimento sobre o passado indígena pré-hispânico baseados na teorias marxistas.

Pedro Paulo Funari e Nanci Vieira de Oliveira refletem sobre a emergência da arqueologia do conflito no Brasil, enfatizando que a história das sociedades é a história das relações conflitivas. Os autores, dessa forma, contextualizam a arqueologia brasileira e pensam sobre as bases epistemológicas dessa arqueologia, que não se debruça em estudar o passado recente e repleto de indicadores de conflitos sociais relativo à repressão do período ditatorial militar.

Luis Fondebrider realiza um breve balanço sobre os 21 anos de desenvolvimento da antropologia forense na Argentina, através da participação da Equipe Argentina de Antropologia Forense (EAAF). O autor enfatiza a necessidade de fortalecer institucionalmente a participação dos arqueólogos na sociedade contemporânea. Destacam-se no texto as imagens fotográficas de escavações de covas comuns de presos políticos assassinados nos regimes repressores da Argentina, Etiópia e Congo.

A relação entre tortura, verdade, repressão e arqueologia na Argentina é o tema tratado por Alejandro F. Haber. As práticas de tortura, desenvolvidas pelos aparelhos repressores, servem não somente como repressão do corpo e da mente, mas também como um meio de estabelecer a auto-narração da verdade, imposta à força e sem diálogo, não levando em consideração a memória social das vítimas.

Como disciplina que constrói narrações sobre o passado, a arqueologia da repressão se diferencia daquela estritamente acadêmica em função da utilização da memória social, sobretudo dos parentes e amigos dos desaparecidos políticos, para desenvolver interpretações subjetivas sobre o passado. A não utilização dessa mesma prática de inclusão da memória social na explanação sobre o passado indígena foi responsável pela constituição de um conhecimento desprovido de memória e significado sócio-político José Lopéz Mazz relata experiências de atividades de arqueologia forense desenvolvidas no Uruguai com o objetivo de entender os aspectos materiais do aparelho repressor, bem como compreender as relações sociais estabelecidas no cárcere e a estruturação material da resistência.

A arqueologia da arquitetura dos Centros Clandestinos de Detenção da Argentina é o objeto de estudo de Andrés Zarankin e Cláudio Niro. Os CCD’s foram tratados como estruturas físicas do aparelho repressor que comportam, no seu registro material, aspectos da memória do período ditatorial da Argentina. O espaço arquitetônico dos CCD’s denota a planificação da estrutura de repressão e permite que a relação torturador-torturado adquira sua forma mais explícita. Além dos aspectos objetivos de análise da estrutura arquitetônica dos CDD’s, existe uma preocupação constante dos autores em estabelecer uma conexão entre as práticas arqueológicas objetivas e a memória subjetiva das vítimas, referente às experiências sofridas no cárcere. O relato do cárcere de Cláudio Niro, enquanto vítima da ditadura elucida a possibilidade metodológica de construção de narrativas do passado com base na articulação entre arqueologia e memória em contraposição à história oficial.

Nesse sentido, as palavras mais usadas nos textos: política, direitos humanos, arqueologia da repressão, esquerda política, repressão, direita política, aparato de controle, manipulação do poder, resistência, governo, ditadura militar, conflitos sociais, memória, democracia, passado, narração, marxismo, etc., refletem o conteúdo e a postura política dos autores, não somente com relação à ditadura, mas também com relação à concepção teórica narrativa sobre o passado.

A arqueologia é refletida desde suas bases epistemológicas e é chamada a ser comprometida com a dinâmica social, ou seja, conclama-se que a arqueologia tenha uma função social de conscientização e sirva como ferramenta para interpretar o passado e compor uma memória alternativa à história oficial. “El investigador puede así, de manera explícita, asumir una posición activa en el proceso de interpretación de un pasado que ya no es el verdadero, sino apenas una interpretación” (Zarankin e Niro, 2006, p. 165).

De forma crítica, os autores com base em influência marxista, criticam e refletem sobre as bases epistemológicas da disciplina desde sua formação até a atualidade e nos questionam o seguinte: qual o papel da arqueologia e do arqueólogo frente à dinâmica social? Que postura deve tomar o profissional de arqueologia, na medida em que esse lida com aspectos da memória social coletiva? E, por fim, que tipo de conhecimento sobre o passado a demanda social requer?

Rafael Guedes Milheira – Mestrando em Arqueologia pelo Museu de Arqueologia e Etnologia da Universidade de São Paulo (MAE- USP), Brasil. Pesquisador do Laboratório de Antropologia e Arqueologia da Universidade Federal de Pelotas (LEPAARQ – UFPel), Brasil. E-mail: rafamilheira@gmail.com

Acessar publicação original

[MLPDB]

 

A Sombra dos Homens: A Saga de Tajarê: Livro I | Roberto de Sousa Causo

Persiste no Brasil, pelo menos desde o final do século XIX, o mito arqueológico correspondente a uma possível colônia Viking no país. Tal mito nasce por volta de 1839, quando os membros do Instituto Histórico e Geográfico Brasileiro recebem uma carta que faz menção à existência de inscrições feitas em uma montanha próxima por povos possivelmente anteriores a Cabral [1].

Desde então, as especulações e fantasias sobre navegadores perdidos nunca cessaram de ocorrer até nossos dias no imaginário popular e nas obras de alguns intelectuais. Ainda que nenhum historiador ou arqueólogo leve tais teorias a sério, elas continuam a ser exploradas pelos escritores “esotéricos” e também por escritores de fantasia.

É justamente o que faz Roberto de Sousa Causo no livro: A Sombra dos Homens – A Saga de Tajarê: Livro I. Não é intenção do autor tentar provar a veracidade destas teorias, mas sim usá-las para contar uma boa história de fantasia. Sua narrativa é fluente, direcionada ao publico jovem, que tem na obra uma boa oportunidade de conhecer um pouco das lendas e mitos vikings e brasileiros.

É justamente esta mistura de criaturas mitológicas de continentes e matrizes culturais tão diferentes que torna este pequeno livro uma pérola para iniciar os jovens no conhecimento da mitologia, tanto a de matriz viking européia quanto a de matriz ameríndia brasileira.

A narrativa tem semelhanças estéticas com aquelas desenvolvidas pela fantasia heróica internacional – J. R. R. Tolkien, Robert Howard e Marion Zimmer Bradley. Nos vemos, assim, imersos nesta paisagem de magos, espadachins, monstros, reis e feiticeiros. Um universo onde o herói, Tajarê, à semelhança de Conan o bárbaro, personifica certos traços humanos, no caso, bravura aliada à força física.

Roberto Causo, com bastante competência, faz interagir em sua narrativa diferentes criaturas mitológicas: Caaporas (os homens dos pés virados), Anhangá (deus indígena), Loki (deus nórdico), Guaranguás (peixes-boi), botos e etc. Também faz interagir concepções místicas / religiosas de ambas as culturas através dos personagens Sjala (uma feiticeira nórdica) e Sotowái (pajé indígena).

Na parte final do livro descreve uma batalha entre duas criaturas mitológicas: o Kraken [2] e o Mboitatá (criatura mitológica brasileiro-ameríndia). Outro destaque são as guerreiras amazonas avistadas por Carvajal em 1541, as Icamiabas, que segundo tradição folclórica, seriam guerreiras de uma sociedade matriarcal. Estas têm um papel importante no desenrolar da narrativa.

O autor, entretanto, comete alguns erros ao apresentar os Vikings, baseando algumas de suas descrições em lugares comuns difundidos pela mídia e não em pesquisa histórica mais detalhada, como ao apresentar, tanto em suas descrições quanto nas ilustrações que compõe o livro, os guerreiros Vikings com elmos adornados com chifres.

Segundo o professor Johnni Langer:

“A maior diferença entre o estereótipo moderno e o verdadeiro guerreiro, reside no uso de capacetes. Um dos únicos exemplares recuperados, em um túmulo norueguês, é abobadado com um penacho central e uma viseira para proteger o nariz e as faces. Em desenhos gravados em megalíticos, pedras decoradas e estatuetas, todas apontam para uma mesma conclusão: o capacete era de formato cônico, liso e sem qualquer protuberância, especialmente cornos” (LANGER, 2005).

Na verdade foram os povos escandinavos que evoluíram durante a Idade do Bronze (2000 a 500 a.C.), que “muitas vezes usavam os capacetes com cornos, que se tornaram símbolos das caricaturas dos vikings. Quando a era viking chegou, entretanto, essas coberturas já estavam em desuso havia muito tempo” (HALE, 2005: 75).

Estes pequenos erros históricos acontecem durante a sua narrativa, mas na mão de um professor competente podem se tornar aliados importantes no ensino-aprendizagem, pois possibilitam ao professor confrontar tais descrições com descobertas arqueológicas, construindo assim um conhecimento crítico e não apenas “empanturrando” o aluno de datas e dados poucos significativos para eles, ainda que possam ser inestimáveis e interessantes para o professor.

Outro elemento importante a destacar nesta obra é a forma como diferentes culturas apresentam-se umas às outras, ou seja, aquele estranhamento do primeiro contato entre povos distintos. Em tempos de guerras étnicas e religiosas, a forma com que Roberto Causo aborda este primeiro contato é bastante significativa, ao evidenciar em sua narrativa que sempre olhamos o outro a partir de nossa própria matriz cultural. Vejamos um exemplo:

“Tajarê viu que das tantas-águas surgiam grandes monstros maiores que um jacaré-açu ou uma jibóia-gigante e que só podiam ser cobras-mboi que eram contadas nas lendas. Tajarê sentiu medo, porque tinha pensado que não mais habitava as feituras mágicas,.

As cobras-mboi foram chegando mais perto e rastejaram com muitas pernas pra areia e então Tajarê entendeu que estes não podiam ser bichos-vivos. Quando homens esquisitos saíram das cobras-mboi, Tajarê de igual entendeu que esses eram na verdade canoas muito grandes cheias de remos e com uma cara feia como devia ser a de uma cobra-mboi entalhada no alto de um pau bem na frente” (CAUSO, 2004: 22).

Este relato da chegada de um drakkar [3] , barco nórdico com proa em forma de dragão as praias brasileiras na visão de um indígena, é bastante significativo ao evidenciar tanto a forma como diferentes culturas podem se “olhar” e “ver” o outro a partir de suas próprias matrizes culturais. Contudo, também evidencia o cuidado do autor com a linguagem, sempre tentando não usar termos e referências lingüísticas modernas para descrever ambientes, pessoas e criaturas mitológicas.

Já foi demonstrado por diversas pesquisas históricas que mitos arqueológicos de uma possível colonização Viking ou Fenícia no Brasil não passaram de projeções culturais dos intelectuais da jovem nação brasileira, esperando com isso construir um passado glorioso e europeu que justificaria a possibilidade de se formar uma civilização de matriz européia nos trópicos.

Ainda que estes mitos não tenham se confirmado podem ser bem trabalhados pela literatura de fantasia, possibilitando tanto a constituição de uma literatura brasileira de gênero, quanto um ponto de partida para o ensino de história, principalmente para aqueles professores que têm a difícil tarefa de despertar o interesse dos alunos do ensino fundamental e médio para questões históricas. Afinal, nada como uma boa “estória” para despertar a vontade de conhecer a história.

Notas

1. Para maiores detalhes aconselhamos a leitura do artigo: Vikings no Brasil? do professor Johnni Langer, disponível em: http://www.nossahistória.net/default.aspx?pagid=EPKCNQRK. Acesso em: 16/10/2005.

2. No livro, o escritor apresenta o Kraken como uma criatura mitológica supostamente Viking, suposição esta que se mostra errônea. Na verdade, este mito surge após a Idade Média durante as grandes navegações da Idade Moderna, provavelmente nos séculos XVI e XVII. Ver: The Kraken http://www.unmuseum.org/kraken.htm.

“Ele é produto direto da mentalidade cristã medieval, não tendo subsídios na mitologia viking. Teria sido influenciado pelo Leviatã hebraico e por narrativas reais de polvos e lulas gigantes. Segundo a lenda teria sido a causa de vários naufrágios, onde seus tentáculos levavam os navios para o fundo do mar, especialmente no norte europeu.” Cf: RONECKER, Jean-Paul. O simbolismo animal. Paulus: SP, 1997, 205-207.

O relato do kraken tornou-se mais popular a partir do século XVIII, com a intensificação da navegação, especialmente na Noruega. Um relato muito famoso é o do bispo de Pontoppidan, de Bergen, 1755. No século XIX, poetas românticos ajudaram a popularizar o kraken, como Lorde Tennyson. Cf. O grande livro do maravilhoso e do fantástico. Seleções do Reader’s Digest, Lisboa: 1977, p. 421.” Informações gentilmente cedidas por Luciana de Campos, na lista de discussão CeltasVikings@yahoogrupos.com.br.

3. Segundo o professor Johnni Langer, “Drakkar, é uma denominação latinizada de origem francesa, empregada para os navios Vikings. O termo escandinavo original para navio de guerra era Langskip”.

(LANGER, 2003: 60. Nota 16). No caso especifico de um navio Viking que pudesse navegar até o continente americano, como é narrado no livro, o modelo a ser usado seria o Knorrer, já que: “Barcos à vela foram construídos para comércio, exploração e colonização: por exemplo, os pesados navios de calado profundo, os Knorrer, transportavam os vikings, através do Atlântico, até o continente americano”. (HALE, 2005: 77).

Referências

HALE, John. Os Navios Vikings. Scientific American História – Ciência na Idade Média. São Paulo: Segmento-Duetto, 2005 (01): 72-77.

LANGER, Johnni. O Mito do Dragão na Escandinávia (Primeira parte: Período Préviking). Revista Brathair 3 (1), 2003: 42-64. Disponível em: http://www.brathair.com

____________. Os Vikings na História e na Arte Ocidental. 2005. http://www.nethistoria.com/index.php?pagina=ver_texto&titulo_id=137&secao_id=460&imageField 222.x=19&imageField222.y=8.

Edgar Indalecio Smaniotto – Filósofo. Professor do ensino fundamental, Mestrando em Ciências Sociais, UNESP/Marília. E-mail: edgarsmaniotto@yahoo.com.br


CAUSO, Roberto de Sousa. A Sombra dos Homens: A Saga de Tajarê: Livro I. São Paulo: Devir, 2004. Resenha de: SMANIOTTO, Edgar Indalecio. Mitologias vikings e ameríndias encontram-se numa emocionante história de fantasia heroica. Brathair – Revista de Estudos Celtas e Germânicos. São Luís, v.5, n.2, p. 117-120, 2005. Acessar publicação original [DR]

Nachklassische Romane und höfische “Novellen” | Helmut Birkhan

Como produto de suas aulas ministradas durante o semestre de inverno de 2003- 2004, Helmut Birkhan apresenta ao público leitor o quinto volume da série História da antiga literatura alemã à luz de textos escolhidos, um manual dividido em oito volumes que contém, de maneira sucinta, porém bem embasada lingüística, literária e historicamente as principais obras escritas e ou compiladas no espaço germanófono continental durante a Idade Média. Neste número, o autor preocupa-se em discutir sobre textos menos conhecidos dos germanistas, tanto de língua alemã quanto estrangeiros.

À guisa de introdução ao volume, Birkhan circunscreve a época de sua análise, isto é, mais ou menos entre 1200 e 1300. O erudito austríaco abarca neste volume as obras, cuja temática se prende à Antigüidade ou a Bizâncio. É interessante notarmos que normalmente nos curricula universitários dos cursos de língua e literaturas de língua alemã muito pouco espaço é dado à produção literária em alemão anterior ao século XVIII [1], menos ainda ao período de tempo abarcado pela pesquisa do autor de Romances pós-clássicos e “novelas” corteses.

A partir de uma discussão sobre o desenvolvimento dos conceitos metodológicos referentes às obras, primeiramente classificadas como “epigonais” e hoje em dia como pós-clássicas, Birkhan (2004, 10) discute e afirma a existência de “novos juízos valorativos em favor daquelas obras anteriormente difamadas”. Do mesmo modo são apresentados romances menos conhecidos com temática arturiana, mitológica [2], poemas com forma similar à das canções de gesta, alguns excertos de romances de amor e romances de aventura, trechos de quatro “novelas” em versos e, por fim, trechos de um drama medieval em médio-alto-alemão.

Como este volume, de número 5, integra a série História da antiga literatura alemã à luz de textos escolhidos e devido à temática ser circunscrita ao período cronológico visto no volume precedente, o autor prescinde de informações de cunho histórico-social, optando, pois, por uma análise das obras à luz das informações retiradas dos próprios textos, o que configura uma escolha metodológica, em nosso ver, pertinente, na medida em que sua análise literária traz consigo os elementos culturais da época em questão.

Aspecto importante para facilitar a apreensão dos dados acadêmicos sobre as obras e momento histórico estudados é a preocupação do autor em apensar ao fim do volume uma série de reproduções de iluminuras, fotos, capas de fac-símiles e páginas de manuscritos, quadros genealógicos, esboços arquitetônicos e até mesmo uma discutível partitura do Titurel de Wolfram. No trabalho com a Idade Média, para nós brasileiros distante e praticamente alheia ao nosso passado, é fundamental a disponibilização da maior quantidade possível de dados, a fim de tornar menos incompleto o painel do objeto que estudamos.

O cuidado de Helmut Birkhan não apenas com a apresentação do conteúdo, porém com sua efetiva e merecida valoração está expressa no comentário da última capa do volume, que traduzimos:

“O livro é dirigido àqueles que querem uma introdução na criação romanesca medieval (em especial no romance arturiano). Serão analisadas aquelas obras, que freqüentemente são desqualificadas como romances de aventuras, as quais, porém, são extremamente interessantes sob uma perspectiva psicológica, da ciência da cultura e sob várias outras.”

No tocante às obras em mittelhochdetusch com reminiscências da Antigüidade Clássica são arrolados autores como Herbort von Fritzlar, Albrecht von Halberstadt, Konrad von Würzburg, dentre outros. Um texto que nos chama a atenção pelo seu quase total desconhecimento pelos medievistas brasileiros é Eraclius, de Otte, de quem não há praticamente informação alguma. A obra, de datação provável entre 1190 e 1230, apresenta temática bizantina. Birkhan inicia sua análise com um resumo do texto, entremeado com comentários da mais variada ordem acerca da originalidade do fazer poético de Otte, composição da obra, intertextualidade e informações de cunho histórico contidos no conto.

Com relação aos temas arturianos encontram-se listados e discutidos pelo pesquisador de Viena os seguintes títulos: [3]

1 O Lanzelet de Ulrich von Zatzikhoven

2 O romance de Segremors em médio-alto-alemão

3 Os “fragmentos de Titurel” de Wolram von Eschenbach

4 Titurel mais recente de Albrecht – Merlin de Albrecht von Scharfenberg [4]

5 O Lancelote em prosa

6 Diu Crône [5] de Heinrich von dem Türlin

7 O casaco

8 O Wigalois de Wirnt von Grâvenberc [6]

A matéria mitológica, presente por exemplo em Gauriel e Muntabel, de Konrad von Stoffeln, traz o universo das fadas e elfos [7] ao leitor moderno, no que personagens humanos se envolvem sentimentalmente com seres pertencentes ao mundo místico. Nesse momento podem ser inferidos comentários intertextuais com relação ao Tannhäuser, romance em alemão do século XIII sobre um cavaleiro, que decide se dedicar exclusivamente ao amor venal, optando por viver com Vênus, depois de desventuras no mundo social perfeito da cavalaria cristã.

As canções de gesta, embora de tradição mais antiga no continente europeu e de influência predominantemente francesa, foram bem representadas entre os séculos XII a XIV no espaço germanófono. Uma outra vertente da produção de gesta liga-se às sagas com a personagem Guilherme – em francês Guillaume d´Orange – 8, cujos primeiros textos remontam à primeira metade do século XII! Em alemão, a obra Willehalm de Wolfram von Eschenbach tematiza essa personagem e dentre todas as outras é a mais conhecida.

Os romances de amor e de aventura, bem como as novelas corteses em verso e como também o drama medieval são analisados através de exemplos textuais, nos quais Birkhan atenta pra detalhes lingüísticos, exegéticos e filológicos das obras.

Na História da antiga literatura em alemão à luz de textos escolhidos – parte V: romances pós-clássicos e “novelas” corteses há a versão completa de todos os fragmentos textuais para o Neuhochdeutsch, moderno-alto-alemão, o que acreditamos ser de capital importância não apenas para o leitor germanofalante, porém principalmente para os discentes de língua portuguesa, interessados em acompanhar a evolução histórica do idioma alemão, investigar suas características e ter, com isso, facilitado seu acesso às fontes primárias.

Por fim, se lembrarmos que as aulas de Saussure serviram de base à Lingüística Moderna e guardando as devidas proporções, somos de opinião de que a obra de Helmut Birkhan ora resenhada se inscreve dentro daquelas que podem se constituir entre nós como marco para o início de uma tradição de pesquisa com textos quase que totalmente desconhecidos, conferindo à Medievística Germanística e à Filologia Germânica o velho motto latino Labor omnia vincit. O trabalho tudo vence!

Notas

1. Para um maior detalhamento sobre o assunto cf. BRAGANÇA JÚNIOR, Álvaro Alfredo. Deutschsprachige Literatur des Mittelalters – Beispiel einer methodischen Perspektive zur Behandlung von älteren Texten im Literaturunterricht. In: WIESINGER, Peter et alii. Akten des X. Internationalen Germanistenkongresses Wien 2000. Bern: Peter Lang, 2002. Jahrbuch für Internationale Germanistik, Reihe A, Volume 57, p. 203-209.

2. Trata-se neste caso de contos, cujos temas giram ao redor de problemas no casamento de seres humanos com seres femininos da “baixa mitologia”, como fadas e elfos. Cf. BIRKHAN, 2004, p. 159.

3. Não nos esqueçamos de que no volume

4. são trabalhados textos arturianos vistos pelo cânone como modelares, acompanhados por uma concisa, mas eficiente listagem com dados sobre o surgimento do mito e sua comprovação histórica. Cf. BRAGANÇA JÚNIOR, Álvaro Alfredo. Literatura romanesca da época dos Staufer. In: SILVA, José Pereira da. (Org). Revista Philologus. Rio de Janeiro: CiFEFiL, 2005. Ano 11, nº 32, p.156-159.

4. A obra de Scharfenberg é vista por Birkhan como continuação da estruturação estrófica temática de Titurel. Cf. BIRKHAN, 2004, p. 99-100.

5. Em português, “A coroa”.

6. Para a listagem completa remetemos o leitor interessado a Birkhan, 2003, p.5.

7. Convém lembrar que elfos pertencem à mitologia germânica, diferenciando-se de duendes, de fundo celta.

8. Orange, aqui, é uma cidade do provençano Departamento de Vaucluse, cuja etimologia provém do galoromano Arausio. Cf. BIRKHAN, 2004, p. 195.

Álvaro Alfredo Bragança Júnior – Departamento de Letras Anglo-Germânicas Faculdade de Letras Programa de Pós-Graduação em História Comparada UFRJ. E-mail: alvabrag@letras.ufrj.br


BIRKHAN, Helmut. Geschichte der altdeutschen Literatur im Licht ausgewählter Texte. Wien: Edition Praesens, 2004. 296 Seiten. Band 12, Teil V: Nachklassische Romane und höfische “Novellen”. Resenha de: BRAGANÇA JÚNIOR, Álvaro Alfredo. Romances Pós-Clássicos e “Novelas” Corteses. Brathair – Revista de Estudos Celtas e Germânicos. São Luís, v.5, n.2, p. 114-116, 2005. Acessar publicação original [DR]

Prometeu desacorrentado: transformação tecnológica e desenvolvimento industrial na Europa ocidental/de 1750 até os dias de hoje | S. Landes David

O título do livro, em português, é impreciso: trata-se de um Prometeu unbound, isto é liberado, não unchained. Isso não muda o valor da segunda edição deste clássico, agora com novo prefácio e epílogo; no resto, o livro permanece igual ao texto de 1969, originalmente um ensaio da Cambridge Economic History (1965). David Landes, emérito de Harvard, já tinha feito um complemento a Adam Smith, em A riqueza e a pobreza das nações (Campus, 1998), superbo nos desenvolvimentos globais, mas falho no que toca à América Latina e ao Brasil, vistos pela ótica enviesada da (“esqueçamo-que-escrevi”) teoria da dependência de FHC.

O titã liberado refere-se ao sistema fabril: seu aparecimento, na Inglaterra, chocou Marx, que condenou a vil exploração do proletariado. Ele ainda não tinha visto nada, pois a China, até ali a maior economia, modorrava na imobilidade industrial, só voltando a praticar a abjeta exploração mais de dois séculos depois. Hoje, as fábricas chinesas não se distinguem, pelas condições de trabalho, das manufaturas de Manchester do século XIX, mas as marcas são ocidentais. A história é européia, mas esse Prometeu desajeitado que é a grande indústria leva seus grilhões ao mundo, o que desespera os antiglobalizadores, mas encantaria Marx, que confiava no papel revolucionário do capitalismo para destruir as “muralhas da China”, o despotismo asiático e os reinos bárbaros do Oriente. Leia Mais

História e Teoria. Historicismo, Modernidade, Temporalidade e Verdade | José Carlos Reis

Nesta obra, José Carlos Reis transparece, com erudição, a importância da filosofia e de suas construções teóricas. Nas páginas finais do último artigo, ele ressalta: “Filosofia e história são atitudes complementares – toda pesquisa filosófica é inseparável da história da filosofia e da história dos homens e toda pesquisa histórica implica uma filosofia, porque o homem interroga o passado para nele encontrar respostas para as questões atuais” (p. 240). O livro é uma junção de ensaios do próprio autor, cada um com uma especificidade singular e, ao mesmo tempo, contínua, linear: todos tratam de “teoria da história”. Valendo-se de uma abordagem dos principais parâmetros contemporâneos do contexto historiográfico, Reis interroga, instiga, mostra caminhos, posicionamentos. Seu poder de síntese é invejável: diz muito em tão pouco. Para quem já estava cansado ou mesmo entediado com as discussões sobre verdade, modelos epistemológicos, historicismo, além das que envolvem concepções de tempo histórico e das oposições entre modernidade e pós-modernidade, o autor demonstra que ainda é possível um pensamento crítico e um esforço reflexivo.

No primeiro capítulo, o autor traz a “história da história”, analisando desde a metafísica até a pós-modernidade. A preocupação dos historiadores com a “humanidade universal” e o “sentido histórico” pautam sua análise. Ele quer discutir a passagem modernidade/pós-modernidade e suas possíveis repercussões na historiografia. Começa com os gregos, que não teriam construído a idéia de “humanidade universal”, tendo sido formulada com os romanos. Com o Cristianismo, a história esteve dominada pela Providência Divina e o futuro dependia da fé. A partir do século XIII ele perde sua força e surge uma outra representação da história: a “modernidade” e sua busca da racionalização.

A modernidade trouxe uma nova consciência do sentido histórico, uma nova representação da temporalidade histórica e, com ela, o mundo se fragmentou em valores distintos. O espírito capitalista (entenda-se burguês) é moderno, desencantado, secularizado, racional, tenso.

No século XVIII retorna a idéia de história universal. Pensa-se em direitos universais. Nesse momento, a modernidade através das filosofias da história recolocaria à história a questão do sentido histórico: é o desenvolvimento do processo de progresso, revolução, utopia; a idéia de história está dominada pelos conceitos de razão, consciência, sujeito, verdade e universal.

No século XIX , a história-conhecimento torna-se científica, o conhecimento histórico aspira a objetividade científica, a verdade. A eficácia da história está em servir ao Estado e às instituições da sociedade burguesa. Nietzsche seria o primeiro a romper com o conhecimento histórico científico e, a partir do século XX, aprofundariam-se as críticas, passando-se a recusar o determinismo, o reducionismo e o destino inescapável. A pós-modernidade concretizou-se no pós-1945, não acreditando na razão, pois os sentidos são multiplicados – o universal se pulveriza, fragmenta-se – e a história global é descartada. Os interesses voltam-se ao pequenos dados, aos indivíduos, o olhar em migalhas opera por fatos, biografias, múltiplas narrações: é a desaceleração da história. O estruturalismo aprofundou a revolução cultural pós-moderna, desconfiando do sujeito, da consciência, da revolução, da razão. Para Reis, estamos vivendo a pós-modernidade. O novo ambiente cultural é complexo e ambíguo: os historiadores pensam em rupturas, fragmentação, individualismos em plena globalização. O conhecimento histórico prioriza a esfera cultural, as idéias, os valores, as representações, linguagens, e a história torna-se ramo da estética, aproximando-se da arte, da literatura, do cinema, da fotografia, da música.

No segundo capítulo, Reis procura fazer um balanço das possíveis perdas e/ou dos possíveis ganhos do percurso da história do “global” às “migalhas”. Para tal, segue os pressupostos de François Dosse, o crítico francês dos Annales que destacou a descontinuidade presente nos “seguidores” dos “pais fundadores”. Para conseguir um balanço entre perdas e ganhos, Reis conceitua história global e história em migalhas. História global teria dois sentidos: “história de tudo” e “história do todo”. O primeiro sentido seria entendido por “tudo é história”, o segundo seria a intenção de apreender o “todo” de uma época. Este último sentido não teve espaço na terceira geração dos Annales. Já as migalhas, podem significar a multiplicação dos interesses e das curiosidades históricas; a fragmentação, a especialização extrema, a desarticulação dos tempos históricos. Ou, no sentido otimista, as migalhas significaram o amadurecimento do projeto inicial; a história escrita no plural, múltipla, que analisa partes da realidade global. Por fim, nosso autor faz uma enumeração riquíssima em termos de prós e contras dessa passagem do global às migalhas, colocando-se no lugar de quem avalia uma perda ou um ganho.

O terceiro capítulo, intitulado “A especificidade lógica da história”, levanta questões que colocariam em dúvida a possibilidade do conhecimento histórico, entre elas: “A história é um conhecimento possível?”. Salienta a importância da reflexão teórica problematizante, alertando sobre a impossibilidade de ser historiador sem tomar o conhecimento histórico como problema. A questão a ser pensada seria a existência de um conhecimento histórico reconhecível. Esse conhecimento talvez estivesse na recusa da ficção. Nessa luta contra a ficção, a história aproxima-se da ciência. Quanto a possibilidade de história científica, José Reis apresenta quatro modelos: nomológico, compreensivo, conceitual e narrativo. O modelo nomológico, centrado em Hempel, defende a unidade da ciência, as explicações causais; é um modelo neopositivista, que busca encontrar leis gerais, da mesma forma que as ciências naturais. O modelo compreensivo tem dois expoentes: Dilthey e seu método da compreensão e interpretação das ciências do espírito, e Weber com uma visão racionalista da compreensão. A sociologia compreensiva busca interpretação da conduta humana; para compreender, pode-se construir o “tipo ideal” de uma ação racional. Para Reis, Weber ainda sustenta uma visão racional da história. O modelo conceitual está baseado na história científica weberiana: ela é racionalmente conduzida, fundamentada na compreensão e em conceitos. A compreensão e subjetividade incluídas na história não abdicariam a abordagem científica da mesma, presentes através de tipos e conceitos. Paul Veyne, com influência weberiana também defendeu a história conceitual, que para ele estaria entre a ciência e a filosofia. Para o Veyne de “O Inventário das diferenças”, a história conceitual seria científica porque oferece uma inteligibilidade comparativa. Já o Veyne de “Como se escreve a história”, tem a história como “narrativa verdadeira”, mas não científica. François Furet, também influenciado por Weber – e Reis salienta que os Annales “parecem dever mais a Weber do que querem admitir” – percebe a história como oscilação entre arte da narração, inteligência do conceito e rigor das provas, mas não como ciência. Por fim, no modelo narrativo e atual (alguns autores sustentam que o discurso histórico sempre foi narrativa), espera-se uma relação mais estreita com o vivido, o tempo, os homens. A história-problema entrou em crise por afastar-se dos homens e negar a temporalidade. Para Veyne, a história é uma narrativa que explica enquanto narra, é compreensão, é atividade intelectual. Paul Ricoeur esclarece a estrutura de uma nova narrativa histórica, lógica e temporal, ou seja, temporalidade e a narratividade se reforçam. Ricoeur defende o primado da compreensão narrativa em relação à explicação, sendo a narrativa histórica uma representação construída pelo sujeito, que se aproxima da ficção e retorna ao vivido. A história, em última análise é a narrativa do tempo vivido.

No quarto capítulo, Reis discute as posições da verdade sobre o conhecimento histórico. Os céticos em relação à história fazem várias objeções à possibilidade da objetividade e verdade em história, entre elas estaria o fato desse conhecimento estar ligado ao presente (que sempre reinterpreta o passado), à subjetividade, à compreensão e à intuição; ainda ao fato de não produzir explicações causais, de ser conhecimento indireto do passado, de utilizar a mesma linguagem da ficção, de utilizar fontes lacunares, de ser interpretação e construção de um sujeito e ter o conhecimento pós-evento. O conhecimento objetivo seria aquele válido para todos, universal, analítico, problematizante, necessário. Para Reis não há razão para o ceticismo. Ele cita Koselleck, para quem a história precisa sustentar duas exigências: produzir enunciados verdadeiros e admitir a relatividade. Na tentativa de indicar posições para o alcance da verdade histórica, Reis busca as teses de alguns autores. Divide-os em realistas metafísicos e nominalistas. Começando pelos primeiros, tem-se que para Ranke a história produziria verdade através do método crítico. Nesse sentido o sujeito não se anula, apenas se esconde, se autocontrola. Weber não vê a possibilidade de abordar o real em si, apenas aspectos, partes. O sujeito divide-se em esferas lógicas autônomas. Duas subjetividades buscam a verdade, que é conhecimento empírico. Em Marx, o sujeito deve assumir sua subjetividade. A verdade não é universal, mas de um grupo social. O conhecimento histórico produzido é objetivo, mas parcial, relativo, pois o historiador precisa tomar partido. Para Ricoeur, a verdade é traduzida pelo sujeito de forma comunicável a partir de uma objetividade que exige a presença da subjetividade. Na mesma direção, Marrou declara ser a objetividade histórica, específica, subjetiva, através de valores éticos universais. Todos procuram critérios universais para a verdade, todos são construções totalizantes da verdade histórica. Nos nominalistas, a subjetividade é plena, o universal é impensável. Em Foucault a verdade é construção de um sujeito particular e expressa relações de poder: essas relações criam linguagens e saberes para se legitimarem. Michel de Certeau tem a história como fabricação do historiador, um discurso que emerge de uma prática e de um lugar institucional e social. Duby assume a história subjetiva, que estaria próxima da literatura e do cinema, onde a imaginação e o sonho não são proibidos. Por fim, Koselleck sustenta a verdade histórica caleidoscópica, se relaciona com a história da história, examina a historiografia anterior. O passado é selecionado, reconstruído em cada presente. Reis conclui esse capítulo ressaltando que a verdade histórica é obtida com exame exaustivo do objeto, com todas as leituras possíveis.

O quinto capítulo traz a discussão sobre o tempo histórico em Ricoeur, Koselleck e nos Annales. O historiador tem interesse no temporal, na alteridade humana, não deseja conhecer o que está fora do tempo, o que não muda, deseja sim, conhecer a mudança, logo o tempo da história seria um terceiro tempo. Para Ricoeur, o tempo histórico refere-se à vida humana e o calendário é indispensável, pois é ele que numera e em cada marca dessa numeração existiu um homem individual (social). Outro conceito é o de geração, trata-se de vida compartilhada. O tempo histórico representa permanência de gerações e seqüência de gerações. A terceira conexão são os vestígios, os arquivos, pois as gerações deixam sinais, marcas, que são buscadas pelo historiador. Koselleck critica o conceito de tempo calendário, mas não o descarta, advertindo para o conhecimento interior do mundo humano, a idade interna de uma sociedade, ou seja, a relação estabelecida entre seu passado e seu futuro. Na perspectiva dos Annales, o tempo histórico é estrutural – influência das Ciências Sociais que compreendiam o tempo como “estrutura social” – existindo a recusa da mudança, em favor do modelo, da quantidade, da permanência. A influência foi o aparecimento na história do mundo mais durável, mais estrutural (estruturas econômicas, sociais, mentais), de movimentos lentos, com desaceleração das mudanças, e é justamente o conceito de “longa duração” que permitiu maior consistência ao terceiro tempo do historiador.

O sexto e último capítulo é dedicado à contribuição de Dilthey para a história, que, aliás, é considerado como o pensador que “redescobriu a história”. Dilthey é associado ao historicismo, embora seja difícil enquadrá-lo em algum rótulo. Ele estaria entre um historicismo romântico e um epistemológico por buscar compreender o homem enquanto ser histórico, compreender a alteridade e todos os aspectos da vida de um povo; a história em Dilthey é mudança e o que permanece é compreensão, comunicação entre homens diferentes, sendo o homem “experiência vivida” e a verdade, o processo histórico.

No contexto do século XIX, Dilthey apontou o caminho da história, da vida, tendo por missão da história “apreender o mundo dos homens através do estudo das suas experiências no passado” (p. 241). Reis diz que em Dilthey filosofia e história estão unidas. Talvez esse fato tenha cativado nosso autor a ponto de despertar tanto seu interesse por Dilthey.

De fato, Reis cativa o leitor com sua narrativa, sua exposição, sua paixão pela teoria. Este livro é mais uma referência obrigatória a todos que se preocupam em pensar o papel da teoria na contemporaneidade; ele incita os historiadores ao conhecimento dos paradigmas atuais das ciências sociais. Se José Reis pretendia com este livro, “fazer circular, renovar, estimular e transmitir cultura” (p. 13), parece-nos que ele conseguiu!

Mauro Dilmann – Mestrando em História pela Unisinos/RS.


REIS, José Carlos. História e Teoria. Historicismo, Modernidade, Temporalidade e Verdade. Rio de Janeiro: Editora FGV, 2003. Resenha de: DILMANN, Mauro. Cantareira. Niterói, n.9, 2005. Acessar publicação original [DR]

A geografia do crime: violência nas Minas Setecentistas – ANASTASIA (VH)

ANASTASIA, Carla Maria Junho. A geografia do crime: violência nas Minas Setecentistas. Belo Horizonte: Editora UFMG, 2005. Resenha de: JESUS, Alysson Luiz Freitas de. Varia História, Belo Horizonte, v.21, n.34, p. 523-525, jul., 2005.

A obra de Carla Anastasia, publicada pela Editora da UFMG, tem como principal objetivo analisar as relações de violência entre os habitantes da capitania das Minas Gerais, ao longo do século XVIII. A historiadora procura avaliar- a partir de textos em sua maioria já publicados em outras ocasiões- a imprevisibilidade da ordem social setecentista nas Minas, principalmente em regiões onde a administração da Coroa não conseguia penetrar. Nesse sentido, o conceito de violência e a análise das relações sociais no sertão acabam por se constituir o eixo protagonista das discussões da autora.

Na introdução do livro, Anastasia procura esclarecer o papel que os atos violentos tiveram no cotidiano da população das Minas. As autoridades responsáveis pela tentativa de ordenamento acreditavam que os tumultos, desordens e assassinatos eram resultados da ”má qualidade dos povos” que viviam na região. Aliava-se a isso a enorme presença de escravos e forros na região, que, sob a tica dos homens do poder, eram diretamente responsáveis pelos atos violentos e pela desordem. De acordo com as autoridades, esclarece Carla Anastasia, as Áreas mineradoras estavam infestadas de quantidade de negros, forros e mulatos, vagabundos sem oficio, que viviam com demasiada liberdade, prontos a praticarem latrocínios e mortes com graves prejuízos dos povos. (p.15) O cotidiano das Minas convivia, portanto, com uma tentativa de tornar previsível, o imprevisível.

Quanto aos negros, mais especificamente, fica claro para as autoridades o envolvimento constante em situações de violência na capitania. Um componente especial no universo criminoso dos negros eram as práticas mágicas, que, com isso, contribuíram para transformá-los nos principais inimigos dos brancos. Essa situação levava a população a nutrir um forte medo com relação aos negros, que, era tanto maior (o medo) quanto mais se adentrava por paragens desertas, sem lei e sem ordem, onde os desmandos uniam escravos, forros, brancos pobres e, muitas vezes, grandes proprietários e ministros do rei. (p.18)

A autora divide a sua obra em 4 partes. Na primeira, intitulada A construção dos espaços da violência, Anastasia recupera a formação da capitania, dedicando especial atenção a ocupação e (des)organização administrativa. Uma das características do setecentos mineiro foi o baixo grau de institucionalização política na capitania. As tentativas de se controlar os territórios de potentados e de mandos no sertão setecentista não surtiram resultados. Portanto, as estratégias levadas  frente para normatizar a capitania esbarravam principalmente nessas Áreas, uma vez que os criminosos dificilmente eram encontrados. A partir da a autora passa a discutir a estrutura social e política dessas regiões, o que nos leva  segunda parte do texto, intitulada “Terra de ninguém”.

Para Anastasia, a violência dos facinorosos nos sertões constitua zonas de non-droit (termo mantido em francês pela dificuldade de se traduzir com eficácia a expressão, ou seja, zonas nas quais a arbitrariedade era a regra, em que os direitos costumários e a justiça não eram reconhecidos pelos atores sociais, fossem autoridades, fossem vassalos, escravos ou forros.) p.23. Privilegia-se aqui o mandonismo nos sertões do rio das Mortes e do São Francisco. Nesse segundo, em especial, a ausência do poder da Coroa levou á consolidação dos territórios de mando. A violência, nesse sentido, se fazia presente principalmente nos sertões. Isso era propiciado, em grande parte, pelo cárter geográfico da região:

Dos perigos imaginários, contava-se a boca pequena. O sargento de milícias, Romão Fagundes do Amaral, afirmava que a mata do Senhor Bom Jesus dos Perdões, situada nos confins do termo da vila de São José, no sertão da comarca do Rio das Mortes, era bom refúgio para os criminosos, próprio por ser de mata geral com poucas estradas e mal abertas, propícias para mortais emboscadas. (p.20)

Além disso, o componente sobrenatural contribua na formação do imaginário que se fazia da generalização da violência nessas regiões, classificadas como locais “assombrados por criaturas estranhas e superlativas, onde se reproduzem caprichos sobrenaturais e foras malévolas”.

A terceira e quarta partes do livro (intituladas, respectivamente, “Rapina, contrabando e vendeta” e “Joaquim Manoel de Seixas Abranches – um ouvidor bem pouco ortodoxo”) têm como aspecto principal a análise da atuação de determinados bandos de facinorosos da Capitania, entre eles a famosa Quadrilha da Mantiqueira, o bando liderado pelo Mão de Luva e o do Sete Orelhas. Esses homens, criminosos por excelência, faziam da rapina o seu modo de vida. Na quarta parte, a autora examina o comportamento transgressor de uma autoridade, nos fornecendo mais instrumentos para se repensar a questão do público e do privado no Brasil.

Conforme esclarecemos anteriormente, a obra privilegia alguns aspectos que vêm merecendo especial atenção por parte dos estudiosos. No que diz respeito violência, diversos estudos vêm sendo produzidos- muitos deles sob orientação da própria autora, professora titular do Departamento de História da UFMG, contribuindo para um melhor entendimento das relações sociais de ruptura e tentativa de ordenamento das Minas. Por se tratar de uma obra que privilegia o estudo em regiões onde a violência se fazia mais presente, a autora objetiva demonstrar as raízes que possibilitaram essas manifestações, o que levou, nessas áreas, a uma não da legitimidade da violência. Talvez, depois da obra clássica de Maria Sylvia de Carvalho Franco, Homens Livres na Ordem Escravocrata, poucos estudiosos no Brasil trataram com tanta competência a temática do cotidiano da violência.

Por fim, um outro aspecto muito abordado na obra é a questão dos direitos costumeiros. Anastasia destaca o caráter das relações entre a Coroa e os seus vassalos, permeado por regras que deveriam ser respeitadas. Determinados limites eram impostos também ao poder metropolitano, assim como aos vassalos. Para a autora, “se é usual afirmar que os colonos várias vezes reagiram exacerbação do poder metropolitano, é menos comum chamar a atenção para o fato de que os mesmos se beneficiaram com os limites colocados a esse poder”. (p.23) Assim, quando essas regras eram desrespeitadas, rompia-se a ordem. Foi o que aconteceu em vários conflitos nas Minas setecentistas, entre os quais os Motins do São Francisco em 1736.

O livro não esgota como não poderia deixar de ser as análises sobre o cotidiano da violência nas Minas Gerais. Antes disso, o livro é uma contribuição fundamental para futuros estudos sobre a história da capitania, principalmente, acreditamos, no que se refere as análises da centúria posterior, o século XIX. Publicações como “A geografia do crime” são um estímulo para uma produção cada vez mais intensa da história das Minas, não apenas sobre o setecentos, mas, em especial, sobre o oitocentos, tão carente de estudos de qualidade como o livro de Carla Maria Junho Anastasia.

Alysson Luiz Freitas de Jesus – Mestrando em História pela Universidade Federal de Minas Gerais/UFMG. Bolsista CAPES. Professor do Departamento de História da Universidade Estadual de Montes Claros/UNIMONTES. E-mail: alfluiz@yahoo.com.br

Acessar publicação original

[DR]

 

 

Quilombos do Brasil Central: violência e resistência escrava | Martiniano José Silva

Resenhista

Maria Lemke Loiola – Bacharel e licenciada em história pela UFG.

Referências desta Resenha

SILVA, Martiniano José. Quilombos do Brasil Central: violência e resistência escrava. Goiânia: Kelps, 2003. Resenha de: LOIOLA, Maria Lemke. História Revista. Goiânia, v.10, n.2, p.377-383, jul./dez.2005. Acesso apenas pelo link original [DR]

Idéias que mudaram o mundo | Felipe Fernandez-Armesto

A evolução, nas sociedades humanas, libertou-se dos constrangimentos do mundo natural e tornou-se essencialmente cultural ou mesmo, nos tempos atuais, basicamente tecnológica. Os seres humanos, eles mesmos, estão sendo mudados pelas técnicas de intervenção cromossômica e de manipulação genética (ou pelo menos existe capacidade potencial de fazê-lo). A despeito disso tudo, a humanidade continua a ser movida por sentimentos ancestrais, como o desejo sexual, o amor, o ódio, a vontade de poder e outros tantos impulsos mais ou menos nobres ou simplesmente mesquinhos.

Este livro, do conhecido historiador e professor na Universidade de Londres, identifica e explica quase duas centenas de idéias que influenciaram o destino da humanidade, desde 30 mil anos antes de nossa era até a atual era da incerteza. Atento em não parecer “ocidentalocêntrico”, o autor buscou em civilizações orientais conceitos e princípios que também se tornaram universais, mas ele reconhece que predominam as idéias ocidentais, pois são aquelas que moldaram o mundo tal como o conhecemos hoje. Também aceita que a maior parte das mudanças ocorridas no mundo tem origem intelectual e que as idéias são poderosos agentes transformadores. As idéias estão cronologicamente organizadas em sete partes, desigualmente distribuídas: o primeiro capítulo cobre vinte mil anos, na era dos caçadores primitivos, ao passo que os últimos dois séculos merecem um capítulo cada. Ainda assim, não devemos achar que só as idéias modernas são relevantes, pois a maior parte daquelas tidas hoje como importantes têm origens antiqüíssimas. Como ele diz na introdução, “é humilhante para o homem moderno admitir que uma parcela tão grande de seu pensamento foi antecipada há muito tempo e que a modernidade antecipou pouquíssimo a nosso equipamento intelectual básico”. Leia Mais

El discurso de Gertrudis Gómez de Avellaneda: Identidad femenina y otredad | Brígida Pastor

A emergência das mulheres à condição de objeto e sujeito da história é um fato relativamente novo entre aqueles que se dedicam ao estudo e compreensão do passado humano. O recente e progressivo interesse pelo estudo das mulheres, nessa dupla acepção, enfrenta, entretanto, um grave desafio, representado pela escassez de fontes e vestígios acerca do passado feminino, produzidos pelas próprias mulheres, na medida em que as representações que dispomos sobre elas têm sido histórica e majoritariamente oriundas de fontes e discursos masculinos. Diante de tal quadro de escassez de fontes e de uma crescente preocupação interdisciplinar capaz de dar conta das diversas e complexas dimensões desse objeto, destacam-se, como uma das poucas e privilegiadas formas de expressão desse universo feminino, as obras literárias escritas por mulheres e que, em maior ou menor medida, abordam direta ou indiretamente a própria condição feminina. Tais obras literárias ganham ainda maior relevo quando geradas em contextos históricos de sociedades patriarcais nos quais as idéias do que hoje poderíamos chamar de feminismo não contavam ainda com quaisquer outras possibilidades alternativas de expressão. Esse é o caso, por exemplo, do contexto da produção literária de uma das mais importantes escritoras do meio cubano-espanhol do século XIX, a cubana Gertrudis Gómez de Avellaneda (1814-1873).

A propósito, um rico e instigante conjunto de ensaios sobre o discurso feminista de Gómez de Avellaneda, que partem da análise dos principais escritos pessoais—memórias, autobiografia e epistolário—e de algumas obras ficção literária da escritora cubana, encontram-se no livro El discurso de Gertrudis Gómez de Avellaneda: identidad femenina y otredad (Alicante, Espanha: Universidad de Alicante, 2002, 158p.), da investigadora espanhola Dra. Brígida Pastor, professora de letras hispânicas da Universidade de Glasgow, Escócia.

O primeiro ensaio desse livro, intitulado “La expresión feminista en la Cuba del siglo XIX: La mujer escritora”, divide-se em duas partes. Na primeira, a professora Pastor procura demonstrar como algumas características da sociedade cubana do século XIX exerciam uma forte repressão nas mulheres em geral e, em particular, como tal repressão repercutia no desenvolvimento das idéias liberais e feministas de um tipo especial de mulher que se forjou naquele momento: a mulher escritora e intelectual. Para a autora, algumas peculiaridades caracterizaram o feminismo hispano-americano: significou uma ameaça à tradição, uma negação dos valores da família e das convenções sociais. Exatamente por tal característica, esse feminismo se deparou com a forte resistência de uma arraigada cultura patriarcal, o que contribuiu para postergar o processo de emancipação da mulher, especialmente em Cuba. Por outro lado, em que pese a educação e a igreja católica terem fortalecido a cultura da submissão, mesmo nessas condições adversas algumas mulheres de status privilegiado, aspirando seu reconhecimento intelectual, se rebelaram contra essa sociedade discriminadora e patriarcal por meio da escrita. Contudo, conforme demonstra a autora, os escritos e a rebeldia dessas mulheres se viram limitados por sua própria condição cultural, refletindo o conflito entre a sua vocação literária e o seu papel de esposas e mães. Além do mais, essas mulheres se defrontaram com as barreiras impostas por um mundo literário de domínio exclusivamente masculino no qual a feminilidade e a intelectualidade eram tidas como inconciliáveis.

Na segunda parte desse primeiro ensaio, Brígida Pastor destaca ainda como a escritora cubana iniciou de forma pioneira o debate feminista tanto em Cuba como na Espanha. A partir da análise da autobiografia, das memórias e do epistolário de Avellaneda, Pastor demonstra como as suas idéias feministas emergiam de forma recorrente nas abordagens de temas como o do casamento, da educação e da marginalização da mulher, ressaltando como a escritora cubana combatia veementemente todas as convenções e imposições sociais no âmbito de cada uma dessas esferas. A autora destaca como Avellaneda já denunciava, em meados do século XIX, a prática do casamento forçado e a própria instituição do casamento, a desigualdade entre a educação de homens e mulheres e, ainda, a discriminação sofrida pela mulher dentro do mundo literário e da sociedade em geral. Tais preocupações feministas, ao serem expressas publicamente por Avellaneda, lhe renderam perseguições e discriminações por parte das autoridades e do meio social cubano, sendo que algumas de suas obras literárias foram proibidas sob a alegação de que portavam idéias subversivas ao sistema escravista, bem como idéias que atentavam contra a moral e os costumes da época. Gómez de Avellaneda converteu-se, assim, segundo Pastor, numa vítima dos próprios códigos sociais discriminatórios que atacava, numa exceção entre as demais mulheres escritoras de sua época, por ter radicalizado e levado mais adiante que aquelas a bandeira feminista, com a crítica contundente dos valores discriminatórios e excludentes da sociedade patriarcal cubana.

Sob o título “Autobiografia y discurso estratégico: la escritura ginocrítica”, o segundo ensaio do livro se propõe a demonstrar que várias das estratégias narrativas empregadas na elaboração das cartas autobiográficas de Gómez de Avellaneda encontram-se limitadas pelos recursos teóricos que estavam ao alcance da mulher cubana daquela época para expressar sua identidade em uma cultura patriarcal. O termo “ginocrítica” designaria, no caso específico, algo como a abertura dos textos escritos por mulheres para as distintas formas femininas de analisá-los. O grande desafio e objetivo de Avellaneda, segundo Brígida Pastor, seria inventar, pela escrita, uma identidade genuinamente feminina, alternativa à identidade cultural do sistema patriarcal. Ou, mais precisamente, seria transformar a mulher, de objeto, desprovida de linguagem própria, em sujeito, com linguagem e direito próprios. Mas, para tanto, era necessário enfrentar, quase sempre de forma contraditória, os rígidos parâmetros que a sociedade impunha à mulher. Avellaneda enfrentará esse desafio por meio de sua própria pessoa, no âmbito privado—o único então que lhe era permitido—, em sua Autobiografia y cartas.

Tais textos expressam, ao mesmo tempo, segundo Pastor, os conflitos da própria escritora com as normas da sociedade e como a força dessas mesmas normas praticamente impede Avellaneda de reagir e libertar-se totalmente delas por sua própria conta. Em outras palavras, expõem o dilema da escritora cubana que, embora inserida numa sociedade que considerava a mulher objeto, assumiu abertamente o desafio de revelar-se em sua linguagem como sujeito autônomo e essencialmente feminino. Em seu afã de apresentar-se como uma mulher diferente, a escritora acaba por se mostrar como um ser dividido, em constante tensão e contradição com as convenções sociais que a perseguiam e limitavam. Tal fenômeno foi denominado por algumas teóricas feministas de “ansiedade de autoria”, como um sintoma do medo que as escritoras do século XIX experimentaram ao se atreverem a adentrarem no âmbito do mundo masculino.

O primeiro romance de Gómez de Avellaneda, intitulado Sab, de 1841, que narra o caso de um amor impossível de um mulato escravo (Sab) por uma mulher branca, é o foco central do terceiro ensaio do livro, “Discurso de marginación híbrida: género y esclavitud en Sab”. Nele a doutora Pastor pretende demonstrar, distanciandose de algumas outras interpretações críticas dessa obra, que o propósito principal de Avellaneda não foi o de narrar uma história de amor mais ou menos conflitiva e nem o de apresentar uma denúncia premeditada contra a escravidão, mas sim o de afirmar sua ideologia feminista, estabelecendo o paralelismo entre a situação de escravidão da raça negra e o estado de marginalização da mulher branca no seio da sociedade burguesa. Ou seja, com este romance a escritora cubana procurou, de acordo com a autora, estabelecer uma analogia entre a posição dos escravos e a da mulher, constituindo-se um discurso de marginalização híbrida que vincula a posição e a condição social da mulher com a representação do “outro”, nesse caso o escravo. Uma construção híbrida em razão de que esse escravo negro, embora do sexo masculino, é apresentado como um personagem sexualmente ambíguo, uma mescla de masculino e feminino, na medida em que se identifica com a condição social da mulher e questiona, ainda que de forma indireta, os valores patriarcais. Mas também porque esse escravo, na verdade, não é totalmente branco, nem completamente negro, sendo mais uma mescla de branco e negro e de africano e europeu. Por tudo isso, trata-se, segundo Pastor, de um personagem que desafia o discurso masculino dominante. Ainda que Avellaneda não tenha sido obcecada pelo ideal abolicionista, o personagem do escravo teria sido mais um meio ou um instrumento do qual a autora se serviu para proclamar os direitos da mulher e seu desejo de igualdade social.

Dividido entre duas realidades sociais, o escravo Sab não pertencia a nenhuma: se encontrava, como as mulheres, à margem da sociedade, em uma posição de subordinação, carente de poder e de voz própria.

Por fim, no quarto e último ensaio do livro, intitulado “Discurso identitario femenino em Dos Mujeres”, Brígida Pastor analisa outro romance de Avellaneda, Dos Mujeres (1842). Para a autora, este romance, mais do que uma simples crítica à instituição do casamento, representa um dos primeiros discursos feministas em língua castelhana que ataca as convenções sociais que discriminam e oprimem a mulher. A obra narra a história de duas mulheres (Luisa e Catalina) que representam os estereótipos bipolares comuns na sociedade patriarcal cubana: de um lado a mulher “anjo”, tradicional, submissa, carente de toda identidade própria, perfil que caracteriza a maioria das mulheres nesse contexto; e, de outro, a mulher intelectual, culta e liberada, rebelde, pouco convencional, tida pela sociedade como um “monstro”. Para a autora, com esse romance, Avellaneda, identificando-se claramente com a personagem intelectual e transgressora, oferece duas imagens diferentes da mulher do século XIX em sua constante batalha pela expressão de sua própria identidade feminina. Em que pese as diferenças óbvias entre esses dois estereótipos de mulheres, ao longo da narrativa Avellaneda faz com que ambas as personagens terminem por buscar, contraditoriamente, suas respectivas identidades genuinamente femininas.

Com esses quatro ensaios de crítica literária, a professora Brígida Pastor—com a autoridade de uma das mais respeitadas especialistas na obra de Gertrudis Gómez de Avellaneda—nos brinda com um conjunto de reveladoras imagens da realidade feminina do contexto sócio-cultural hispano-americano do século XIX. Analisando e confrontando, de forma minuciosa e crítica, os escritos públicos e privados daquela que foi sem dúvida uma das mais importantes escritoras do mundo hispano-americano do século XIX, Pastor revela, com uma invejável sensibilidade e requinte de detalhes, os traços fundamentais que caracterizaram e marcaram o discurso feminista de Avellaneda. Assim, este livro constitui mais um bom exemplo de como a literatura, sobretudo quando esta constitui uma das raras alternativas e possibilidades de expressão das mulheres sobre suas próprias condições de vida, pode se constituir numa riquíssima via ou caminho para se compreender esse intrincado, complexo e contraditório universo feminino. Tendo como veículo e instrumento a obra literária de Avellaneda, o que Brígida Pastor capta e nos revela é, no fundo, a experiência reprimida e encoberta vivida pelas mulheres cubanas em meados do século XIX e, sobretudo, as entranhas e contradições de um mundo social discriminador e excludente, no qual praticamente todas as suas representações eram limitadas e moldadas por uma arraigada cultura patriarcal e discriminadora.

Eugênio Rezende de Carvalho Universidade Federal de Goiás.


PASTOR, Brígida. El discurso de Gertrudis Gómez de Avellaneda: Identidad femenina y otredad. (Cuadernos de América sin nombre, Centro de Estudios Iberoamericanos Mario Benedetti, 6). Alicante: Universidad de Alicante, 2002, 158 p. Resenha de: CARVALHO, Eugênio Rezende de. Revista Brasileira do Caribe, São Luís, v.6, n.11, p.285-291, jul./dez., 2005. Acessar publicação original. [IF]

 

From Bomba to Hip-Hop. Puerto Rican Culture and Latino Identity | Juan Flores

During the first part of the 1990s, a considerable number of publications on the “Hispanic” or “Latino” experience emerged, but Juan Flores’ book, From Bomba to hip-hop is one of the few scholarly studies to reveal the complexities of Latino identity. In addition, it is a homage that constitutes one of the few pioneer pieces of research on Puerto Rican culture and artistic expression. The title of this book, From Bomba to Hip-Hop, is one that catches the reader’s attention and is more than a phonetic and musical juxtaposition of words. I will try to define this phrase, adopting the author’s definition: “A celebration of the continuity of Puerto Rican Culture” (p. I). Juan Flores’ study lucidly traces the evolving distinctiveness of Puerto Rican culture in both New York and Puerto Rico and the title attempts to combine these locations. Thus, “bomba” refers to the folkloric origins of Puerto Rican popular dance and music, which is the ancestor of the “hip-hop” music that emerged in 1970s and 1980s in the marginalised areas of New York, becoming a prominent feature of Puerto Rican youth culture in New York.

The book is structured in ten rather brief chapters, with a short introduction and a concluding Postscript. The introduction, though brief and anecdotal, is based on Flores’ observations of an event entitled “From Bomba to Hip-Hop” at his Hunter College alma mater.

It addresses many of the issues that the subsequent chapters of the book will deal with and invites us to read more. Although the book does not have a clear connecting thread, each of the chapters is written clearly and leads in to the next, allowing the reader to enjoy a progressive understanding of the main theme of the book.

At the very beginning of the book the reader is introduced to the notion of “popular culture” in a clear manner, Flores defining the concept “popular” as that belonging to the majority of people (i.e. poor and low middle classes, the common people). Flores distinguishes the different meanings that “popular” has acquired over time, convincingly showing how the term has evolved from its earlier definition as the survival of traditions or folklores, to its current definition of “mass culture”.

The most interesting aspect of this scholarly researched book is the account it gives of how Puerto Rican identity has developed in New York, providing an exhaustive description of its national roots, cultural space, musical and literary expressions. Flores continues to argue consistently the shaping of Puerto Rican identity is not defined by geographical, linguistic or behaviour models, but by a close kinship with its origins, the people and the culture that define the genuine self, rather than being defined by its condition in the Diaspora. An important characteristic of this study is the emphasis placed on the Puerto Rican’s experience of being “in between” two cultures, leading in Flores’ opinion to “the possibility of an intricate politics of freedom and resistance” (p. 55). Like Díaz Quiñones in La memoria rota, which analyses the construction and breaking of Puerto Rican nation, Flores emphasises the continuity of the Puerto Rican cultural development in the Diaspora. He gives the eloquent example of the emergence of Spanglish in Puerto Rican culture, as a symbiosis between language and place, between identity and memory. The main idea proposed here is that the apparently fragmented image of Puerto Rican culture is actually connected by a constant process of re-construction, where unity and diversity maintain a robust Puerto Rican identity that is bond by its historical memory.

The book reveals how the cohabitation of diverse ethnic minorities in the Diaspora leads to the emergence of hip-hop, via the interaction between Puerto Ricans and Black youngsters within the shared context of New York, creating a common space for a fusion of African American and Latino musical expression. However the author describes how “this fusion” has obscured Puerto Rican cultural and musical heritage. He supports this hypothesis by referring to the neglect of Puerto Rico’s native Spanish language and to how Latin styles have been subsumed by the American label. Flores expands this issue by highlighting how bands and singers of Cuban, Panamanian, and Ecuadorian origins in the USA have gained fame and popularity as Spanish-language reggae-rap in the Caribbean and Latin America. Whereas New York Puerto Ricans with their hip-hop backgrounds have become dispersed and have lost their Puerto Rican identity. Flores stresses how the prevailing racial hierarchy with which Puerto Ricans find themselves confronted in the American Diaspora can explain the invisibility of this Hispanic community.

The book includes a number of case studies to illustrate its main points, as well as a valuable selection of contemporary Puerto Rican and other Latino rap songs. These lyrics illustrate the innovation and heritage of minorities such as Puerto Ricans, despite their apparent invisibility in New York. In his analysis of the complexities of Latino life, Flores shows that although Latino Studies is a growing area in further education institution in the USA, this has involved a complex and arduous process of development. In other words, the struggle of Latino people to adapt to in the colonial context of North America has been paralleled by the academic struggle encountered in establishing Latino Studies as an independent discipline. In an admirably challenging manner, Flores proposes that Latino Studies should be integrated urgently into academia as a social movement and in the name of human rights. He adds that this also will address the need to awaken awareness of historical memory among Puerto Ricans and other Latino immigrants.

This book undoubtedly represents a comprehensive study of contemporary Puerto Rican culture and is a valuable contribution to the field. Although several studies have already been carried out, these are restricted to mainstream issues in Latino culture. Flores’ book emphasises the complex particularities of Puerto Rican cultural experience and is an insightful exploration of the complexity and contradictions of contemporary Puerto Rican and Latino culture, informed by a contemporary cultural theory. From Bomba to hiphop is a well-researched and valuable work that uncovers many enigmas of “Latinos” in New York and invites us to re-evaluate the issue of Puerto Rican culture and identity in the United States. It undoubtedly provides the groundwork for important studies on ethnic minorities yet to come.

Brígida M. Pastor University of Glasgow.


FLORES, Juan. From Bomba to Hip-Hop. Puerto Rican Culture and Latino Identity. NewYork: Columbia University Press, 2000, 265p. Resenha de: PASTOR, Brígida M. Revista Brasileira do Caribe, São Luís, v.6, n.11, jul./dez., 2005. Acessar publicação original. [IF].

O Brasil Republicano – FERREIRA; DELGADO (RBH)

FERREIRA, Jorge Ferreira; DELGADO, Lucilia de Almeida N. (Org.). O Brasil Republicano. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2003. v.1, 446p.; v.2, 376p.; v.3, 432p.; v.4, 432p. Resenha de: VISCARDI, Cláudia Maria Ribeiro. Revista Brasileira de História, São Paulo, v.25, n.50, july/dec. 2005.

É usual na historiografia brasileira e internacional a organização de publicações que agreguem artigos em torno de um tema comum, principalmente quando esse foi objeto de variadas pesquisas acumuladas ao longo dos anos anteriores. Trata-se não só de um processo de reunião de paradigmas compartilhados, em meio à vasta variedade de enfoques, mas, sobretudo, de uma possibilidade de reflexão sobre o que se avançou, até então, nas pesquisas acerca de um mesmo tema. Em geral, tais coletâneas possuem caráter revisionista. Destaca-se, neste âmbito, a consagrada obra organizada por Sérgio Buarque de Holanda e Boris Fausto intitulada História Geral da Civilização Brasileira. Nela foi reunido um conjunto de artigos — de autoria de variados pesquisadores — separados temática e cronologicamente, disponibilizando aos leitores uma síntese das pesquisas mais recentes publicadas sobre a História do Brasil, naquele período. Essa iniciativa pioneira fazia parte de um projeto concebido na Europa, cujo carro-chefe era a História Geral das Civilizações de Maurice Crouzet e René Taton. Muitos daqueles textos do “HGCB” — conforme a coleção ficou conhecida pelo público leitor — tornaram-se referências obrigatórias para pesquisas posteriormente realizadas, e fizeram parte da formação de boa parte dos historiadores hoje em atividade. O mesmo se pode dizer da coletânea Brasil em Perspectiva, organizada por Carlos Guilherme Mota em 1968, e dos 50 Textos de História do Brasil, publicado em 1974, sob a coordenação da Professora Dea Ribeiro Fenelon, para citar apenas dois exemplos mais marcantes. Todas essas iniciativas revelavam o vigor da produção historiográfica brasileira, expondo as mais recentes reflexões da academia nacional sobre os diversos períodos de nossa História.

A década de 1990 deu continuidade à reunião de grandes sínteses, desta vez, mais preocupada em atingir um público mais amplo, o dos professores e estudantes do ensino médio, propiciando-lhes o acesso às revisões historiográficas mais recentes sobre temas clássicos da História do Brasil. Aqui destacamos a iniciativa da Professora Maria Ieda Linhares, responsável pela organização de A História Geral do Brasil, que abarca os períodos colonial, imperial e republicano até o ano de 1984. Francisco Iglesias, prefaciando a obra, já apontava para o seu caráter inovador, afirmando ter sido a primeira iniciativa a incorporar na renovação do ensino de História o que mais avançado se escrevia sobre a História do Brasil.

Com a virada do milênio, duas obras inauguram a sistematização de textos organizados por períodos cronológicos, tendo por base exclusivamente o período republicano. Trata-se de A República no Brasil de Ângela de Castro Gomes, Dulce Pandolfi e Verena Alberti (2002), e a Coleção, objeto desta resenha, O Brasil Republicano, organizada pelo Professor Jorge Ferreira, da Universidade Federal Fluminense, e pela Professora Lucília Neves Delgado, da Universidade Federal de Minas Gerais e, atualmente, da PUC-Minas.

A coleção O Brasil Republicano apresenta um caráter bastante inovador por ser mais plural em relação às anteriormente citadas. Este pluralismo resulta da diversidade de formação e atuação profissional dos quarenta e quatro autores reunidos em torno do tema. Pela primeira vez no Brasil, agregam-se historiadores vinculados a vinte e quatro instituições de ensino superior e/ou centros de pesquisa diferentes e que atuam em dez estados da Federação. Claro que isto só foi possível em razão do crescimento e da descentralização da pesquisa e da pós-graduação em História, ocorridos nas duas últimas décadas, e da agregação dos pesquisadores nos eventos científicos nacionais promovidos pela Associação Nacional de História (ANPUH) e demais associações existentes. Esse pluralismo, afortunadamente, não resultou na junção de análises regionais. O que surpreende é que autores das mais diversas regiões do país reuniram-se para discutir eixos temáticos nacionais, independentes das regiões em que se originaram ou nas quais atuam.

A pluralidade reflete-se, também, na variedade de enfoque dos temas que compõem os artigos. Segundo os organizadores afirmam, o eixo central é a questão da cidadania, desdobrada em dois sub-eixos, a saber: o cerceamento da prática cidadã e a resistência contra a exclusão política e social. Em todos os volumes o leitor poderá encontrar textos que enfocam, direta ou indiretamente, a questão da cidadania. Para o atendimento das discussões acerca desta temática, os artigos foram divididos cronologicamente em quatro períodos, seguindo a tradicional divisão proposta pela História Política Brasileira: primeiro volume: O tempo do liberalismo excludente (1889-1930); segundo volume: O tempo do nacional-estatismo (1930-1945); terceiro volume: O tempo da experiência democrática (1945-1964); e quarto volume: O tempo da ditadura (de 1964 a fins do século XX). A opção pela divisão tradicionalmente usada como referência se justifica pelo público alvo ao qual se destina a obra: alunos de graduação e alunos e professores de ensino médio. Não só os programas ou matrizes de competência do ensino médio se organizam a partir dessa cronologia republicana, como também, a maior parte dos nossos currículos de graduação o faz.

Assim, os quarenta e dois artigos que compõem a coleção apresentam uma interessante diversidade temática. Em seu conjunto existem dezenove artigos de História Política, nove de História Cultural, oito de História Social e cinco de História Econômica. O volume dois apresenta uma divisão mais eqüitativa, propiciando ao leitor uma visão bem diversificada dos acontecimentos do período. Nele, o leitor poderá encontrar reflexões sobre o Integralismo, sobre as experiências comunistas, sobre a política cultural do Estado Novo, sobre a organização das classes trabalhadoras, sobre a política-econômica predominante no período, além de textos excelentes sobre os intelectuais, a literatura e o cinema, por exemplo. Em todos os volumes ocorre uma distribuição mais ou menos eqüitativa entre esses campos de atuação dos historiadores. A concentração em História Política é, porém, bastante nítida. Mas, reflete a produção nacional da área sobre o período republicano. Além do que, por se tratar de uma análise sobre a História Contemporânea brasileira, associa-se naturalmente à História Política, em razão de ter esta, por objeto, eventos de mais curta duração. Essa opção não fragiliza, de maneira alguma, o conjunto da obra. Ao contrário, nos dá um retrato fiel dos resultados das pesquisas mais recentes sobre o período.

Segundo os organizadores da obra, ela tinha por um de seus objetivos principais o de disponibilizar em uma só coleção um conjunto de informações importantes para a formação de alunos que, em geral, têm dificuldade em adquirir livros. Acredito que o fim seja nobre e que os organizadores foram felizes em fazer esta opção. Ao mesmo tempo, destacam que a coleção tinha por propósito apresentar ao público vinculado ao ensino médio a oportunidade de ter acesso às renovações historiográficas, resultantes de pesquisas recentes produzidas pelas universidades. Este objetivo também é muito louvável, dado que a maior parte dos professores de História do Brasil se “atualiza” com base nos livros didáticos a que têm acesso, os quais, na grande maioria das vezes, demoram muitos anos para incorporar as mais recentes pesquisas produzidas pela academia. Ambos os objetivos foram atingidos.

Destaca-se na obra a inclusão, ao fim de cada volume, de uma bibliografia geral bastante atualizada e de uma filmografia, composta de uma relação de títulos com suas respectivas fichas técnicas. Este material será certamente de grande valia para professores e alunos de História em seus mais diferentes níveis.

Mas uma resenha não se faz só de reconhecimento de mérito. É preciso destacar os problemas para o aperfeiçoamento de iniciativas como essa. O primeiro problema observável é a dificuldade encontrada pelos organizadores em agregar um número muito grande de temas e pesquisadores sem que deixassem de ocorrer repetições de conteúdo ou até mesmo algumas contradições entre artigos em um mesmo volume. No primeiro volume esse problema esteve bem visível. O período que se interpõe entre a proclamação da República e a gestão de Campos Salles foi abordado factualmente em pelo menos cinco artigos diferentes. Em alguns deles, o eixo central (Cidadania) sequer foi tangenciado. Para uma leitura de artigos em separado, esse problema desaparece. Mas, para uma leitura do conjunto da obra, ele se torna muito evidente.

Um segundo problema a ser destacado é que nem todos os articulistas conseguiram atingir o objetivo proposto, ou seja, levar ao público leitor um conhecimento atualizado sobre o seu objeto. Alguns artigos limitaram-se a resenhar produções historiográficas já revistas, repetindo conteúdos que ainda se encontram presentes nos livros didáticos. Isso ocorreu, sobretudo, nos textos que não resultaram de pesquisas empíricas de seus próprios autores ou naqueles que se limitaram a resumir pesquisas antigas anteriormente feitas por eles próprios, mas que já foram revistas por outros que lhes sucederam, sem que as revisões tivessem sido incorporadas ao novo texto. Este problema, porém, encontra-se em poucos artigos e não prejudica a qualidade do conjunto da coleção.

Um terceiro problema detectado foi a ausência de ilustrações suficientes em artigos cujos objetos eram as próprias imagens. Muito embora reconheçamos as dificuldades impostas pelos editores visando ao barateamento da obra, as ilustrações, em alguns casos, eram indispensáveis ao entendimento dos objetivos dos autores.

Por fim, o ideal era que cada livro contivesse uma apresentação específica, ou seja, um texto introdutório responsável pela “amarração” dos artigos. A presença de uma apresentação específica para cada um dos quatro volumes auxiliaria o leitor a relacionar os diferentes temas abordados a respeito de cada período e poderia apresentar uma visão geral introdutória que facilitaria muito o acompanhamento dos textos, principalmente quando o leitor for o estudante de ensino médio.

A despeito desses problemas, como leitora e principalmente como professora de graduação em História, considero essa obra um relevante trabalho de síntese que pretendo recomendar a meus alunos e colegas. Certamente, contribui para atenuar uma das maiores dificuldades da área de Ciências Humanas no Brasil: a precariedade de nossas bibliotecas e a falta de recursos financeiros de nossos alunos. E consegue, na maior parte dos temas, oferecer ao leitor uma leitura agradável e atualizada acerca de temas clássicos da História Republicana.

Ao mesmo tempo, considero essa Coleção um marco na historiografia brasileira pelo seu caráter inovador e pluralista. A diversidade regional de seus autores e a variedade temática refletem uma convivência possível e harmônica de nossa comunidade acadêmica, rompendo com guetos e descortinando novos horizontes para jovens historiadores que, mesmo estando fora do eixo Rio—São Paulo, demonstram a pujança da historiografia nacional recente.

Cláudia Maria Ribeiro Viscardi – Universidade Federal de Juiz de Fora — UFJF.

Acessar publicação original

[IF]

Relatos do descobrimento do Brasil — as primeiras reportagens – GUIRADA (RBH)

GUIRADA, Maria Cecília. Relatos do descobrimento do Brasil — as primeiras reportagens. Lisboa: Instituto Piaget, 2001, 305p. Resenha de: NOELLI, Francisco Silva. Revista Brasileira de História, São Paulo, v.25, n.50, july/dec. 2005.

O diário de Pero Lopes de Sousa, escrito entre 1530 e 1532, é uma fonte de grande importância para a história da fase inicial de exploração do Brasil meridional e da foz do rio da Prata, sendo o segundo documento oficial português conhecido a ser escrito em terras brasileiras. Foi descoberto na Biblioteca Real do Paço da Ajuda, em 1839, depois de estar “escondido” por cerca de trezentos anos. O diário teve dez edições em língua portuguesa, entre 1839 e 1989, mas apenas três foram realizadas a partir da transcrição direta do manuscrito encontrado na Ajuda, a saber: 1) 1839, por Francisco Adolfo de Varnhagen; 2) 1956, por Jaime Cortesão; 3) 1968, por Jorge Morais-Barbosa. Todavia, o códice não é o diário original, mas uma “cópia incompleta e pouco cuidada do que teriam sido as anotações de Pero Lopes”, escrita com letra do século XVI.

A 11ª edição do diário, publicada em Portugal no ano de 2001, por Maria Cecília Guirado, é a melhor de todas, por tratar-se da primeira edição crítica do manuscrito da Ajuda e por apresentar ao leitor, especialista ou leigo, uma série de informações relevantes sobre o contexto da viagem e da redação do diário de Pero Lopes. Esta avaliação resultou de uma cuidadosa e erudita abordagem interdisciplinar, muito contemporânea, entre jornalismo, filologia, semiótica e história, mais o suporte da paleografia, com objetivo de “dar um tratamento jornalístico-semiótico … sem esquecer-se de retirar destes textos quadros significativos sobre a evolução das relações de alteridade, do enfrentamento civilizacional entre indígenas e portugueses”. Além do diário, Guiarado apresenta duas análises curtas, mas importantes abordagens jornalísticas da carta de Pero Vaz de Caminha, escrita em 1500, e da História da Província de Santa Cruz, publicada em Lisboa por Pero de Magalhães Gandavo, em 1576.

O enfoque central da obra é a questão da comunicação no período do descobrimento, sobre os objetivos dos cronistas ao elaborar suas narrativas e relatórios de viagem. Da competente análise de Guirado, vimos surgir um contexto em que os navegadores e os encarregados de tomar posse das novas terras estavam muito preparados em relação aos conhecimentos da época. Vemos exemplos de matemáticos portugueses, como Pedro Nunes, que em 1537 estava preocupado em aliar teoria e prática, escapando do empirismo utilitário: “manifesto é que estes descobrimentos de costas, ilhas e terras firmes não se fizeram indo a acertar, mas partiam os nossos mareantes muito ensinados e providos de instrumentos e regras de astrologia e geometria, que são as cousas de que os cosmógrafos hão-de andar apercebidos”.

A edição crítica do diário de Pero Lopes é, sem dúvida, a grande contribuição de Guirado às pesquisas e aos pesquisadores dos descobrimentos portugueses. Antecedendo a transcrição paleográfica, vemos uma descrição detalhada do códice da Ajuda, a história completa das dez edições anteriores e a explicitação pormenorizada dos critérios usados na transcrição paleográfica, uma verdadeira aula para orientar iniciantes e profissionais em tarefas dessa natureza. A transcrição é acompanhada de várias notas de rodapé, com esclarecimentos pertinentes, e dos símbolos utilizados nos códigos de transcrição da topografia do manuscrito. Da mesma maneira procede na explicação detalhada dos fundamentos teóricos e dos procedimentos práticos utilizados para elaborar os critérios da edição crítica, incluindo regras para “regularização da epiderme gráfica” e aspectos para fixação da ortografia, em outra aula construída com erudição e fluidez literária.

O texto crítico do códice vem acompanhado de notas de rodapé com explicações sobre detalhes da redação e, com muita propriedade, do cotejo in loco com as variantes de texto encontradas nas edições anteriores. A autora explica que, ao fazer tal procedimento, as anotações “poderão ajudar o leitor a compreender o processo desta edição crítica”.

O texto crítico é seguido por um glossário de “termos de marinharia”, do “léxico comum caído em desuso e outros termos”, dos personagens citados e dos topônimos, baseado em atestações buscadas no mais completo conjunto de obras sobre os referidos assuntos. A inclusão desse aparato é de grande valia, pois é um complemento fundamental para a compreensão exata e completa do diário.

Se a edição crítica realizada por Maria Cecília Guirado passará a figurar como a melhor publicação do diário, é preciso lembrar que a segunda edição de Eugênio de Castro (1940) é a mais completa análise e interpretação, talvez definitiva, sobre o itinerário descrito no diário de Pero Lopes de Sousa. Ambas as obras, em razão do alto nível alcançado pelos seus autores, devem ser consideradas como consulta obrigatória para aqueles que pesquisam sobre as primeiras décadas da presença portuguesa na América do Sul.

Francisco Silva Noelli – Laboratório de Arqueologia, Etno-História e Etnologia, Universidade Estadual de Maringá – UEM.

Acessar publicação original

[IF]

Fear & Memory in the Brazilian Army & Society – SMALLMAN (RBH)

SMALLMAN, Shawn C. Fear & Memory in the Brazilian Army & Society. Chapel Hill & London: University of North Carolina Press, 2002, 265p. Resenha de: IZECKSOHN, Vitor. Revista Brasileira de História, São Paulo, v.25, n.50, july/dec. 2005.

A influência do exército na política brasileira se estende da segunda metade do século XIX até o início da década de 1980. A abrangência das intervenções militares esteve sujeita a debates intermináveis, a maioria dos quais procurou explicar as causas do golpe militar de 1964 e os 21 anos de ditadura que se seguiram por meio dos conflitos do final do período monárquico, especialmente a chamada “Questão Militar”. Para isso muitas vezes procurou-se encontrar as raízes da intervenção militar, que foram identificadas em aspectos particulares da vida da instituição, destacando-se aí os estudos sobre a formação educacional dos oficiais e as pesquisas sobre suas alianças com os aliados civis, em geral aqueles incompatibilizados com a democracia.

Os arranjos internos e informais que moldaram boa parte do comportamento dos oficiais não constituíram um tema central para os historiadores da instituição. O livro em questão tenta preencher essa lacuna. Fear & Memory in the Brazilian Army & Society, do historiador norte-americano Shawn C. Smallman, baseia-se na utilização de fontes manuscritas inéditas e em entrevistas com militares de facções diferentes, buscando enfatizar o papel desempenhado pelas estruturas informais que moldaram ambos: o comportamento político do exército e a versão institucional de sua história. O autor define essas estruturas como “as regras não escritas, organizações, convicções e crenças que moldam o poder sem sanção oficial ou recursos governamentais” (p.5).

Smallman analisa a gênese e a consolidação das estruturas informais durante o período de 1889 a 1954. Partindo de uma posição secundária durante a maior parte do período monárquico, o exército pôde derrubar o regime e proclamar uma República em nome da ordem e do progresso. Apesar do seu papel proativo no golpe de 1889, faltou ao exército, durante décadas, um programa claro para unificar facções diferentes em torno de algumas demandas básicas. Essa debilidade institucional tornou a luta para manter o controle hierárquico sobre os soldados, suboficiais e oficiais rebeldes uma tarefa muito mais violenta e personalizada do que normalmente se supõe. De fato, na falta de uma ideologia militar consistente, influências externas, divergências pessoais e divisões políticas constantemente debilitaram a realização dos procedimentos formais, sujeitando o exército à instabilidade. Smallman argumenta que, em resposta a essa vulnerabilidade, aqueles que ocuparam o topo da hierarquia constantemente empregaram a violência, a tortura e o suborno para controlar a instituição.

Os procedimentos que possibilitaram à hierarquia forjar sua própria versão da memória institucional do exército devem muito ao medo e à prática do esquecimento. Muitos episódios de violência, assim como acusações de corrupção, foram apagados da história oficial. Outros episódios, como a revolta de 1935, foram convenientemente manipulados para justificar os meios brutais de punição das facções derrotadas. Outros ainda, como a repressão sistemática aos membros da facção nacionalista, desapareceram dos registros.

O livro contesta a visão de um exército unido e coeso, deixando clara também a extensão de preconceito racial no interior da instituição. De acordo com Smallman, desde a década de 1920, foram poucas as oportunidades para a ascensão de suboficiais, um caminho que contrasta com a situação dos primeiros anos da República. Além disso, negros, judeus e outras minorias foram sistematicamente discriminados nas seleções para o oficialato. As evidências apresentadas vão contra o discurso histórico/institucional que vê o exército como um oásis para as boas relações entre brasileiros de todas as classes, cores e credos.

Outro ponto polêmico tratado pelo livro é a caracterização de relações pessoais como o recurso fundamental para a construção de alianças e a formação de grupos políticos. Este aspecto é particularmente bem delineado na descrição do processo em que a hierarquia passou de uma posição estatista, calcada na defesa do papel proativo do Estado na atividade econômica, para um posicionamento mais internacionalista no decorrer da década de 1940, no rescaldo da aliança militar com os Estados Unidos (capítulos 3 e 4). Partindo de uma pesquisa minuciosa em fontes primárias, ancorada a uma síntese bem feita da literatura, Smallman demonstra que o pragmatismo e as alianças pessoais foram geralmente muito mais essenciais à formação de facções que a identificação ideológica ou um sistema de convicções. De fato, os oficiais do exército eram menos dependentes das conexões políticas externas que os civis trabalhando em posições estatais, mas esta situação, por si só, não constituiu um antídoto contra um nível alto de clientelismo endógeno. Nem o exército foi uma instituição total, isto é, fechada em si mesma e dotada de uma mentalidade inteiramente independente do contexto externo, nem os seus procedimentos funcionais conseguiram ser inteiramente burocratizados.

O ponto central do livro é o destaque dado ao papel da corrupção no estabelecimento de vínculos pessoais entre os altos escalões da hierarquia, a alta burocracia e os interesses empresariais. A corrupção militar sempre foi tolerada pelas elites civis, na medida em que era vista como uma fraqueza que poderia ser funcional para a subordinação do exército. Porém, a ascensão de oficiais para posições estratégicas nos empreendimentos estatais aumentou a escala da corrupção, reforçando as ligações entre esses oficiais e setores da comunidade empresarial. A instituição de tribunais especiais e o uso habitual da coação, freqüentemente imobilizaram qualquer tentativa de investigação, tornando a corrupção uma atividade segura para os oficiais que estavam no topo da carreira. Neste aspecto particular, o livro poderia ter discutido um pouco mais as relações entre as facções militares e os partidos políticos estabelecidos durante o regime de 1946. Isto teria permitido um melhor delineamento entre a corrupção propriamente dita e o acesso a posições de poder na estrutura estatal, especialmente a presidência e as diretorias de autarquias. Talvez não fosse o propósito do autor vincular esses aspectos às estruturas externas, mas o exército não se encontrava num vácuo e um pouco mais de debate sobre as conexões não prejudicaria sua argumentação, mesmo que o objetivo continuasse sendo o de manter o foco nos condicionamentos internos e na coesão do grupo. Mais atenção para a política nacional teria reforçado os aspectos informais particulares da instituição durante esses anos cruciais, contrariando tendências tradicionais que minimizam a importância da experiência democrática de 1946. Qual foi o papel da politização das facções nas disputas internas entre os nacionalistas e internacionalistas? Como esses oficiais percebiam o seu papel como coadjuvantes nas disputas político-partidárias da época? A simples redução da competição às polaridades da guerra fria não é capaz de dar conta da extrema complexidade política do período, da qual a corporação não se encontrava alheia.

Fear & Memory fornece uma descrição detalhada sobre as motivações dos oficiais do exército durante a segunda metade do século XX. A arqueologia das estruturas informais presta especial atenção para as reordenações internas no intuito de explicar a ação militar, mostrando que a amnésia coletiva permaneceu como a política oficial do exército durante anos. O trabalho localiza os sinais de descontentamento do exército na Guerra do Paraguai, analisando a política da instituição ao longo do processo que desembocou no envolvimento com a modernização autoritária e com o anticomunismo feroz das décadas de 1940 e 1950. Nessa perspectiva, a violência sistematicamente empregada contra os civis durante a longa ditadura 1964-1985 teria sido primeiramente gestada no interior da própria instituição, através de uma ação de contenção sistemática dos soldados e dos dissidentes. Vale perguntar se a pesquisa precisaria descer a um passado tão distante quando seu foco estava concentrado nos anos 40. A ênfase na longa duração nem sempre é compatível com a análise da estrutura de alianças pessoais e do oportunismo individual, enfatizados pelo autor, e acaba reproduzindo a tendência tradicional de buscar as origens da crise na Questão Militar.

Apesar destas ressalvas, o livro apresenta perspectivas novas para o estudo de muitos aspectos internos da instituição, mostrando que a complexidade dos eventos pode ser deslocada muitas vezes para as paixões e motivações pessoais, sinalizando para a importância do desígnio humano na análise dos obstáculos que esse setor da burocracia estatal estabeleceu para impedir o exercício pleno da democracia.

Vitor Izecksohn – Universidade Federal do Rio de Janeiro — UFRJ.

Acessar publicação original

[IF]

Imagem e persuasão: ensaios sobre o barroco | Giulio Argan

Giulio Carlo Argan (1909-1992) certamente constitui-se como uma das raras exceções onde a atuação política no exercício de cargos públicos não comprometeu a vida intelectual. Prefeito de Roma entre 1976 e 1979, senador eleito pelo Partido Comunista italiano em 1983 – cargo que exerceu por duas legislaturas – e catedrático de História da Arte Moderna na Universidade de Roma a partir de 1959, foi dos mais produtivos dentre os historiadores da Arte de sua geração, que inclui nomes como Ernst H. Gombrich, H. W. Janson e André Chastel. Seus estudos se estenderam por uma gama enorme de temas, que vão do Trecento italiano à Bauhaus, do Românico à Arte Moderna, de Fra Angelico a Caravaggio. Na verdade, alguns de seus livros são obras fundamentais quando se fala de Historiografia e Crítica de Arte produzida no século XX: História da Arte como História da Cidade[2]; Clássico Anticlássico[3]; Arte Moderna [4] e História da Arte Italiana[5] são apenas alguns de seus principais trabalhos, numa extensa lista iniciada ainda na década de 30. Leia Mais

A Guerra dos Bárbaros: resistência e conflitos no Nordeste colonial | Maria Idalina da Cruz Pires

Resenhista

Anna Maria Ribeiro F. Moreira da Costa – Pesquisadora da Fundação Nacional do índio. Professora do Centro Universitário – UNIVAG, Membro do Instituto Histórico e Geográfico de Mato Grosso. Doutoranda em História pela Universidade Federal de Pernambuco.

Referências desta Resenha

PIRES, Maria Idalina da Cruz. A Guerra dos Bárbaros: resistência e conflitos no Nordeste colonial. Recife: Editora da Universidade Federal de Pernambuco, 2002. Resenha de: COSTA, Anna Maria Ribeiro F. Moreira da. História Revista. Goiânia, v.10, n.1, p. 187-193, jan./jun.2005. Acesso apenas pelo link original [DR]

La Tirana del Tamarugal – ATENCIO (C-RAC)

ATENCIO, Lautaro Núñez. La Tirana del Tamarugal. Antofagasta: Universidad Católica del Norte, Ediciones Universitarias, 2004. 173p. Resenha de: HASCHE, Renato S.J.; CAMUS, Misael. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.37, n.1, p. 96-97, jun. 2005.

Comentario de Renato Hasche. SJ*

La Tirana es un evento que interesa al teólogo, al historiador y al antropólogo cultural. El tema de la inculturación religiosa, planteado por la antropología, ha ingresado en la reflexión teológica desde el Concilio Vaticano II, cuando destaca que “múltiples son los vínculos que existen entre el mensaje de salvación y la cultura humana. Dios, en efecto, al revelarse a su pueblo hasta la plena manifestación de Sí mismo en el Hijo encarnado, habló según los tipos de cultura propios de cada época” (GS,58).

Un centro de aglomeración y, a la vez, foco de irradiación cultural-religiosa ha sido la Tirana del Tamarugal. Este santuario mariano, en el centro de la Primera Región de Chile, es un fenómeno especialmente típico de inculturación. Lo mítico originario, el flujo étnico andino, la emergente nacionalización de sus rasgos, y todo esto impulsado hoy por una fe cristiana a prueba de distancias desérticas, de climas calcinantes o gélidos, se manifiesta cada año en una colorida mezcla de lenguajes.

Consciente de la riqueza y complejidad del tema, el investigador Lautaro Núñez le ha dedicado años de observación, reflexión y análisis desde la perspectiva de su especialidad. El departamento de Teología de la Universidad del Norte acoge los resultados de su indagación, considerándolos un valioso aporte para entender la fe cristiana en el ámbito del Norte Grande chileno.

Comentario de Misael Camus. **

La obra que comentaremos La Tirana del Tamarugal, del Dr. Lautaro Núñez A., Premio Nacional de Historia, año 2002, académico de la Universidad Católica del Norte, se constituirá entre los referentes historiográficos más importantes sobre la religiosidad mariana popular no sólo en cuanto a un estudio profundo sobre el desarrollo de esta devoción con asiento en el poblado de la Tirana, en la Región de Tarapacá, sino para toda la expresión religiosa tanto de Chile como de América Latina.

La obra contiene variados méritos que es necesario comentar, con el objeto que el lector descubra los diferentes hilos conductores de esta investigación.

A través de los distintos capítulos es posible seguir, desde tiempo muy remoto, la devoción del culto a la Virgen del Carmen, hasta lograr situar la instalación y desarrollo en el entorno geográfico de La Tirana. El autor, con abundantes datos, precisa la descripción de los bailes religiosos: mascaradas, morenos, chunchos, pastoriles y chinos. En este sentido, el lector podrá individualizar el origen de los mismos tanto desde sus fuentes hispánicas como de las etnias originarias o trasplantadas en América, es decir, el origen español, indio, criollo, mestizo y negro. Incluso hay precisiones extremadamente delicadas como son las referencias a los instrumentos musicales de los mismos. Desde esta perspectiva amplia, también es interesante subrayar que en la obra se esboza una historia económica de la zona, yendo desde la explotación del tamarugo, el carbón, el salitre y la aceituna.

Los aportes más significativos son, sin duda, aquellos que tienen relación con el origen de la devoción mariana en su advocación de la Virgen del Carmen. En este sentido es loable resaltar los aportes de la obra en los siguientes aspectos: El autor precisa, con abundantes fuentes documentales, el itinerario tanto de la devoción carmelitana como de los bailes religiosos en ese entorno. Entre estos últimos sobresalen los Bailes Chinos. Esta precisión histórica del desarrollo de La Tirana, como centro de culto mariano, se concentra desde 1830 hasta el presente. Esto significa que el autor observa la consolidación del centro cultural en este tiempo, es decir, logra precisar cómo a través de más de una centuria, siglo XVII, la devoción se incubó lentamente hasta lograr su solidez. Para ello, recurre a fuentes documentales que muestran la vinculación de la devoción a familias y, por otro lado, expone la articulación del relato primordial sobre su origen, con antecedentes hispánicos y originarios. En esta perspectiva son iluminadoras las hipótesis, pues se constituyen en un gran aporte en la actual comprensión del desarrollo de la devoción, haciéndola más nítida y transparente tanto en el conocimiento del fenómeno religioso como en la comprensión de la importancia de este centro mariano. En esta línea de tiempo, iniciada en 1830, el investigador establece varios períodos de desarrollo. El primero es aquel que cubre desde 1830 a 1860, coincidente con la explotación del tamarugo, iniciándose la consolidación de la devoción; luego, el tiempo que va desde 1868-1886, cuando sobresalen los hitos como el terremoto de 1868 y la construcción del nuevo templo para el “mundo” salitrero. Sin duda, la etapa 1910-1820 es un tiempo que profundiza la importancia del lugar por el crecimiento económico del sector, con la incorporación de cabreros, arrieros, hacheros, leñeros y agricultores. Finalmente, concentra todo el esfuerzo documental en precisar que desde 1930 a 1950 se aprecia la consolidación definitiva del centro cultural, con el aumento significativo de los bailes religiosos, tanto que define estos años como de la “explosión” de los bailes religiosos. Otros aspectos relevantes del trabajo de este historiador, antropólogo y arqueólogo, son las profundidades que logra en sus descripciones de la fiesta misma: nos revela la articulación compleja del culto a la Virgen del Carmen, describiendo la estructura religiosa que se crea en torno a la Virgen: camareras, centinelas y alféreces. Las descripciones de fuentes inéditas y orales, son preciosas. La dimensión religiosa propiamente tal el autor la desarrolla con delicadeza y respeto a la misma y, de tal forma, que a través de un adecuado conocimiento de las fiestas religiosas logra individualizar cómo el cuerpo doctrinal cristiano va penetrando en la comunidad. Así se tiene la constante referencia a la fiesta de Corpus, a los Patronos, Santos, Ángeles, y la espiritualidad básica del proceso evangelizador: pecados capitales, ofrendas por la vida y el trabajo.

Es de esperar que estos comentarios a la obra de nuestro querido Lautaro Núñez sirvan al lector para recorrer los capítulos de este estudio. Resta sólo felicitarlo por este aporte.

El lector, creyente especialmente, podrá encontrar más de alguna osada hipótesis antropológica; éstas son propias de los investigadores, pero en cuanto creyente debe aprender a valorizar el legítimo anhelo de todo investigador de acercarse lo mejor posible a la verdad científica y, por otro lado, extraer de estos estudios aquello que les permite profundizar su visión de fe, pues así su visión se hará más transparente, más rica y plena de espiritualidad. No cabe duda que en este estudio no sólo se encuentran hipótesis científicas. Ante todo Lautaro nos lanza en la profundidad de la reflexión sobre nuestra fe, especialmente cuando en más de alguna referencia documental oral Lautaro cita a su propia madre, una camarera de la Virgen, quien, por una parte, le transmitió las tradiciones de uno de los cultos marianos más importantes del Chile andino, y por otra, su devoción a la virgen.

Notas

Renato Hasche S.J. – Prólogo de la primera edición, 1992, cuando don Renato Hasche era Director del Departamento de Teología, Universidad Católica del Norte.

Misael Camus – Rector Universidad Católica del Norte, prólogo a la presente edición de 2004.

Acessar publicação original

[IF]

 

El Dios Cautivo. Las Ligas Patrióticas en la chilenización compulsiva de Tarapacá (1910-1922) – MIRANDA (C-RAC)

MIRANDA, Sergio González. El Dios Cautivo. Las Ligas Patrióticas en la chilenización compulsiva de Tarapacá (1910-1922). Santiago: LOM Ediciones, 2004. Resenha de: ATENCIO, Lautaro Núñez; PRIETO, Carlos Maldonado. Chungara – Revista de Antropología Chilena, Arica, v.37, n.1, p. 98-101, jun. 2005.

Comentario de Lautaro Núñez Atencio*

Recién hemos terminado de leer esta otra obra del historiador Dr. Sergio González Miranda, quien con su proverbial rigurosidad, despliega una notable factografía, para aquello que nos ha acostumbrado en todos sus escritos, esto es, su rigor en el buen manejo de las fuentes, que dan cuenta de hechos tan sólidamente documentados, que pareciera que en sí mismos estos archivos lo conducen, en este caso, a la revelación del episodio más aterrador que se recuerde de violencia estatal y civil, ejercida sobre la sociedad peruana de la postguerra salitrera. Algo se sabía de las persecuciones de las así llamadas “Ligas Patrióticas”, ocurridas a comienzos del siglo XX, entre archivos medio ocultos y voces acalladas, primero en la clandestinidad y luego en la pena de sentirse exiliados en lo que recién había sido su propia tierra.

Desde el título queda claro que se trata de sucesos dramáticos ocurridos en la comarca tarapaqueña, como si aquel Dios Cautivo anterior a los Incas, el travieso Tarapacá, hubiera marcado para siempre el destino de la región, trasladándose hacia la Colonia cuando el Señor Cristiano es abatido y cautivo por los Moros del autosacramental de La Tirana y se libera al fin de los diablos figurines para transformarse luego en la sociedad tarapaqueña. Esta vez cautivo en las provincias que pasaron a ser chilenas y que para desperuanizarlas cayeron en manos de los demonios xenófobos organizados en un movimiento pronacista orientado a martirizarlos y expulsarlos por vencidos, cholos y complotadores. Por lo mismo, es un segmento gris de una historia regional no incluida en las Historias Generales y que sería irrepetible y casi incomprensible en las “otras” regiones enmarcadas en el modelo del “Reyno” de Chile.

Ahora se puede entender de dónde viene ese afán integracionista y bolivariano del autor, quien, como sujeto y objeto de su propia historia, recoge a sus hermanos de los países vecinos, porque él sabe que esta comarca fue construida por indios, negros, españoles, criollos y mestizos desde la colonia, y que la modernidad salitrera atrajo a emigrantes andinos y europeos como trabajadores o capitalistas, es decir, todos en la construcción de una región llamada multiétnica y plurinacional. Comparable a una “California” en donde al menos sus trabajadores tenían trabajo estable, alimentación suficiente y educación para sus niños, además de otra oficina cercana para rearmar su “payasa” sin descontar ese juego moderno que los ingleses de la pampa llamaban football…

El autor nos llevará a la identificación de una comarca con un destino minero-colonial y decimonónico, sostenida por la pujanza de familias criollas y peruanas de esa naciente nación que con sus gentes tarapaqueñas iniciaron la asombrosa conquista de la pampa salitrera, espacio nunca ocupado, ni siquiera por los pueblos indígenas. Así, nos enseñaron a crear riqueza, fundar pueblos en el medio de la nada y de paso inaugurar los primeros puertos que establecerían las conexiones capitalistas con los mercados más importantes del primer mundo de esa época.

Claramente, la sociedad tarapaqueña no tenía pares en el Perú Rural, preñado de suspiros limeños y estilos de vidas coloniales. Los tarapaqueños no sólo pusieron sus viñas y fincas al servicio de una explotación minera a escala industrial, sino que asimilaron rápidamente las influencias ejercidas localmente por el arribo de agentes de cambios capitalistas y tecnológicos, que implantaron en este escenario las virtudes de la revolución industrial inglesa.

Así era la sociedad tarapaqueña derrotada de la guerra, emprendedora y responsable del tremendo sacudón ejercido sobre las tradiciones culturales y tecnológicas, derivadas del régimen colonial y su ascenso a la más moderna explotación salitrera, como los más genuinos pioneros, constituyendo una identidad absolutamente particular, distante y distinta del resto del Perú, siempre asociada a un sentimiento de lealtad territorial sea cual fuere el destino de las campañas militares. ¿Cómo “desperuanizar” entonces a un sentimiento tarapaqueño que ya cumplía cerca de 400 años de memorias compartidas, entre oasis y desiertos aislados, en el confín más inalcanzable tanto colonial como republicano? ¿Cómo destruir la imagen de pertenencia de la más autónoma y progresista comarca surperuana?

De esta lectura se desprende que si bien es cierto la guerra entre guerreros de verdad término por el año 1883 con la campaña de la sierra, esta otra guerra interior, civil y solapada, destinada a expulsar a una población no intrusa ni conquistadora, sino la verdadera dueña de casa, recién se iniciaba por el año 1910. Era la gran fiesta del centenario de Chile y la exaltación del recurrente hipernacionalismo cayó al desierto de tal manera, que hasta, incluso, en los santuarios católicos se elevó el Himno de Yungay… y fue entonces que se procedió a aplicar la más grande limpieza étnica que se recuerde en la historia patria, sustentada por el poder de los vencedores tras una política deliberada de violencia institucionalizada.

Sergio, el más dilecto iquiqueño e historiador de nacimiento, se filtró entre los archivos y testimonios vivientes, porque él sabe recorrer todas las metodologías de las ciencias sociales no como divertimentos teóricos, sino como instrumentos objetivos para revelar reconstrucciones reales con “carne y hueso” en el decir de Sonia Montecinos… y después de recorrer todos los escenarios de estos tristes sucesos casa (o) a casa (o), lugar por lugar, gente a gente, nos abre esta ventana indiscreta que nos deja ver por primera vez aquello que se rumoreaba en voz baja entre nuestras familias. No es fácil comprender lo patético de esta notable investigación. Si tan sólo nos imagináramos hoy una ocupación, primero militar y luego civil con expulsiones perentorias, de tal modo que al volver de nuestro trabajo se nos ordenara sacar una maleta y subirnos a un camión con destino al aeropuerto y en 24 horas decidir qué haremos con nuestras vidas en Chiloé… Fue así que 40.000 refugiados peruano-tarapaqueños desembarcaron en El Callao al son de bandas musicales para luego ser trasladados a locales abandonados sin más ayuda, apiñados entre el hambre y la pena en lo que después sería la Urbanización Tarapacá. Sergio debió emocionarse al leer los nombres de sus calles, todas con recuerdos de la tierra cautiva y que, poco a poco, los llevó a crear un país imaginado bajo el ideario de un retorno victorioso ofrecido por el populismo del Presidente Leguía, aunque esos sueños legítimos desde la peruanidad se fueron alejando cada vez más a través de hijos, que, nacidos en El Callao o en Tarapacá en el nuevo escenario de postguerra, perdían para siempre la nitidez del memorial bien encubierto y, por cierto, de las terribles “Ligas Patrióticas”.

En esta obra, las hazañas del matonaje de la más granada selección de peloduros y malandrines a sueldo, es testimoniado con una documentación casi íntima que nos cuenta de la expulsión de sacerdotes, de la destrucción y del manejo criminal del periodismo de la época, de saqueos de casas y bienes privados, expropiación de recursos naturales y las listas “negras” del terror institucionalizado, que sacudían el alma de tantos pampinos, portuarios y vallesteros1. El autor analiza esta cuestión en el marco del discurso civilizatorio de la corriente balmacedista acerca de un terrorismo marcado como “cholo”, hasta el triunfo de la sensatez y talento social del León de Tarapacá, quien de un rugido electoral borró en buena medida aquello que en este libro se lee sin rodeos como la “desperuanización de la provincia”, “xenofobia patriotera” y “chilenización de almas”. No en vano desde este tiempo la China del Carmen, sale junto al unico baile “chileno” que inicialmente venía desde el norte chico, encabezada por los Chinos promesantes. Esta vez con la conducción de los primeros capellanes chilenos. En verdad, no hubo organización ni institución alguna ni la propia educación, que no se pusiera al servicio de la limpieza étnica, oportunidad en que la mentira comunicacional llegó hasta anunciar una nueva guerra para justificar tanta injusticia, frente a un Estado nacional victorioso que no sabía qué hacer con esta regiones anexadas…

Las conclusiones, más que búsquedas de responsabilidades y desborde de amargura por los doblemente vencidos, son únicamente preguntas inteligentes que darán lugar a otras investigaciones que se derivarán de esta historia. Entre éstas jerarquizamos aquella que queda como corolario siempre latente: ¿Qué debió ocurrir entre los que se quedaron, con sus descendientes, para construir un nuevo y legítimo país nortino, inseparable de la nueva nacionalidad chilena y, a su vez, no perdieran los afectos con la otra ausente? ¿Cómo los refugiados lejos de Tarapacá pudieron armar con pedazos de recuerdos un imaginario regional, radicándose en un país que no era su pequeña patria tarapaqueña?

La reunión clandestina del Comité Pro Patria comenzó temprano cerca del muelle de Caleta Buena a fines de abril del año 1918, y con voz firme y marcada el señor Dubois señalaba los nombres de los trabajadores peruanos que debían abandonar el puerto. Higinio Núñez, del Valle de Quisma, hace ya cinco horas que está arrinconado con su familia en una casucha en la Puntilla de Iquique, agotado después de una larga caminata con unos caletinos a la espera de lo peor. A la tercera amanecida, las puertas aparecen marcadas con una cruz de alquitrán negro. Les espera un vapor con cientos de refugiados con destino a El Callao. Cada persona solamente con una sábana a modo de atado, llena de las más queridas pertenencias y nada más… Tres días después las bandas de música y gloria a los héroes tarapaqueños; cuatro horas más, todos apiñados en recintos abandonados por insalubres… Al próximo día, todos a cargar donde sea para vivir en un país que los llamaba “chilenos”… Su esposa Vernal, de San Lorenzo de Tarapacá, se enloqueció de pena y yace en el cementerio del Callao; su hijo Santiago se resbaló cargando verduras en la recova y vivió limitado para siempre; su otro hijo José, chileno de nacimiento y sabedor que legalmente puede hacer su servicio militar en Chile, se escapa a Iquique. Higinio y Santiago dejan su “Perú”, porque nunca lo entendieron y porque así lo exige el vals criollo “todos vuelven a la tierra en que nacieron…”. Ahora el hijo de José, y nieto de Higinio, puede escribir este prólogo, pero ya es demasiado tarde para creer que la historia los absolverá… Nos basta con que Sergio González haya revelado tanta violencia innecesaria y que ambos no demostremos ni un pedacito de resentimiento, pero que nunca jamás gente alguna justifique esa imagen de aquellas dos señoritas Loayza, aterrorizadas detrás de la mampara de la casa de Mr. Locket, a la espera de la peor turba antiperuana, esperando al “Corvo” y su defunción escrita entre risa y juerga, en el rey de los pasquines: “El Lucas Gómez”.

Gracias, Sergio, por enseñarnos que el dolor del terror fortalece a nuestros pueblos, cualquiera sea su nacionalidad, y que aún es posible proponer los más insospechados reencuentros de verdadera integración subregional, con ethos compartidos, y gracias también por estos escritos que engrandecen a nuestras historias regionales casi olvidadas. El himno peruano estaba vivo en una victrola piqueña y lo cantábamos casi en silencio en el día del país del nunca jamás… y los más jóvenes descubríamos que, de tanto olvidar, habíamos aprendido a amar intensamente a la nueva patria prometida.

Comentario de Carlos Maldonado Prieto*

En este macizo y corajudo estudio histórico, sólidamente basado en abundante documentación de primera fuente y testimonios de muchos testigos, recogida con esmero y dedicación en Iquique, Lima y un sinnúmero de pueblos de la Pampa, el conocido sociólogo e historiador tarapaqueño Sergio González, sin un ánimo de reabrir viejas heridas, se adentra en un episodio sórdido y subterráneo, desconocido para la mayoría de los chilenos. El autor analiza, con oficio y rigor académico, el surgimiento, apogeo y declinación de las Ligas Patrióticas que practicaron lo que hoy día podríamos denominar una “limpieza étnica” en las provincias nortinas, años después que Chile las anexara gracias al triunfo militar en la Guerra del Pacífico.

Esta violencia xenófoba fue uno de los muchos infaustos sucesos acaecidos durante la larga posguerra que se extendió entre 1883 (Tratado de Ancón) y 1929 (devolución de Tacna). Fue un período de álgida confrontación, caracterizado por aprestos bélicos de ambos bandos, rompimiento de relaciones diplomáticas y consulares, reclamaciones ante la Liga de las Naciones, etc.

En términos más amplios, se podría afirmar que dicha posguerra permanece vigente de cierta manera hasta nuestros días. Es probable que recién llegue a su fin cuando Bolivia abandone su actual enclaustramiento geográfico y entre Chile y Perú haya una reconciliación sincera basada en el reconocimiento crítico del pasado común.

En esa línea se inserta el libro de Sergio González, convirtiéndose en una contribución neta al proceso que él mismo denomina “reivindicación de la palabra tolerancia, concepto fundamental en sociedades multiculturales y abiertas como América Latina en general y Chile en particular” (pp. 152).

Solamente develando el pasado, mostrando las motivaciones, los aciertos y los errores de nuestros antepasados podremos contribuir a establecer la verdad histórica y desterrar los odios de antaño, esos que todavía no terminan y que de vez en cuando son explotados por sectores interesados. Qué duda cabe que todavía existen muchas heridas no cicatrizadas del todo, producto del rencor generado por la anexión territorial, la larga ocupación militar de Lima y otras capitales provinciales, en el caso peruano, y la pérdida de la cualidad marítima, en el boliviano.

Rescato especialmente la frase ­convertida prácticamente en lema­ de Sergio González que dice que “los chilenos no podemos ser negadores o soberbios frente a una historia que reclama emerger de la oscuridad, con el propósito de asumir lo que nos corresponde en la difícil reconciliación para la paz y la integración de nuestros pueblos” (p. 151).

Por otro lado, el autor afirma algo muy importante, que, a diferencia de las disputadas provincias de Tacna y Arica, hasta el centenario no hubo una chilenización compulsiva de Tarapacá por parte de las autoridades estatales y que, por el contrario, siempre existió tolerancia hacia la comunidad peruana, sus medios de prensa, organizaciones sociales, celebración de efemérides nacionales, etc. La región se caracterizaba por la diversidad étnica, pues vivían allí representantes de más de treinta y seis nacionalidades. “La chilenización hasta 1910 en Tarapacá fue la de un Estado de derecho que se legitima. Hasta 1910, en Tarapacá existían periódicos, imprentas, colegios, bombas de incendio, clubes deportivos y sociales, filarmónicas, mutuales, empresas, curas, logias masónicas, etc., peruanos, lo que cambia en 1911, señalando un punto de inflexión en la política nacional hacia esta provincia” (p. 30).

Sin embargo, a partir de 1911 surgieron las Ligas Patrióticas que contrataban matones a sueldo para agredir a la población peruana residente, obligándola con ello a emprender la huida a lugares más seguros. Eso ocurrió con miles de tarapaqueños que, forzados por la violencia xenófoba de las Ligas y alentados en parte por las promesas de apoyo material del gobierno del Presidente peruano Augusto B. Leguía, encontraron refugio en Lima y otras ciudades peruanas. Sin embargo, los refugiados “fueron condenados a la pobreza y por ello algunos regresaron a las salitreras desafiando todos los riesgos. Recién en los años cuarenta recibieron un terreno baldío [en El Callao], el ex fundo La Chalaca, que se llamaría más tarde Urbanización Tarapacá y que fue comprado con parte del pago realizado por Chile al Perú, después del Tratado de Lima de 1929. Las casas ofrecidas por el gobierno peruano jamás fueron construidas” (p. 21).

Sergio González confirma, además, que las Ligas surgieron en forma espontánea, pero señala que las autoridades chilenas fueron tolerantes con ellas e incluso las utilizaron políticamente en muchas ocasiones. Pese a ello, a partir de 1918 las Ligas escaparon del control estatal.

El autor también analiza la relación de las Ligas y el movimiento obrero pampino, subrayando el papel internacionalista de líderes como el socialista Luis Emilio Recabarren, cuyo periódico El Despertar de los Trabajadores, denostado como pro peruano, debió sufrir el asalto de las hordas pagadas por las Ligas.

En resumen, este novedoso estudio sobre las Ligas Patrióticas nortinas es una contribución a la historiografía regional del norte chileno y al entendimiento sobre los complejos procesos políticos, diplomáticos, económicos, sociales y culturales que conformaron la larga posguerra que debieron sufrir los antiguos rivales de la Guerra del Pacífico. Además, entrega luces sobre los orígenes de la xenofobia, el nacionalismo y el fascismo chilenos, fenómenos muy poco estudiados en el país. De cierto modo, esta obra también es un llamado de atención ante el aparecimiento de incipientes muestras de intolerancia hacia los inmigrantes peruanos que se avecindan en nuestro suelo.

Notas

1 Refiérase a la gente que vivía en el Valle de Quisma.

Carlos Maldonado Prieto – Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo, Universidad Católica del Norte, San Pedro de Atacama.

Lautaro Núñez Atencio – Investigador independiente, Santiago. E-mail: cmaldona_99@yahoo.com.

Acessar publicação original

[IF]

Brasil e Argentina: um ensaio de história comparada (1850-2002) | Boris Fausto e Fernando J. Devoto

Brasil e Argentina padecem de certa insuficiência de desenvolvimento econômico e social, sendo a maior parte dos problemas derivada de erros de gestão macroeconômica e de escolhas infelizes de suas elites políticas ao longo dos anos de formação das nações respectivas e dos momentos de ajuste aos desafios externos, no decorrer do século XX. Durante muito tempo, prevaleceu no Brasil a noção de que a Argentina era bem mais desenvolvida, graças a um maior componente “europeu” na sua formação étnica e aos maiores cuidados com a educação do seu povo. Depois, prevaleceu na Argentina a noção de que o Brasil foi mais bem sucedido na industrialização e no fortalecimento da base econômica, graças ao maior envolvimento de seu Estado na gestão macroeconômica, em lugar do liberalismo praticado naquelas margens da bacia do Prata. Hoje, se pretende avançar no desenvolvimento conjunto, mediante o Mercosul, mas as salvaguardas e os desvios ao livre comércio demonstram os limites da integração econômica.

Essas visões, parcialmente corretas, decorrem de uma complexa realidade, que é examinada, com lentes cuidadosamente focadas nas particularidades nacionais, por um historiador de cada um desses dois países, que colocam em perspectiva comparada, mas não necessariamente em paralelo, duas trajetórias comparáveis, na forma e no conteúdo. Eles se baseiam, neste empreendimento inédito na historiografia regional, em metodologia proposta há muitos anos pelo historiador francês Marc Bloch, que recomendava o estudo de sociedades próximas no espaço e no tempo, buscando não apenas as semelhanças, mas também as diferenças. Este “ensaio de história comparada” começa, justamente, por um excelente capítulo introdutório que discute as vantagens e modalidades do comparatismo em história. Leia Mais

The Sorrows of Empire: Militarism/ Secrecy/ and the End of the Republic | Johnson Chalmers

Estão os Estados Unidos seguindo a mesma trajetória de ascendência e queda do Império Romano? Chalmers Johnson responde afirmativamente esta pergunta em seu polêmico livro The Sorrows of Empire. Segundo ele, contrariamente aos antigos impérios territoriais, a única superpotência mundial está estabelecendo um império de bases militares ao redor do mundo e está, por meio da manipulação de sua política econômica e forte influência no Banco Mundial, Fundo Monetário Internacional e Organização Mundial do Comércio, subjugando outras nações. Com o fim da Guerra Fria, logo após a implosão da União Soviética, os Estados Unidos passaram a ser descrito pela literatura especializada e imprensa em geral como uma “lone superpower,” “indispensable nation,” “reluctant sheriff,” e mais recentemente, após o 11 de Setembro de 2001 de “New Rome”.

O livro, resultante das discussões desenvolvidas no âmbito do American Empire Project que envolve outros autores como Noam Chomsky e Michael Klare, retrata a secular trajetória imperialista norte-americana explorando o novo militarismo que está transformando o país e convocando sua população para sustentá-lo. De acordo com Johnson, diante de um público e Congresso passivos, alguns poucos interesses privados do setor armamentista e petrolífero, via Pentágono, estão se sobrepondo ao Departamento de Estado em assuntos relativos à defesa interna e segurança internacional. Leia Mais

O Poder American | José Luís Fiori

Em geral, deve-se desconfiar dos livros puramente acadêmicos – isto é, de autores universitários em tempo integral – que trazem como objeto o tema central que dá título a este livro, o “poder americano”, ainda mais quando ele pertence, como é o caso, a uma coleção que se identifica como “Zero à Esquerda”. Poder-se-ia esperar uma coleção de diatribes contra o império e a dominação global dos EUA, em nada condizente com uma análise séria que a atual situação de hegemonia da “hiperpotência” requer em benefício de todos os interessados nas origens e na dinâmica desta situação absolutamente única na história da humanidade. Esta coletânea constitui, porém, uma agradável surpresa, no sentido em que os trabalhos passam longe da crítica apaixonada ou do simplismo econômico. Aqui e ali permeia algum ressentimento contra a situação periférica ou dominada da América Latina, resultado de velhas teorias conspiratórias sobre a “concentração do poder econômico e militar”, mas o conjunto de ensaios revela que os autores não se contentaram com essa visão acadêmica tradicional.

Se fôssemos parafrasear Lênin, se poderia dizer que a atual Pax Americana é a Pax Britannica mais as tecnologias de informação, mas é evidente que o poder global não se explica apenas pelo domínio tecnológico ou militar. Um dos autores acredita que o poder tecnológico americano pode ser visto como um empreendimento militar: ele retoma a noção de “complexo militar-industrial-acadêmico” para explicar as razões do sucesso americano desde meados do século XX. Uma análise de extração marxista, porém, poderia argumentar que os EUA criaram um “modo inventivo de produção” absolutamente inédito em termos históricos e eficiente em seus vários aspectos: econômicos, militares, culturais, sociais, institucionais e em muitas outras vertentes “civilizacionais”. Isto não data do pós-Segunda Guerra, mas vem desde antes de Benjamin Franklin. Leia Mais

Ensaios sobre o capitalismo no século XX | Luiz Gonzaga de Mello Belluzo

Responda rápido: o que o grupo de rock Capital Inicial, o magnum opus de Karl Marx, O Capital, e a revista CartaCapital têm em comum? Não, não é a similaridade de nomes: é que todos eles se opõem, ao menos intelectualmente, ao capitalismo, ainda que dele não possam prescindir. O mesmo talvez deva ser dito desta coletânea sobre o velho capitalismo e suas novas roupagens.

Não sei se o autor aprecia o grupo de rock brasiliense, mas ele fez seu capital inicial escrevendo uma tese sobre “valor e capitalismo”, tornou-se um grande leitor de Marx (e de outros pensadores da economia, favoráveis e contrários ao capitalismo) e é membro do conselho editorial de CartaCapital, de onde foi tirada a maior parte dos artigos. A “mais valia”, neste caso, é que, além de textos sobre a história da economia capitalista, sobre a globalização e sobre os intelectuais críticos ao capitalismo, o livro também comporta quatro artigos sobre futebol, mas estes pertencem a uma espécie de “hora da saudade”, sem trazer valor agregado ao conjunto dos ensaios de vulgarização que integram as três primeiras partes. Leia Mais

Paisagens da História – Como os historiadores mapeiam o passado | John Lewis Gaddis

A historiografia é abordada como tema nessa obra de John Lewis Gaddis, que consiste em um conjunto de conferências proferidas por ele na Examination Schools em High Street. Influenciado por Marc Bloch e E. H. Carr, o autor discute o papel do historiador e seus métodos, visando a uma complementação e reflexão embasada no pensamento desses autores. Isso é feito de modo interessante e original, com o levantamento de questões – como o objeto de estudo desses profissionais, seu modo de pensar e analisar a realidade – cuja discussão é permeada por exemplos advindos desde a história, até as artes – como a pintura, a literatura e o cinema –, e pelo uso de metáforas; recursos, esses, que facilitam o entendimento e entretêm a leitura.

A discussão se inicia com a análise da pintura O viajante sobre o Mar de Névoa, de Casper David Friedrich, que desencadeia uma reflexão sobre a posição do historiador em relação ao seu objeto. Ele, assim como o personagem do quadro, observa os acontecimentos com o distanciamento que o tempo exige, uma vez que o passado chega até nós inacessível, sendo somente possível sua representação pelos artefatos sobreviventes. Esta pode ser feita sob um prisma mais amplo, quando comparado ao daqueles que viveram a experiência, já que o historiador pode variar entre o geral e o particular, fazendo uso também das diferentes escalas de tempo e espaço, conforme for necessário. Dessa forma, para o autor, o que deve ser buscado é uma abstração, não uma descrição literal dos eventos ocorridos. A história deve ser como um mapa: que simplifica a realidade, destacando aspectos de acordo com o que se pretende compreender e explicar. Leia Mais

Uma introdução à filosofia- PAVIANI (V)

PAVIANI, Jayme. Uma introdução à filosofia. Caxias do Sul: Editora da UCS, 2014. 107 p. Resenha de: RODRIGUES, Maria Inês Tondello. Veritas, Porto Alegre, v. 60, n. 2, p. 401-404, maio-ago. 2015.

 Propondo uma viagem à História da Filosofia, a obra Uma introdução à filosofia (EDUCS, 2014, 107 p.), de autoria do professor e pesquisador Jayme Paviani, evidencia a presença constante de conceitos e questões filosóficas na ciência e nas atividades humanas. Ao iniciar cada capítulo, o autor faz uma citação que se aproxima do tema a ser abordado. Num texto que trata de Filosofia, não poderiam faltar referências a pensamentos filosóficos como os de Platão, Aristóteles, Agostinho, Descartes, Kant, Hegel, Nietzsche, Heidegger, Wittgenstein, Husserl, Jauss, Habermas, Merleau-Ponty, Popper, Gadamer, Levinas, Deleuze, Foucault, entre outros.

Jayme Paviani nasceu em Flores da Cunha, em 4 de junho de 1940. Em 1951 iniciou os estudos no Seminário Nossa Senhora Aparecida em Caxias do Sul, cidade que adotou desde então. Em 1999 recebeu o título de cidadão caxiense. Licenciado em Filosofia, Bacharel em Direito e Doutor em Letras, exerce a docência há quase cinquenta anos. Foi professor na Unisinos e na PUCRS, há mais de quatro décadas atua na Universidade de Caxias do Sul, atualmente estando vinculado aos Programas de Pós- Graduação Mestrado em Filosofia e Mestrado em Educação. Escreveu mais de vinte livros relacionados à filosofia e seus pensadores; no ano de 2002 publicou o livro de crônicas O pomar e o pátio, e reuniu seis livros de poemas no volume As palavras e os dias. É autor, ainda, de inúmeros capítulos de livros, artigos e ensaios em revistas científicas.

Usando uma linguagem acessível e bastante didática, Paviani desenvolve sete capítulos, além da apresentação, todos com um foco singular e sugestivo para uma busca por aprofundamento. No primeiro capítulo, A filosofia e o filosofar: propostas pedagógicas, o professor propõe uma reflexão acerca da função e da presença da filosofia na história e na sociedade. Esclarecendo que a filosofia precisa justificar sua natureza, cita seis aproximações para pensar sobre sua origem, natureza e função: o que é a filosofia; como ter acesso à filosofia; porque, o que e para que pensamos; o que é o homem; filosofia e ciência andam juntas; e reconhecimento de si no outro.

No segundo capítulo, A história da Filosofia: o texto e sua recepção, estabelece relações entre a obra literária e a obra filosófica. Relaciona a teoria da recepção de textos, aplicada à história da literatura com o entendimento da história da Filosofia. Esclarece que uma metodologia recepcionista requer adaptações e implica em mudanças de procedimentos.

Tratando de examinar como a obra é e foi recebida, “possibilita examinar as concretizações das ideias e dos conceitos filosóficos no tempo e no espaço” (grifo do autor, p. 31). A recepção tem carência em seu método que é parcial e incompleto, exigindo outros procedimentos científicofilosóficos, por isso tem seu ponto forte na interpretação. Sugere o uso deste instrumento da recepção para experimentar o ato de filosofar, integrado nas diferentes leituras oferecidas pelos textos filosóficos.

Conhecimento e linguagem: os acessos à realidade, o terceiro capítulo inicia dizendo que “conhecimento, linguagem e realidade são conceitos, âmbitos e dimensões de um fenômeno complexo e objeto de investigação de diferentes disciplinas consolidadas na história da filosofia” (grifo do autor, p. 37). O autor cita a questão ontológica que envolve concepção metafísica e realidade, indagações do humano que questionam as dimensões do ser; a questão epistemológica que analisa o conhecimento, sua origem e desenvolvimento. Fala da dialética e da lógica e das relações entre ciências e teorias da verdade. A linguagem é condicional para o avanço dos estudos do conhecimento, por isso traz leituras e conceitos definidos por diferentes pensadores, entre eles: Humboldt e a linguística, Wittgenstein e um conjunto de atividades, Husserl e um sistema de sinais reinterpretáveis, Heidegger e a analítica existencial.

O capítulo, Ética, educação e sociedade: o elo indissolúvel, pelo próprio título demonstra no tema central sua necessidade de analisar o agir humano que exige uma postura crítica. O autor explicita as relações entre ética e moral, ética e pós-modernidade, ética e educação e a escola e a educação moral. Contudo, percebo como foco principal desse capítulo, o estudo das teorias éticas, entre elas as da tradição ocidental e as tendências das teorias contemporâneas. Resumidamente, porém de forma clara, expõe a ética das virtudes, de Platão; a ética do dever, de Kant; e a ética consequencialista, de Bentham e Mill dentro das teorias tradicionais.

Nas tendências das teorias apresenta o discurso, de Habermas e Apel; a alteridade, de Levinas e Ricoeur; a responsabilidade, de Hans Jonas; a finitude, de Heidegger; a imanência, de Deleuze e Guattari; o cuidado de si, de Foucault; a autenticidade de Charles Taylor; e a justiça de Rawls.

No quinto capítulo, A gênese da biopolítica: vida nua e estado de exceção, é estabelecida uma relação entre vida e política por meio de quatro subitens. Vida, poder e biopolítica trata da vulnerabilidade da vida e do poder exercido sobre a vida das pessoas, traz um pouco de história para mostrar que as transformações sociais não acontecem de forma rápida. Vida nua e homo sacer analisa as diferenças entre vida animal e humana refletindo sobre pensamentos e atitudes. A política como uma ética trata da rede proposta pelas relações entre filosofia, ciência, ética e política sugerindo que “a função da biopolítica é a de recolocar a vida biológica no centro dos cálculos do Estado moderno” (p. 73). O bando e o campo de concentração, diz que “a política é a passagem do viver para o viver bem” (p. 74) refletindo sobre o conceito de “bando” e usando o termo “campo” a partir da realidade dos campos de concentração nazistas. O autor nos remete a pensar sobre consciência como tarefa da filosofia e da ciência.

O artístico e o estético: dimensões entrelaçadas é o capítulo em que afirma a necessidade de relação entre os dois conceitos. Inicia com uma revisão histórica para propor pensar sobre o estético e o artístico, o estético e o ético, o artístico e o técnico, a metafísica do belo e a vivência da arte e do belo. Qual o significado de arte, de beleza, de estética, se “o próprio ser humano traz consigo um rastro de mistério” (p. 90). Sugere um pensar de forma diferente os conceitos e remete a analisar conflitos e relações entre o natural e o artístico.

Para finalizar, Filosofia e Literatura: traços comuns e diferenças, traz aproximações e distanciamentos entre os textos filosóficos e os literários.

Analisando especificamente a linguagem escrita, Paviani trata filosofia e literatura como realizações autônomas e distintas ressaltando suas especificidades. O filósofo, o escritor e o texto é o tópico que analisa as diferenças entre as formas de escrita que podem identificar o tipo de texto. Traços literários na obra filosófica e traços filosóficos na obra literária são os títulos que analisam as características de cada tipo de obra. Estilo e filosofia mostra que o escritor tem forma de escrever e de se expressar, assim a linguagem usada estabelece seu modo de pensar.

A prosa do mundo fala do livro inacabado de Merleau-Ponty; com o mesmo título, o autor “mostra que o escritor se concebe numa linguagem estabelecida” (p. 101).

Uma introdução à Filosofia é um livro bem escrito e com uma linguagem clara como é apontado pelo autor que essa forma de comunicação deve ser. Demonstra coerência entre o texto escrito e o conteúdo apresentado.

Segue uma sequência na relação que estabelece entre os conceitos fundamentais e as sistematizações do conhecimento. A obra traz, como indica o título, uma introdução ao estudo da Filosofia sem aprofundar qualquer questão. Contudo, indica as diversas possibilidades de aprofundamento sugerindo as interligações entre as formas de pensar o conhecimento. Por isso, o texto pode ser endereçado aos leitores que tenham interesse nesse saber que ganha espaço no meio educacional e na forma de pensar a pesquisa científica.

Para concluir, trago o pensamento descrito pelo professor Paviani que, para entender o saber humano é preciso estudar filosofia e para isso é necessário ler os clássicos. Com certeza, isso é fundamental. Contudo, nessa obra o autor alcançou seu objetivo, descrito na apresentação: “abrir as portas ao leitor para que ele perceba a riqueza de aspectos desse saber teórico, distinto do saber comum vizinho da ciência e da tecnologia” (p. 7). A partir de Uma introdução à Filosofia, o leitor se lançará num emaranhado de questões que lhe encaminharão a novas buscas. As portas se abriram, vamos entrar…

Maria Inês Tondello Rodrigues – Mestranda em Educação pelo Programa de Pós-Graduação em Educação, Mestrado em Educação, da Universidade de Caxias do Sul, com pesquisa na Linha de História e Filosofia da Educação. Possui Licenciatura em Pedagogia e Especialização em Educação de Jovens e Adultos – EJA, ambas pela Universidade de Caxias do Sul. Endereço postal: Programa de Pós-Graduação em Educação Universidade de Caxias do Sul Rua Francisco Getúlio Vargas, 1130 – Cidade Universitária 95070-560 Caxias do Sul, RS, Brasil.

Acessar publicação original

MARKWALD Ricardo (Org), Obstáculos ao crescimento das exportações: Sugestões para uma Política Comercial (T), IPRI (E), ITABORAHY Felipe B. (Res), Meridiano (Mrr), Exportações, Política Comercial | Celso Lafer

No livro A Identidade Internacional do Brasil e a Política Externa Brasileira: passado presente e futuro Celso Lafer coloca que, em análise da política externa, a visão do país sobre o mundo em que vive e seu funcionamento deve ser considerada o ponto de partida do analista para que este compreenda com maior nitidez seu objeto de estudo. O autor discute no capítulo primeiro o significado de identidade internacional em um mundo globalizado. Grosso modo, a identidade é trabalhada em termos coletivos e lastreada na idéia de um bem ou interesse comum. Além disso, a identidade (inter)nacional de um país tomaria forma e daria vida ao sistema internacional, no contato e na interação com os outros Estados. Sendo assim, ele argumenta que o termo identidade pode ser entendido como “um conjunto mais ou menos ordenado de predicados por meio dos quais se responde à pergunta: quem sois?” (p.15).

Consoante Lafer, a lógica da identidade que assinala uma especificidade para cada um, diferenciando um Estado do outro, interage no sistema internacional com a lógica da globalização que dilui a fronteira entre o interno e o externo; reescrevendo em novos termos o jogo dialético de implicação mútua entre a “História do eu” e a “História do outro”. O autor reconhece que uma multiciplicidade de atores integra o campo das interações no plano internacional. Ele admite, numa alusão a Aron, que as relações internacionais contemporâneas já não se fazem apenas com “diplomatas e soldados” – símbolos da soberania – como preconiza a visão realista. Não obstante, como diplomata que é, acredita que o Estado e as nações ainda mantêm papel importante na dinâmica internacional. Pois, argumenta que a legitimação dos governos apoia-se cada vez mais na capacidade destes de em atender as necessidades e aspirações dos povos que representam, tanto na instancia interna como na externa. Destarte, a política externa nada mais é do que uma política pública orientada para “traduzir necessidades internas em possibilidades externas para ampliar o poder de controle da sociedade sobre seu destino” (p.16). Leia Mais

Obstáculos ao crescimento das exportações: Sugestões para uma Política Comercial | Ricardo Markwald

A retomada do crescimento econômico, com base no esforço exportador e nos saldos comerciais positivos, parece ser uma estratégia que tanto o governo atual quanto o seu antecessor vem seguindo. É fato que, nas últimas duas décadas, o país apresentou um crescimento comparativamente baixo e perdeu espaço no comércio mundial; no entanto, a abertura de novos mercados de alto potencial importador, como a China, a Índia e a Rússia, e a abrangente agenda de negociações comerciais em que o país está envolvido são favoráveis atualmente às exportações brasileiras.

O objetivo de Markwald e de todos os estudiosos cujos trabalhos são expostos nessa obra é o de alcançar diagnósticos mais precisos com relação aos obstáculos ao crescimento das exportações assim como dar sugestões para uma política comercial mais avançada diante da falta de evidências de que o desempenho exportador brasileiro esteja próximo de sua capacidade máxima. Leia Mais

Protecting Foreign Direct Investment: Implications of a WTO Regime and Policy Options | Carlos M. Correa e Nagesh Kumar

A presença do tema investimento e sua relação com o comércio na agenda internacional não são recentes. De fato, diversas são as iniciativas da comunidade internacional em regular os fluxos transnacionais de investimento direto externo (IDE), tendo rendido uma significativa divergência entre a maioria dos países em desenvolvimento, desejosos do estabelecimento de regras que os assegure mecanismos domésticos de regulação sobre a entrada de IDE em suas economias, e os países desenvolvidos, que pugnam por regras mais liberalizantes. Tendo em vista esse impasse, inexiste um instrumento internacional abrangente e vinculante, prevalecendo acordos fracos e pouco operativos.

A obra Protecting Foreign Direct Investment: Implications of a WTO Regime and Policy Options, de Carlos Correa e Nagesh Kumar, insere-se, pois, nesse contexto. Publicado em 2003, os autores buscam compreender a trajetória evolutiva do tema, o cenário atual e os possíveis desdobramentos futuros. Analisa-se, especificamente, qual o papel de um marco multilateral sobre regras de investimento mais vinculante que os existentes e as conseqüências que o mesmo poderá trazer aos países em desenvolvimento. Autores de grande reconhecimento na área, Correa e Kumar possuem numerosa publicação dedicada ao tema, com bastante aceitação por parte da comunidade acadêmica. Leia Mais

How to lobby at Intergovernmental meetings | Felix Dodds e Michael Strauss

How to Lobby at International Meetings é um livro de estratégias, sobre o comportamento apropriado para se tomar frente às organizações e ao próprio governo, para se obter o efeito aspirado sobre assuntos de interesse dos grupos de pressão. Em suma, auxilia organismos no engajamento governamental quanto às negociações, tanto para com o seu próprio país, assim como para com outros países.

Felix Dodds e Michael Strauss certamente são autores mais que apropriados quando se trata dos assuntos de negociações e órgãos internacionais. Ambos ativos em tal área, tendo inclusive atuado em várias conferências mundiais das Nações Unidas, e ainda fundado organizações não governamentais, como no caso de Strauss, a Earth Media, sendo certamente pessoas de experiência mais do que adequada para se tratar do tema. Leia Mais

As Garras do Condor. Como as ditaduras militares da Argentina/ do Chile/ do Uruguai/ do Brasil/ da Bolívia e do Paraguai se associaram para eliminar adversários políticos | Nilson Cesar Mariano

Uma exposição da covardia da ditadura, assim deve ser caracterizado o livro-reportagem de Mariano, jornalista do jornal Zero Hora. O livro é uma obra advinda de sua pesquisa sobre a cooperação entre as ditaduras militares do Cone Sul, desde 1993. O jornalista foi honrado com os principais prêmios jornalísticos, como o Esso e o Vladimir Herzog. O autor pretende informar que a perseguição no período das ditaduras do Cone Sul, entre 1954 a 1989, ultrapassou fronteiras, porque as ditaduras cooperaram entre si para prender os opositores de seus regimes, sem respeitar qualquer tratado de proteção a refugiados e órgãos internacionais, como o ACNUR – Alto Comissariado das Nações Unidas para Refugiados. Dentre a cooperação, destacou-se a Operação Condor que foi idealizada pelo General Contreras, do Chile, tendo entrado em vigor em 1975.

O autor expõe fatos que fazem com que o leitor veja a ditadura nos países do Cone Sul (Argentina, Bolívia, Brasil, Chile, Paraguai e Uruguai) de forma bem mais crítica. É bastante conhecida a perseguição de opositores dos militares no período, entretanto o tratamento desumano a que essas pessoas foram submetidas não é muito mencionado. Para as relações internacionais, é demonstrado o fim das fronteiras geográficas e a ascensão das fronteiras ideológicas, algo que foi constante na Guerra Fria, mas pouco discutido na esfera sul-americana. A teoria das fronteiras ideológicas consiste na idéia de que para se alcançar objetivos não houve barreiras fronteiriças entre ditaduras, de forma que elas se uniram para combater seu inimigo comum, os comunistas. Leia Mais

Enseignement de l’histoire et mythologie nationale. Allemagne-France du début du XXe siècle aux années 1950 – BAUVOIS-CAUCHEPIN (HE)

BAUVOIS-CAUCHEPIN, Jeannie. Enseignement de l’histoire et mythologie nationale. Allemagne-France du début du XXe siècle aux années 1950. Berne: Peter Lang, 2002. 340p. – « L’Europe et les Europes, XIXe et XXe siècles ». Resenha de: BRUTER, Annie. Histoire de l’Education, v.105, p.105-106, 2005.

Cet ouvrage, issu d’une thèse soutenue en 1995, propose une comparaison de l’histoire enseignée en France et en Allemagne dans la première moitié du XXe siècle (période entendue au sens large : des années 1880 aux années 1950), à partir d’un corpus de textes officiels (malheureusement parfois connus à travers des sources secondaires, d’où des erreurs plus ou moins importantes)1, de journaux professionnels où s’exprimaient les enseignants d’histoire, et de manuels français (au nombre de 59) et allemands (au nombre de 61), pour la plupart destinés à l’enseignement secondaire (88 sur 120). Comme l’indique le titre, cette comparaison s’inscrit dans le cadre d’une étude des mythologies nationales : la « littérature scolaire » est considérée comme « un poste d’observation privilégié des édifications mémorielles », qu’elle « métamorphose en mythe, intrinsèquement durable et collectif » (p. 17).

C’est le chapitre III de l’ouvrage, le plus long, qui correspond proprement à ce projet, les deux chapitres précédents constituant une sorte de « construction de l’objet » qui envisage tour à tour, pour chaque pays, le rapport entre histoire des historiens et histoire enseignée, l’histoire de la pédagogie de l’histoire et les caractères généraux de son enseignement, tandis qu’une section à la fin du chapitre I résume les tentatives franco-allemandes de discussion des manuels. Disons tout de suite que ces deux premiers chapitres posent, au moins pour ce qui est de l’enseignement historique français, le problème de la date de parution d’un travail déjà ancien. On comprend que Jeannie Bauvois-Cauchepin, à l’époque où elle a écrit sa thèse, n’ait pu tirer parti de recherches touchant de près son sujet, mais qui n’ont été publiées que plus tard2 (ce qui pose, soit dit en passant, le problème de l’organisation de recherches que rien ne coordonne). On comprend moins bien que, sans même parler de son texte, sa bibliographie n’ait pas été mise à jour depuis, ce qui amoindrit la valeur scientifique de l’ouvrage, en dépit de la présence de dix planches hors-texte et de divers index. Du moins l’auteur fait-elle preuve d’une sage prudence quant à la portée véritable des instructions officielles et à l’influence réelle des manuels (p. 59).

Décrire le contenu de ces manuels en France et en Allemagne à l’époque considérée est pourtant l’objet majeur du livre. C’est à quoi J. Bauvois-Cauchepin s’attache dans son chapitre III, en comparant le contenu de manuels allemands et français sur six points précis : mythe des origines, Charlemagne (peu aimé des nazis), Moyen Âge, Louis XIV et Frédéric de Prusse (les deux « hommes forts » des monarchies française et prussienne), Luther (donc la Réforme) et 1789 (considérés, chacun dans son pays, comme des moments-clés de l’histoire), guerre franco-allemande de 1870 et guerres mondiales. Ce chapitre apporte nombre d’éléments intéressants sur l’enseignement historique allemand de la première partie du XXe siècle, d’autant qu’il prend souvent appui sur des travaux menés en Allemagne après 1945, qu’il fait ainsi connaître au lecteur français. Les conclusions sont cependant souvent attendues, parfois faciles : la première moitié du XXe siècle apparaît bien comme un temps fort du discours historique nationaliste dans les deux pays, compte tenu du décalage lié aux défaites militaires qui l’ont exacerbé à des moments différents, après 1870 en France, après 1918 en Allemagne ; l’enseignement de l’histoire n’est qu’une entreprise de conformation idéologique dans les régimes autoritaires et totalitaires tels que le IIIe Reich, l’État français de Vichy, la R.D.A (on s’en doutait un peu) ; et l’exécration se substitue parfois à l’analyse, particulièrement quand il est question des manuels nazis (« délire », « amalgame décousu », etc.) : même légitime, l’indignation n’est pas un savoir. La « violence verbale instillée dans les manuels scolaires » national-socialistes, dont il est affirmé qu’elle « préparait et annonçait » les crimes perpétrés par le régime (p. 283), aurait mérité de faire l’objet d’une analyse prenant en compte sa rhétorique propre, outre son contenu.

Par ailleurs, en dépit de la périodisation adoptée, qui souligne la « volonté de renouvellement de l’enseignement historique » de la République de Weimar, bien des éléments relevés par J. Bauvois-Cauchepin militent pour l’idée d’une continuité de cet enseignement dans l’entre-deux-guerres, comme par exemple l’hostilité des professeurs d’histoire de l’époque de Weimar au régime et le fait que les nazis n’aient pas ressenti le besoin de mener d’épuration parmi eux (hors l’épuration raciale, bien entendu) après avoir pris le pouvoir (pp. 94-100) ; ou encore la présence, dans des manuels d’avant 1933, de mentions de la « race indo-germanique » (p. 155), ou de représentations du territoire allemand auxquelles « les nazis n’eurent pas grand-chose à ajouter » (pp. 259-260), etc. En d’autres termes, le « délire » nazi ne sortait pas du néant… J. Bauvois-Cauchepin le reconnaît d’ailleurs à la fin, lorsqu’elle identifie les années 1930, « dès avant le nazisme », comme un des « moments particuliers de crispation identitaire » en Allemagne (p. 281). Ainsi, le lien qu’elle semble parfois établir entre nature du régime politique et « mythologisation » de l’histoire enseignée est peut-être moins univoque qu’elle ne le dit.

Si on la suit volontiers lorsqu’elle évoque, en conclusion de ce chapitre, les diverses fonctions de l’histoire scolaire de la nation (« histoire de soi », histoire collective, leçon de morale, destin d’un territoire, etc.) et la complexité de son élaboration (pp. 271-284), les considérations finales laissent perplexe puisqu’elles reconnaissent à l’enseignement historique la possibilité d’une « distanciation » par rapport au mythe national, grâce aux conceptions « humanistes » de l’instruction – conceptions humanistes dont il ne nous est pas dit grand-chose sinon qu’elles se situent du côté de l’individuel, de la raison et de la logique (pp. 292-293). Passons sur les raccourcis historiques vertigineux (les encyclopédistes mis dans le même sac que Richelieu et Colbert !) que nous vaut cette incursion dans la « philosophie de l’instruction », mais le moins qu’on puisse dire est que l’optimisme de cette conclusion générale n’a guère été documenté par le reste du volume (sans doute fallait-il laisser au lecteur historien, enseignant ou chercheur, une lueur d’espoir après ce sombre exposé des méfaits de sa discipline). Pouvait-il en être autrement dans une étude définissant l’histoire scolaire uniquement comme lieu de manifestation du « mythe national » ? L’étroitesse de sa problématique de départ semble avoir empêché la recherche de J. Bauvois-Cauchepin de porter tous ses fruits, en dépit de la somme de connaissances déployée.

Notes

1. Par exemple, les petites classes des lycées du XIXe et de la première moitié du XXe siècle n’étaient pas des classes « primaires » (p. 132), primaire et secondaire constituant à l’époque deux ordres d’enseignement différents et non pas deux degrés d’un même système ; ou encore, « le fait de débuter les programmes du 6e[…] avec les Égyptiens et non plus avec Adam et Éve » ne date pas de 1890 (p. 163) mais de 1880, etc.

2. On songe ici aux ouvrages sur l’enseignement de l’histoire en France de Brigitte Dancel : Enseigner l’histoire à l’école primaire de la IIIe République, Paris, PUF, 1996 ; d’Évelyne Hery : Un siècle de leçons d’histoire. L’histoire enseignée au lycée, 1870-1970, Rennes, Presses universitaires de Rennes, 1999 ; et de Philippe Marchand : L’histoire et la géographie dans l’enseignement secondaire. Textes officiels. Tome 1 : 1795-1914, Paris, INRP, 2000.

Acessar publicação original

[IF]